Cuando hace tres años empecé a interesarme por la edición digital, una de las primeras cosas que hice fue buscar el nuevo formato digital estándar. Los que se barajaban en esos momentos eran tres:

 

Mobi (Kindle): que por entonces Amazon acababa de encerrar bajo su plataforma y bajo el formato propietario AZW. La mayoría de comentaristas a los que yo seguía decían de él que técnicamente era la mejor opción pero que su secuestro lo haría comercialmente inviable al cabo de pocos años. Se citaba el antecedente del vídeo en los años 80, cuando Sony licenció el formato VHS y se quedó con Beta. Pese a que el segundo era mejor que el primero, VHS se convirtió en el estándar de facto del mercado. Lo cierto es que, sobre esa base, yo creía que todos los agoreros estaban en lo cierto.

 

Si Mobi no ha desaparecido y si Amazon no ha dado su brazo a torcer a favor de ePub, ha sido porque no ha habido un impulso competitivo por parte de ninguna plataforma rival, ni de edición ni de ventas.

 

ePub: tiene la ventaja de ser el estándar abierto. Impulsado por IDPF, una organización internacional sin ánimo de lucro, su futuro era muy prometedor hace dos o tres años. Sigue adoleciendo de algunos problemas de prestaciones, como la imposibilidad de realizar anotaciones exportables sobre el texto.

 

Aparte de esos pequeños problemas, si ePub no acaba de despegar es debido a las desafortunadas decisiones de los fabricantes de lectores dedicados –que insisten en ofrecer unas funcionalidades deprimentes- a la cerrazón de los editores –que no ven más allá del DRM de Adobe- i de lo bien que lo está haciendo Amazon en uno y otro aspecto: su Kindle es el mejor lector, su sistema de venta también y su catálogo es el más extenso.

 

PDF: el PDF de toda la vida. El de siempre. El que yo siempre he visto con buenos ojos como uno de los formatos viables para el libro digital, pese a la mala prensa de la que es víctima de un tiempo a esta parte. Puede leerse con casi cualquier dispositivo, lo cual no implica que se lea bien desde todos ellos. Por poner un ejemplo: una de las ponentes de una mesa redonda a la que asistí en Liber 2010 exclamó con vehemencia:

 

¡Aún los hay que pretenden vender un PDF como libro digital! Y un PDF no es un libro digital ¡Eso tiene que quedar bien claro!

 

Y yo todavía me estoy preguntando por qué. Esa persona debe desconocer que en las universidades el PDF es un formato muy útil porque permite trabajar sobre el texto. Ignoro qué intereses tiene esa persona en demonizar el formato PDF. Pero el hecho es que el PDF es el malo de la película. En ciertos foros dedicados al software libre al PDF se le perdona la vida. Aunque pesa sobre él el pecado original de haber sido concebido por una empresa como Adobe, no se le condena al infierno del software propietario porque su creador liberó el código hace tiempo.

 

¿Tenemos un problema de formato digital?

Parece que para que un formato de libro digital entre en los cánones de los popes de la cosa, debe cumplir, como mínimo, los siguientes requisitos:

a/ Reflowable: es decir, capaz de adaptarse a cualquier pantalla, desde las 3 pulgadas de las PDA a las tropecientas de un gran televisor.

b/ Cuerpo de letra variable: poder modificar el tamaño de la letra para adaptarlo a personas con dificultades de visión o, sencillamente, al propio gusto de cada cual.

c/ Metadatos: el DNI de todo documento digital que se precie. Es donde encontramos todos los datos necesarios –imprescindibles- para una buena gestión del fondo editorial y para que los buscadores lo encuentren. Cuanto más completos sean los metadatos, mejor.

d/ Hipertextual: aunque eso, como el valor en los soldados, se le supone.

 

¿Debo poder leer cómodamente el mismo libro en mi móvil, PDA, smartbook, netbook, lector de 7 pulgadas, lector de 10 pulgadas, tablet de 7 a 10, portátil con monitor de 15 a 19, PC de sobremesa con monitor de 21, televisor mural de 25, 32 o 42? Si la respuesta es que sí, tenemos un problema. Pero cada vez estoy más convencido que el problema no es de formato, sino de concepto: lo mejor es enemigo de lo bueno.

