Ayer fue el Día del Libro. Para muchos fue el peor Día del Libro de su vida. Para algunos libreros, editores y algunos distribuidores será su último Día del Libro. Para los pocos autores que pueden vivir de su obra también será un golpe muy duro; la mayoría de escritores pasará de la extrema pobreza a la más absoluta miseria.

Huelga decir que no estábamos preparados para esto. Nos podría haber pillado en mejores condiciones, es cierto, pero de nada sirve llorar por la leche derramada o por lo que pudo haber sido y no fue.

Empezamos a tener algunas cifras de descenso de facturación de estas últimas semanas y algunos, los primeros que las reciben, todavía frescas, ya dicen que son peores de lo esperado. En este artículo no me pondré estupendo con los datos, ya habrá tiempo, hoy vengo a reflexionar sobre cómo hemos afrontado, en España, el Día del Libro.

Mal. Y por distintos motivos.

El primero, que ya he apuntado en otros artículos, es que las instituciones públicas y privadas, salvo contadas excepciones, no han hecho nada. Han gesticulado mucho pero no han hecho nada útil. Hoy tampoco ahondaré en esta cuestión. Hoy no es importante.

El segundo motivo tiene que ver con la actitud de la mayor parte de editores y libreros cuando empezó todo esto. Llevamos más de un mes de pensamiento mágico, happenings, performances, manifiestos y adhesiones inquebrantables en redes sociales. Nos hemos hartado de lecturas de poesía, prosa y ensayo; estamos aburridos de recomendaciones en Youtube, Instagram, tierra, mar y aire. Han abundado las iniciativas que, con más voluntad que acierto, buscaban compensar de algún modo el desplome de la facturación. En unas declaraciones para TV3 —la televisión pública catalana— la directora de una de las mayores y mejores librerías de Barcelona, una librería con capacidad y clientela para conseguir una facturación on-line apreciable, usó la palabra “irrisorio” para describir la cifra de negocio de este Día del Libro.

Irrisorio. Si una de las librerías mejor preparadas usa esta palabra, las que dependen de las voluntariosas o interesadas iniciativas de terceros para vender on-line lo tendrán negro, negrísimo. Y son estas librerías, las menos preparadas, las que más necesitan, de hecho dependen, del Día del Libro en Catalunya —Diada de Sant Jordi— para sobrevivir.

También hay librerías independientes pertenecientes al nuevo modelo, nacidas durante la última década, que han sido capaces de movilizar, al menos hasta el día de ayer, a sus comunidades, pero son minoría. Una minoría ruidosa e incluso con presencia en medios, pero que apenas alcanza el 5% del total y cuya cifra de negocio es diminuta. Eso no significa que el 95% restante esté condenada a cerrar —ni que ese 5% tenga la viabilidad garantizada— pero demuestra hasta qué punto el eslabón más débil es, también y por la misma razón, el más dependiente de los hábitos de consumo tradicionales.

El tercer motivo es de mentalidad. La gran mayoría de las llamadas a la movilización de los lectores para que siguieran comprando libros han pecado de una cursilería y, peor aún, de un tono de superioridad moral que, si bien pueden asegurar e incluso aumentar la compra de los convencidos, también puede echar atrás al más tibio. Exprimir a los primeros tiene un límite; a los segundos los necesitamos para sostener el tinglado e insultarles por comprar en Amazon no parece una buena idea.

“La libertad es una librería” es el desafortunado aforismo de uno de nuestros inevitables poetas oficiales y no es verdad. En España, un juez tuvo que cerrar una librería especializada en libros fascistas, nacionalsocialistas y similares; las peores dictaduras tienen librerías —acaso la Camboya de Pol Pot no tuviera ninguna— y los peores dictadores han escrito o hecho escribir libros a mayor gloria de sí mismos y sus malas ideas. Las librerías son comercios y los libros son productos, lo que los hace especiales —a unas y a otros— es lo que los libros puedan contener. Y la mayoría de libros —se lo aseguro— son malos, o muy malos. Y a muchos lectores —se lo garantizo— les gustan, o les gustan mucho.

La cursilería del libro es uno de los más perniciosos tapones mentales que nos impide pensar bien porque con él perdemos de vista a los lectores que no se toman la lectura como una cruzada contra la barbarie; son la mayoría. El segundo tapón es la superioridad moral. No, leer no hace mejor a nadie, acaso ciertas lecturas escogidas puedan dar la oportunidad, no siempre aprovechada, de poner cosas buenas en la cabeza de alguien que, si hay suerte, puede decidir aprovechar. Leer nos puede hacer más cultos y puede que la cultura nos pueda hacer mejores personas —todavía recuerdo las palabras de una buena amiga: “el hombre, cuanto más culto, más perverso”— pero la inmensa mayoría de libros no sirve para eso.

Comprar en la librería de proximidad, de barrio o independiente, tampoco nos hace mejores personas. No, los que compran libros en Amazon no son abyectos seres carentes de moral, son seres humanos cuyas preferencias y prioridades no coinciden, por ejemplo, con las mías. Puedo emitir los juicios morales que yo quiera, puedo incluirlos en el Noveno Círculo del Infierno, pero eso solo servirá para cegarme ante una realidad incontestable, innegociable y que apenas puedo cambiar, al menos a corto plazo. Los hábitos de consumo no se cambian con Torquemadas.

Aquí llegamos a un problema mucho más grave, el desconocimiento y mitificación de Amazon, el enemigo perfecto. Representa todo lo que la tradicional cadena de valor del libro ha perdido y es, junto con Google, Apple, Facebook, Netflix, HBO y un etcétera no muy largo, el causante del cambio de hábitos de consumo, cultura y lectura que nos ha llevado donde estamos. Un cambio de hábitos que el confinamiento está acelerando y que no remitirá cuando todo esto pase. Sí, seguro que una parte de los que ahora están pasando a la lectura digital volverá al papel y una parte de los que han comprado papel en la librería on-line volverá a pisar su librería a pie de calle, pero hay un porcentaje que no. Todavía es pronto para saber cómo se consolida ese panorama pero la tendencia es esa.

Diez años más tarde de su llegada a España todavía son demasiados los editores y libreros que exhiben, casi sin pudor, una profunda ignorancia acerca del funcionamiento y lógica de Amazon; hay libreros y editores que no saben, por ejemplo, que hay librerías que trabajan para Amazon. O que hay editores vendiendo directamente en Amazon, pasando o no por su distribuidor. La única forma de vencer a un adversario es conocerlo y ese conocimiento es más importante cuanto más formidable es. También es importante conocer aquellos que han sido capaces de enfrentarse a Amazon en su propio terreno, ya sea en cifra de negocio o en operativa. En el mundo hay varios casos y, sin pensar demasiado, se me ocurren dos: Tolino Allianz en Alemania —hoy propiedad de Rakuten Kobo— y Bookshop.org en Estados Unidos. En España tenemos un par de candidatos a rivalizar con Amazon pero dejo esa reflexión para otro día.

También es incomprensible el empecinamiento de los editores en posponer el lanzamiento de todos los formatos de un mismo libro. No sabemos con certeza cuándo podremos lanzar un libro de papel como nos gustaría —intuyo que lo de las presentaciones de libros va para largo— pero lo que sí sabemos es que el consumo de libros digitales ha crecido mucho y que no lanzar el libro digital de un título que ya está listo es una tontería. Si la razón está en alguna cláusula de algún contrato lo mejor será que las vayamos revisando. Si es simple estrategia comercial, es una estrategia demencial, porque niega a los lectores un formato de lectura en alza.

Nada como regalar libros digitales para comprender el sinsentido de estas semanas. Hacer promociones puntuales tiene sentido si se dispone de una estrategia de ventas consolidada y se sabe cómo hacerlo. No es fácil, no se trata de poner un 0 en el precio, y ya. En el festival del regalo de hace unas semanas había editoriales que supieron usarlo y otras que se lo tomaron a la ligera, disparando a todo como Pancho Villa. Lo peor, una vez más, fue vestirlo de altruismo.

El Día del Libro no fue ayer. El día del libro es hoy y cada uno de los días por venir. Entiendo que celebrarlo era necesario pero debemos asumir que para la gran mayoría de editores y libreros fue un acto tan heroico como fútil. Puede que tan bello y romántico como la leyenda de San Jorge en la que se basa la fiesta de la rosa en Catalunya; por la misma razón, decorativo. Ayer no se vendieron libros, se pidió limosna.

El tiempo que pasamos preparando el 23 de abril es tiempo que hemos perdido para lo más importante, que es pensar qué haremos a partir del 24. Ayer nos tomamos un ansiolítico cuyos efectos pasarán muy pronto, tanto en lo moral como en lo económico. En lo moral porque ahora ya no hay zanahoria que perseguir y en lo económico porque… bueno, irrisorio es la palabra que lo resume. Ese será el palo.

A partir de ahora necesitamos hablar de reformas, estrategias, estructura, eficiencia, inteligencia e ideas. Deberemos decir las cosas por su nombre y tomar partido. Quien crea que de esta saldremos —los que salgan en pie— sin decir una palabra más alta que otra y sin algún puñetazo encima de la mesa, incluso sin alguna que otra ruptura —al statu quo lo doy por liquidado— no tiene ni idea de la magnitud de la tragedia.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

2 Comments

  1. De acuerdo con lo de la cursilería, pero mucho más sobre sus reflexiones sobre la superioridad moral. Crucemos los dedos para ver si Jorge Carrión y la gente de la librería No Llegiu y Librería Calders leen este post.

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  2. Ximena de la Cruz 24 abril, 2020 at 12:26

    Hola Bernat,
    Primero de todo un gran artículo, muy buena reflexión.

    Quiero hacer pública una reflexión a la que hago partícipe a tu audiencia, y la hago desde mi más profundo amor por los libros y su cadena de valor.

    Independiente de comprar en librerias vs archienemigodelibrero Amazon hay una realidad en la que ninguno de los que defienden al librero a capa y espada ha pensado jamás, pierde de vista el mapa de librerias en España y su distribución.

    Copio un párrafo directamente desde https://editorial.trevenque.es/mapa-librerias-espana/
    Una importante porción de este Mapa de las Librerías (29,7%) se ubica en núcleos urbanos de entre 100.000 y 500.000 habitantes. El 24,2% se encuentra, en cambio, en municipios de menos de 25.000 personas. Apenas un 10% se localiza en ciudades de entre 25.000 y 50.000 habitantes. Ésta es la franja de población en la que menos librerías se hallan. (datos del 2018)

    Por lo que hay millones de españones lectores que no tienen librerias en su población, ni independientes ni nada, es decir ninguna, no hace falta irse a un pueblo de 1.000 habitantes en la perdida meseta de Castilla y la mancha para decir que en mi pueblo no hay librerias, yo vivo en una población de más de 10.000 habitantes a solo 50 km de Barcelona y no hay niguna libreria en mi pueblo la más cercana física(SOLO 1) sirve en el epicentro de la comarca a más de 50 pequeños municipios.

    Mi reflexión es: Los libreros, las editoriales, las distribuidoras, el Ministerio… en resumen éstas campañas de Compra y salva a tu librero, piensa alguna vez en los millones de españoles que no tenemos librerias físicas pero en cambio somos ávidos lectores.
    Amazon bueno o malo ha permitido servir libros a millones de lectores que antes no tenía ésta posibilidad, a lo mejor después de 10 años tendríamos que hacer una revisión de conciencia, principios y adaptarnos a la realidad, no todos los lectores viven en Barcelona, Madrid y Valencia…

    Si SEAT, ha pasado de ser SiEmpre Apretando Tornillos a estar en la vanguardia de fabricación de coches, creo que el librero español puede adaptarse.
    Y que mejor momento que el actual, con la cantidad de datos que tenemos, las herramientas de las que disponemos, pero hace falta visión, posicionamiento y ganas de trabajar por tu publico de influencia, en cambio hoy en día no es un ente etério, hoy gracias a las herramientas virtuales puedes ponerle nombre y apellidos y crear un relacion personal virtual con ellos.

    Hasta aqui mi aporte, gracias

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