ELANAVEVA

Barcelona ha sido declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO. El presupuesto de 170.000 € ya deja bien claro que esto no pasa de operación cosmética a cargo del contribuyente y es una –otra– ocasión perdida para poner el foco en los problemas de la industria editorial.

De la red de Ciudades Literarias ya forman parte localidades de tan rancio abolengo literario y potencia editorial como Edimburgo, Melbourne, Iowa City, Dublín, Reikiavik, Norwich, Cracovia, Heidelberg, Praga, Dunedin y Granada. Cuando María Patricio-Mulero habló de ello en el suplemento Culturas de La Vanguardia alguien en el Ayuntamiento de Barcelona cayó en la cuenta que la UNESCO necesitaba una ciudad con músculo editorial en su haber y el consistorio necesitaba apuntarse un tanto que no costara mucho dinero y llenara titulares.

Como muchas otras iniciativas de la UNESCO, la de la red de Ciudades Literarias –dentro de la red más amplia de Ciudades Creativas– se caracteriza por su falta de concreción, laxitud conceptual y abundancia de humo. Tal estado de indigencia se traslada a los papeles en los que se defiende la cosa y Barcelona, tan aficionada a la alharaca lúdica y festivalera, no podía ser menos.

Hay quien dice que no hay nada de malo en que se celebren pesebres como este, que nada resta y todo suma, aunque sea en la dirección equivocada. No estoy de acuerdo. En la actual situación de la industria hay iniciativas que restan porque distraen la atención y detraen recursos. La retórica de la candidatura y posterior nominación es la usual, triunfalista sin matices, celebrando unos laureles bastante marchitos y unos logros tristemente trasnochados.

Para poner todo esto en perspectiva veremos tres documentos que demuestran lo despistada que anda nuestra intelligentsia y cómo baila al son que más conviene. Dos de ellos aparecieron recientemente en la revista municipal Barcelona Metrópolis. Uno, titulado ‘Una historia editorial larga y fructífera’ lo firma Sergio Vila-Sanjuán y el otro, con el título ‘Acostumbrados al riesgo: Barcelona, laboratorio editorial’ lo escribe Javier Aparicio; el tercero forma parte del apartado que el dossier de la candidatura dedica a la industria editorial barcelonesa.

La triste figura de un gran intelectual

Sergio Vila-Sanjuán es el inspirador de todo esto; aunque el artículo en el suplemento Culturas lo firmó María Patricio-Mulero es su director quien aparece como genio de la lámpara. Vila-Sanjuán merece todo nuestro reconocimiento por obras como Pasando página (Destino, 2003) y su labor constante en el mencionado suplemento Culturas del diario La Vanguardia. Su conocimiento literario es enciclopédico pero eso no significa que esté muy al día de las necesidades de la industria. En el encabezado de su artículo en la revista Barcelona Metrópolis dice lo siguiente:

El Gremi d’Editors de Catalunya agrupa a 279 editoriales que publican más de treinta mil títulos al año. El sector afronta hoy los desafíos de la crisis, el nuevo mercado global, la revolución tecnológica y el cambio en los hábitos de lectura: unos retos bien asumibles cuando se tiene un bagaje de cinco siglos de historia.

Seguir identificando ‘el sector’ con el Gremio es un dislate y un flaco favor a la mayoría de editoriales del país que no forman parte de él. Como ya he dicho muchas veces –y seguiré insistiendo– el Gremio es una de las causas del atraso industrial editorial catalán, tanto como la FGEE lo es del español.

Por eso es sangrante que en el mismo párrafo diga que el sector está preparado para asumir ‘el nuevo mercado global y la revolución tecnológica’ apoyándose en sus cinco siglos de historia. A Vila-Sanjuán le han vendido una moto, se ha subido a ella y va raudo y veloz al mismo abismo que sus timadores.

Vila-Sanjuán no se olvida de los de siempre:

Al mismo tiempo, Planeta empieza a absorber antiguos sellos rivales, como Seix Barral o Destino, y se va consolidando como imperio editorial, en un proceso de expansión que le llevará a convertirse, ya en el siglo xxi, en el octavo gran grupo editorial del mundo.

