A estas alturas del dossier de 5 páginas –conozco empresas con notas de prensa más largas- nos espera una sorpresa en cada párrafo. Vayamos por el tercero: Libranda respeta la cadena de valor del libro promoviendo la labor cultural de los autores y agentes, de las editoriales y de las tiendas on-line que comercializan el libro. Libranda no vende directamente al público final, no tiene una tienda on-line propia. Atento el sector: menos el ruin impresor y el no menos abyecto distribuidor de libros de papel, todos los presentes sacaran la tajada habitual o mayor si es posible. La frase final es para general sosiego del librero de toda la vida. Tampoco se olvidan de él… aunque más adelante veremos que sí, que no piensan en él precisamente.

Cuarto párrafo: Libranda no interviene en la negociación de condiciones comerciales de los contenidos digitales. Esta tarea recae directamente en la editorial, que es quien negocia directamente y con total independencia los términos comerciales con la tienda on-line: gestión del catálogo, condiciones comerciales, acuerdos de promoción, etc. Vamos a ver: al respetable no le gusta que le insulten la inteligencia. Y este párrafo es insultante. Las majors montan el tubo por el que tendrán que pasar todos, invitan al resto de editoriales a sumarse al invento y ¿dicen que no intervienen en la negociación de condiciones? Claro que no. Rendido y desarmado el gremio librero, no hay nada que negociar. ¿Alguien cree realmente que lo realmente importante no lo decidirá el Consejo de Administración de Libranda? ¿Alguien duda de quién compone dicho consejo? Me atrevo a decir que éstos, o alguien nombrado por cada una de sus respectivas empresas, serán los componentes del Consejo:

Jesús Badenes, director general de la División Editorial Librerías del Grupo Planeta

Nuria Cabutí, consejera delegada de Random House Mondadori

Francisco Cuadrado, director general de Santillana

Blanca Rosa Roca, directora general de Roca Editorial

Rosalina Díaz, directora general del Grupo Wolters Kluwer

Xavier Mallafré, director general de Grup 62

Rafael de Cárdenas, director de innovación y productos globales del Grupo SM

Arantza Larrauri, directora general de Libranda

Ignoro quién es el Presidente del Consejo y quién ejerce las funciones de Consejero Delegado. Pero alguien ostenta dichos cargos. Y ese alguien, junto con el resto, impone las reglas del libro en este país. No pasa nada, las cosas ya son así hoy en día, que lo sigan siendo no será catastrófico a corto plazo. Y tampoco lo será a medio plazo si hacen lo que deben hacer y cuando deban hacerlo, por el bien del sector. Pero que no se escondan detrás de palabras bienintencionadas dando a entender que su espíritu es enrollado e independiente.

El quinto párrafo menciona de nuevo a los propietarios y del sexto ya hemos hablado al comentar el segundo. Pasemos al séptimo: En cuanto a las tiendas on-line, Libranda pretende conectarse con el mayor número posible de tiendas. En su arranque, Libranda se conectará a las tiendas on-line de varios canales clasificados en los siguientes grupos: tiendas on-line de grandes cuentas, tiendas on-line especializadas en venta de eBooks y tiendas on-line de librerías. Está prevista la conexión con 21 tiendas on-line en la fecha de inicio de actividad de Libranda. Libranda se conectará también con tiendas on-line de operadores de telefonía o con nuevos agentes cuyo fin sea la distribución de contenidos digitales. Por partes:

Tiendas on-line de grandes cuentas: cortingleses, fnaqueses y carrefoureses

Tiendas on-line especializadas en venta de eBooks: leqtor.com, leer-e i similares, sin equivalente en ladrillo.

Tiendas on-line de librerías: las de aquellas librerías de ladrillo que tengan web con pasarela de pago.

Lo interesante también está en los operadores de telefonía. Por qué los distinguen de las grandes cuentas? Pues porque, a diferencia de la Internet fija, la Internet móvil no es neutral. Los contenidos pueden ser regulados, de modo que, como canal de venta, funcionará de modo cautivo: el cliente sólo podrá comprar lo que la operadora de turno le ofrezca. Pero aún más interesante es el remate, como quien no quiere la cosa: o con nuevos agentes cuyo fin sea la distribución de contenidos digitales. Ergo, por si no quedaba ya bastante claro, no es necesario ser librero, saber de libros, haber vendido libros de papel o digitales para vender con Libranda ¿Alguien del sector recuerda los ataques de cuernos que los gremios de libreros sufrieron cuando se decidió potenciar el quiosco y la papelería como canal de venta? Ataques similares vivieron cuando los periódicos empezaron a regalar libros o a venderlos a precios irrisorios –tan bajos eran los precios como la calidad, claro. Posteriormente se puso de manifiesto que eso no mermaba las ventas en los canales habituales[1], pero la suspicacia ya se había suscitado.

