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El próximo 31 de enero cerrará otra librería en Barcelona, Proa Espais. No faltan en los titulares periodísticos palabras tan vacuas como mítica o emblemática. No faltan artículos fúnebres más próximos a la esquela que a la crónica. No falta el epidérmico vuelo gallináceo y la nota de prensa con guarnición. Aunque no lo parezca, el cierre de la librería Proa Espais es una buena noticia para la cultura, en especial la catalana. Veamos por qué.

El cierre de Proa Espais está relacionado con el difícil momento económico del grupo empresarial al que pertenece, Grup Enciclopèdia Catalana (en adelante, el Grupo). El Grupo cerró 2012 con una facturación de 22 millones de euros y unas pérdidas de medio millón; ha anunciado un ERE del 25% de la plantilla, entre 30 y 40 personas aproximadamente, 6 de las cuales forman parte de la librería. El objetivo de estas medidas es asegurar la supervivencia de la empresa y volver a los beneficios en 2014.

Proa Espais está especializada en la venta de libros en lengua catalana, aunque cuenta con secciones en castellano, inglés y francés. A principios de enero se supo que estaban buscando un local más barato donde trasladarse, pero las opciones disponibles les alejaban del centro de la ciudad, con el consiguiente perjuicio en visibilidad y ventas.

Voladura controlada

Ya he dicho en varias ocasiones que la industria necesita llevar a cabo la voladura controlada de ciertas estructuras para que el resto pueda, no sólo sobrevivir, sino construir estructuras nuevas. Si no se lleva a cabo esta demolición selectiva peligra toda la industria. Con el cierre de su librería y la concentración del negocio en la edición, el Grupo da un gran paso en la dirección correcta, por diferentes motivos:

  • No abandona la venta de libros: en 1998 abrió llibres.cat, web de venta de libros de papel y, actualmente, también de libros digitales. Mediante esta web podrá seguir apoyando a la cultura catalana sin importar dónde se encuentren sus lectores.
  • Se concentra en la edición: especializándose en obras de referencia y de consulta on-line, en literatura infantil y juvenil, y en libros de texto y material educativo. Este tipo de edición es la que más ha sufrido la desmaterialización digital, pero también la que más se beneficiará de ella a corto plazo.
  • Mejora la eficiencia: en 2008 dejó de imprimir su buque insignia y la obra que le dio nombre, la Gran Enciclopèdia Catalana, actualmente actualizada y disponible on-line. Otra de las acciones que permitió retrasar las pérdidas hasta 2012 fue la creación, junto a Grup62 (del cual posee el 34% de las acciones), de una plataforma común de distribución y logística, Àgora.

El Grup Enciclopèdia Catalana protege su núcleo de negocio, puede seguir llevando a cabo su labor de fomento de la cultura catalana, sigue vendiendo libros mediante llibres.cat y mejora la eficiencia del negocio para volver a los beneficios en 2014. La mala noticia es el despido de tanta gente. La buena es que obliga a la empresa a digitalizarse todavía más. Y esa es una noticia todavía mejor para la lengua catalana.

La digitalización es vital para las lenguas pequeñas

La lengua catalana cuenta con un número teórico de hablantes cercano a los 10 millones pero en realidad este sólo es el número de personas que lo entiende y ocasionalmente lo habla. El número de hablantes habituales no sobrepasa los 5 o 6 millones y es ese el número de potenciales lectores. Son muy pocos, aproximadamente el mismo número de hablantes del noruego o el danés. Esta cantidad permite contar con una industria editorial muy frágil, especialmente porque debe compartir espacio con el castellano. En esta tesitura los factores de escala industrial importan mucho. Tres circunstancias han lastrado la edición en catalán los últimos 35 años y las tres tienen relación total o parcial con factores de escala:

