Las soluciones a la Primavera Negra no pueden ser las habituales porque no es una crisis habitual. Las medidas que la FEDECALI reclamó al gobierno —hablamos de ellas hace unos días— son un refrito, son los Greatest Hits de ayer, hoy y siempre. No funcionarán por insuficientes y, sobretodo, porque no apuntan donde deben ni aciertan en el inexistente calendario. El sector del libro, como muchos otros, necesita un desfibrilador, no una aspirina.

Como vimos en el primer artículo de esta serie, la cadena de valor del libro ha recibido un golpe en un momento muy delicado y las más afectadas serán las librerías, sin consumo no hay ventas y sin ventas hay cierres. Esta perogrullada debe trasladarse a las medidas de rescate, las más urgentes; tras ellas deberán implementarse medidas de refuerzo y luego, con más tranquilidad, afrontar una reconversión inaplazable. 

Hay una cuestión preliminar muy importante: lo que voy a decir aquí solo tiene sentido si creemos que el libro es un bien de consumo que, por sus propias características, merece un grado de protección diferente al de otros productos y si las librerías, por el mismo motivo, también lo merecen.

Si usted no cree eso, no pierda el tiempo, no es necesario que siga leyendo.

Si usted es neoliberal y cree que Friedrich August von Hayek estaba bien de la cabeza, también le recomiendo encarecidamente que deje de leer.

A corto plazo: rescate

Las medidas de rescate deben ponerse en marcha durante las siguientes semanas y deben ser ejecutadas en un máximo de tres meses. Entiendo que los ritmos administrativos no son estos, son más lentos, pero esta crisis es nueva y necesitamos otro tipo de garbo. Un gobierno puede y debe, en primer lugar, adaptar las soluciones a los problemas, nunca a la inversa.

Compra masiva desde las bibliotecas a las librerías

La principal medida de rescate debe ser rápida y aplicada al eslabón más débil, las librerías, con tres objetivos: que cierren tan pocas como sea posible, que recurran a las devoluciones lo menos posible y que retomen los pedidos de inmediato.

La compra masiva desde las bibliotecas debe incluir a todas las librerías mediante mecanismos de redistribución del esfuerzo; el volumen de compra a cada librería debe establecerse comparando la facturación del año anterior con el corriente. A más descenso, más compra, pero estableciendo un límite de facturación superior. En esta fase hay que salvar a tantos como sea posible, por eso hay que introducir mecanismos correctores que beneficien a los pequeños y medianos.

En la siguiente fase las grandes librerías, las cadenas y las grandes superficies, mejor capitalizadas y con mejor acceso a crédito, dispondrán de otras herramientas para capear el temporal. La compra desde las bibliotecas es la única forma rápida y legal de inyectar dinero en la cadena, pues los créditos blandos y las desgravaciones fiscales, que deben tener su papel en la fase de refuerzo, no llegarán a tiempo.

El esfuerzo presupuestario debe incluir a los distintos niveles administrativos implicados en la gestión de bibliotecas: estatal, autonómico, provincial y municipal, pero su ejecución final debe dejarse a estos últimos. Hacerlo así es más complejo, pero de ese modo aseguramos la redistribución de recursos. El ayuntamiento de Barcelona ya iba en esa dirección cuando anunció, puede que el primero, que destinaría 1 millón de euros.

La letra pequeña es muy importante; la compra masiva desde las bibliotecas no debe depender de concursos ni de los complejos trámites habituales, sólo se necesita un procedimiento administrativo de urgencia para que los municipios puedan comprar los libros a sus librerías sin que estas ni siquiera tengan que pedirlo. Con cargo sus propios presupuestos pero, sobre todo, a los fondos que pongan a disposición Estado, Comunidades y Diputaciones.