 

Creo que viajando en pos del formato perfecto hemos perdido de vista el objetivo a largo plazo. Y creo que ese objetivo se resume de manera muy sencilla:

 

Contar con un formato de lectura universal, barato, de uso sencillo, legible por cualquier dispositivo en uso, disponible allí donde vaya, en cualquier momento del día, difundido libremente o compatible con un DRM amistoso y que goce de todas las prestaciones de accesibilidad que la Web 2.0 ya me ofrece.

 

Eso no me encaja ni con mobi, ni con ePub, ni con PDF. Tampoco encaja con cada una de las aplicaciones y formatos que, cual setas en otoño, siguen la estela de todo tipo de sistemas operativos móviles –Android- o bien de dispositivos –iPad, tablets, etc. Esto que acabo de definir ya existe. Hace años que existe. Millones de personas lo usan cada día para escribir y compartir sus ideas. Funciona en cualquier trasto. Funciona con cualquier navegador. Puede integrar foto, audio y vídeo. Compatible con las redes sociales y con RSS, entre otros. Y está en la nube. Gracias a eso usted está leyendo esto. Efectivamente: el mejor formato para el libro digital es un… ¡Blog!

 

He usado la palabra blog para entender el aspecto que tendria la cosa, pero lo llamaré más propiamente cloudbooki ¿Qué diferencia hay entre las prestaciones gráficas de un archivo ePub o Mobi y el de un cloudbook basado en XML y CSS? Las diferencias son marginales, porque bajo el capó de ePub y Mobi encontramos… ¡lenguaje XML y hojas de estilo CSS!. ¿Qué ventajas presenta? Veamos:

 

Lenguaje nativo Web: Basado en XML y CSS, se beneficia de todos los recursos del nuevo estándar HTML 5. Eso significa que puede leerse mediante cualquier navegador, sea del dispositivo que sea. Vive en el Web, es su medio. No se distribuye propiamente: se accede a él del mismo modo que accedemos a cualquier Web.

 

Residente en la nube: con lo cual se terminaron (la mayoría de) los problemas de copia pirata. Pueden implementarse muy fácilmente recursos como anotaciones personales, recortes, préstamo, linkado, etc… todo ello tras las condiciones de acceso que uno establezca, condiciones simplemente protegidas por un sistema de login+password, sin molestos DRM. Mediante este sistema es posible acceder al contenido desde cualquier dispositivo con conexión a Internet.

 

Prestaciones avanzadas universales: para aquellos que necesitan trabajar sobre el texto, un solo formato universal multiplataforma (como el del libro de papel) es, no sólo una buena idea, sino una idea imprescindible. Especialmente indicado para investigadores, periodistas y todo aquel que necesita referenciar, citar y documentar lo que dice. Pero no matemos al PDF antes de tiempo, porque en determinados círculos los PDF seguirán siendo muy útiles. Es posible que el PDF sea la forma de “bajarse” aquellos contenidos que los editores de cloudbooks editen (siempre y cuando lo permitan).

 

Debo confesar que yo era de aquellos a quien el libro en la nube no le hacía mucha gracia. Lo de perder la propiedad del libro me ponía nervioso. Pero cuando uno ve que el libro digital no tienen sentido sin la montaña de prestaciones que encuentro en la nube, se le pasan muchas manías. Y las manías que todavía no se me habían pasado se me quitaron cuando empecé a ver el sinfín y sinsentido de aplicaciones y formatos dedicados a cada dispositivo diferente.

 

No tengo ninguna duda de por donde irán los tiros: el cloudbook bajo streaming marcará el inicio de la madurez del libro digital. Los pasos que demos hasta ese momento son como el gateo del bebé antes de aprender a andar y el balbuceo antes de aprender a hablar.

i cloudbook: libro en la nube. En castellano no me atrevo a hacer una traducción, pues sea como sea, será patillera. Si alguien conoce alguna denominación más adecuada, ruego la comparta. Importante: no confundir con el portátil desarrollado por Everex del mismo nombre. http://es.wikipedia.org/wiki/Cloudbook

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

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