RUINA

Toda transición tecnológica es un proceso complejo que se sabe cómo empieza –aunque no cuándo hasta que sucede– pero se desconoce su final. El intervalo expone a los viejos y nuevos modelos productivos y comerciales a grandes tensiones y desafíos. Muchos veteranos desaparecen, incluso los más grandes. Otros toman su lugar, incluso siendo aún pequeños.

La industria del libro no está acostumbrada a grandes reconversiones. Todas las novedades a las que ha asistido afectaban aspectos más o menos parciales del proceso: la imprenta, que apareció en un contexto de técnicas manuales de copiado en serie y de demanda creciente de libros, cambió poco desde mediados del siglo XV hasta principios del siglo XIX, cuando se inventó la primera imprenta a vapor. Durante el mismo siglo aparecieron, de forma paulatina y gradual, nuevos procedimientos de impresión que mejoraron progresivamente la calidad de lo impreso. Mejoraron técnicas editoriales, herramientas, se especializaron tareas y aparecieron nuevos profesionales. A todo se adaptó la industria porque, al fin, todos los cambios tenían en cuenta la industria del libro.

Esto ha cambiado. La digitalización del libro no puede soslayarse porque pertenece a un cambio tecnológico que afecta a todo lo que nos rodea. No es opcional porque está íntimamente relacionado con las nuevas formas de transmitir información. A medida que pase el tiempo la brecha tecnológica y conceptual entre la edición tradicional y el nuevo ecosistema digital se convertirá en una peligrosa tierra de nadie; a un lado irán pasando todos aquellos integrados en el nuevo ecosistema. Al otro quedarán los apocalípticos incapaces de adaptarse, sea porque no pueden o porque no quieren. No querer, hoy, también es ser incapaz. Libre, pero incapaz al fin y al cabo.

No lo hemos elegido. No nos han preguntado. No nos han dado un plazo razonable. No disponemos de tiempo para ponerlo todo a punto, para dejar que los veteranos se jubilen, formar a los jóvenes en lo nuevo, cambiar poco a poco la cadena de valor. No tenemos los excedentes que nos permitan afrontar la reconversión, ni siquiera tenemos una idea muy clara de qué significa reconvertirse. Nadie la tiene. Nadie sabe. No podemos levantar la mano y detenerlo todo con un toque de silbato porque nos han quitado el silbato.

Internet tiene propiedades que la convierten en algo inédito en la historia tecnológica, puede que sólo a la altura del dominio del fuego o la aparición de la escritura. Si no entendemos que el cambio es de esa magnitud no podemos afrontar el desafío. Internet convierte en información todo lo que toca. También lo convierte en servicio. Veamos algunos ejemplos:

  • Anuncios clasificados. Hace relativamente pocos años uno de los grandes negocios de la prensa era la publicación de anuncios por palabras, clasificados en distintos temas. Periódicos como La Vanguardia fueron célebres por sus gruesos suplementos en los que se podía encontrar de todo. Fue una de las principales fuentes económicas de la prensa, hoy se han visto reducidos a la mínima expresión: no pueden competir con Google ni con páginas especializadas como Segundamano.es.
  • Tiendas de música. Quedan muy pocas y la mayoría sobrevive vendiendo discos de vinilo, ediciones para coleccionistas con extras que no se encuentran en Internet, memorabilia y todo tipo de merchandising. Hoy (casi) nadie se gana la vida vendiendo música envasada en CD. La música ha migrado fundamentalmente a dos lugares: iTunes y Spotify. Su vocación es de servicio, es decir, crear una relación duradera e incluso de dependencia con el cliente. La venta viene luego.
  • Videoclubes. Todavía quedan algunos aunque, como en el caso de la música, su oferta se va especializando y encogiendo. Si hace pocos años todavía dependíamos de relativamente pocos canales de televisión, hoy es cada vez más habitual tener servicios de cine en casa mediante Internet, como Wuaki.tv o televisión por fibra óptica. Hemos pasado de ver lo que hay a elegir qué ver de entre una oferta muy abundante.
  • Salas de cine. El cine no ha cambiado mucho los últimos diez años. La calidad de las películas se mantiene en sus estándares habituales pero las salas de cine cada vez están más vacías y la experiencia de visionado es cada vez peor. La distribución del cine basada en salas de proyección no puede competir con la oferta de canales de cine a la carta, ya sea por Internet o mediante la fibra óptica de los canales de televisión. Si a eso sumamos la creciente calidad de los equipos de imagen y sonido resulta que en casa estamos mejor que en el cine.
  • Alquiler turístico. Empresas como Airbnb permiten optimizar la oferta que antes sólo funcionaba mediante el boca-oreja; nos permiten acceder a miles de pisos en grandes ciudades, no ese que nos comentó ese amigo que estuvo el año pasado. Los costes de transacción siguen siendo comparativamente bajos y la capacidad de competir ya representa un reto para las cadenas hoteleras de cualquier precio, calidad y categoría. Airbnb aporta una capa de orden y confianza en lo que antes era un negocio anecdótico y desestructurado. Un caso de oferta marginal que empieza a competir con los grandes operadores gracias a la aparición de un intermediario altamente disruptivo.
  • Agencias de viajes. Trivago o Booking son dos ejemplos de lo que les ha sucedido a las agencias de viajes. Si lo único que quiero es reservar noches de hotel ya no iré a una agencia de viajes. Lo mismo sucede con un billete de avión o de tren de larga distancia. El negocio de las agencias de viajes ha retrocedido y se ha especializado en ofrecer experiencias difícilmente reproducibles por profanos en la materia.
  • Transporte particular. Uber es uno de los paradigmas de disrupción en mercados históricamente muy regulados como el del taxi. Cualquiera que disponga de un automóvil que esté dispuesto a ofrecer un servicio con unos mínimos de calidad puede darse de alta en Uber. Los costes operativos, como en el caso de Airbnb, son mucho menores que los del sector regulado. Ya ha puesto en aprietos al sector del taxi en varias ciudades del mundo, especialmente en Estados Unidos pero también en Madrid, Barcelona, París o Londres.
  • Autoedición. La autoedición y autopublicación son la demostración que para publicar un libro ya no es necesaria la industria del contenido. Incluso servicios como el de la corrección de estilo, ortográfica y ortotipográfica –por poner sólo tres ejemplos– sólo son optativos, aunque importantes si al autor le preocupa la calidad. La edición sin editores (convencionales) cada vez goza de mejor salud. Repitámoslo: para publicar un libro ya no es necesaria la industria del contenido. Muchos todavía no entienden la importancia de esto.