  • Un gran número de hablantes no escolarizado en catalán: la escolarización en catalán, interrumpida por los casi cuarenta años de dictadura franquista, se recuperó en los años ochenta del siglo pasado; las generaciones anteriores tuvieron acceso a pocas publicaciones en catalán de circulación difícil y restringida. Sólo a finales del franquismo fue posible editar en catalán con cierta normalidad, pero lo realmente normal en toda la geografía catalanoparlante española era leer en castellano. En ciertos géneros, como el ensayo, sigue siendo así.
  • Un fondo editorial sobrecargado de clásicos y cultura: durante el último tercio del franquismo empieza la recuperación de la edición en catalán, siempre en clave de resistencia cultural; se editan clásicos catalanes, se traducen clásicos internacionales y, cada vez más, libros de texto para la enseñanza, poco a poco tolerada en algunas pocas escuelas.
  • Falta de géneros modernos: la histórica sobrecarga de clásicos provocó que el tren de la moderna cultura pop pasara de largo o, en todo caso, más tarde que en otras literaturas. Durante los años ochenta y noventa se renueva la novela en catalán y se empiezan a traducir los best-sellers internacionales, pero se parte de un atraso de medio siglo. Hoy sigue habiendo grandes vacios como en el ensayo, cuya oferta en catalán es testimonial.

Resumiendo, el número de lectores potenciales en catalán era muy reducido en los años ochenta y su recuperación ha venido de la mano de la escolarización en dicha lengua y de parte de la población cuya única lengua de lectura fue siempre el castellano. La oferta editorial en catalán con la que se estrenó la democracia era poco atractiva para buena parte del público. Aún así, la política de subvenciones al libro en catalán de los últimos 35 años ha primado las grandes obras, aquellas que se supone que toda cultura que se precie debe tener en su idioma. No entro en su idoneidad cultural, pero es una política industrialmente ruinosa y ha sido poco denunciada: las subvenciones al libro catalán han servido para que muchos lletraferits editaran lo que creían que debía ser exaltado y a la vez les diera más lustre, despreciando lo comercialmente más rentable pero menos prestigioso. Aún hoy hay quien se lamenta que en Sant Jordi –el día del libro en Catalunya– algún libro mediático o entendido como frívolo sea un éxito de ventas, sin entender que cualquier cultura necesita de ese tipo de éxitos –en su justa medida- para sostener una industria cultural. Esa aversión de parte del gremio al gusto popular es una de las explicaciones de por qué el libro catalán tiene una aceptación discreta en las librerías.

Asimismo, Barcelona es uno de los principales centros editoriales en castellano y la edición en catalán ha sacado partido de una infraestructura productiva a la escala de la castellana, diez veces más potente en España. Aun así, siempre ha sido más caro imprimir en catalán que en castellano, pues adaptándose a un mercado más pequeño las tiradas siempre han sido más cortas, de ahí que el PVP haya sido habitualmente más caro en catalán que en castellano. Si a eso añadimos la creación de grandes grupos editoriales que editan sobre todo en castellano y que, por lo tanto, generan ventajas internas por su propia escala, la edición en catalán parecería condenada al cadalso competitivo.

David junto a Goliat

La digitalización es un arma de ilustración masiva que iguala a las grandes y las pequeñas lenguas pues el coste de poner a la venta un libro es el mismo en cualquier idioma. No hay imprenta, no hay tiradas cortas o largas, no hay distribución a un público disperso, no hay devoluciones –mucho más perjudiciales cuanto más cortas son las tiradas- no hay competencia en las mesas de novedades, no hay rápidas rotaciones que expulsen a la mayoría de los libros de rentabilidad discreta. No debería haber diferencias en precio, ni en la calidad de la edición, ni en competitividad, ni en productividad y oferta. La escala desaparece y reaparece el lector. A partir de cierto número de ventas, casi todo es beneficio. En la era del conocimiento una lengua pequeña es incluso más manejable y su mercado es un objeto de estudio más cognoscible. En el caso del catalán los derechos de edición son siempre globales: dudo que nunca nadie compita por editar en catalán fuera de España. La digitalización permite que David no se pelee con Goliat, al menos desde el punto de vista industrial.

