El pasado 7 y 8 de julio tuvo lugar en Barcelona la primera edición del Foro Edita Barcelona organizado por el Gremi d’Editors de Catalunya y el Máster en Edición de la Universidad Pompeu Fabra; el foro se abrió con la conferencia que el Presidente del Grupo Planeta, José Crehueras, dio en el Ayuntamiento de Barcelona la tarde del día 6 pero prefiero excluir este acto publicitario de lo que considero que sí fue el foro que, en sus propias palabras, quiere ser:

[…] un encuentro anual de editores con el objetivo de servir de plataforma regular para debatir los principales retos del sector; de fomentar el intercambio de ideas y la relación entre los profesionales del ámbito editorial; y de consolidar el papel de Barcelona como capital internacional del libro y de la edición, tras su designación como Ciudad de la Literatura UNESCO.

El Foro fue un éxito organizativo; todo fue sobre raíles. Impresionante fue también la labor del moderador de todas las mesas, el periodista y escritor Antonio Iturbe; manejó los debates con soltura, repartió juego sin llegar a ser nunca el protagonista y controló el tiempo de manera magistral.

El Foro naufragó en sus objetivos. No se debatieron a fondo los retos del sector y en la mayoría de casos se habló de ellos de forma somera. No era un problema de tiempo –las mesas duraban hora y cuarto sin innecesarias preguntas del público– sino de enfoque. Casi todas las charlas podrían haber tenido lugar hace 15 años sin muchas diferencias. La mayoría de invitados eran primeras espadas y sus aportaciones fueron de gran interés, especialmente para los estudiantes del Máster de Edición de la Universidad Pompeu Fabra, pero dudo que aportaran nada muy nuevo al resto.

Sin duda se fomentó cierto intercambio de ideas pero al final de cada charla –con algunas excepciones– todo el mundo estaba muy de acuerdo con todo lo que habían dicho todos los participantes en la mesa. Casi todos ellos se conocían, muchos –casi todos– forman parte de la escudería del citado Máster y claro, los bomberos no se pisan la manguera; no me malinterpreten, lo cortés no quita lo valiente pero, salvo una excepción, el Foro pecó de cortesía. Faltó valentía. Tensión dialéctica, si lo prefieren.

Objetivos

El Foro quiere ser de ámbito internacional con foco en lo hispanoamericano pero los únicos invitados extranjeros eran británicos. No había ningún representante de Hispanoamérica. Raro.

El foro habla de ‘revolución en el sector’ y dice:

Del sector del libro puede decirse que en los últimos cinco siglos ha vivido en transformación permanente. Pero el cambio que está viviendo en la actualidad es una auténtica revolución. Los avances tecnológicos, especialmente en el terreno digital; las nuevas formas de lectura o los cambios en el terreno de la distribución, marcan un camino tan lleno de formidables expectativas como de incertidumbres. El Foro Edita Barcelona será un marco idóneo y atractivo para que los profesionales compartan todas estas experiencias.

Salvo las honrosas excepciones habituales, de lo digital se habló sólo como amenaza y poniendo el acento en la piratería. No pudo soslayarse el cambio de hábitos de los lectores, se puso en evidencia que Internet es un desafío pero en realidad no se pasó de la fase de diagnóstico en la que la edición española lleva atrapada desde hace lustros. Todo el mundo salió de allí muy convencido de los mismos problemas que antes. Espero que el Foro sea el marco idóneo en el futuro para hablar de todo esto; su primera edición no lo fue.

El Foro alude a las ‘ciudades y la pluriculturalidad’:

El ingreso de Barcelona en la Red de Ciudades de la Literatura UNESCO permite insistir en el carácter decisivo que las ciudades ocupan en el desarrollo actual de la cultura. El Foro Edita Barcelona desplegará su tercer eje analizando los contactos, colaboraciones y estímulos que puede establecer nuestra ciudad con otras localidades afines que pertenecen a la red. Además, la red UNESCO permitirá al sector del libro en catalán establecer vínculos con sectores editoriales afines que trabajan para mercados similares en dimensión.

Encomiable. Un prodigio de palabrería. ¿Qué pinta la literatura en un foro editorial? Ya sé que hay una relación evidente pero la autoayuda da millones al sector y no se la tuvo en cuenta. Identificar literatura y edición de modo tan inextricable es como identificar el vino con la botella. ¿El editor es fabricante de contenedores o productor de contenidos? Se trata de hablar de la producción de contenidos, esto es, de la cadena –red, cada vez más– de valor que permite que el autor acceda al lector y viceversa. La confusión entre la alta cultura y la industria es el origen de muchos males que aquejan al libro español. La tendencia a envolverse con lo sublime de la literatura acaba acomplejando a profesionales cuya primera preocupación debería ser mantener la empresa abierta, a ser posible haciendo un trabajo culturalmente digno; ojo, lo contrario, editar basura, también es legítimo: esta industria se sostiene porque una parte muy importante de lectores lee porquería. De lo que opino de Barcelona como Ciudad Literaria ya hablé hace tiempo y –de momento– no quiero insistir más.

