Un camello es un caballo diseñado por un comité

Sir Alex Issigonis, diseñador del Mini

Los representantes de las principales instituciones del libro de nuestro país, la Federación de Gremios de España (FGEE), la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), la Cámara del Libro de Euskadi, la Asociación de Editores de Madrid, la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE) y la Cambra del Llibre de Catalunya, son algunos de los responsables que el sector del libro en España funcione tan mal. El lunes volvieron a demostrarlo.

El pasado lunes 16 de enero la Federación Española de Cámaras del Libro —alias FEDECALI— que agrupa a los sospechosos habituales antes citados, se reunió para analizar el impacto de la crisis del COVID-19 y proponer medidas compensatorias al Gobierno para esta Primavera Negra. Lo publicado en prensa era decepcionante pero el documento redactado por FEDECALI es, además, vergonzoso por tres razones: porque el cálculo de pérdidas es el mismo que yo hice sin tener los datos que ellos deberían tener, porque las medidas compensatorias son un refrito de cosas que siempre han pedido y porque no compensan lo más importante.

El documento, que FEDECALI mandó en una nota de prensa, se titula “Valoración de la Federación de Cámaras del Libro del impacto en el sector de la crisis del Covid-19 y propuesta de medidas compensatorias y vitalizadoras”, y se divide en dos grandes apartados: “impacto” y “medidas”.

Veamos cómo empieza “impactos”:

La consideración inicial es de 811 millones. Para el cálculo se ha tomado la cifra total de Comercio Interior del año 2018 (último disponible) más una previsión de crecimiento del 2-3% para 2019 lo que nos llevaría a una cifra de 2434 millones. La cifra media mensual sería de 203 millones y nuestra estimación es un fuerte impacto en marzo y abril y una lenta recuperación hasta verano que valoramos en el equivalente a un cuatrimestre, es decir, a unos 810 millones. En esta consideración está incluido también el sector del libro de texto.

Es incomprensible que presenten estas cifras. Yo no tuve más remedio que conformarme con la documentación publicada pero ellos disponen de la información que les permitiría calcular la facturación mensual con un margen de error muy pequeño. ¿Cómo es posible que se limiten a tomar la facturación anual publicada en el Informe de Comercio Interior y la dividan entre doce mensualidades? ¿Cómo pueden tener la vergüenza de limitarse a multiplicar esa cifra por cuatro, llamarlo cuatrimestre y decir que las pérdidas en el mercado interior serán de 811 millones?

En serio, ¿cómo es posible que no lo hagan mejor que yo? La facturación mensual puede ser muy variable y en los meses más fuertes se llega a vender más del doble que en los más flojos. Una de dos: o no lo saben, o no quieren decirlo. Como sabemos que no es ignorancia, podemos afirmar sin ninguna duda que es mala fe.

Otra prueba de que no les interesa la transparencia es que no desglosan las cifras del libro de texto; el impacto de esta crisis será mucho menor porque el funcionamiento de este subsector en cuanto a calendario, legislación sobre el precio, y canales de distribución y venta es muy diferente. Mezclar ambos bloques indica pereza mental y voluntad de emborronar las cifras.

Tras el comercio interior hablan del comercio exterior; ahora mismo no nos meteremos en ese jardín y seguiremos con las “medidas”, porque su cálculo de “impacto” se limita a esas pocas líneas que ya he citado.

Dividen las medidas compensatorias entre las dirigidas al comercio interior y las del comercio exterior. Nos centraremos en las primeras, que empiezan así:

Mantener y permitir la apertura de las librerías considerando al libro como un producto de primera necesidad “cultural” y justificando la lectura como actividad esencial para la recomendación de aislamiento. En Madrid se han excluido del cierre, establecimientos como “tiendas de informática” o “papelerías”, sin considerar a las librerías. Se pueden activar procesos tipo “click & collect”, de recogida y despacho sobre pedido previo para evitar el contacto social. 

Jugar con la salud de los libreros es feo. Muchos cerraron antes que el Gobierno les obligara; el Gremi de Llibreters de Catalunya, por ejemplo, recomendó cerrar voluntariamente. FEDECALI cree que el libro es un producto de primera necesidad “cultural” —lo de las comillas es freudiano— y se agarran al aislamiento para recomendar lectura. ¿Saben qué es lo más jodido? Si les preocupara el acceso a la lectura de los ciudadanos confinados hubieran reclamado al Gobierno que asegurara que los ciudadanos con menos recursos, los que más dependen de las bibliotecas, tuvieran alguna opción más allá de eBiblio. Como las bibliotecas no son su negociado, ni se les ocurrió.

