De la disonancia cognitiva, dice Wikipedia:

En psicología, el término disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

De la Primavera Negra del libro, dice Patrici Tixis (traducción propia del original en catalán):

De esta crisis podemos extraer consecuencias positivas para el libro. Hemos visto que la lectura ha sido una de las actividades de referencia durante el confinamiento. Hemos comprobado que el libro en papel es el gran favorito de los lectores, hemos comprobado que el actual sistema de creación de valor de la industria editorial es el adecuado y tiene futuro y que las librerías seguirán teniendo un papel importante para conectar con los lectores.

La primera de las consecuencias positivas ha sido que la lectura ha formado parte de las tres primeras actividades que más han contribuido a pasar el confinamiento, después de ver la televisión y hablar por teléfono, que eran las dos primeras. Las consultoras nos informan que el libro se ha convertido en un compañero de viaje extraordinario en un momento en que hemos tenido que detener completamente nuestra actividad diaria.

Creo que valdría la pena que todas las instituciones entendieran que hay que preservar este patrimonio cultural que hemos ido construyendo a lo largo de los últimos 500 años en Cataluña en torno al mundo del libro y luchar firmemente contra la piratería.

Patrici Tixis realizó estas declaraciones para el diario catalán El Punt Avui el pasado 24 de mayo. Tixis es Director de Comunicación del Grupo Planeta, Presidente de la Cámara del Libro de Catalunya, Presidente del Gremio de Editores de Catalunya, miembro de la Junta de la Federación Española de Cámaras del Libro (FEDECALI) y miembro de la junta del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO). La acumulación de cargos es propia de una república bananera y el conflicto de intereses de esa estructura piramidal es tan evidente que no creo que sea necesario insistir mucho en ello.

Si usted no ve ningún conflicto de intereses le recomiendo que deje de leer. Sin duda encontrará otras muchas ocupaciones con las que perder el tiempo.

Ojo, Patrici Tixis no sufre disonancia cognitiva, es un buen profesional —lo digo sin pizca de ironía—, sabe quién le paga el sueldo y sabe hacer muy bien su trabajo. El Director de Comunicación de Planeta sabe lo que hace cuando dice estas cosas y le da igual que la realidad se dé de bofetadas con su versión de la película porque su trabajo, precisamente, es ese. He trabajado lo suficiente en comunicación para entender a Tixis: sabe que los medios de comunicación transmitirán acríticamente lo que diga, que el presupuesto de publicidad del Grupo Planeta disuadirá a muchos medios de hacer o publicar preguntas incómodas y la ignorancia del periodismo cultural hará el resto. Si el jefe de los editores dice que todo va de puta madre, copy+paste y adelante.

Por suerte, en el mismo artículo, la Presidenta de la Associació d’Editors en Llengua Catalana da una versión mucho más conectada con la realidad:

La verdad es que con tantos muertos y con el panorama económico y social que nos espera, cuesta encontrar elementos positivos. Lo que es evidente es que la pandemia y el paro de la actividad cotidiana nos han obligado a pensar y reflexionar sobre nuestro trabajo. Por ejemplo, el hecho de que no hayamos podido incorporar novedades en el mercado ha hecho que los editores prestáramos mucha más atención a nuestros fondos y a la necesidad de trabajarlos y valorarlos. El paro general en todos los ámbitos excepto en el comercio en línea también ha sido una invitación urgente a trabajar las posibilidades que nos ofrece este sistema: para crear comunidades, para compartir conocimientos y para vender (no me sé imaginar una librería que en 2021 no tenga resuelto el sistema de venta en línea).

Montse Ayats vive de lo que da Eumo —su editorial independiente— y nadie le paga un buen sueldo para dedicarse a la realidad creativa. Ha tenido que asumir la ingrata labor de partirse la cara con unos responsables políticos cuya agilidad es la de un muro de ladrillos y su conocimiento del ramo —con afortunadas excepciones— es poco mejor que el del ciudadano medio. Afearle los magros resultados sería injusto y cruel porque ella también es víctima de un estado de cosas que lleva lustros cociéndose. Sobre todo porque, en Catalunya, la asociación que ella preside está subordinada al gremio que preside Tixis. El pescado está vendido. Hubiera sido de agradecer algún que otro puñetazo público encima de la mesa, pero ese es, hoy, el menor de nuestros problemas.