¿Qué porcentaje del descenso de facturación debería ser asumido por las arcas públicas? No todo, pero sí el suficiente, que debe ser mucho más que el previsto por FEDECALI. Si tenemos en cuenta que habría un tope a la compra directa y que esta beneficiaría a las pequeñas y medianas librerías —que son las que mayor peligro de cierre corren a corto plazo— sería bastante razonable establecer un mínimo del 50% del descenso de la facturación a ejecutar en tres meses. Ojo, no el 50% de la facturación, solo el 50% de la diferencia entre lo facturado el año pasado y lo facturado este año, con la correspondiente corrección del IPC. Para eso hay que conocer de qué descenso estamos hablando.

Acceso público a los datos de facturación mensuales

Para medir el esfuerzo que las arcas públicas deberían llevar a cabo necesitamos comparar la facturación del año anterior, que es lo más parecido y próximo que tenemos a un año “normal”, con los meses durante los cuales las librerías estarán cerradas. Por el momento sabemos que será la mitad de marzo, todo el mes de abril y puede que también el mes de mayo.

Varias fuentes nos permiten conocer la facturación mensual del año pasado, pero calcular la del corriente es más difícil. De entrada sólo disponemos de una fuente de información fiable que, sin alcanzar el 100% de los puntos de venta, sí está lo suficientemente extendida como para realizar una extrapolación creíble: LibriRed.

Los datos, tanto los directos como los extrapolados, deben hacerse públicos. No solo deben disponer de ellos las administraciones públicas implicadas, deben abrirse para que todo el sector conozca, lo antes posible y de manera actualizada, cuál es la evolución y alcance de la crisis. Los ciudadanos en general también deben poder verificar con qué criterio se invierte su dinero. La transparencia no es una dádiva de quien posee la información, es un derecho de los ciudadanos.

Hasta aquí las dos grandes medidas de rescate. Muchos echarán en falta a autores, agencias, profesionales por cuenta propia, editores y distribuidores. La cuestión es que si inyectamos el dinero necesario en el momento adecuado y en el eslabón que más lo necesita, este fluirá por toda la cadena: los libreros reanudarán sus pedidos mucho antes, devolverán menos libros a los distribuidores y eso tendrá un impacto positivo en el negocio de los editores que, llegado el momento, podrán pagar y volver a encargar proyectos a los profesionales por cuenta propia, y liquidarán más derechos a agencias y autores.

A medio plazo: refuerzo

En el rescate hemos aplicado un desfibrilador para que el paciente no muera —o no quede postrado con daños irreparables. Una vez estabilizado necesitamos reforzarlo para que remonte la actividad lo antes posible y las arcas públicas no deban hacerse cargo de una montaña de subsidios por desempleo, entre otras prestaciones sociales. Estas medidas deberían empezar a desplegarse en tres meses y ejecutarse en seis u ocho meses. 

Créditos blandos en función del descenso de facturación

El concepto es el mismo que en la compra desde las bibliotecas pero en forma de créditos blandos dirigidos a librerías, distribuidores y editores. Como en el caso anterior, también hay que limitar el monto máximo a prestar, apoyando más a los más débiles y que menos acceso tienen al crédito privado.

Los habituales créditos blandos del Instituto de Crédito Oficial e instituciones afines no son lo que parecen desde fuera: la burocracia es la habitual, el calendario puede alargarse demasiado y el nivel de garantías suele exigirlo un banco, que es el que gestiona el crédito. En este contexto necesitamos que el Estado asuma el 100% del riesgo ante las entidades bancarias. La burocracia debe simplificarse entendiendo que, quien más quien menos, saldrá de esta crisis sin tener todos los papeles en regla. Finalmente, el período de carencia debe ser de un mínimo de dos años porque necesitamos un ciclo entero “normal” para consolidar la recuperación del sector.

Ojo, aquí el Estado no está regalando dinero, está concediendo su garantía como respaldo a todas las operaciones. Es obvio que al cabo de un tiempo habrá un porcentaje de créditos que serán incobrables y deberán ser cubiertos con dinero público, pero la alternativa es no hacer nada, mandar a un montón de gente al paro con un coste social mucho mayor.

