Cuando una industria se enfrenta a un cambio de paradigma puede hacerlo de forma transicional o brusca. Puede ponerse de cara o de culo. Si se pone de cara moverá sus propios recursos para conducir el agua a su molino e intentar que el cambio no cambie sustancialmente a los actores o lo haga de la forma más controlada posible. Pero si se pone de culo y niega la realidad otros vendrán y cambiarán las reglas del juego, superando y desplazando a los resistentes.

Siempre me ha sorprendido la incapacidad de la industria editorial para generar una alternativa digital acorde con sus esquemas. Con casi todo el proceso digitalizado con herramientas como los procesadores de textos y el software de diseño editorial, la industria podía encontrar una solución a su medida, una solución que le permitiera aprovechar totalmente las actuales estructuras internas y basada en PDF, un formato bien conocido e integrado.

Muchos dicen que un PDF no puede ser un libro digital. Si apenas tenemos claro qué es un libro digital, no creo que podamos ponernos estupendos negando legitimidad a ciertos formatos, menos aún cuando EPUB se encuentra en un estado de inmadurez del que parece que no va a salir hasta 2013. Hablar del libro en términos históricos es hablar de formas y formatos físicos muy diferentes; hace dos mil años un libro solía ser un rollo de papiro de 10 metros de largo por unos 25 centímetros de ancho y hoy esa descripción nos remite más a un rollo de papel de cocina que a otra cosa. Hay una corriente contraria al uso de PDF como formato para el libro electrónico que se basa en supuestos diferentes pero ligeramente emparentados.

Hay quien asocia inextricablemente el e-book con el lenguaje XML. Sus partidarios aducen que mediante los formatos basados en él no se depende del tamaño de la pantalla, la tipografía es escalable y comparte con HTML otras muchas bondades del hipertexto que no glosaremos aquí. Los partidarios del XML dicen que PDF es un formato nativo para imprenta y está muy limitado porque no se adapta a la pantalla del dispositivo que usemos.

Como toda corriente de innovación en las nuevas tecnologías, la del libro digital también está muy influida por los partidarios del software libre. Autores como Lawrence Lessig o Richard Stallman han asociado el libro digital con la cultura libre. Para muchos defensores del software libre, todo aquello que suene a software propietario es negado como posibilidad, incluso el formato PDF que fue “liberado” por Adobe en 2008 -las comillas son importantes- y puesto bajo la supervisión pública de la International Organization for Standarization (ISO), aunque eso no significa que sea totalmente libre.

A grandes rasgos estoy de acuerdo con ambos enunciados anteriores con una salvedad: decir que PDF es un formato originalmente pensado para la imprenta no lo invalida. Gutemberg se valió de una prensa vinícola modificada para construir su imprenta y nadie invalidaría su invento por el simple hecho de basarse en algo que teóricamente no servía para imprimir. El ser humano innova a partir de lo que conoce.

En cuanto al XML, yo iría un poco más allá y me decantaría directamente por el HTML5 y la lectura en la nube. En cuanto al software libre, secundo en general lo que preconiza Lessig, pero Stallman se pasa algo de frenada para mi gusto. Pero es que aquí no hablo de lo mejor, sino de lo que podría haber sido bueno para la industria editorial analógica.

Una ucronía editorial

PDF es un formato pensado para la imprenta, tanto es así que en los primeros tiempos de la WWW, cuando las conexiones eran lentas, los documentos basados en dicho formato eran demasiado grandes y además no podían incluir hipervínculos. Eran poco más que texto plano. Pero el formato evolucionó y hoy en día recoge todo tipo de prestaciones hipertextuales. No me extenderé en lo que se puede hacer con un PDF, pero sí en lo que podría haber hecho dicho formato por la industria editorial.

