Leqtor.com ha cerrado. Lo ha hecho de forma abrupta, casi sin aviso previo. 36L Books, que al parecer también está en concurso de acreedores, ha aducido que el cierre se produce por la falta de oferta editorial digital del mercado. Siendo cierto… no debe ser toda la verdad.

Leqtor.com abrió en 2009 con la ambición de ser la tienda digital de referencia, en catalán y castellano, para todo el entorno hispanohablante. Debemos agradecer a Leqtor y a 36L Books la oportunidad de aprender de su experiencia, aunque no haya terminado como sus responsables esperaban. Sé que suena fácil decir todo esto cuando no se trata de mi dinero, pero es que en este país se tiende a demonizar el error y a derribar a quien se equivoca; eso unido a la escasez de inversores de riesgo y la casi inexistencia de banca de inversión, hace del simple intento algo admirable. No podemos hablar de fracaso, porque el fracaso es de los que hasta ahora no lo han intentado y de los que han dificultado que un proyecto como éste prosperara.

Más allá de las buenas palabras y las mejores intenciones están las experiencias que podemos extraer del caso. Son de todos los colores y hay para todos los gustos:

Comunicación

Uno de los problemas más graves que tiene el sector del libro, un defecto común de (casi) todas las empresas e instituciones que lo pueblan y componen, es la falta de comunicación e información. Hay una falta general de herramientas básicas de prensa –notas y dossiers de prensa- lo cual indica que la mayor parte de tarea relacional se basa en la confianza personal. Eso está bien, pero ni es suficiente ni es sano, pues dificulta la entrada de elementos ajenos al negocio y provoca una falta preocupante de transparencia.

Leqtor participaba de todos estos problemas y, además, no comunicó su cierre a casi ninguno de sus clientes registrados. Feo. Especialmente cuando remitía periódicamente una newsletter a dichos clientes, entre los cuales me cuento. Si una empresa usa mis datos para vender, espero que también los use para contarme que cierra. Simple cuestión de confianza. Algunos clientes se han quedado sin poder descargar lo último que compraron. Eso ya traspasa la confianza y entra en el terreno de lo legalmente cuestionable.

Experiencia de usuario y atención al cliente

Si quieres leer en digital y no te compras un Kindle, preparate para pasar malos ratos. La única excepción acaso sea el ecosistema Tagus/Casa del Libro, pero de eso ya hablaré próximamente. Leqtor empezó con muy mal pie en cuanto a experiencia de usuario. Lo digo por propia experiencia. Nunca he podido leer los dos libros que compré en 2009. La información técnica de la web no me sirvió de nada. Hablar con el servicio de atención al cliente tampoco: asistí pasmado a la lectura, por parte del teleoperador, de la misma información que yo había podido leer en la web. La pérdida económica fue tan modesta que decidí que mi tiempo tenía más valor y no reclamé más. También decidí no volver a comprarles nada. ¿A cuantos les pasó lo mismo?

Concepto

Algunos datos me inducen a pensar que en la gestación del proyecto Leqtor se cometió más de un error de concepto y de escala. Es natural, ocurre cuando casi nadie lo ha intentado antes. Sorprende, por ejemplo, la inversión inicial de 2,7 millones de euros. En pesetas –valor de referencia para los que peinamos canas- eso equivale a 450 millones. Francamente, me cuesta entender dónde metieron todo este dinero, especialmente si pensamos que la infraestructura y los costes de personal son relativamente reducidos. Constituir una S.L. exige muy poco dinero, o sea que por ahí tampoco. Para una S.A. no hay que ir mucho más lejos. No digo que el proyecto lo pudieran haber montado dos chavales en el trastero de su casa, pero de ahí a pulirse 450 millones de pesetas va un mundo. Incluso aunque eso incluya la inversión para montar 36L Books, sigue pareciéndome un pelín desproporcionado.