La medida de quien pretende gobernar el libro

Lo comentado hasta aquí sirve para todas las charlas. Ahora destacaré dos de ellas. La primera del día 7, tras la presentación de Javier Aparicio, reunió a Richard Charkin, presidente de la International Publishers Association y Daniel Fernández, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España. Fernández volvió a mostrarse encantando de haberse conocido y a exhibir esa actitud tan suya de ‘pasaba por aquí, ningún teléfono cerca y no lo pude resistir’. Es una lástima que –al menos de momento– no estén disponibles los videos de las jornadas porque me ahorraría más apelativos tristes.

Richard Charkin afirmó acertadamente que ‘los editores debemos recuperar la confianza de los autores’ en clara alusión a la autoedición. Su intervención fue en clave positiva, de reto, de oportunidad. Tal como refleja el blog del Foro:

Charkin destacó que las tres normas del buen editor son: mantenerse activo en el negocio, cuidar a los autores y cuidar a los lectores. También señaló que el buen editor no toma sus decisiones a partir de los éxitos del pasado, sino que se arriesga. “De otro modo, nadie hubiera imaginado que una novela sobre una escuela de magia inglesa se convirtiera en un éxito mundial”.

Lo más relevante de la intervención de Fernández, según el mismo blog del Foro, fue que,

[…] la edición española se halla en un momento “estable, dentro de la gravedad”, y lamentó que los sucesivos gobiernos de Zapatero y Rajoy no hayan conseguido tirar adelante una Ley de Propiedad Intelectual, “sino solo parches”.

El hundimiento de la edición española se ha frenado, mas no detenido. Algunos subsectores parecen estabilizados pero en general las cifras son sombrías. Como comentaremos en un próximo artículo la literatura, que gracias a su popularidad y a la venta de derechos es el principal músculo de la edición comercial, sigue en una atonía preocupante. Seguir achacando los problemas a factores externos como la piratería o al gobierno suena demasiado al perro que se ha comido los deberes. Una frase que pasará a la antología del desbarre fue la definición que Fernández hizo de Internet: ‘ese invento del Pentágono al servicio de los pornógrafos’. En la barra del bar y con dos cervezas todos nos hubiéramos reído de semejante burrada. En la charla de apertura del Foro a mi se me quedó cara de pasmo. Supongo que la vergüenza ajena surgió según la sensibilidad de cada cual. Eché de menos al secretario de la FGEE, Antonio María Ávila.

A su lado Charkin mantenía el afable tono institucional con el que empezó. No olvidó que estaba allí como el presidente de una institución de rango mundial; además de presidente de la IPA, Charkin es el director ejecutivo de Bloomsbury desde 2007 –no confundir con Nigel Newton, fundador y Consejero Delegado– y gracias a los colosales beneficios de Harry Potter le está dando una vuelta muy atrevida a su grupo editorial. Cuando Charkin habla de arriesgarse lo dice por propia convicción y experiencia, no es un mantra aprendido. Qué diferencia, señores.

La charla con Charkin podría haberla mantenido Patrici Tixis, presidente del Gremio de Editores de Catalunya, entidad coorganizadora. Alguien pensó que donde hay capitán, por incompetente que sea, no manda marinero, olvidando adrede, supongo, que Tixis es Director de Comunicación del Grupo Planeta y que con Charkin hubiera hecho un papel mucho más digno.

Otra de las charlas que merece mención fue la que mantuvieron Jesús Badenes (Director General de la División Editorial del Grupo Planeta), Núria Cabutí (CEO de Penguin Random House en España), y Luis Collado (Director de Google en España). Hay que tener un gran sentido del humor o trabajar para un gigante como Google para aceptar la encerrona en la que se metió Collado. Lo hacía a sabiendas, claro. Si hay un evento clásico en Liber es la charla entre Badenes y Cabutí a la que muchos ya van por morbo y para ver si dicen algo nuevo. La charla con Luis Collado fue como la de Liber pero contra Google. Cabutí afirmó que:

El 98 por ciento de acceso digital pirata a nuestros libros se ha hecho a través de Google.

Y yo pensé que teníamos que ilegalizar inmediatamente las calles porque por ellas accedían los ladrones a bancos, comercios y domicilios. O cerrar el metro y los autobuses porque también los usan delincuentes. Y así hasta infinito pero sin reírse, porque ser Consejera Delegada de Penguin Random House en España y soltar estas –y otras– lindezas es, en palabras de una divertida ministra de cultura, ‘asustante’.

Badenes, la otra parte del dueto fantástico, se puso estupendo a su manera:

Entrar en esquemas de salvajismo liberal, a la industria del libro española no le va nada bien.

Que traducido al idioma común de los mortales significa que competir e innovar, a la gran industria editorial española, le da una cósmica pereza. Cuando se pone a ello, además, lo hace fatal.

Tanto Badenes como Cabutí sacaron pecho por el gran esfuerzo que la industria ha hecho para adaptarse. Cabutí resaltó que ya se han digitalizado 77.000 títulos; aunque es una cifra un poco alta me parece realista (el año pasado yo calculé unos 60.000). El problema es que alcanzar dicha cifra nos ha llevado ocho años y es algo más de una séptima parte de los más de 580.000 títulos vivos. La mayoría son novedades, casi nadie está digitalizando fondo.

Otro ejemplo de fracaso estrepitoso –a estas alturas ya podemos usar ciertas palabras– es Libranda: ya he dicho más de una vez que es una buena idea, mal ejecutada y pésimamente gestionada; en Libranda nunca ha faltado talento, lo que falta son recursos y que les dejen ser lo que deberían ser, una empresa tecnológica. Tuvieron que vender el 25% para acceder a tecnología, Bookwire está pescando en su río revuelto, ahora que Overdrive sale de paseo nos vamos reír y del desastre de eBiblio hablamos otro día. A medio gas funciona Casa del Libro, un ejemplo de que copiar es buena idea sólo si lo haces bien, es decir, con los recursos necesarios para no traspasar la fina línea entre lo barato y lo cutre. Lamentable ha sido, desde hace años, el sainete entre 24symbols y Nubico; en países con temperaturas medias más bajas los grandes del sector hubieran comprado el primero –donde había el talento– poniéndole el nombre del segundo –quien paga manda– y hubieran dado una oportunidad al libro en la nube en castellano. Siempre han preferido ser El perro del hortelano.

Otrosí, la piratería. No se cansan de agitar el muñecote. En su charla del día 6 el presidente del Grupo Planeta, José Crehueras, mencionó que la piratería causa 200 millones de euros de pérdidas anuales. Hace tres años Javier Cortés, por entonces presidente de la FGEE, dijo que las pérdidas ascendían a ‘entre 350 y 400 millones de euros’ (el informe de Orange que mencionaba 793 millones lo archivaremos en ciencia-ficción). Dejando de lado que los datos los cocinan ellos mismos mediante una encuesta de la llamada ‘Coalición de Creadores’ es muy poco serio dar horquillas que bailan 50 millones de euros y al cabo de dos años bajan 200. Poniendo estos números en perspectiva uno se da cuenta que son una perfecta tontería:

  • 200 millones de euros = 13.774.104 millones de libros de papel
  • 200 millones de euros = 21.978.021 millones de libros digitales

El cálculo de ejemplares de papel se basa en un precio medio de 14,52€ por ejemplar mientras que el de copias digitales se basa en un precio medio de 9,1€. Estos datos, como el resto de los aquí mostrados, proceden del Avance del Informe de Comercio Interior del Libro en España 2015, del que hablaremos en una próxima entrega.

Estas cifras invitan a algunas reflexiones:

  • ¿Cómo se pasa de 350 o 400 millones a 200 en tres años? Si esto es cierto las medidas contra la piratería están funcionando realmente bien. A la ministra González-Sinde habría que condecorarla y esto no lo digo en broma.
  • Si seguimos aceptando que las cifras son ciertas tenemos la comunidad pirata más ilustrada del mundo ¿Oigo risas?
  • 22 millones de libros digitales pirata cuenta una historia más relacionada con un mercado mal abastecido que con la piratería. Fuera de Amazon, Kobo y las grandes plataformas comprar y autorizar un libro digital sigue siendo un quebradero de cabeza. En cada vez más países el DRM de Adobe está cayendo en desuso.
  • Crehueras dijo en su discurso que las ventas legales de libros digitales ascendían a 115 millones. Si esto es cierto y las cifras de piratería también lo son, alguien en el Grupo Planeta, Penguin Random House y RBA –por poner a tres sospechosos habituales– está haciendo algo rematadamente mal.

Luis Collado salió bien librado porque está muy acostumbrado a la ausencia de argumentos consistentes. Reconoció que Google, como gigante de Internet, tiene una responsabilidad –no confundir con culpabilidad– y añadió que en los últimos 30 días Google había dejado de indexar más de 87 millones de páginas por reclamaciones de derechos; también señaló que los primeros interesados en combatir la piratería son ellos porque, a diferencia de los editores, en Google Play todos los productos son digitales. Finalmente, agregó que más del 10% –dijo ‘al menos dos dígitos’– de la cifra de negocio de Google ya proviene de la venta de contenidos digitales y sigue creciendo.