Esta es la historia de una ucronía, de lo que podría haber sido y no fue. De lo que podría haber sucedido si en vez de esconder la cabeza bajo la arena la industria editorial hubiera cogido el toro por los cuernos. Como se ha comentado, en 2008 Adobe sometió PDF bajo la supervisión de la ISO para que esta regulara su uso como estándar. Al hacer esto se vio obligada a abrir el código, que ISO publicó. En el abstract de su publicación, la ISO dice:

ISO 32000-1:2008 specifies a digital form for representing electronic documents to enable users to exchange and view electronic documents independent of the environment in which they were created or the environment in which they are viewed or printed. It is intended for the developer of software that creates PDF files (conforming writers), software that reads existing PDF files and interprets their contents for display and interaction (conforming readers) and PDF products that read and/or write PDF files for a variety of other purposes (conforming products).

Este texto le estaba diciendo lo siguiente a toda la industria: tomen el formato PDF y úsenlo como formato para crear un ecosistema editorial viable. Puede que no dijera esto explícitamente a nadie, pero sólo bastaba un buen entendedor que… en el caso de la industria editorial, estaba ausente y nunca llegó.

¿Qué hubiera pasado si el Grupo Planeta hubiera decidido, a partir de 2009, publicar todo su catálogo reciente -editado gráficamente mediante software profesional- en PDF? ¿Qué hubiera pasado si esa decisión se hubiera tomado a escala internacional, implicando por ejemplo a Bertelsmann? ¿Qué hubiera pasado si el acceso a dichos enormes catálogos hubiera estado disponible mediante suscripción? Puede que hubiera sucedido lo siguiente:

a/ La industria editorial hubiera inundado el mercado con ediciones calcadas a las del papel, pues partirían del mismo documento.

b/ La curva de aprendizaje de la industria hubiera tendido a 0 en la fase de edición y producción. Para la de distribución y venta el mercado ya estaba maduro para ofrecer soluciones a un coste mucho más bajo que la distribución analógica con una gestión mucho más eficiente.

c/ La curva de aprendizaje de aquellos lectores que a su vez fueran usuarios informáticos medios hubiera tendido también a 0, ahorrándonos el bochornoso espectáculo que hoy podemos ver en algunos foros sobre el libro digital.

d/ El ahorro de costes hubiera sido mayor que el actual; las editoriales se ven obligadas, actualmente, a invertir en tecnologías de reconversión que desconocen y a confiar en expertos que les dicen lo que necesitan sin que ellos mismos sepan qué va a ser de la tecnología los próximos 12, 24 o 36 meses.

e/ El precio de las ediciones en PDF podría haber sido, en ese aspecto, muy competitivo, pues no duplicaba procesos, sino que los integraba, dándoles una salida alternativa a la del papel.

f/ La edición bajo demanda se hubiera extendido mucho antes -¿algún día lo hará?- pues la única manera de compensar a los libreros por la previsible pérdida de ventas hubiera sido instalar máquinas de impresión bajo demanda en las librerías. De ese modo se podría ampliar el fondo disponible del librero con obras cuyo paso por la imprenta no fuera rentable.

g/ Los autores se hubieran sentido mucho más confiados al ver que el nuevo libro digital era heredero del libro de papel y por lo tanto su trabajo tenía continuidad. Hubieran pedido más por su trabajo al ver el evidente ahorro de costes, pero la industria podría haberlo asumido mucho mejor gracias a que la estructura de costes se habría simplificado y abaratado y al hecho de mantener parte de las llaves del mercado un tiempo más.

h/ La falta de fluidez textual en PDF no hubiera sido un problema, pues la industria del hardware hubiera desarrollado lectores adaptados a los formatos más usuales. De hecho, si nos centramos en los lectores y las tabletas, parece que finalmente hay dos familias de formatos entorno las 6 o 7 pulgadas por un lado y entorno a las 10 pulgadas por el otro.

i/ En breve tiempo la industria se hubiera visto obligada a desarrollar soluciones como las que hoy empezamos a ver, soluciones de lectura en la nube basadas en HTML5 + CSS, un entorno en el que el libro digital puede desenvolverse mucho mejor pero para el que es necesaria una pronunciada curva de aprendizaje tanto para la industria como para los usuarios.