Cuando leí por primera vez este párrafo –i alguno similar que aparece directamente en la home– no me quedó claro qué quería decir. Parece ser intencionadamente abstruso. Para salir de dudas me puse en contacto con Libranda y les pregunté si, para trabajar con ellos, tenía que ser un librero con tienda a pie de calle. La respuesta fue que no; sólo era imprescindible disponer de una web con pasarela de pago. Es decir: si uno cuenta con cierto capital que invertir, monta su página según los requisitos técnicos de Libranda, llega a un acuerdo con ellos y a trabajar desde casa. No es una crítica negativa, me limito a contarlo tal cual es. Tampoco debe ser tan fácil como parece. Pero en comparación con el riesgo que supone montar una tienda de ladrillo, hacerse con un stock de toneladas de papel impreso y ser esclavo de un horario poco agradecido, las ventajas saltan a la vista. Si, además, quien lo monta es un neobibliófilo digital con habilidades en redes sociales, saldrá con ventaja respecto a los libreros del ladrillo, que a sus comprensibles esquemas mentales analógicos y su aprensión mayoritaria hacia las nuevas tecnologías deben sumar un negocio real con considerable riesgo y costes financieros igual de reales.

Libranda ha empezado diciendo que privilegia su relación con los libreros de ladrillo, pero su comunicación no parece ser sincera. Estos no van a ser especialmente mimados. Tampoco serán los primeros –las grandes cuentas ya lo deben tener todo atado- ni gozarán de una moratoria que les permita adaptarse en un entorno mínimamente protegido. No es que yo crea que todas estas medidas sean necesarias y convenientes, pero si realmente Libranda quería tratar de forma preferente a los libreros de toda la vida, algo parecido debería haber hecho. Y no es el caso.

El octavo párrafo dice así: Inicialmente las tiendas on-line conectadas con Libranda serán españolas, pero el objetivo es trabajar también con canales de venta internacionales: tiendas on-line de países de Latinoamérica, tiendas on-line de agentes internacionales (ej: Apple, Amazon, Google), etc. Las editoriales y librerías que venden por correspondencia –es decir, con papel- tarifican de forma distinta según el lugar donde tengan que mandar el ejemplar. Y punto. Hay un coste derivado de la lejanía, pero nada más. Si el comprador lo asume, ambas partes son felices ¿Por qué a un lector de Colombia, Argentina o México debería impedírsele la compra de contenidos en castellano desde un servidor español? –o sito en las Islas Kiribati, vaya usted a saber, pero de una empresa registrada en España. Con lo cual, lo de los canales internacionales puede dejar tranquilo al librero español, pero para el cliente debería ser indiferente. Lo de tiendas on-line de países de Latinoamérica tiene un deje colonial bastante sorprendente. Colonial y analógico ¿Por qué no puedo montar una tienda virtual desde Gambia, Andorra o Finlandia para el mercado hispanohablante? Que suene raro no lo hace imposible. Finalmente, ampliando la incongruencia colonialista anterior ¿qué pretenden decir con tiendas on-line de agentes internacionales? Este blog donde yo vierto mis biblioneuras es inevitablemente internacional. No hago una edición para España y otra para el mundo mundial. Como máximo podría hacer ediciones en otros idiomas, pero seguirían siendo igual de internacionales. Ya sé que hablo para una minoría mayoritaria –el perfil de lectores de este blog, cuando los haya- que ya están iniciados. Ya sé que para vosotros esto os suena a Perogrullo. Pero que Libranda todavía esté hablando como si esto fuera la España de finales del siglo XX es bastante triste.

Tras esto, y llegados al final de la segunda página del Dossier de Prensa, nos empiezan a contar cosas sobre el sistema de venta, la descarga, la seguridad de los servidores, etc. Eso lo dejaré para otro día pues es una cuestión ya muy comentada en blogs mejores que éste y que entienden más del asunto.

En un próximo artículo intentaré hablar sobre aspectos formales de Libranda. El funcionamiento de su página web, su respuesta ante algunas consultas efectuadas y, si me veo suficientemente capacitado, de diferentes aspectos de sus sistema de venta desde el punto de vista del cliente.

De momento me quedo con una sensación extraña: los grandes de la edición española han sacado la patita como si ellos fueran el cordero. El problema es que, bajo su piel de cordero se ve claramente al lobo intentando engañar al librero para que éste no salga corriendo. Del cliente hablaré otro día. Próximamente, más.


[1] El filósofo y escritor Alessandro Baricco opina que los que adquieren libros de pésima calidad mediante la compra de un periódico, en realidad no están comprando un libro, sino un objeto que para ellos es formalmente lo mismo pero que se inserta en una secuencia de elementos comunes. De esta forma no es necesario estar acostumbrado al ritmo y lenguaje del libro tradicional. También añade que este tipo de libros no siempre se adquieren para ser leídos. Estas y otras interesantes opiniones sobre el cambio en el libro pueden encontrarse en su libro Los bárbaros, ensayo sobre la mutación, Editorial Anagrama, S.A., 2008. ISBN: 978-84-339-6273-7

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional