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– Imagen: opendyslexic.org

Vivimos un cansino revival de la lectura organoléptica, de la magia del tacto del papel, de lo subyugante del aroma de la tinta y de lo inmarcesible de una tradición centenaria. Se nos dice, mediante libros tan superficiales como su título, que la lectura en papel nos hace libres y la lectura digital nos hace tontos.

Mucha pereza intelectual envuelve esa impostura que entiende el libro como un objeto cuando debería ser entendido como un proceso. El libro es proceso cognitivo y su manifestación física es un accidente industrial, un imperativo físico para su producción y distribución. Entender lo contrario es caer en un animismo que cercena las posibilidades del libro, sea este de arcilla, papiro, pergamino, papel o digital. El libro de papel nos hizo más libres –el aumento exponencial de la producción gracias a la imprenta contribuyó a la conquista de los derechos que ahora disfrutamos– pero el libro digital nos hará iguales. O, al menos, reducirá ciertas diferencias.

Dislexia y libro digital

La dislexia es la dificultad en la lectura que dificulta la correcta comprensión de los textos. Es un trastorno de complejo tratamiento y que afecta profundamente la vida de quienes la padecen. Quienes leemos con normalidad no nos damos cuenta de lo difícil que es la vida de cualquier persona con dificultades de comprensión lectora. En 2012 apareció OpenDyslexic, una tipografía especialmente pensada para disléxicos. Es de código abierto y se puede instalar en todo tipo de dispositivos. Los e-readers de Kobo la incorporan desde hace tiempo y recientemente OverDrive, el mayor distribuidor de libros digitales de Norteamérica, anunció que la incorporaba en sus aplicaciones de lectura. OpenDyslexic no es una panacea, no es como ponerle gafas a un miope, pero facilita mucho la vida de cualquier disléxico. Con ella todos los documentos digitales son más accesibles y de comprensión más fácil.

Tontería y libro de papel

Para un disléxico un libro de papel impreso en una bonita tipografía Georgia puede ser un tedioso reto. Ya podemos cantarle las excelencias de la magia del tacto del papel, lo subyugante del aroma de la tinta y parecidas fruslerías. Que sí, que la tradición es centenaria pero eso, a él, no le facilita la lectura. El libro digital puede facilitar la vida a muchas personas con deficiencias visuales y de comprensión lectora. Podemos ampliar el texto hasta límites que a los que vemos con normalidad nos parecen absurdos. Podemos usar tipografías que a los que comprendemos normalmente los textos nos pueden parecer extravagantes. Podemos disfrutar de software de lectura automática si nada de lo anterior funciona.

Todo esto puede parecernos exótico pero, por favor, que nadie vuelva a cantar las excelencias de una tecnología, la del libro analógico, que deja colgados a un montón de lectores. Además de injusto, es de una incultura indecente. Una incultura en la que caen, todavía, un montón de editores que se niegan a editar en digital por razones ‘de consciencia’. No sólo pierden potenciales clientes, además hacen un flaco favor a quienes no han tenido la suerte de nacer con todos los sentidos en su sitio para los que la lectura digital sólo tiene ventajas.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

11 Comments

  1. Vaya por delante que lamento ser pejigueras, pero el contrargumento es muy fácil: ¿acaso no deja fuera,colgados, los expulsa, discrimina o excluye la lectura digital a los ciegos?
    Por otra parte, el valor de un libro va más allá del valor del texto.
    Y lo que no acabo de ver claro es que el libro digital facilite la vida a las personas con “comprensión lectora”.

    1. No deja colgados a los ciegos, pues hay aplicaciones de lectura automática tal como menciono en el artículo.

      No me imagino qué valor tiene un libro más allá del texto. Me refiero a un valor transmisible, claro está. Es obvio que el valor material de un libro es relevante, pero sólo en ciertos tipos de libros –por lo demás no digitalizables– el valor material de un libro es relevante en comparación con el del contenido.

      El libro digital y sus características potenciales facilitan, también, la vida a las personas con ‘comprensión lectora estándar’. Con un libro digital puedo buscar rápidamente cualquier fragmento y contenido, consultar de manera inmediata un diccionario, tener acceso cómodo a notas, acceder a enlaces internos y externos que enriquecen la experiencia de lectura –enlaces que yo decido usar y que no interrumpen la lectura profunda si yo no quiero– leer en cualquier dispositivo, llevarme un montón de libros conmigo, tomar notas y subrayar de manera ágil y fácilmente recuperable, entre otras ventajas. Eso si sólo soy un lector doméstico. Si además resulta que leo por trabajo las ventajas se amplían todavía más. Y si pasamos a la lectura social, podemos ir mucho más allá. La lectura digital tiene muchas ventajas para todos los lectores. Otra cosa es si las aprovechamos todas, una parte o ninguna. Eso es decisión de cada cual.

    2. Imagino que todos los textos también en braille o audiolibro sería lo ideal, pero la realidad no es esa. De ahí que sea inestimable que, con un gesto, cualquiera pueda modificar la letra de un ebook o escucharlo como narración de software.

  2. Corrijo: con “deficiencias de comprensión lectora”.

    1. Sencillo: las personas con dislexia no pueden elegir la tipografía de los libros impresos pero sí pueden elegir la de los libros digitales, tamaño de fuente e interlineado incluidos, por ejemplo.

  3. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo. Es mucho y variado lo que gracias al #ebook puede hacerse para mejorar la vida de mis lectores con problemas como la dislexia.

  4. No sé, no estoy muy de acuerdo… En los últimos años he leído muy intensamente en un Kindle. Digamos que unos doscientos libros, lo cual hacen algunas miles de horas de experiencia directa. Las suficientes como para que quede claro que soy cualquier cosa menos un detractor del libro digital. Pero sucede que me he cansando un tanto, precisamente, de ese “libro entendido como proceso”. Es aburrido leer libro tras libro sosteniendo siempre el mismo objeto entre las manos, con el mismo tipo de letra, con las mismas líneas por página… Y entiendo perfectamente todas y cada una de las ventajas del libro digital. Pero, personalmente, estoy volviendo a leer más en papel porque me gusta que el libro que yo leo vuelva a ser ese “accidente industrial” que lo convierte en un objeto único.

  5. Escuchar una lectura en voz alta, aunque fuera una expresiva (que no suele ser el caso), no me parece que sea equiparable a leer en braille.
    El asunto del valor estético me temo que nos llevaría a un diálogo excesivamente extenso. A mi modo de ver, y para resumirlo mucho, puede tener valor estético el texto, el objeto, ambos o ninguno. No rehuyo una conversación distendida porque el tema me parece interesantísimo, así que cuando quieras
    Sigo sin advertir la relación que estableces entre la percepción de la tipografía y la “comprensión lectora” (a no ser que no estemos empleando el sentido de “elaboración de significado”).
    En cualquier caso, no pretendía cuestionar las ventajas de la lectura de archivos de texto, me parecen indiscutibles. La discrepancia no la tenemos en eso, creo.

  6. […] Vivimos un cansino revival de la lectura organoléptica, de la magia del tacto del papel, de lo subyugante del aroma de la tinta y de lo inmarcesible de una tradición ce…  […]

  7. Me extraña que no se mencione un asunto que para mí es muy importante: para muchas personas el tacto de la mayoría de los tipos de papel es muy desagradable (produce “dentera”, también llamada “tiricia”). Es una sensación un tanto paradójica, porque cuando piensas en ella no puedes evitar sentir ganas de arañar el papel con las uñas, y sólo imaginarlo te hace sentir casi la misma sensación de repelús. Los que sufrimos esta condición, y hemos tenido que vivir utilizando papel a todas horas, hemos terminado aguantándonos, que no acostumbrándonos del todo, y la llegada de los ebooks, con la suavidad deliciosa de los aparatos que permiten leerlos, ha supuesto para nosotros una auténtica bendición.

  8. […] El ebook huele al dispositivo en el que se abre, esto es, sobre todo plástico o metal. A los nostálgicos a lo mejor les agradaría un aerosol para impregnar sus aparatos con el olor a libro impreso. Otros, tal vez más de los que se piensa, agradecen poder evitar el tacto del papel. […]

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