La paradoja de todo esto es que todavía están a tiempo. Siguen poseyendo en exclusividad un catálogo enorme cuya publicación depende sólo de ellos. Podrían decidir adoptar una postura valiente, asegurar al autor una transición más llevadera con una mejora en la remuneración y al lector un formato más digerible, un formato plenamente compatible con cualquier dispositivo actualmente a la venta. Podrían impulsar el desarrollo de sus propios dispositivos. Su estrategia se basaría en la simple inundación del mercado. El mercado sólo podría hacer una cosa: adaptarse.

Nunca la industria editorial había tenido un poder latente tan grande pero nunca se había mostrado tan indefensa y desorientada. Podrían crear, durante un tiempo, sólo durante un tiempo, un ecosistema digital basado en la escasez. Hubieran tenido que reconvertirse tarde o temprano, pero el timón del cambio, al menos al principio, lo hubieran tenido ellos. Y con el timón uno dispone del tempo, tan importante en momentos de cambio de paradigma como el actual.

A quien todo esto le parezca imposible, que tenga en cuenta que en entornos universitarios la edición en PDF es la norma, no la excepción. También lo es en entornos editoriales especializados como el del derecho. Una de las razones es que se trata de documentos sobre los que hay que trabajar, anotar, compartir y discutir, documentos en los que es importante localizar el contenido por su número de página, por ejemplo. Ningún formato basado en XML puede satisfacer, de momento, todas las necesidades académicas.

¿Por qué no lo han hecho?

¿Por qué la industria ha sido incapaz de hacer algo parecido a lo que expongo? Su implementación hubiera sido compleja, sin duda, pero no tanto como el salto conceptual al que el actual libro digital les obliga. Se trata, creo yo, de un problema de caja mental de los directivos y propietarios de las grandes editoriales.

Parapetados en los esquemas tradicionales que les dieron de comer durante 500 años, no se dieron cuenta que sus argumentos eran muy románticos e intelectualmente admirables pero no andaban con los tiempos; no supieron leer su época porque eran demasiado mayores para ello y nunca habían necesitado ser flexibles. Sumado a eso había el desprecio a los técnicos, aquellos que, viendo ya el cambio de paradigma, hubieran podido ofrecer una solución arriesgada pero viable. Pero no, si los técnicos estaban abajo y los directivos arriba era, según el esquema mental tradicional de cualquier directivo, porque el conocimiento estaba arriba y la simple habilidad estaba abajo. No vieron a tiempo que las nuevas tecnologías aparejaban una subversión que daba al traste con la estructura capitalista del conocimiento de los últimos doscientos años. Siguen sin verlo. En una economía en la que el conocimiento está distribuido, no escuchar a todos es peligroso.

También influyó la sempiterna y cerril obsesión en la piratería, nunca bien comprendida por las editoriales. Para ellos cualquier internauta es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Les cuesta mucho entender que los internautas no existen como tampoco existen los libronautas, los radionautas o los telenautas, que no son argonautas en pos de una Cólquida en la que hallar el vellocino de la cultura gratuita. Se trata de simples ciudadanos a los que hay que tratar como adultos. Si hubieran confiado un poco más -si aun en el actual desastre confiaran un poco más- algo mejor les irían las cosas.

Lo tuvieron delante de sus narices durante treinta años. Lo irónico es que ellos publicaban en papel libros que hablaban de su propia Némesis, libros que nunca leyeron o comprendieron, libros de cuatro locos visionarios, utópicos a los que había que publicar porque eran gurus en boga para ciertas tribus tecnológicas, titulados en cosas que quedaban muy bien en un catálogo de ensayo. Pero no escucharon.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

17 Comments

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo… ¡excelente! Esta muy bien que hagamos edición 2.0 pensando de verdad en digital pero no veo porque eso con que no puedan editarse pdf, no solo para los contenidos que citas en tu post, sino para muchos otros.
    Yo no sé porque alguien se emperra en que se imponga un formato, un estilo, un dispositivo, etc… si la gracia está en la variedad y en la oportunidad de cubrir un montón de posibilidades. Eso sí, el pdf baratito, claro, sino no tiene gracia

    Me estoy leyendo dos libros en papel y un ebook. Es tremendo porque el tercero, en versión kindle, o sea mobi, no? podría estar perfectamente en pdf y no pasaría nada. Pero lo gracioso del tema es que los tres, los dos primeros por razones obvias, están llenos de anotaciones ¡¡¡¡URL’s!!! ¡¡sin enlaces directos!! si no tenemos ni lo más básico ¿como pretendemos editar con “contenido enriquecido”?