Si nos fijamos en el perímetro que calcularon que tendría el mercado del libro digital a corto y medio plazo –en castellano y catalán- podemos hacernos una idea más aproximada de lo que pasó. Para 2010 calculaban un mercado de 100.000 libros digitales vendidos. Para 2011 dicha cifra la ampliaban a 300.000, para ascender hasta los 900.000 en 2012. ¿Pecaron de optimismo? Lo cierto es que en 2009 se barajaban estas cifras. Algunos optimistas iban más allá. Pero también había pesimistas que dibujaban un panorama más parecido al actual.

Leqtor ha publicado un par de datos especialmente interesantes: dicen haber cerrado cuando disfrutaban de la tercera posición en cuota de mercado detrás de Casa del Libro y FNAC, con un 19%. Dicen, también, que el mercado total es muy pequeño (sic), alrededor de 150.000 unidades anuales, pero eso es tan sólo la mitad de lo que ellos calcularon y no mucho más pequeño. Según eso, en 2011 vendieron unos 27.000 libros; en caso de cumplirse sus proyecciones, ahora estarían vendiendo 54.000. Sospecho que la facturación equivalente no daba ni para pagar a las 10 personas del equipo inicial, pero tampoco me parece una cifra especialmente deprimente si tenemos en cuenta que sólo era el segundo año operativo. Ergo los 2,7 millones de euros no iban destinados a aguantar las pérdidas iniciales. Mal síntoma: ¿el proyecto arrancó con una inversión muy alta pero descapitalizado? Si alguien entiende mucho más que yo de números –no es difícil- que me lo explique. Aunque ciertas declaraciones de Josep Maria Terré, consejero delegado de 36L Books y Leqtor.com, pueden arrojar algo de luz (traducción del original en catalán):

Cuando nacimos en 2009, pensábamos que la oferta de contenidos se desarrollaría mucho más rápido. En cambio, hoy todavía es muy pequeña, sobre los 10.000 o 12.000 títulos en catalán y castellano. Nosotros no tenemos el control sobre los contenidos. El mercado se mueve muy poco a poco y en la industria no hay unanimidad en el proyecto digital. En los próximos años posiblemente este mercado seguirá estancado y el retorno de beneficios a largo plazo es incluso dudoso. Por todo ello, los socios no quieren seguir invirtiendo.

Extraigo algunas conclusiones (provisionales a la espera de más datos):

a/ Amazon tampoco tiene control sobre los contenidos, pero se ha inventado formas de tener parte del control al permitir que los autores se auto publiquen. No digo que sea fácil hacerlo, pero podrían haber intentado copiar bien.

b/ ¿Por qué se limitaron al castellano y al catalán? No eran un negocio de nicho, por lo tanto no comprendo por qué se metieron en un par de nichos lingüísticos. Sin llegar a ser una Babel, podrían haberse acercado a lenguas vecinas como el portugués y el francés que les asegurara un perímetro mayor.

c/ ¿A qué se refieren cuando dicen largo plazo? ¿Qué retorno esperaban obtener? No creo que sea maduro ni realista cerrar un negocio al cabo de tan sólo dos años de abrirlo, especialmente si pensamos que se trata de un sector nuevo, falto de experiencia y los principales jugadores no están del todo definidos.

Se me ocurre una remota e indeseable posibilidad: que las estimaciones de perímetro del mercado de los años 2010, 2011 y 2012 no fueran tales, sino proyecciones de sus propias ventas. Si eso fuera así deberíamos hablar de un error de apreciación muy grave.

En todo caso: no estoy de acuerdo en que el mercado sea demasiado pequeño y el retorno de la inversión sea exiguo. Sólo lo son en función de su proyecto, no en términos absolutos.

Oferta y competencia

La escasa oferta es el principal argumento de Leqtor para justificar su cierre. También se vieron perjudicados por la aparición de Libranda y la concentración de las majors editoriales a su alrededor.

Veamos: los impulsores de este proyecto eran profesionales del mundo de la cultura y la edición con experiencia contrastada (aunque hay algún que otro nombre de espíritu más aventurero). ¿Se liaron la manta a la cabeza sin consultar a Planeta, Random House, Santillana y un largo etcétera? En caso de haber realizado consultas, ¿les tomaron el pelo? ¿Les respondieron con evasivas y optaron por confiarse? Quizás confiaban que el hecho de ser los primeros obligaría al sector a pasar por el tubo. Ignoro qué sucedió. O qué no sucedió. Lo que sí sé es lo que declaraban las majors en público: con paciencia y una caña. En público no tenían prisa. Y tanto la oferta como la creación de una plataforma mayoritaria dependían de ellos. Eso no implica que 36L Books no tuviera futuro, lo que significa es que no lo tenía al margen de los más grandes.

Puede que me equivoque, que no haya interpretado bien los datos, especialmente los económicos. Pero no tengo ninguna duda que el cierre de Leqtor y 36L Books no es el fracaso del sector, no implica que no haya mercado, no significa –como aducen sus responsables- que el mercado esté estancado y que nada se mueva. Aunque sea a regañadientes, el mercado se moverá. Aunque sea arrastrado por Amazon, deberá moverse. Que a un proyecto le haya faltado cintura, paciencia y una dimensión real, no implica que el resto tenga el fracaso asegurado.

Nota: casi todos los datos mencionados forman parte de un PowerPoint de presentación de 36L Books/Leqtor que actualmente ya no está disponible en su ubicación original en Slideshare. Puede accederse a él en el blog editoraconcarrito.com.

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

8 Comments

  1. Hola Bernat

    Fíjate en la página 5 del pdf, ahí dejan bien claro que las previsiones eran de ventas (se sobreentiende que propias) y no del perímetro de mercado… Con lo cual, si están vendiendo 27.000 ejemplares y su previsión era vender 200.000, la realidad dista mucho del futuro que ellos imaginaban (que era de ciencia-ficción). Sobre las previsiones, de todas formas, contando el número de libros que esperaban tener (200 títulos nuevos cada semana), sale a que esperaban vender una media de 10 ejemplares al año de cada título que tuvieran, lo que, visto así, no parece tan exagerado… díría que más o menos por ahí iba su cálculo. Lo que yo tampoco entiendo es dónde se fueron los 2,7 millones de euros, porque yo trabajo como gestora de proyectos web, he tenido presupuestos en mi mano de grandes plataformas tecnológicas, y sé que la parte técnica (ni que sumes un año de programadores en exclusiva y de mantenimiento de servidores al más alto nivel) cuesta tanto… (a no ser que se la encargues a tu empresa tecnológica amiga con un maletín inflado de por medio).

    1. Hola,

      Creo que tienes razón, aunque me queda algo de duda. Quise pensar que se referían al perímetro del mercado, porque me parecía imposible que fuera una proyección de ventas. Tras tu comentario y volver a leer la página nº5… creo que tienes razón.

      Es cierto que en base a esa alucinante previsión de ventas su cálculo no parece tan exagerado pero… es que el problema que origina el desaguisado es, precisamente, pensar que en tres años venderían, ellos solitos, 900.000 libros. Cuando uno dimensiona un negocio y su inversión no debe atender, como mínimo, dos o tres escenarios diferentes? Creo que ellos sólo contemplaron que todo les fuera de maravilla.

      En cuanto a los 2,7 millones: yo no tengo conocimiento de primera mano acerca del tipo de presupuestos que mencionas (pero sí con otros). Me parecía exagerado y te agradezco que hayas aportado tu visión, con la que coincido. Acerca de los maletines… bueno, prefiero pensar que se les subió el ebook a la cabeza y se vieron amos y señores del boom.

      Gracias por tu visita y tu comentario!

      Bernat

  2. Senyor Esteve 27 abril, 2012 at 22:15

    Una pregunta inocente (lo juro): ¿El Ferran Soriano que consta como accionista, es el mismo de Spanair?

    1. Sí señor, es el mismo. Obvié comentarlo en el artículo pero… sí, da que pensar. Se bajó del proyecto, junto con el editor Folch, hace ya más de un año.

  3. Yo llevaba unos cinco días sin poder entrar pero pensaba que habían tenido algún problema técnico y hoy me entero de que han echado el cierre. Pues vaya. ¿Y los puntos que tenía acumulados? ¿Qué pasa con ellos? ¬¬’ En fin. La noticia de su cierre es una mala noticia, la verdad, por lo menos para mí: yo no puedo comprar libros digitales en Amazon porque no tengo el Kindle (ni lo quiero). Todos los libros en catalán/castellano los compraba ahí (ahora me he pasado a Casa del libro) y los contenidos en inglés (que conforman el 80% de lo que compro) en Kobo. De todas formas, en cuanto al tema de bajas ventas, ya hace tiempo que he llegado a una conclusión: por lo que veo a mi alrededor, la gente está dispuesta a pagar por el continente pero no el contenido. Cada vez que le digo a algún amigo que “me he comprado tal libro digital” o “tal disco en iTunes” me miran con cara de estar viendo a un fantasma y me dicen: “Ah, pero… ¿es que pagas por las descargas digitales?
    Saludos

    1. Hola Mònica,

      Creo que con el paso del tiempo iremos sabiendo más cosas. Uno de los problemas más graves ha sido el del (mal)trato a los clientes. Empezando por el deficiente servicio técnico y de atención al cliente y terminando por el cierre, más propio del de una persiana que del cierre de un negocio on-line que podía haberse hecho mucho mejor.

      En cuanto a la piratería: es cierto, parte del público percibe que si te lo puedes “bajar gratis” no tienes por qué pagar. Pero creo que aquí sufrimos la contaminación de la música y la tierra quemada que las discográficas han dejado: desconfianza hacia la industria cultural de turno. Ojo, porque las editoriales no ayudan: suspechan del público, cuando deberían darle confianza. Creo que la mayor parte de los que preguntan por qué lo compras cuando podrías bajártelo, en realidad no leen en digital: un libro no es un MP3. Muchas cosas pueden salir mal en la edición de un libro, y un libro pirata no es fiable en cuanto a la calidad. Eso sí: el recalcitrante nunca comprará. Pienso que hay un grueso de lectores esperando a que el la oferta madura lo suficiente como para confiar en el libro digital.

      El tema da para un artículo. Gracias por darme ideas!

      Bernat

      1. ¡De nada! Es un debate interesante que siempre da para mucho. En realidad, algunos de los que me hacen este comentario resulta que tienen un lector digital. Y me lo dicen claramente: “Yo no me he comprado ni uno: me los bajo todos”. Y ni siquiera compran las ofertas (en LEQTOR solían poner libros a 2 euros, en Kobo los hay buenísimos a 0,80 (los del estupendo John Locke –el de suspense, no el filósofo–) y ni por ésas. Yo creo que ni aunque costaran 0,10€. ¿Por qué? Pues porque 0,10€ > 0€. Después, que a mí me parece que los precios de los contenidos digitale en España en cuanto a lectura están bastante pasados de frenada. 17€ por un libro digital (sólo 2 de diferencia con su edición de papel) me parece una pasada (el último que he comprado, mismamente, y ni siquiera era novedad). En Kobo encuentro novedades a 9 €, que me parece mucho más razonable. Yo creo que hay un conglomerado de circunstancias que impiden que la cosa despegue. (Perdón por el torro, ¡es que empiezo y no paro!). Saludos.

  4. Pablo Castillo 9 mayo, 2012 at 15:50

    Pues yo compro en Grammata y no tengo ningún problema en leer todo lo que he descargado (comprado) en esta tienda, nunca había comprado en Lecqtor, y siento que haya cerrado pero es la ley de la oferta y la demanda. Con respecto a la facilidad usabilidad, pues la verdad que no sé que problema hay para comprar los libros la verdad. Otro tema es el precio, pero es que por lo que me he enterado, las librerias online, como grammata o Casa del libro y otras, no pueden controlar el precio por la ley del proecio fijo de España. El precio lo controlan los editores. Yo por estár registrado en la de Grammata tengo un 5% de descuento permanente, pero eso lo permite la ley y lo he visto en otras librerias online también. Por cierto, tengo varios dispositivos, dos Papyre y un Sony. Y no le compro nada a AMAZON. Dejo el dinero en librerias Españolas. Un saludo

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