Comprendo que en un texto tan complaciente no pueda faltar Planeta –y que se acuerde de Seix Barral o Destino– pero de ahí a dar la impresión que el imperio Lara ocupa cómodamente su silla en el Olimpo editorial media gran distancia. Según el ranking que Publisher’s Weekly publica cada mes de enero, el Grupo Planeta empezó 2015 en undécimo lugar en cifra de ingresos –revenue en el documento original–, no en el octavo. Las previsiones son que el grupo empiece 2016 con otro descenso; no es que Planeta crezca más lentamente que el resto, es que experimenta un descenso neto y sostenido en su cifra de ventas. El Grupo Planeta no aparece (casi) nunca en las noticias de tecnología de Publisher’s Weekly ni de otras publicaciones relevantes, como Publishing Perspectives, Digital Book World, entre muchas otras, a diferencia de las habituales Big Five, muy asiduas, o de Scholastic, HarperCollins o Simon&Schuster, más pequeñas pero mucho más innovadoras. La gran edición española, salvo honrosas excepciones, lleva la boina calada hasta las orejas.

El gran prestidigitador

Javier Aparicio es otro de los grandes intelectuales de nuestro país, un referente literario con todas las de la ley. Es director del Máster en Edición de la UPF, una propuesta formativa mucho más devaluada que la fama de la que goza.

Antes de seguir hablando de Aparicio y de lo que ha publicado a tenor de la nominación me permitiré un breve rodeo. El 27 de octubre de 2014 aparecía esto en la prensa:

La Universidad Pompeu Fabra ha creado el Observatorio Internacional del Libro de Barcelona, concebido por el periodista Sergio Vila-Sanjuán e impulsado conjuntamente con el fundador y director del Máster en Edición de la UPF, Javier Aparicio Maydeu.

Ya hablé en su momento de la vacuidad de la propuesta. El Observatorio ha vivido en un estado fantasmagórico, vacío de contenido y huérfano de actividad hasta que ayer, 22 de diciembre, la UPF anunció:

La UPF crea el Centro Internacional de Estudios del Libro de Barcelona, codirigido por Sergio Vila-Sanjuán, Javier Aparicio-Maydeu y Beatriz de Moura

El mamotreto lleva ‘creado’ más de un año. Durante este tiempo ha pasado de ser el ‘Observatorio Internacional del Libro de Barcelona’ a llamarse ‘Centro Internacional de Estudios del Libro de Barcelona’, ha desaparecido la nota original en el apartado ‘Noticias’ de la UPF –supongo que para ahorrarse bochornos–, ha aparecido en escena Beatriz de Moura y Barcelona ha recibido la ya conocida nominación.

Todo parece indicar que, arrimándose al sol que más calienta y en previsión de pingües beneficios, Vila-Sanjuán y Aparicio decidieron crear un provechoso vehículo pero tuvieron que mantenerlo en barbecho hasta la llegada de mejores tiempos. Ya han llegado, de ahí que la UPF haya sacado, de nuevo, el bombo y el platillo con rebautizo incluido.

Ahora que ya nos conocemos todos veamos qué escribe Javier Aparicio en la revista Barcelona Metrópolis a tenor de la nominación:

Como capital editorial internacional, Barcelona ha sido testigo estas dos últimas décadas de cambios esenciales en el book business. Se inició un proceso de concentración editorial que, sobre la base de empresas conjuntas, compras y absorciones de editoriales pequeñas, familiares o en situación comprometida por cambio de orientación o adscripción a modelos obsoletos de negocio, generó grandes corporaciones como el Grupo Planeta, que no ha dejado de crecer, o como Random House Mondadori, recientemente convertida en Penguin Random House, que se ha hecho con editoriales fundamentales de Madrid.

Si Aparicio hubiera escrito este párrafo hace diez años nada habría que objetar. La atribulada última década desmiente tanto triunfalismo. Quien se encuentra hoy en un ‘modelo obsoleto de negocio’ es el propio Grupo Planeta. Penguin Random House goza de una salud mucho mejor, pero las decisiones importantes no se toman aquí. ‘Nuestro’ último gran grupo atraviesa graves dificultades económicas y ‘el otro’ no es nuestro. No entiendo tanta petulancia.

Sigue Aparicio:

[…] Barcelona será capital literaria de la Unesco, se reconocerá su capitalidad editorial internacional también entre las autoridades de la propia ciudad, tal vez se abra una tienda Taschen en el paseo de Gràcia y es probable que Amazon se sume a la fiesta abriendo uno de sus megaespacios logísticos en una de las ciudades más activas de Europa. […] ¡Ah!, y es muy probable, además, que, en pocos años, buena parte de los editores e impresores de Asia que imprimen y publican libros europeos se formen en Barcelona, sede de uno de los másteres en edición de referencia internacional, así como de posgrados en edición de verdadera enjundia. ¡Y hasta es posible que Barcelona se convierta en breve en una de las ciudades del mundo más activas en la creación de aplicaciones relacionadas con el mundo de los contenidos!

Barcelona no será capital de nada, será Ciudad Literaria. Si necesitamos que venga la UNESCO a reconocer algo que debería ser evidente desde hace décadas es que andamos muy mal de nervio industrial y editorial. El interés de Taschen por Barcelona es turístico y por eso abren una tienda y que Amazon abra un centro logístico –tu quoque, Aparitius?– responde a la idónea ubicación geográfica de la ciudad y sus buenas conexiones con Europa occidental. Nada de lo que dice Aparicio tiene que ver con la faceta literaria o editorial de Barcelona.

Es tan probable que los editores e impresores asiáticos se formen en Barcelona como todo lo contrario. ¿Por qué deberían hacerlo? ¿Por qué si, precisamente, el máster ‘al que usted se refiere’ está en retroceso en otros lugares más afines por cultura e idioma, como América Latina? Puestos a trasladarse miles de kilómetros les veo más interesados en Londres o Nueva York. Allí sí están pasando cosas interesantes.

Aparicio sigue en modo estupendo:

Resulta imprescindible que las autoridades municipales y autonómicas, y huelga decir que las estatales, entiendan que Barcelona es el lugar de partida de muchos de los best-sellers mundiales en lengua española, desde Javier Marías a Javier Sierra, María Dueñas o Ruiz Zafón, y que su bilingüismo debe ser preservado como debe ser preservado el precio fijo que permite que Europa sea una potencia internacional de la transferencia de contenidos y de los libros de entretenimiento.

¿Hasta cuando, señor Aparicio, nuestras autoridades municipales, autonómicas y estatales deberán plegarse a los designios de una industria obsoleta y sus atrasados representantes? ¿No les basta con los distintos mecanismos de subvención, directos e indirectos, ni con una legislación proteccionista?

Es intelectualmente inane blandir el precio fijo para afirmar que Europa –la continental– es una ‘potencia internacional de la transferencia de contenidos y de los libros de entretenimiento’; dos de las mayores potencias del mundo, Estados Unidos y el Reino Unido, trabajan con precio libre y lideran el mercado más lucrativo, el angloparlante, que a la sazón domina el resto de mercados.

Lo estupendo se convierte pronto en grotesco:

Cuanto más diverso es un hábitat, más perdurable. Necesitamos nuevas empresas, ideas de bombero que puedan ponerse en práctica, riesgo contenido, valentía: sin riesgo no hay victoria, como dijo Faulkner primero y varios nobeles de economía después.

¿Qué ideas de bombero promueve usted, señor Aparicio, desde su máster? ¿Qué ha hecho usted para promover el riesgo y la valentía? ¿Ha creído en ellas, se ha implicado, ha invertido, les ha dado voz? ¿Ahora resucitará su Observatorio o Centro de Investigación –o como se le ocurra llamarlo la próxima semana–, ahora que posiblemente consiga el dinero que no tenía para hacerlo? Pregúntese por qué no lo tenía y por qué necesita fondos públicos para hacer algo que deberían estar haciendo, desde hace mucho tiempo, aquellos que mantienen su máster en pie.

La única voz a la que usted responde es la de su amo, la gran industria obsoleta, retrógrada y obstruccionista, la que usted glosa en el artículo de Barcelona Metrópolis. Como decimos en Catalunya: ‘qui té el cul llogat no seu quan vol’.

Una candidatura un poco mentirosa

Tanto Sergio Vila-Sanjuán como Javier Aparicio firman sus artículos. Diferente es el caso de los contenidos del dossier de la candidatura de Barcelona. La mayoría se limitan a dar un batiburrillo sosaina que ya conocemos pero algunos, como el texto dedicado a la industria editorial, mienten. Digo mienten porque puedo demostrarlo. Empecemos:

Barcelona es, pues, la sede de las principales empresas editoriales con filiales en Latinoamérica. Desde Cataluña, los libros se exportan a todo el mundo: el 50% a Europa y el 44,8% a Latinoamérica.

Raro ¿Editamos en castellano y la mayor parte de nuestros libros se exportan a Europa? Obviamente, no es así. Sólo hay dos posibilidades: o bien el redactor del documento habla de oídas y no conoce el sector o bien sí lo conoce pero desea torturar los datos para que estos digan lo necesario. Veamos qué dice el Informe de Comercio Exterior de 2014 (pág. 22):

[…] el principal destino de nuestras exportaciones ha sido en 2014 la Unión Europea, con un 59,86%. De ellas el 45,85% corresponde al Sector Editorial y el 54,15% al Sector Gráfico. […]

En Iberoamérica […] el 95,56% de la cifra de exportación es de producto editorial. Es lógico ya que la industria gráfica española, fundamentalmente por un problema de precios, ha centrado su acción en los países de la Unión Europea.

En realidad menos de la mitad de lo que mandamos a Europa son libros terminados –editados aquí– y más de la mitad son servicios de impresión que nuestra industria gráfica presta a editores europeos que, obviamente, editan sus libros en sus idiomas. Mezclar ambos conceptos es tramposo.

En cambio casi todo lo que mandamos a América Latina son libros editados e impresos aquí, pues no tiene ningún sentido que un editor latinoamericano encargue imprimir libros con los costes de aquí para embarcarlos de vuelta e incurrir todavía en más sobrecostes para venderlos allí a precios imposibles. Lo cierto es que exportamos casi la mitad de libros a América Latina y algo más de un 20% a Europa, que no es poco, pero es un dibujo muy distinto del que pretenden vendernos.

Del sesgo en los datos pasamos a la inexactitud más absoluta:

Cataluña cuenta con 272 empresas editoriales, que ocupan a 4.907 personas y que en 2014 editaron 31.759 títulos, con una facturación de 1.209 millones de euros. En Barcelona están presentes grandes grupos multinacionales como Planeta, Penguin Random House y RBA. Al mismo tiempo, Cataluña es la comunidad española con mayor número de pequeñas editoriales, que suman un total de 249 editoriales independientes.

El redactor del documento, supongo que de forma interesada, confunde editoriales agremiadas con el total de editoriales. Según el Anuario de Estadísticas Culturales 2015 (pág. 298) en Catalunya hay un total de 653 agentes editores. Lo que sucede es que más de la mitad no están agremiados; obviamente el número de editoriales independientes catalanas es mucho más grande y ese grupo es el que deja de agremiarse y el que más cuestiona la legitimidad del Gremio de Editores de Catalunya.

Tampoco comprendo de dónde sale el número de títulos editados, pues según consta en el mencionado anuario (pág. 293) el total de ISBN asignados en Catalunya en 2014 fue de 25.752. En realidad hay más del doble de editoriales y una quinta parte menos de títulos. Felicidades.

No entraré en la cifra de puestos de trabajo pues el sector ha expulsado de sus estructuras a miles de trabajadores, muchos de los cuales se han instalado por su cuenta ofreciendo servicios a esas mismas editoriales. Se ha precarizado el talento. En palabras de una veterana editora: las editoriales han echado a los editores.

Según el documento la cosa va como un cohete:

Cabe destacar que en los últimos años el ecosistema editorial goza de un equilibrio entre los grandes grupos, las editoriales independientes instaladas desde las últimas décadas y la activa eclosión de pequeñas editoriales. Por lo tanto, es un sistema editorial diverso y de mucha actividad.

Cualquiera que conozca el sector sabe que esto no es cierto. Tal como muestra la Panorámica de la edición española de libros 2014 (pág. 39) el 63% de ISBN fueron concedidos a editores medianos y grandes. Ninguna de esas nuevas y aguerridas editoriales independientes ‘instaladas desde las últimas décadas’ entra dentro de esas categorías. Ergo el sector está bastante concentrado, todavía más si lo analizamos desde el punto de vista de la facturación.

Y ya puestos a desbarrar, atención al siguiente párrafo:

Una de las citas locales más relevantes del sector editorial es Liber – Feria Internacional del Libro, que tiene lugar en Barcelona cada dos años, promovida por la Federación de Gremios de Editores de España. Se trata de la primera muestra europea del libro en español y el principal centro de negocio e intercambio profesional, con atención especial a los contenidos digitales, los nuevos editores, la autoedición y los agentes literarios. En 2014 asistieron 450 editoriales de 60 países, con 10.000 profesionales y, por primera vez, el público general.