    Felicidades por post, de verdad. Me voy a compartirlo ya mismo 😉

    1. Hola David,

      En primer lugar te agradezco el comentario y todavía más que lo compartas. Obviamente el PDF puede ser útil para editar cualquier tipo de contenido, he citado el entorno académico y ciertos entornos profesionales porque su adopción del formato PDF es ya una realidad.

      Yo tampoco entiendo el negar el pan y la sal a formatos que, pese a no ser “ideales” en entorno hipertextual, podrían tener mucho que aportar en un momento de transición.

      En cuanto a las URL en los libros, yo también me sorprendo del poco aprovechamiento de tecnologías como los códigos QR, que permitirían aportar más interactividad a documentos en papel, o a establecer enlaces en los libros digitales (sean mobi o epub). Es posible que los departamentos legales de las editoriales sientan escalofríos al moverse en un terreno movedizo para ellos? Es posible que los autores recelen ante la perspectiva de enlazar contenidos de otros?

      Muchos tenemos claro que enlazar a otros nos enriquece mutuamente. Todavía más si tengo la suerte de ser yo el enlazado.

      Hasta pronto,

      Bernat

  2. Me parece una excelente idea eso de publicar fondos editoriales en PDF, para las obras que ya están disponibles en ese formato. No serían todas, porque seguro que más de un archivo digital se traspapela con los años, pero sí un gran número. Y antes del DRM ya existían los PDF con contraseña, que, total, no son más difíciles de liberar que el típico DRM.

    En cuanto a que el PDF es un formato pensado para imprimir y no para consumir, pues en parte. Los visores basados en Adobe DE, disponibles en casi todos los ebooks salvo el Kindle, pueden refluir el texto para adaptarse a pantallas pequeñas. No queda perfecto, pero quitando los márgenes inferior y superior de los PDF (número de página, título y autor, capítulo), ya mejora bastante la experiencia. Esto del reflujo en Adobe DE no estaba hace unos años, pero seguro que se hubiera podido implementar si se hubiera dado la necesidad.
    Con versiones recientes de PDF (no sé si era de 1.6 en adelante), el archivo contiene cierta información XML que marca el orden y la relación entre las cajas de texto y que permite que el texto fluya mejor. Casi todo el mundo usa la 1.4 por retrocompatibilidad, pero es una posibilidad.

    En cualquier caso, hubiera sido una buena solución temporal para dar salida a un gran catálogo. Con el tiempo hubieran tenido que desarrollar un formato específico pensado para leer, no para imprimir, pero hubiera sido un principio. Me temo que un formato basado en XML con sus metadatos y su estructura bien organizadita (que permite la reutilización) es superior a un PDF binario pensado para fijar cajas de texto y puntitos de color.

    1. Hola Jordi,

      Estoy de acuerdo con lo que dices. Es cierto que ADE permite reflow, incluso lo permiten las versiones más avanzadas de Acrobat. También es cierto que para eso es necesario que el archivo PDF incluya la información correcta en XML para que ADE / Acrobat interpreten correctamente el documento y el reflow funcione bien.

      Obviamente seria una opción temporal para que la industria se adaptara. Coincido en que un XML es un documento superior a PDF, pero en 2008 para la industria editorial lo mejor era enemigo de lo bueno y hubiera sido una buena opción editar en PDF, mientras hacía una transición ordenada y controlada del modelo de negocio analógico al digital.

      Gracias por pasarte por aquí!

