Hace unos días, Paula Corroto publicaba un artículo en El Confidencial titulado Las pequeñas librerías de Madrid, en guerra contra la Comunidad: “Cerraremos el 90%”. En él, la periodista daba cuenta del conflicto entre las pequeñas librerías madrileñas —representadas por la Asociación de Pequeñas Librerías de Madrid— y la Consejería de Educación de dicha Comunidad Autónoma.

El conflicto tiene su origen en el Plan Accede, mediante el cual las familias que lo deseen podrán acceder a un fondo de libros de texto adquiridos y gestionados por las escuelas. El problema para las librerías es que la compra de esos libros se realiza mediante un Acuerdo Marco que estipula que cada centro educativo solo podrá disponer de un proveedor de libros, impidiendo que las escuelas compren libros en varias librerías. Además, el Acuerdo Marco fija algunas condiciones que parecen lesivas para las librerías más pequeñas. Por ejemplo, los libros deben entregarse forrados y etiquetados con pegatinas del Plan Accede, un volumen de trabajo que puede ser enorme para los establecimientos más pequeños. Paula Corroto, agrega:

Otro de los requisitos es que para presentarte a cada lote —las parcelaciones que ha hecho la Comunidad de todo el territorio para la venta de los libros escolares— es necesario tener a una persona en la librería y otra en atención al cliente como mínimo durante todo el curso escolar. Es decir, dos personas en negocios que muchas veces son tan pequeños que son unipersonales.

Los libreros piden que se vuelva al modelo anterior, en el que la Comunidad de Madrid entregaba un cheque-libro a las familias y estas lo canjeaban donde mejor les convenía; en cualquier caso, el Plan Accede, tal como está programado y adjudicado, cubre desde el curso 2019-20 hasta el curso 2022-23, con lo que a corto plazo no hay mucho que hacer. Según Valentín García, eso deja fuera al 90% del millar de librerías de la Comunidad de Madrid, pues sólo 92 establecimientos han podido licitar y obtener una parte de algún lote; hay 80 empresas más, que no son librerías y entre las cuales hay editores, que también han obtenido adjudicaciones.

Visto así, ¿cerrará el 90% de las librerías de la Comunidad de Madrid? Con el doble impacto de la COVID-19 y el Plan Accede puede que muchas deban cerrar. También hay que tener en cuenta que, como ya hemos dicho, no todas las familias decidirán acogerse al Plan Accede. Las ventas de libros de texto bajarán en las librerías que han quedado fuera del Acuerdo Marco, pero no desaparecerán del todo, al menos no para muchas de ellas.

Lo urgente y lo importante

El Plan Accede es el menor de los problemas de aquellos libreros que todavía confían en el libro de texto para subsistir. Sí, es urgente; sí, deja a muchas librerías en una situación precaria; sí, la Consejería debería rectificar.

El problema, a medio y largo plazo, es que van a dejar de vender libros de texto.

En primer lugar, la socialización que implica el Plan Accede ya merma la facturación; hace lustros, en España, y con pocas excepciones, las familias compraban libros nuevos cada año. Con el tiempo, cada vez más escuelas empezaron a reciclar los libros usados; al principio era algo marginal, pero el Plan Accede institucionaliza esa práctica. Ahora es la propia Comunidad de Madrid quien gestiona dicha socialización o, al menos, una parte importante. Otras también lo hacen, algunas desde hace tiempo.

En segundo lugar, cada vez es más frecuente que las editoriales de libro de texto se salten a los libreros y vendan sus libros directamente a las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de las escuelas. Esa es una práctica cuya legalidad es cuestionable. Los libreros podrían llevar a los editores y a las asociaciones a los tribunales y sin duda ganarían, pero al final perderían el mercado porque los editores tienen maneras de vender los libros a las editoriales sin saltarse la ley. El incentivo económico es muy apetitoso porque con esa venta directa los editores pueden bajar los precios; recuerden que, en España, el precio del libro de texto no es fijo, como sí lo es el del resto de libros.

Siendo grave, hay algo todavía peor. Las escuelas, poco a poco, están dejando de usar libros de texto de papel, que son los únicos que pueden vender las pequeñas librerías —y también las grandes, pero ahora no entraremos ahí. Tres factores inciden: por un lado, operadores como Google, con su Google Classroom y una serie de herramientas que facilitan la gestión de la educación presencial y a distancia. Google también ofrece un servicio, dentro de Google For Education, mediante el cual los propios maestros y profesores pueden crear y compartir contenido educativo. Algunos servicios de Google son gratuitos y otros son de pago. Otras plataformas ofrecen lo mismo, incluso la Comunidad de Madrid dispone de un agregador de material creado por los mismos maestros, la mediateca EducaMadrid. También los editores se han lanzado, con acierto desigual, a ofrecer sus propios entornos educativos digitales. Muchas escuelas están muy poco digitalizadas y otras lo están casi completamente, pero la tendencia está clara y es sostenida.

Todo aquello que no tenga forma de libro de papel, todo aquel material educativo al que maestros y alumnos accedan mediante un dispositivo conectado a Internet, no se venderá en una librería; no en una librería como la de Valentín García.

No tengo nada claro que los libreros sean conscientes de todo esto. Todavía veo a demasiados libreros desatendiendo, en el mes de julio, la venta del resto de libros para concentrarse en los libros de texto, libreros que dejan de organizar presentaciones, dejan de hacer pedidos de novedades, dejan de recibir a editores; mientras los medios culturales nos recomiendan una montaña de lecturas para las vacaciones, demasiados libreros siguen a otra cosa, siguen confiando en la visita de un consumidor cautivo que está quemado, que cada vez tiene más incentivos para dejar de comprar los libros al librero o para dejar de comprarlos en absoluto. Este año será un poco distinto, pero no muy distinto, porque este verano el libro de texto va a ser más importante que nunca para cuadrar balances.

El artículo de Paula Corroto se cierra con estas palabras del propio Valentín García:

Con el sistema de compra por los centros, no sólo han excluido a las librerías que no han licitado de vender libros de texto, sino que además las familias recogen los libros en el colegio directamente y no visitan las librerías en la vuelta al cole, lo que también supone ventas y una “tradición” de visitarnos que se pierde.

¿Qué “tradición” puede haber en una venta cautiva? Ya supongo que las familias que compran los libros de texto en la librería de Valentín no lo hacen a cara de perro, pero estoy seguro que, si pudieran, se ahorrarían ese dinero, también aquellos amantes de la lectura que entienden que un libro de texto tiene de libro lo mismo que la Wikipedia. Por eso han tenido tanto éxito los cheque-libros. Pero es un error creer que cambiando el Plan Accede por los cheque-libros se va a solucionar el problema; porque ese no es el problema. El problema de verdad es que el producto, el libro de texto de papel, va a desaparecer, que mientras desaparece van a ir cerrando esas librerías que lo fían todo a este producto y que, mientras cierran, no parece que nadie se preocupe de cómo van a ser las librerías cuando los libros de texto de papel sean una parte ínfima del negocio.

Dentro del un problema hay otro, y dentro de este, otro. Como una matrioshka rusa, los vamos descubriendo para ver, sorprendidos, que el menos evidente, el más escondido, es también el más peligroso. Los libreros se pelean con las administraciones públicas y con los editores de libros de texto para seguir vendiendo un producto que, mientras tanto, va desapareciendo. No parecen darse cuenta de la desaparición del libro de texto de papel; peor todavía, parecen no querer darse cuenta.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

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