Anulación de todas las subvenciones a producción de libros durante 2020

Aunque de esta crisis saldremos con un gran aumento del déficit, el dinero no crece en los árboles y hay que limitar el gasto en cuestiones que, ahora mismo, no son estructurales. Un ejemplo son las subvenciones a la producción de libros y similares, que podrían anularse durante lo que resta de 2020, incluso aquellas que ya hubieran sido aprobadas.

El libro en España no padece un problema de producción y podemos desincentivarla durante un año. Además, las subvenciones se reparten de forma tan atomizada que no pondremos en peligro ninguna editorial, pero el monto total es suficiente como para que, usado en el momento y lugar adecuados, se note su efecto.

A largo plazo: reconversión

Una vez hemos rescatado y reforzado el sector para que vuelva a algo parecido a la normalidad, debemos afrontar su reconversión. Habrá que empezar a desplegar estas medidas durante los próximos 12 meses, a completar en 2 años. Una reconversión profunda como la del libro no se resume en unos cientos de palabras pero podemos apuntar aspectos esenciales. Más adelante, en próximas entregas, entraremos en detalle:

  • Reforma del sistema institucional de gremios y asociaciones; debe ser más sencillo, democrático y horizontal. Debe parecerse más a un cluster que al actual sistema piramidal y controlado por los gigantes del sector.
  • Obligatoriedad y gratuidad en el uso y la participación en herramientas de información como LibriRed y DILVE, entre otras.
  • Desarrollo de un sistema de indicadores del libro que publique los datos mensuales en distintos rangos y subsectores, siguiendo el ejemplo alemán y brasileño (entre otros).
  • Plan de reconversión industrial y comercial del libro, con medidas para:
    • Desincentivar la publicación de novedades y moderar su ritmo.
    • Moderar y reducir la cantidad de títulos vivos.
    • Fomentar la adopción, por parte de los editores, de tecnologías y procesos en pro de la eficiencia como el single source & online publishing y los Entornos Integrados de Edición y Publicación.
    • Racionalizar la distribución tendiendo al stock 0 mediante la aplicación de tecnologías y  procesos de impresión bajo demanda ya disponibles en el mercado.
    • Fomentar la gestión de audiencias por parte de editores y libreros.
    • Fomentar el cierre de librerías con una menor contribución social y cultural.

Propongo estas medidas porque me las creo, pero soy muy consciente del país en el que vivo. Nuestro contexto gremial, legal y político no es amigo de medidas innovadoras y estará muy tentado de aplicar las recetas de siempre con el calendario de siempre. Ya vimos el documento de FEDECALI. Una vez analizado el problema estructural y coyuntural, una vez constatada la especificidad de esta crisis, hacer lo mismo tendrá resultados discretos, por decirlo suavemente.

Es lo que hay. Es lo que sucederá.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

2 Comments

  1. Primero, gracias por estos artículos y por los que haces sobre otros temas. Hace un tiempo (hablo desde @vueloartico) venimos poniéndonos al día de números, estrategias y aspectos técnicos que rodean el sector en España con tu sitio web.

    A los que somos del mundo del libro este tipo de textos nos sirven para elegir qué visión sobre el futuro es la más acertada. Es abrumador cómo afectará el momento al sector, con los libros como el apéndice de una sociedad en donde, queramoslo o no, es un bien suntuarios
    en muchos aspectos. Sigue siéndolo aquí en España y lo ha sido durante mucho más tiempo del que queríamos en Chile. Y el ingrediente más importante para que la caída no sea tan horrorosa es que todos en la cadena nos pongamos objetivos similares.

    Espero que los que tomen las decisiones escuchen y lean todas las ideas, porque plantearse con pocas expectativas de buenas épocas venideras es la mejor estrategia.

    Un saludo i una abraçada, Bernat!

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  2. […] eslabón más débil de la cadena de valor del libro es el librero. Ya hemos hablado de cómo aplicar un plan de rescate público para salvar a tantos como sea posible pero no vivimos en el mejor país para ser librero. Sin duda los hay peores y mejores pero los […]

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