BOMBILLA

El uso de la tecnología en clase está lejos de estar resuelto. El debate gira alrededor de dos ejes: qué tipo de tecnología debe promoverse y en qué grado. ¿Permitimos el uso de los móviles en clase? ¿articulamos toda la formación entorno la tableta o el portátil de cada alumno? ¿la actividad en clase debe estar permanentemente conectada a Internet?

Hace unos años, cuando en este país todavía quedaba dinero para extravagancias, algunas administraciones públicas decidieron poner el carro delante del burro comprando portátiles para todos los alumnos. Pronto se agotó el champán, se fue el dinero y se terminó la tontería; se compraba tecnología sin saber como se usaría y sin disponer, todavía, de suficientes contenidos digitales. Bajo tal dispendio corría otro debate más interesante acerca de la degradación de la enseñanza.

Parece que la chavalada llega cada año más lerda a la universidad y eso sucede por varias causas: muchos jalean la ignorancia –pongan la tele cualquier tarde– y cuando son convocados por el tutor se ponen de parte del insufrible retoño, la calidad de las nuevas hornadas de maestros de escuela es discreta y en este país cada gobierno manosea la educación para arrimar el ascua a sus prejuicios. Así nos va.

El sistema necesita rehacerse de cabo a rabo pero como eso da mucho trabajo y exige una altura de miras de la que carece la mayor parte de la clase política que padecemos todo el mundo prefiere perder el tiempo en impaciencia, histeria y accesorios.

¿Cuánta tecnología necesitamos en clase? Sir Richard Dawkins tiene algo interesante que decir al respecto (UNA CURIOSIDAD INSACIABLE. Tusquets Editores SA, Barcelona 2014. Pág. 151-152):

[…]. El propósito de una clase en la universidad no debería ser impartir información. Para eso ya hay libros, bibliotecas y ahora Internet. Una clase debería inspirar y suscitar la reflexión. […]. Un buen profesor pensando en voz alta, reflexionando, meditando, repitiendo para aclarar una idea, captándola después de un momento de duda, variando el ritmo, parándose a pensar, puede ser un modelo de cómo pensar sobre un tema y cómo transmitir una pasión intelectual. Si un profesor se limita a emitir información como si estuviera leyendo, los estudiantes podrían ahorrarse sus clases y obtener la información por sí mismos de la lectura de un libro (posiblemente escrito por el mismo profesor).

[…] empeñarse en anotar cada frase del profesor […] es inútil para el estudiante y desmoralizante para el profesor.

Dawkins afirma que los alumnos no deberían tomar apuntes en clase de esa manera mecánica que todos hemos practicado. Estoy de acuerdo con él. Demasiados profesores abusan de ese recurso; algunos se limitan a leer unos añejos apuntes que son copiados por sus alumnos perpetuando una rueda demencial que gira desde quién sabe cuándo.

Nadamos en información y, al menos en el primer mundo, las posibilidades de acceder a ella están garantizadas. Cuando yo era pequeño había pocas bibliotecas, muchos niños no tenían libros en su casa e Internet estaba por inventar. Hoy disponemos de una muy buena red de bibliotecas, muchos niños siguen sin tener libros en casa pero hoy sí disponemos de Internet. Si los profesores universitarios y maestros de escuela se limitan a transmitir información no sólo estamos tirando el dinero sino que además desperdiciamos una gran oportunidad para enseñar a pensar. Puede que en mi niñez y la de mis padres y abuelos fuera necesario dedicar el tiempo a transmitir información. Hoy no lo es.

No dudo que las herramientas digitales tienen un lugar en clase y que los maestros pueden apoyarse en ellas para ilustrar sus lecciones. Creo que lo mejor que le puede suceder a un alumno es un buen profesor y lo mejor que podemos hacer es simplificar su tarea para conseguir transmitir pasión intelectual. Sin bolígrafos, sin móviles, sin tabletas y sin portátiles. Todo eso tiene una función muy importante en la adquisición de conocimientos pero no es necesario para aprender a pensar. Nunca lo ha sido.

Otra cosa es qué hacemos con la calidad del profesorado pero… nadie dijo que fuera fácil.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

3 Comments

  1. […] La digitalización del aula y cómo enseñamos a pensar, en Verba Volant, Scripta Manent. […]

  2. Ricardo Jiménez 21 abril, 2015 at 17:04

    Reblogueó esto en comunicarbien.

  3. Hay un interesante Proyecto que ya está desde hace tiempo en ejecución, de la mano del fundador de Ya.com, Jazztel y FON.
    Se puede investigar en :
    Martín Varsavsky fundó Ya.com, Jazztel y Fon y es conocido en la Red por alguno de sus artículos. .

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