Indecente. Si en algo coinciden los que saben del asunto es que Liber es un salón que va a la deriva, con cada vez menos importancia, expositores y visitantes. Las cifras que dan no se las creerá nadie que haya visitado la feria; a 10.000 llegamos si contamos los que repiten esos tres días e incluimos a expositores. Puede que haya 450 editoriales de 60 países pero muchas se apiñan en stands colectivos y ni por asomo hay un representante de cada una de ellas.

Es obvio que es la primera muestra europea del libro en español; me pregunto dónde esperan si no que se celebre en Europa, ¿en Andorra?. Se callan muy mucho que Liber hace tiempo que perdió la batalla –si es que alguna vez la libró– ante Guadalajara y Bogotá. Que la feria más importante del libro en castellano esté en México y no en España deja claro lo poco que les ha importado el asunto. Si por algo se ha caracterizado Liber la última década a ha sido por ser el Increíble Salón Menguante. Sacar pecho con él es de una decrepitud indescriptible.

‘E la nave va…’

Así va la nave y estos son algunos de sus tripulantes. Estos son los que piensan en la literatura y en quienes debemos confiar para salir de la crisis de modelo de producción y comercialización. Hemos visto un colaborador necesario y creo que algo incauto, un prestidigitador que manipula la realidad a su conveniencia y una concejalía de cultura del Ayuntamiento de Barcelona a la que han goleado en sólo un par de páginas en un documento vergonzoso.

La nominación de Barcelona como Ciudad Literaria sólo servirá para perpetuar esta forma de pensar, proceder y medrar. Mientras tanto seguirá pendiente la urgente reconversión industrial y comercial del sector, un proceso en el que Barcelona podría tener mucho que decir y aportar. Pero nada se va a hacer, no desde las instituciones.

Así nos va. Así les va. Allá ustedes.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

7 Comments

  1. […] Fuente original: Barcelona Ciudad de la Literatura, otro mamotreto innecesario | verba volant, scripta manent. […]

  2. Completamente de acuerdo contigo Bernard, lo bueno que traen las crisis es que son una oportunidad para reformar lo que no funciona por fuerza puramente de la supervivencia. Alimentar a un moribundo via subvenciones no beneficia a esta industria. ¿Porqué? porque sólo necesitan una subvención, un premio etc. para poder decir que lo están haciendo bien, que la culpa de lo que pasa en el sector es de la crisis y no de vivir subvencionados.
    Tristemente seguimos sin ver apuestas de las grandes editoras por títulos no bestseller, por las publicaciones bajo demanda o los propios formatos electrónicos pero, ¿qué pasará el día en el que alguien se de cuenta de la injusticia que se comete con los libros electrónicos al 21%?, ¿o qué pasará si algún gobierno decide quitar la subvención y el IVA reducido a una industria que cada día va demostrando que le queda poco de artística y cada vez menos de cultural y que vive de una industria basada en acuerdos estatales para renovar libros escolares cada dos años, que sólo firma best sellers y no apoya ni al pequeño editor ni al autor pequeño?, ¿qué pasará? Ya lo veremos pero no importan los premios que lleguen, la realidad es meridianamente clara; las ventas caen y caen y caen. Y en ello no sólo tienen la culpa crisis, piratería, estados o ciudadanos incultos que no quieren leer (excusas habituales). Gran entrada como siempre Bernat!!! y ¡¡¡felices fiestas!! 🙂

  3. No perds pistonada ni per festes :). Bon Nadal!

  4. […] Barcelona Ciudad de la Literatura, otro mamotreto innecesario de Bernat Ruiz. Un apunt sobre el darrer tinglado literari de Brasalona. Necessària lectura per a qualsevol persona, més encara si us interessa el món editorial. […]

  5. […] Barcelona ha sido declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO. El presupuesto de 170.000 € ya deja bien claro que esto no pasa de operación cosmética a cargo del contribuyente y es una –otra– ocasión perdida para poner el foco en los problemas de la industria editorial. De la red de Ciudades Literarias ya…  […]

  6. […] la industria se ‘maquillen’ los datos buscando con ello aumentar las subvenciones, o de ‘autoengañarnos’ con premios y por supuesto aunque suene a “no políticamente correcto” tampoco acepto que se […]

  7. […] la cultura, com es pot veure en aquest article crític de Bernat Ruiz Domènech anomenat “Barcelona Ciudad de la Literatura, otro mamotreto innecesario” que, arrel de la nova “medalla” que s’ha penjat Barcelona, ens fa pensar […]

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