Lo del “click & collect” ya lo están haciendo las que pueden; es contradictorio con pedir que abran pero a estas alturas no les vamos a pedir más claridad mental. Tampoco parecen comprender que para hacer eso, incluso con la librería cerrada, los libreros más pequeños y con un stock más reducido deberían mantener la operativa de pedidos al distribuidor, recepción de libros y expedición de encargos. Ojo, los libreros con más fondo también, pero al menos tendrían más cintura. No tengo claro que el riesgo de contagio compense una facturación muy baja. Bueno, yo sí lo tengo claro y los libreros que cerraron antes de que les obligaran, también.

Las dos siguientes medidas —que no reproduciremos— aluden a cotizaciones a la Seguridad Social y a una mayor facilidad para abordar los expedientes de regulación temporal de empleo que puedan ser necesarios. Parece que el Gobierno ya va en esa línea en todos los sectores.

La última medida de comercio interior permite dudar muy seriamente de la capacidad de sumar y restar de los prebostes del libro:

Apertura de línea de crédito con ICO o CESCE de 50 millones sin intereses y dos años de carencia para librerías, distribución y pequeñas y medianas editoriales para poder afrontar el futuro en un contexto de profunda crisis económica. 

Miden el impacto en más de 800 millones y piden una línea de crédito de 50 millones. Hay librerías que con un descenso de la facturación del 10% corren un serio riesgo de cierre y que con el 15% bajan la persiana. ¿De veras creen que unos créditos por valor del 6% del desplome van a marcar alguna diferencia? ¿Pretenden, además, que alcance a “librerías, distribución y pequeñas y medianas editoriales”? Ya sé que es prudente pedir lo posible pero, con la que está cayendo, nadie les afearía algo más de atrevimiento.

Sigamos con el desbarre. También piden “medidas incentivadoras fiscales”:

Aplicar la norma fiscal que permita que todo lo relacionado con el libro digital y sus servicios tributen al 4% (prevista en Presupuestos).

Gracias, Amazon y las grandes plataformas les quedan muy agradecidos. No digo que sea una mala idea, al contrario, es de cajón y hay que hacerlo, pero ¿precisamente ahora que los más jodidos serán los libreros que venden libros de papel? Huele a grandes grupos editoriales haciendo los deberes, deprisa y corriendo, para rentabilizar unos libros digitales muertos de risa por falta de inversión en ellos.

La cosa sigue:

Desgravación fiscal a las familias por la compra de libros de texto (ya efectiva en seis Comunidades Autónomas). El coste estimado para Hacienda sería de unos 20 millones. 

A río revuelto ganancia de pescadores y alguien en la Junta de FEDECALI dijo eso de “qué hay de lo mío”. Ya sabemos que el libro de texto recibirá un impacto mucho menor; ante esta petición —que se repite cada año, con o sin crisis, desde hace lustros— ¿por qué no extienden la desgravación a todos los libros? ¿No habíamos quedado que son “un producto de primera necesidad cultural”? Pero, además, esta desgravación es mezquina porque el libro de texto tiene unos clientes cautivos que no pueden elegir no comprarlos; así, esta ayuda no influye en el incremento de liquidez en la cadena de valor del libro y no sé qué pinta en un paquete de ayudas. Ojo, sí comprendo que es una ayuda indirecta a las familias, pero de ella no se beneficiaran hasta la declaración del IRPF de 2021.

Las desgravaciones irracionales no terminan ahí:

Desgravación por obra nueva e inversión editorial y por modernización de establecimientos relacionados con la venta y distribución de libros (librerías y distribuidores) del 20 % en la cuota del Impuesto de Sociedades (para los editores ya existe el 5%). 

La cadena del libro se va a comer una montaña de libros ya editados, hace lustros que España produce muchos más títulos de lo que sería recomendable, y esta panda pide que la obra nueva desgrave. La mayoría de librerías se dará con un canto en los dientes si no tienen que cerrar y esta caterva pide dinero para modernización. Si detrás hubiera un plan coherente en el que insertar todo esto podría comprender que, a medio plazo, estas medidas tuvieran sentido. El problema es que no hay ningún plan.

Fomento de la compra de libros mediante sistemas “bono cultura”, Tarjeta cultural”, etc. (referencia de Vizkaia, por ejemplo). 

Dar dinero a gente jodida para que sólo pueda comprar libros —u otros productos culturales— es como aquello de “y no te lo gastes en vino y drogas” que algunos carcamales sueltan cada vez que dan una mísera moneda a un pobre; este tipo de bonos no son una buena idea porque, si no son calderilla, lo que suele suceder es que se mercadea con ellos: los que más tienen los canjean por dinero a los que tienen menos; quien crea que con eso, al menos, los pobres reciben algún dinero, no perciben la parte humillante del asunto. Tras esta crisis habrá mucha gente jodida y si se la ayuda con dinero debe ser para que lo destine a aquello que necesita o crea oportuno. Cada cual manda en su pobreza.

Suspensión del IBI a las librerías en todo el país y durante todo el año fiscal 2020. 

Los propietarios de los locales de las librerías estarán muy agradecidos. A los libreros que no notarán la diferencia en la cuota del alquiler, ese chiste no les hace tanta gracia. Algunos ayuntamientos ya aplicaron esa medida y lo que sucedió no les sorprenderá: los alquileres no bajaron. 

Entramos en la recta final de la sinvergonzonería de esta panda de plutócratas con “otras medidas incentivadoras” que paso a copiar y pegar en bloque, porque esto empieza a ser estomagante y la suma y resta de lo que piden canta por si mismo:

Plan de compra para las bibliotecas a través del sistema librero en todo el territorio con una aportación pública de 50 millones (mitad Administración Central, mitad Administraciones Autonómicas). 

Plan de compras para bibliotecas escolares de 15 millones con el mismo reparto de aportación. 

Plan de compras para bibliotecas universitarias. De 15 millones con el mismo criterio de aportación. 

Modificación de la Ley de Contratos del Estado para que se pueda utilizar el contrato menor sin ningún tipo de expediente (tal y como ha sido la tradición española y que no impide la legislación comunitaria) actualizando la cuantía hasta 25.000 euros. 

Firmas para licenciar a las Administraciones Públicas para el uso de libros, revistas y prensa con CEDRO. De este modo se compensaría algo el efecto de la crisis sobre autores y editores.

Esta horda siempre pide lo mismo al Gobierno. Sea cual sea la crisis, no hay imaginación, ambición ni ganas de hacer nada que cambie las reglas del juego en favor de todo el sector. No hay ni una sola medida que atienda a la especificidad de esta crisis, que es muy diferente a todo aquello a lo que el libro en España se ha tenido que enfrentar. Tampoco hay nada que se enfrente a los problemas crónicos y estructurales.

Algunos de ustedes se estarán preguntando por qué soy tan duro si la crisis acaba de empezar y estos respetables caballeros todavía no han tenido tiempo de juzgar de forma extensa y ponderada la situación para, más adelante y más pronto que tarde, presentar un frondoso ramillete de medidas llenas de imaginación y sagacidad. 

No va a suceder. Siempre han sido los mismos y, ante una crisis, nunca han dicho ni  hecho nada digno de ser admirado. Incluso aquello que hicieron bien en su momento, no tardaron mucho en desvirtuarlo. Copan los sillones de unas instituciones que deberían representar a todo el sector pero nunca harán nada que perjudique directa o indirectamente no ya a sus agremiados, sino a las respectivas empresas que les dan de comer; con ello se disparan en el pie, pero les da lo mismo. 

Lo más sangrante de todo, lo que debería hacer aullar de rabia a todas las pequeñas y medianas empresas del sector del libro de España, es la desfachatez con la que manejan los datos en general y las cifras de facturación en particular; usan los datos del Informe de Comercio Interior porque saben que la discrepancia entre las cifras que arroja este informe y las reales —o, al menos, las calculadas con mucho más rigor— es tal que merecerían ser untados en brea, emplumados y exhibidos por las calles de las ciudades españolas.

No sucederá. Otra característica del sector del libro en España es que nadie, nunca, alza la voz. Puede que ahora lo hagan. Sospecho que serán demasiado pocos y será demasiado tarde.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

2 Comments

  1. […] habituales porque no es una crisis habitual. Las medidas que la FEDECALI reclamó al gobierno —hablamos de ellas hace unos días— son un refrito, son los Greatest Hits de ayer, hoy y siempre. No funcionarán por insuficientes […]

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