Grup Enciclopèdia Catalana es uno de los grupos editoriales mejor posicionados en la edición digital de España y ahora pueden aprovecharlo. Puede que todo sea fruto de la casualidad, es posible que el cierre de Proa Espais sea una decisión dolorosa que preferirían no haber tomado, pero les obligará a concentrarse en lo que mejor saben hacer: libros. La combinación de géneros que trabajan sus distintas editoriales, tanto las herramientas de consulta, los libros infantiles y juveniles como los libros de texto tienen un futuro digital bastante halagüeño. Ya están parcialmente desconectados de las imprentas desde hace cuatro años y tuvieron que asumir el fin de las enciclopedias de papel con todo lo que eso conlleva.

Por todo lo expuesto la decisión de Grup Enciclopedia Catalana es un acierto comercial, industrial, cultural y de adaptación al nuevo paradigma. Por eso el cierre de Proa Espais librería es una buena noticia, un paso en la dirección correcta. Por eso las pequeñas lenguas tienen una gran oportunidad en la digitalización ¿Es posible que el enanismo y la fragilidad del mercado en catalán obligue a las editoriales que publican en dicha lengua a reconvertirse antes que las que editan sobre todo en castellano?

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

6 Comments

  1. Ferran Sabadell 23 enero, 2013 at 19:12

    ¿Habéis visto a que precio venden los libros digitales de Proa? Como no los rebajen, lo tienen claro…

  2. En ocasiones se olvida que el proposito de un negocio es generar utilidades y a veces, ganarse la supervivencia. Es verdad, a veces el cierre de una librería no es mala noticia, pero da tristeza.

    1. Hola Cecilia,

      Es cierto, no deja de ser triste. Qualquier cierre es triste, aunque, como bien dices, hay que verlo con cierta perspectiva.

      Gracias!

      Bernat

  3. Interesante artículo Bernat, aunque personalmente hubiera preferido otro título….
    Para mi, difícilmente puede ser una buena noticia que 40 personas pierdan su puesto de trabajo..
    ¿Podrías contarnos algo sobre las decisiones empresariales que ha tomado el Grupo en los últimos años para se vea “obligado” a despedir a 30 o 40 personas?
    Un abrazo
    Iñaki

    1. Hola Iñaki,

      El título es expresamente provocativo, en contraste con el funeral mayoritario. No me alegro del despido de 30 o 40 trabajadores (6 de ellos de la librería) y eso no es una buena noticia. Lo que para mí es una buena noticia es la acertada decisión estratégica del Grup Enciclopèdia Catalana. Que tengan que recurrir a un ERE del 25% es triste, pero creo que ni será el primero que veamos, ni mucho menos el más abultado ni polémico. No lo digo porque el mal de mucho sirva de consuelo, sabemos que eso es cosa de tontos. Lo digo como constatación que un paso imprescindible para la reconversión és la reducción del perímetro del sector. Sé que detrás hay personas, eso lo hace más difícil. Pero todavía más difícil se me hace comprender que los líderes del sector no estén actuando a tiempo, salvando mucho más de lo que podrán salvar si demoran mucho más sus decisiones.

      En cuanto a la gestión del Grup Enciclopèdia Catalana y su librería: hasta 2012 el grupo ha tenido beneficios, sus pérdidas el pasado año “sólo” fueron de 500.000 euros en comparación con una facturación de 22 millones. La librería no estaba facturando mucho menos que en anteriores años, pero 7.000 euros de alquiler al mes son una losa absolutamente innecesaria cuando tienes una tienda on-line que funciona, como llibres.cat. La decisión que han tomado es estratégica: dejar de dedicar tantos recursos a una librería física para concentrarlos en su núcleo de negocio. Por eso digo que me parece una decisión acertada.

      Gracias por tu reflexión y tu visita!

      Bernat

      1. Hola Bernat,
        Siendo lector asiduo y agradecido de tus textos, no tenía duda de que el título estaba pensado en términos de provocación. Estoy seguro que nadie puede alegrarse del despido de 30-40 trabajadores.
        Muchas gracias por el resto de información que me haces llegar sobre el Grup Enciclopèdia Catalana. Creo que también sería interesante saber como puede afectar esta nueva situación a Edicions 62 y las decisiones que éstos (accionariado) llevan tiempo rumiando …
        Muchas gracias de nuevo por tu trabajo,
        Iñaki

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