      Bernat

  3. tengo un objeción técnica que hacerte. Jordi ha comentado el tema del reflow, pero ha sido demasiado optimista. En relativamente pocas ocasiones la adaptación a una pantalla de tamaño físico inferior al del PDF original va a quedar bien. En muchas ocasiones, los retornos de carro en pdf son duros, y el software que admite un ereader no es para tirar cohetes, con lo que no los va a eliminar. Otro tanto pasa con el guión de la división de palabras, e incluso con los textos de cabecera y pie y número de página. En muchas ocasiones el resultado es visualmente inferior al que logran los que generan ebooks escaneando papel y pasando OCR a machete.

    Pdf no puede ser soportado con eficiencia por un ereader de 6″. Y no es necesario. Todo documento que sea texto corrido es mucho más sencillo de convertir a texto plano y de ahí a formato nativo de ereader.

    y ahí es donde está la madre del cordero. Como dices, el parto himalayesco de epub (aka el perro del hortelano) no acaba hasta 2013 y eso contando con que alguien más de su consorcio no vuelva a tener otra idea feliz. Mientras, mobi tiene ya 10 años de madurez… Pero Amazon no deja que se emplee otro formato con drm junto a mobi.

    El problema no es Amazon. El problema es que los demás no han hecho los deberes

    1. Hola Juan Luís,

      Estoy de acuerdo, el PDF no trabaja del todo bien en los ereaders actuales. También es cierto que forzar el reflow con un PDF trae sorpresas. Por eso precisamente, en mi ucronía, contaba con que la inundación de títulos en PDF forzara a los fabricantes de dispositivos a adaptarse al formato, y no a la inversa.

      Un PDF se lee razonablemente bien en un ereader de 10 pulgadas, siempre y cuando esté maquetado a un tamaño máximo de DIN-A4, tenga una sola columna, no sea muy virguero en fotos e ilustraciones y no necesites tomar notas y demás. Eso encaja con la gran mayoría de obras de ensayo y prácticamente toda la novela. Otras formas de narrativa son más creativas. Si los fabricantes de dispositivos se hubieran adaptado a PDF, se podría anotar y recuperar lo anotado (cierto que mediante teclado) entre otras interesantes prestaciones, pero trabajar sobre un documento sería algo bastante productivo.

      Ciertamente, el problema no es Amazon. No vamos a cargarnos al empollón de la clase porque saque buenas notas y sea un repelente-niño-Vicente. El problema lo tiene el resto. Cuando leí que EPUB no ofrecería prestaciones decentes hasta 2013 tuve claro que hay desidia. Quizás no mala fe, pero sí desidia. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

      Gracias por tus opiniones!

      Bernat

    2. Cierto es que apenas he tenido en mis manos un ebook con Adobe DE, ni tres meses tuve el PRS-300 antes de venderlo para conseguir un Kindle. Las pruebas que hice fueron insatisfactorias para mí, pero tampoco vi que hiciera un destrozo. Supongo que cargué unos PDF con información estructural XML sin darme cuenta.

      En parte depende de lo pijo que sea cada uno con el formato. Hay gente que solo quiere leer y su formato preferido es el txt porque no da problemas. Otros no toleran un ebook sin guiones largos o sin puntos suspensivos que ocupan un carácter.

      1. Cierto Jordi, seguramente depende de la cultura “libresca” que uno tenga. Posiblemente yo sea de los segundos… el formato TXT a pelo es francamente árido.
        Gracias!

  4. pero la crítica no quita como para que esté profundamente de acuerdo con lo que he identificado como el espíritu del post

    1. Aprecio las críticas, todavía más cuando son constructivas. Que a uno le critiquen indica que la gente pasa por aquí. Al ego eso le sienta bien.

      Gracias de nuevo!

      Bernat

  5. Estoy encantada de que ¡por fin! alguien, que debe conocer muy bien el sector editorial, diga las verdades con nombre y apellidos “La industria editorial”, ha sido y es la única que se ha puesto le yugo para no avanzar, su ambición por mantener el bienestar adquirido en los últimos 40 años les ha cegado las posibilidades de avanzar y crecer, arrastrando con ellos al abismo a trabajadores, autores y especialistas en tecnología que creían en la difusión del conocimiento independientemente del medio, impreso o digitalizado. ¡Enhorabuena! por explicarlo tan bien. Gracias

    1. Hola Amelia,

      Me alegro que te haya gustado. No sé si tengo un conocimiento demasiado bueno ni extenso del sector; en todo caso he usado cierto sentido común. Me anima que seamos muchos los que pensamos lo mismo. Significa que en la profesión hay “músculo” y ambición para seguir adelante.

