Arsenio Escolar, Presidente de la Asociación de Editores de Prensa Periódica, dice que, pasado el 20N, pedirá un plan de apoyo al sector. Pide que la prensa periódica sea considerada una industria cultural. Alega que es clave para garantizar el derecho a la información. Aunque lo haga con buenas intenciones, confunde la gimnasia con la magnesia y la velocidad con el tocino e intenta confundirnos a nosotros.

Durante los años ochenta del pasado siglo, el Estado español se gastó un dineral llevando a cabo la Reconversión Industrial. En palabras de un conocido político de la época -cuyo nombre no acierto a recordar- llegó a ser más barato mandar a los mineros del carbón de vacaciones a Mallorca todo el año que mantener sus puestos de trabajo. Como no había dinero ni para lo uno, ni para lo otro, se reconvirtió lo que se pudo, se salvó lo que se supo, se truncó la felicidad de decenas de miles de familias, se llenaron de forma ilícita algunos bolsillos pero unos lustros más tarde se vio que todo ello era necesario.

No soy un neoliberal desalmado. Creo que, bien administradas y entendidas, dentro de ciertos límites, las subvenciones son útiles y redundan en un beneficio para todos. Pienso que, en su justa medida, ofrecer incentivos a ciertos sectores estimula la economía y de ello podemos beneficiarnos como sociedad. Pero de ahí a pretender que el Estado socorra a todo un sector va un trecho muy largo. La prensa sufre dos crisis:

a/ La de su modelo de negocio: producida por el cambio de paradigma que también afecta al libro. Pasar de lo analógico a lo digital pone en un brete a quien hoy sigue manchando papel con tinta.

b/ La del resto: la crisis que todos sufrimos, la que ha dejado en la calle a cinco millones de personas en España. La que pone en peligro el Estado del Bienestar. La que nos ha abierto los ojos para darnos cuenta que la pesadilla no termina.

Arsenio Escolar dijo hace poco:

“[los cambios radicales] no tendrían por qué suponer pérdidas de empleo y, de hecho, si no hubieran coincidido con la crisis económica, no se hubieran destruido puestos”

Dejo para los amantes de hemerotecas, registros laborales sectoriales y otros lugares igual de seductores, contrastar el paisaje que dibujan las palabras del Presidente de la AEPP. Personalmente no me las creo. En primer lugar, porque para saber si hubiera sucedido lo que Escolar dice que hubiera sucedido, necesitaríamos una bola de cristal que nos permitiera acceder a mundos paralelos, y con los Juegos Reunidos Geyper que me regalaron de pequeño no venía ninguna. En segundo lugar porque la crisis de modelo de negocio ya llevaba años depauperando a los trabajadores de la prensa, paso previo a prescindir de ellos, que es lo que pasó cuando la crisis -la de todos- se cernió sobre ellos y nosotros.

Arsenio Escolar afirma:

La industria de la prensa es clave para el ejercicio del derecho a la información”

Es posible. Pero también es clave la industria que fabrica los neumáticos que usan las furgonetas que llevan la prensa al quiosco, la industria de la ropa de trabajo que permite vestir a los operarios de las rotativas, o la industria de la telecomunicaciones que me permite leer su periódico on-line. Que alguien sea clave para algo no da patente de corso para su manutención a cargo de todos. Además, es injustamente ineficiente, pues los empresarios que salen adelante por sí solos no reciben nada, mientras que al común de los mortales se le recortan servicios básicos. También pide:

Que [la prensa] sea considerada una industria cultural”

Y yo pido que el atún y la sardina en lata se consideren Alta Cocina y, como tal, sean protegidos como parte del insustituible y sacrosanto acervo gastronómico español. Vamos a desfacer un entuerto: imprimir contenidos no implica promover la cultura, del mismo modo que envasar pescado no implica promover la gastronomía. Que algunas publicaciones periódicas destaquen por su valor cultural no significa que todas destaquen por lo mismo. Sólo hay que ver el periódico que dirige el mismo Arsenio Escolar para ver que, sin menospreciar a nadie, todavía hay clases. 20 Minutos no es un mal producto, es el mejor diario gratuito en España. Las patatas fritas industriales tampoco son un mal producto. Pero, así como estoy convencido que deberíamos preservar el jamón de bellota si este resultara amenazado, también lo estoy que no deberíamos hacer absolutamente nada por salvar una parte de la industria de la patata frita industrial. O toda. La mayoría de los editores de prensa escrita envasan contenidos, no promueven la cultura.

Escolar pide, entro otras cosas, bonificaciones fiscales para todo su sector. No suena mal. Parece que no tenga que costarnos ni un euro. Pero en realidad ese tipo de políticas nos ha conducido hasta donde estamos ahora. Una imprudente política de bonificación de la vivienda contribuyó mucho al crecimiento de la burbuja. Una incontrolada política de subvención de industrias culturales ha permitido el crecimiento de intereses creados, corruptelas, chanchullos y tinglados montados sobre el dinero de todos. Subvencionar mal es promover la picaresca. Si eso no fuera suficiente, resulta que España está unos 10 puntos por detrás que muchos países de la UE en cuanto a presión fiscal, esos países con los que hace tiempo nos gustaba compararnos porque se suponía que íbamos a pillarlos en cuatro días. Y no. No están las arcas públicas para bonificar nada.

Otra cuestión es qué hacemos con un sector tocado y en crisis que ya no puede sostenerse a sí mismo a causa de los errores de bulto cometidos por sus directivos y sus propietarios. Sé, por propia experiencia, que (casi)todos los medios de prensa escrita llaman a la puerta de las grandes empresas cuando se acerca fin de año. No llaman para desear lo mejor para el año que viene: llaman para ver qué pueden mejorar de la inversión publicitaria que dicha empresa realiza. Podría pensarse que los medios presentan sesudas propuestas publicitarias que justifiquen el aumento o el mantenimiento de la inversión, propuestas acompañadas de gráficos en los que sus lectores son desglosados por edad, sexo, preferencias, poder adquisitivo, etc. Siento decepcionarles, eso no funciona así o, mejor dicho, la prensa de papel hace tiempo que perdió esa relación con sus anunciantes. Ahora llaman para saber “qué hay de lo mío”. Rebuscan en sus agendas a la caza del directivo de esa gran empresa que pueda asegurarles alguna prebenda, unos miles de euros más. Muchos ni se preocupan de disfrazarlo como si fuera una propuesta comercial: sabedores que son amigos del amigo de cierto presidente, de cierto consejero delegado, exigen que se respete lo suyo, su cuota. No me lo invento, son cosas que he visto. En plural. Cada cual extraiga sus conclusiones sobre la independencia de la prensa.

¿Ayudas a determinadas empresas para asegurar su modernización, viabilidad y puesta al día? Por supuesto. ¿Fiscalidad blanda para según que situaciones que se sepa sean transitorias? Por qué no. ¿Ayudas a escote, indiscriminadas y sin miramientos, a todo un sector que se ha dormido y que ha dejado que la digitalización le pase por encima? Rotundamente no. En España hay demasiadas editoriales y demasiados medios de comunicación. No hay dinero para tantos medios, o no lo habrá mientras dure el proceso de cambio de paradigma. Dicho cambio lo sufrimos todos: muchos -entre ellos los trabajadores de la edición y la prensa- se adaptan a marchas forzadas. Sus empresas, en vez de hacerlo, ¿prefieren vivir de la sopa boba?

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional