KEATON

La industria editorial siempre se ha resistido a revelar sus ventas. Lo hacían cuando sólo manchaban papel; lo siguen haciendo cuando el libro digital permite llevar a cabo un seguimiento mucho más detallado de las ventas. Lo hacían los actores de la cadena de valor del libro de papel; lo hacen los actores de la nueva cadena. Me da igual por qué lo hagan: queremos conocer los datos, porque son nuestros.

Nota: gracias a Juan Triviño por encender la mecha de este artículo en una reciente conversación en Twitter.

La industria editorial cree que puede mantener los datos de ventas en secreto porque los tiene, pero eso no implica que sean suyos. Los datos de la industria editorial deberían ser públicos porque los generamos entre todos. Nacen de un hecho que muchas veces pasa inadvertido: toda acción –en este caso, de compra- genera información. Si el acto de compra lo realizo yo, soy yo quien genera dicha información. En el caso del libro, de esa información se benefician editores, libreros, asociaciones gremiales y administraciones públicas. Mientras el mercado fue analógico el secretismo tuvo excusa: el ecosistema era completamente asimétrico en su flujo de información, pues iba sólo en dirección ascendente por la cadena de valor del libro; además, había grandes pérdidas de información, pues era muy difícil realizar perfiles comerciales personalizados. Para ello era necesario que el librero conociera muy de cerca y durante mucho tiempo a sus clientes. Nada impedía que las editoriales revelasen las ventas de cada título, pero era costumbre no hacerlo. Esa gestión de la información es clásica de una economía en la que los medios de producción –y en parte los de distribución- están en manos de unos pocos.

Los motivos de las editoriales para no revelar las ventas son variados: desconfianza, miedo a quedar mal ante los competidores, temor ante la evidencia que ciertos autores no venden tanto y los segundones venden más, egos trémulos, rostros de cemento, neurosis obsesivas, tenerlos les confiere ciertas ventajas… no es una lista exhaustiva, puede haber más motivos.

Luego están los otros interesados. Puede suceder que algunos autores prefieran no revelar sus ventas por cuestiones cercanas al ego. Sea como fuere, las editoriales no publicarán las cifras de ventas en contra del criterio del autor, lo hayan o no establecido por contrato. Un comprensible fair play.

Las razones son lo de menos, debemos exigir el mismo fair play; los datos también son nuestros, de los clientes lectores, aquellos a quienes nos importa la cultura y queremos formar parte activa de su gestión y rumbo; todavía más, al ser públicos también deberían estar al alcance de los gestores públicos de la cultura. En un mercado cada vez más poblado de prosumidores creando en el procomún no es eficiente que una parte importante de la información de la cultura siga en manos exclusivas de unos cuantos porque las lagunas dificultan que los recursos se inviertan donde más oportunidades existen o más se los necesita. Si la industria editorial quiere conservar parte de la legitimidad que le queda necesita abrirse a la sociedad que da sentido a su trabajo.

Hacia un Índice abierto de ventas de libros

Propongo la creación de un Índice abierto de ventas de libros. Lo ideal sería que las administraciones públicas legislaran para obligar a la industria a revelar sus datos de ventas en pro de la eficiencia del mercado pero, como no son capaces ni de legislar su propia transparencia, dejaremos esto en manos de la Sociedad Civil.

De entrada deberemos descartar a dos tipos de personajes recalcitrantes: algunos editores y algunos autores. Eso no es problema, si no quieren estar, que no estén. Nadie les obliga. Lo bueno que tienen las iniciativas emprendidas por la Sociedad Civil es que no son obligatorias, pero con el tiempo pueden acabar siendo muy persuasivas.

Al principio serán unas pocas editoriales, unos pocos autores. Al principio será algo puramente testimonial, pero lo bueno que tienen los testimonios es que crean ejemplo, un ejemplo que otros pueden atreverse a seguir. El objetivo es que, con el tiempo, en el Índice haya más información que fuera de él. El objetivo es que, por pura adición de datos aportados al procomún, estar fuera del Índice implique estar fuera del mercado. Si uno queda fuera del procomún –y en él no sólo hay obras gratuitas ni libres de derechos sino también la información relativa a las protegidas- queda fuera de la Sociedad Civil y, por lo tanto, del mercado. Lo que no se conoce no existe.

Al principio el mencionado Índice será dolorosamente parcial –sólo aparecerán las cifras de unos pocos- pero será el único índice basado en datos reales y eso tiene un gran valor. Dicho índice debería incluir, como mínimo, la tirada impresa, los ejemplares vendidos, los ejemplares en stock –en almacén o en librería- y los destruidos. Para empezar me conformaría con la tirada impresa y los ejemplares vendidos, el resto es la Carta a los Reyes Magos, pero como los reyes son los editores y los autores, pueden hacerlo. En el caso del libro digital es todavía más fácil: sólo hay cifras de ventas. Ahí los libreros también pueden echar una mano, no mediante sus gremios, sino uno por uno ¿Para qué debemos dar de comer a Nielsen por una información que está ahí?

Editores, autores, libreros: no os preguntéis por qué debéis hacerlo, preguntaros por qué no deberíais hacerlo. Ofreced confianza al lector, al comprador, al consumidor y él os responderá. No se trata sólo de reunir una serie de datos y dejar que se mueran de risa en un rincón: hay que moverlos, usarlos, blandirlos, ponerlos en valor, trabajarlos, sacar conclusiones para emprender acciones. Porque estos datos tienen valor si están reunidos y se hacen públicos de forma libre y gratuita ¿Quién quiere empezar?

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

13 Comments

  1. Gracias x la mención. Desde luego estamos en esa línea y la discusión fue muy gratificante! Seguimos adelante.

    1. Gracias a tí! Hasta pronto.

  2. Me parece una estupenda iniciativa la que propones. En Criminología y Justicia hicimos pública la lista de ventas de nuestras revistas y libros en Amazon, y vamos actualizándolas mes a mes https://docs.google.com/spreadsheet/ccc?key=0ArzMnSddDmjydElScXZfVklhZFRaa1VZejFoOHVMUXc
    Si bien nuestro gesto por la transparencia es pequeñito,ojalá anime a que otros hagan lo mismo. Sobre las grandes editoriales, es como comentas muy complejo que den ese paso, ya que esa información es demasiado relevante como para que sea visible para el resto de mortales, dándoles una posición privilegiada ante el lector. De todos modos, no creo tampoco que sea un mal específico de las editoriales, sino algo bastante generalizado en todas las empresas. Se habla mucho de la poca transparencia existente en política, pero no se dice nada de la cantidad de datos que un empresa puede llegar a compilar de sus usuarios, y esto, en la era de la información, supone un riesgo que debe contrarrestarse con ideas como las que promueves.
    Saludos

    1. Hola Jose Manuel,

      Me parece un gesto pequeño, pero poderoso. Ojalá cada vez haya más como vosotros. Tienes razón que es un mal común hoy en día, pero no porque todo sea más opaco, sino porque hay una demanda clara de transparencia. Una exigencia poco corriente en los años ochenta del siglo pasado, por ejemplo.

      Gracias por tu visita y tu comentario!

      Bernat

  3. ¡Viva la transparencia!

  4. Hola, querido Bernat,

    te sigo y valoro muchísimo tu blog, lo encuentro necesario, absolutamente. Es necesario que alguien denuncie situaciones como la que mencionas en esta entrada. Sobre ello no cabe duda alguna. Ahora bien, a mí personalmente me parece el grito de un niño que le pide a su mamá que le diga dónde están escondidos los regalos de reyes. ¿Por qué? Pues verás, no creo que nuestra sociedad sea transparente, no estamos educados en ello. Personalmente no conozco ningún sector que sea transparente. Cuando buscamos información, ¿dónde solemos encontrarla? ¿En qué idioma? ¿Acaso es en castellano o catalán o gallego o en España? Pues no. No se trata solamente del sector editorial. Y la verdad, estoy aburrida de que las pequeñas editoriales usen como escudo a las de gran tamaño. Somos especialistas en echarle la culpa a los demás, es parte de nuestra cultura y nuestro hacer. ¿Cuántas veces te has tenido que pelear por la transparencia? ¿Cuántos disgustos serios te has llevado por tu actitud? Sumemos. No creo que nadie se haga eco real de tu propuesta, unos se llevarán las manos a la cabeza y otros dirán que es fundamental y no pasará de ahí. Mamá parece ignorar que ya somos mayorcitos y que si queremos saber dónde están los reyes, pues podemos saberlo, es más: tenemos derecho a saber. Así que vamos a buscar los regalos escondidos, no hace falta esperar a mamá. Siq uuiero saber dón están, esa es razón suficiente, ya somos adultos. ¿No se pueden cruzar datos y hacer una estimación? Se me ocurre crear una suerte de fórmula entre gremio de libreros, de editories y nielsen, luego le ponemos el impertérrito más menos. ¿A ti se te ocurren otras fórmulas? ¿Alguien más?

    Un abrazo

    1. Hola Sardiflor,

      Gracias por un comentario tan directo, balsámico y refrescante. Un poco sí es el grito de un niño, es cierto. Incluso puede parecer pueril, pero es que la cuestión es muy sencilla y no veo ventaja alguna en complicarlo con sesudas justificaciones. Soy consciente que el eco de esta propuesta puede ser -seguramente será- testimonial. No estoy de acuerdo cuando aludes a la creación de un algoritmo para obtener una estimación: nos sobran estimaciones, sean las muy bien hechas de Nielsen (entre otros) o las chapuceras de la FGEE y adláteres. Para tener estimaciones nos quedamos como estamos. Yo lo que reclamo son los datos reales y reclamo construirlos poco a poco.

      No creas que por decir las cosas como las digo me he granjeado grandes broncas y discusiones. Puede que algunos me tengan ojeriza y no me lo hayan dicho, pero la respuesta del respetable suele ser positiva, incluso cuando no están de acuerdo conmigo. Y me gusta decir que muchos de ellos son buenos profesionales, o al menos yo los respeto mucho porque la mayoría de ellos saben más que yo (o mucho más).

      Gracias por tu reflexión, me ha gustado mucho!

      Hasta pronto,

      Bernat

  5. Gracias, Bernat.
    Qué suerte tienes 🙂
    Entonces, ¿qué hacer para obtener más transparencia real en el plazo de unos 6 meses y más en un año? A mí no se me ocurre más. ¿Que alguien se especialice en hacer público Nielsen? ¿Algún periodista de cultura que no sea hagiógrafo o amante del panegírico o de las loas interesadas? ¿Qué medidas se pueden ir implementando ya?
    Un abrazo de olas salaítas

  6. Bernat,
    Tu blog es un soplo de aire fresco, pero esta vez me permito disentir. No porque los datos no sean necesarios, sino porque la situación en la cual se escondían no ha variado en absoluto, más bien todo lo contrario.

    Dices:
    “Nada impedía que las editoriales revelasen las ventas de cada título, pero era costumbre no hacerlo. Esa gestión de la información es clásica de una economía en la que los medios de producción –y en parte los de distribución- están en manos de unos pocos.”

    Están en manos de cada vez menos. Basta ver la consolidación de grandísimos grupos (cito solo la más reciente Penguin-Random House, pero esto marcará tendencia en los meses por venir) del lado de los editores. Y del lado de lo que tú todavía llamas libreros, la situación de oligopolio planetario de los agregadores.

    Internet se ha probado como una de las dinámicas más antidemocráticas de la que tenemos conciencia. En la superficie, parece que no. Muchos me señalarán las “primaveras” árabes, la explosión del fenómeno de autoedición (que empezó con los blogs), los twitter y facebook y compañía donde todos pueden decir lo que les cante (hasta que son censurados y sus cuentas gratuitas borradas de la faz de la web parcelada). Pero la realidad real, aparte de estas prácticas liberadoras (no confundir con el ejercicio de la libertad) a nivel de individuos o comunidades esconden la verdad de Internet: hay cuatro overlords y los datos son de ellos. De su entera propiedad.

    Nielsen ganará plata con nuestro desconcierto, pero la sospecha de que ni siquiera ellos tienen acceso a los datos reales ha ido creciendo hasta convertirse en certeza.

    Remito al post de Manuel Gil en Antonomias libro, “Culebrón digital” [http://antinomiaslibro.wordpress.com/2013/01/21/culebron-digital/]. ¿Que podríamos hacer como las 50 editoriales británicas que dieron sus datos a Bookseller? Sí. Pero aun así serían datos parciales de los cuales siempre se sacan las conclusiones incorrectas.

    Los únicos transparentes en Internet son los usuarios. Transparentes para el software de seguimiento de los cuatro overlords. No entiendo por qué, con lo desprestigiadas que están las utopías en nuestros tiempos, la utopía tecnológica sigue gozando de buena salud y de una prensa estupenda que nos la hace juzgar inofensiva.

    Frente a la impoluta utopía tecnológica, los humanos y nuestras decisiones caprichosas, erróneas y casi siempre embrolladas, entramos en el cono de sospecha.

    Ahora bien, compartir más y mejor los magros datos que nos entregan como migajas tal vez serviría, si no para trazar un mapa, al menos para crear algún sentido de pertenencia.

    1. Hola Julieta,

      Gracias por dejar tan extenso comentario. Es cierto que puedo pecar de inocente. También es cierto que las condiciones no sólo no han cambiado, sino que puede que vayan a peor y que Internet no es democrática “per se”, pero sí puede serlo si queremos que lo sea. Y sí, el comportamiento humano siempre ha sido capaz de estropear lo que tan bien se sostiene en papel. Pero me niego a adoptar una actitud pesimista (aunque tenga ya edad para hacerlo). Soy un optimista histórico (que no histérico): hace 100 años estábamos mal, hace 200 años todavía peor y hace 500 (al menos en Europa) todavía más. Aunque no creo que la Historia tenga un sentido de progreso, el ser humano sí parece tenerlo; podemos avanzar dos pasos y retroceder uno (a veces tres), pero de unos siglos a esta parte, la cosa avanza. Aunque si bajamos al nivell de detalle, lugar por lugar y año tras año, puede parecer que no.

      Gracias por tu aportación!

      Bernat

  7. “Lo ideal sería que las administraciones públicas legislaran para obligar a la industria a revelar sus datos de ventas en pro de la eficiencia del mercado”. Buf, qué afán por que los gobiernos regulen el mercado. Pocos sectores ha habido nunca tan regulados como el del libro y ahí lo tienes, hecho unos zorros…

    1. Es cierto, el libro está demasiado regulado. En otros muchos artículos de este blog encontrarás propuestas de desregulación, que creo muy necesaria, empezando por la abolición del precio único. Pero todo mercado necesita cierta regulación y la que atañe a la información y transparencia es la que mejor contribuye a un mercado eficiente y potencialmente justo.

      Gracias por tu comentario!

      Bernat

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