La realidad institucional del libro no es una burbuja ajena al sector. Sería muy fácil sostener que las instituciones son víctimas del secuestro corporativo de los grandes grupos; no es cierto o, en cualquier caso, ni es suficiente ni es toda la historia: al resto le va bien. Dicho de otro modo: en privado muchos dicen que es una vergüenza que todo funcione así pero, en público, o bien no dicen nada —otorgan— o incluso ponen buena cara —colaboran. Otros opinan genuinamente que está bien que el Director de Comunicación del mayor grupo editorial español controle las principales instituciones del libro porque su universo mental está anclado en 1992.

Tenemos lo que nos merecemos y todo lo que ha ocurrido durante esta crisis —y lo que nos queda por sufrir— lo demuestra. La gestión de esta crisis ha sido i es emocional cuando no puramente sentimental, las campañas que invitan al lector a comprar libros hablan de salvar las librerías, de amar la lectura, de apoyar la cultura. Huelga decir que estoy de acuerdo en conseguir todo esto pero dando pena solo conseguimos que los ya convencidos nos den su dinero. Misión cumplida, pero yo no sé dónde está el mérito.

De todo esto hay algunos indicadores inquietantes: los medios catalanes jalearon cual gran victoria que Llibreries Obertes hubiera vendido algo más de 51.200 libros en algo más de dos meses, equivalentes, más o menos, a unos 900.000 euros (es una estimación; sobre esta cifra los medios no se ponen muy de acuerdo y no he encontrado ningún dato exacto en la web de Llibreries Obertes). Si dividimos esa cifra entre las 453 librerías que participaron obtenemos algo menos de 2.000 euros. Mejor es nada, pensará usted, y yo estaré de acuerdo, pero para este viaje no hacían falta estas alforjas, sobre todo si tenemos en cuenta que esa cifra es una media aritmética y que la realidad fue muy diferente, siempre en consonancia con el tamaño y habilidad de cada librería en conectar con su público. Podemos contar con un inevitable efecto Mateo, en el que aquellos que ya tenían antes del cierre se llevaron más que los que no tenían, que se llevaron todavía menos. Los números parecen muy grandes pero eso no equivale ni a dos días de ventas de un mes de marzo normal.

Lo mismo sucedió en Sant Jordi, nuestro Día del Libro; el Gremio de Libreros sacó pecho al final de la jornada agradeciendo la gran respuesta de los lectores pero, por primera vez en lustros, ni ofreció, ni ha ofrecido hasta la fecha, ningún dato de facturación. Si dispone de las mismas herramientas de otros años y durante la jornada la respuesta fue tan buena, ¿por qué no lo demostraron con datos? Bastaba mostrar una caída que pareciera invitar a cierta esperanza.

Ha vuelto a pasar lo mismo tras la apertura de las librerías este mes de mayo. Ya arrecian los artículos en los que la presidenta del Gremio de Libreros, Maria Carme Ferrer, se ufana diciendo que el ritmo de ventas es mayor de lo esperado y los lectores han respondido muy bien. Bueno, pero, ¿comparado con qué? ¿Habían realizado proyecciones o pronósticos detallados? Y, todavía más importante, ¿cuál ha sido el descalabro de marzo y abril? ¿Por qué no publica el gremio los datos de facturación de ambos meses? Todavía mejor: ¿por qué no publica la facturación semana a semana de modo que podamos tomar el pulso de la situación? Puede hacerlo pero no lo hace. Otros hacen algo incluso peor, como FEDECALI, que publica los resultados de una encuesta que sólo añade ruido al páramo. FEDECALI tiene acceso a más herramientas de las que dispone el Gremio de Libreros de Catalunya y, como ellos, también decide no usarlas.

Permítanme un inciso.