      Gracias y hasta pronto!

      Bernat

  6. Mariana Eguaras 21 agosto, 2011 at 06:15

    Éste es un post imperdible, que deberían leer todos los editores y personas que se mueven en el mundillo editorial.

    Como dices, en algunos sectores el PDFs es una herramientas súper útil, práctica y funcional. Además del sector académico y del derecho, agrego el ámbito de la economía o economistas, que lo conozco mejor y sé que los documentos en PDFs tiene una gran relevancia, más si se los edita aprovechando, por ejemplo, todas las bondades de Adobe Acrobat Professional.

    He trabajado en el sector de publicaciones de un banco regional latinoamericano y todas sus publicaciones son en PDFs, están disponibles para ser descargadas desde la página web del banco y también se difunden por mailing. Desde cualquier lugar del mundo con acceso a Internet se accede a estas publicaciones, sin necesidad de aparatos especiales, sólo basta con tener un lector de PDF. Más sencillo, imposible.

    PD: Estoy armando un blog (que próximamente estará operativo/online) y he hecho un post basado en éste tuyo, cuando esté disponible para visitarlo te envío el link.

    1. Hola Mariana,

      Gracias por tus palabras. Como bien dices, en el sector financiero también se usa mucho el formato PDF precisamente por su versatilidad, posibilidades y porque es para todos los públicos; es muy fácil de usar. Precisamente trabajo como editor de publicaciones corporativas en una multinacional y lo conozco de primera mano, aunque en este caso, al no tratarse de editoriales propiamente dichas, hay poca consciencia del valor del formato en sí (a parte de los editores que, como tú y yo, nos dedicamos a ello, claro).

      Me alegra que mi artículo sirva como material para tu blog. De eso se trata, de compartir ideas. Para mí es un elogio que te bases en mis letras.

      Gracias y hasta pronto, espero poder leer tu blog!

      Bernat

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  8. Muy buen artículo y muy bien expuesto, enhorabuena. Sin emabrgo pienso que este artículo pasa por alto algunos detalles importantes, que también lo eran incluso hace 1 año y medio, y que tienen mucho que ver para explicar el declive del PDF como formato de Libro Electrónico, a saber:

    1) Apple tiene bastante que ver con ello. ¿por qué? Pues porque desde que concibió el mismo sistema operativo iOS (iPhone e iPad) ya lo hizo despreciando al PDF. La misma arquitectura interna del iOS trata a los archivos PDF como si fueran meros dibujitos, impidiendo su capacidad de refluir los textos. Sin embargo, desde que existe Adobe Reader para Android, éste si puede refluir los textos y hace que el PDF sea óptimo también para e-Book pero, ¿quién tiene la cuota de mercado hegemónica de tablets y libros para tablets?

    De hecho, yo recuerdo que ya en mi PocketPC del año 2003 podía leer PDFs con reflujo…

    2) Adobe también ha tenido que ver. Gran parte de los e-readers que hay en el mercado tienen tecnología Adobe dentro, tanto para el DRM (de EPUBs y PDFs) como para la lectura de PDFs (versión adaptada de Adobe Reader).

    La filosofía del e-Reader, para libros de narrativa al menos, es que el usuario final (el lector) pueda configurar a su gusto el tamaño de la letra, el tipo, etc. Esto se puede hacer sin mayor problema con un EPUB, pero en PDF… ¡ay! cuando cambias el cuerpo del texto éste refluye, adiós márgenes, adiós tablas… ¿Por qué Adobe, o mejor dicho, el consorcio que gestiona PDF y del cual Adobe es miembro destacado, no espabiló para ponerse a la altura?

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