No me extenderé más. Supongo que otros asistentes tendrán puntos de vista distintos pero hay datos que no permiten mucha más interpretación. La realidad, además, es muy tozuda.

Una parte de esta realidad incluye y concierne al Foro Edita Barcelona. Es un encuentro necesario y es necesario que funcione. Para conseguirlo se pueden mejorar muchas cosas pero lo importante, que es ponerlo en marcha y contar con la complicidad de una parte importante de la edición española, ya se ha conseguido y eso debe agradecerse a sus organizadores: el Gremi d’Editors de Catalunya y el Máster en Edición de la Universidad Pompeu Fabra. También cuentan con la mía, aunque no lo parezca.

 

FIRMA 150

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

5 Comments

  1. Bernat, se podría decir más alto pero no más claro. Felicidades por el artículo.

  2. Sería útil recordar de cuando en cuando qué NO es piratería. Porque, lamentablemente, el discurso mentiroso de las entidades colectivas de gestión de derechos se está colando de rondón cada vez más en el imaginario social. Las palabras tienen dueño: quien se apropia de ellas, se apropia de la mente de quienes las usan.

    * No es piratería en ningún caso el préstamo privado.

    * No es piratería la copia privada si devenga una remuneración a los derechohabientes. Y los cánones que gravan los soportes de reproducción son precisamente esa remuneración.

    Y ya está. Si tengo un libro y lo presto (lo que es legal), y quien lo recibe hace una copia para su uso privado (lo que también es legal) NO HAY PIRATERÍA. Sin más.

    Llamar piratas a quienes cumplen la ley, como han sentenciado innumerablemente veces los tribunales a pesar de la propaganda intoxicadora de las entidades de gestión, es una difamación. Y a mí, al menos, no me gusta que me difamen. Y menos aún que, por contarme entre las filas los piratas, se me utilice para hacer las cuentas del gran capitán. Si SGAE, CEDRO, etc., quieren recibir más dinero, que lo pidan a las claras y que esta demanda sea objeto de debate público. A ver qué pasa entonces.

    (Incidentalmente: los tribunales españoles han echado abajo todos los intentos de hacer pasar las redes p2p como difusión pública. Solo faltaría que en pleno siglo XXI hubiese que verse en persona para intercambiar un libro —analógico o digital—, y nadie ha dicho que los que lo intercambian tengan que ser familiares, amigos, conocidos o ni siquiera saludados.)

  3. […] El pasado 7 y 8 de julio tuvo lugar en Barcelona la primera edición del Foro Edita Barcelona organizado por el Gremi d’Editors de Catalunya y el Máster en Edición de la Universidad Pompeu Fab…  […]

  4. […] Fuente original: Foro Edita Barcelona 2016 – El blog de Bernat Ruiz. […]

  5. Una entrada muy interesante.
    Como lectora tanto de literatura como de ficción comercial, y ensayo, reconozco que lo que más me ha llamado la atención es que alguna editorial crea que con sólo literatura van a tener buenos resultados comerciales. Nunca había pensado que ese pudiera ser un problema de las editoriales españolas, y con esa reflexión tuya me has iluminado un poco.
    Me parece obvio que la industria editorial española debe orientarse hacia los hispanohablantes, un mercado potencial de 500 millones. Sin intercambios fructíferos con Hispanoamérica, no hacemos nada, y me sorprende que no se dedique nada de tiempo a analizar esa perspectiva en profundidad.
    Esta gente, ¿tiene -tendrá- cintura en los complicados momentos político-económicos que vivimos?
    Otra cosa me despierta curiosidad. Compro en Amazon desde hace años, primero en .com y ahora en .es. No había otra forma razonable de hacerse con libros en inglés a precios normales. Por eso mi lector electrónico es Kindle. Pero aparte de eso, donde yo compro libros en Internet es, en efecto, en la Casa del libro. Más que en Fnac, p.e. que intenté alguna vez. Es un hecho que mi experiencia ratifica, pero no sé muy bien por qué. Hablas de que “copiar es buena idea sólo si lo haces bien, es decir, con los recursos necesarios para no traspasar la fina línea entre lo barato y lo cutre”, pero no acabo de saber muy bien por qué La Casa del Libro se ha defendido cuando otros han fracasado; yo, como compradora ahí, la verdad es que no lo sé, no sé qué me lleva a esa página en vez de a otras, así que es un tema sobre el que me interesaría leer.

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