A raíz de uno de mis recientes artículos, el actual director técnico de CEGAL, en una discusión pública en Twitter, me llamó ignorante, gurú, me dijo que hablaba de oídas y no tenía ni idea del asunto. Cuando le pregunté por qué CEGAL no publicaba los datos como sí hacen en Estados Unidos, Alemania o Brasil —por poner solo tres ejemplos— dijo que el asunto no daba para más y que ya charlaríamos en otra ocasión. Antes añadió que CEGAL estaba dispuesta a compartir los datos con quien se los pidiera. Esperar a que te pidan datos para compartirlos cuando dispones de ellos y es una buena práctica reconocida es, a estas alturas del siglo XXI, una actitud propia de países que funcionan mal —esto es España y nada es porque sí—, y no tiene una explicación decente. Dejo a ustedes y a su creatividad las posibles explicaciones indecentes.

Prosigamos.

Si la actitud del gremio y del resto de instituciones del libro en España es oscurantista, la de buena parte de la opinión pública y publicada es complaciente, acomodaticia y naif. La del gremio porque impide que todos veamos la magnitud de la tragedia y la del resto porque participa de un ambiente optimista que la realidad no sostiene. La opinión pública y publicada del sector se agarra a casos muy concretos que, o bien muestran un descenso moderado de ventas, o lucen una respuesta envidiable de sus comunidades; si esos casos excepcionales no se han salvado de sufrir un descenso de facturación de más del 50% —estoy pecando de muy prudente—, podemos imaginarnos qué les ha sucedido a librerías con menos suerte o habilidad.

Cuando los británicos celebraron el milagro de Dunkerque, el mismísimo Winston Churchill tuvo que recordarles a sus compatriotas que las guerras no se ganan con retiradas. Sí, las perdidas previstas eran mucho mayores porque el frente en Bélgica y el norte de Francia era un sálvese quien pueda; sí, en las playas de Dunkerque hubo un milagro fruto, entre otras cosas, del esfuerzo colectivo, pero en ese momento la guerra en Francia pintaba muy negra y, al cabo de unas semanas y tras la derrota francesa, nadie daba un duro por el Reino Unido. A largo plazo, solo los errores del contrario dieron un respiro a los británicos; en nuestro caso el adversario es Amazon y no suele equivocarse.

Ni a las librerías ni al resto del sector lo salvaremos con “podríamos estar peor”, en primer lugar porque es una perogrullada y en segundo lugar porque no tenemos ningún dato objetivo que nos diga dónde estamos realmente. Ante todo esto, ¿qué hacen muchos libreros y editores catalanes con abundante audiencia en redes sociales y acceso a medios de comunicación? Se muestran optimistas, montan campañas publicitarias placebo, lanzan edulcorados mensajes exhortando a trabajar unidos, a remar juntos, a verlo todo en positivo, a ser constructivos, ignoran los problemas creados por iniciativas de dudoso altruismo… en una colectiva disonancia cognitiva que ignora, olvida o no quiere ver, por ejemplo, que los grandes grupos van a lanzar al mercado, este mes de junio, más de 500 novedades —y vuelvo a pecar de prudencia porque si sumo los grupos grandes y medianos la cifra rondará los 1.000 y ahí no hay libro de texto— que expulsará o impedirá la entrada, por simple fuerza bruta, a una montaña de libros de los independientes pequeños y medianos. El problema no es tanto el volumen como el momento: recuerden cómo están las librerías.

Ahora, recuerden que esos mismos grupos están haciendo algo que los editores independientes raramente pueden hacer porque no disponen del dinero o porque su distribuidor no se lo permite: están aplazando pagos a septiembre, y más allá. Dicho de otro modo: los grandes grupos están ganándose el espacio en librería a base de fuerza bruta, a bofetadas, haciendo bueno ese adagio que dice que “aquello que no puedas resolver con dinero, resuélvelo con muchísimo dinero”. Ellos lo tienen; el resto, no. Ellos pueden esperar meses a cobrar; el resto, no. Su negocio es financiero; el del resto, no. Sus bancos lo saben; los del resto, también.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

4 Comments

  1. Excelentes reflexiones, Bernat, como siempre. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
    Salud.

    Responder

  2. Gracias por hablar tan claro y mostrar cómo son las cosas realmente. Se agradece muchísimo la valentía, la honestidad y la coherencia.
    Un saludo desde las trincheras de una pequeña editorial.

    Responder

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.