Prensa, música, cine, alquiler de apartamentos, agencia de viajes, transporte, libros… son sólo siete ejemplos de cómo Internet ha afectado a campos dispares de la economía, la tecnología, la vida diaria. Ninguno de los sectores mencionados fue consultado. Ninguno de ellos dispuso del tiempo necesario para hacer los deberes. Ninguno de los grandes actores que dominaban el mercado antes de Internet lideró ningún cambio. Internet se ha hecho a imagen y semejanza del conocimiento humano y por eso deja fuera de juego cualquier tecnología de la información anterior. Su capacidad de reescalar sectores enteros ya está comprobada pero todavía no sabemos hasta donde puede llegar. Por eso lo transforma todo. Por eso debemos empezar a aceptar que la digitalización del libro no es opcional.

Muchos, cada vez más, ya no compran CD de música, no alquilan ni compran películas en DVD, no van al cine, no alquilan apartamentos en agencias de viajes, hace lustros que no pisan una agencia de viajes, no usan taxis para moverse por su ciudad ni intentan que una editorial acepte editar su libro.

Al final, lo de menos será si los libros son de papel o digitales. Se están diversificando de tal modo aspectos como la edición, publicación, venta y lectura que el soporte será lo que siempre ha sido: un simple imperativo industrial, casi un accidente. No podemos ensimismarnos en la cadena de valor del libro de papel cuando todo lo demás está siendo subvertido, reinventado. Los libros seguirán siendo libros como la música o el cine o el transporte sigue existiendo. Lo que no sabemos es cuántos editores quedarán.

La nueva dicotomía no es entre el libro de papel o el libro digital, sino entre la digitalización del libro y la desaparición de los actores convencionales, anteriores a Internet. Cuando desaparece la tienda de discos y no desaparece la venta de música; cuando desaparece la tienda de DVD y cierran salas de cine pero no desaparece el cine; cuando las agencias de viajes lo pasan mal pero los hoteles y aviones siguen llenos; cuando los taxistas ven que su licencia no les protege de una realidad mucho más ágil y eficiente; cuando decenas de miles de autores ya no buscan editorial. Cuando ves todo esto, amigo editor, ¿de veras crees que a ti no te puede pasar lo mismo?

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

10 Comments

  1. […] – Toda transición tecnológica es un proceso complejo que se sabe cómo empieza –aunque no cuándo hasta que sucede– pero se desconoce su final. El intervalo expone a los viejos y nuevos modelos produ…  […]

  2. Ríos de tinta electrónica 12 agosto, 2015 at 10:48

    Enhorabuena por el artículo Bernat, muy interesante.
    Un comentario nada más, que no quita razón a lo que has dicho. En mi modesta opinión el futuro del libro puede parecerse al de las velas de cera, evidentemente no pueden competir con la bombilla, pero no han desaparecido porque siguen teniendo su mercado no necesariamente de nicho y que factura millones de euros al año.
    Algo parecido le ha ocurrido al vinilo, que ha tenido un crecimiento de ventas en los últimos años y que aunque ya no le va a hacer la competencia al formato digital sigue teniendo su mercado.
    Es probable que sigamos viendo libros en papel durante muchos años.
    Un saludo.

  3. […] La dicotomía actual no es entre el libro de papel o el libro digital, sino entre la digitalización del libro y la desaparición de los actores convencionales, anteriores a Internet.  […]

  4. Creo que los libros de papel no desaparecerán, pero si sectores que sectores editoriales completos., Por ejemplo ya han desaparecidos el sector de Atlas Geográficos, el sector de Enciclopedias, el sector de Diccionarios, el sector de callejeros de ciudades y el sector de revistas especializadas, de jardinería, labores, bricolage, moto etc,

    Que sectores no desaparecerán, aquellos que la impresión en papel ofrece ventajas palpables sobre la obra digital, Por ejemplo, los cuentos de mi nieta de dos años, escritos sobre cartones troquelados sigue boyante, las Tablet no pueden competir en ese sector, Otro ejemplo, para leer en la playa es más cómodo una novelucha, que si se llena de arena, se moja o te la roban, no pasa nada que un snartphone. Los facsimil de libros antiguos, como el Libro de las Horas del Duque de Berry, seguiran existiendo en papel y probblemente haya quien los libros basicos de nuestra literatura, como La Divina Comedia ilustrada por Gustavo Doré y como estre habrá varios sectores más de lo nás variopinto, por ejemplo manuales de electrodomésticos en 23 idomas, o cosas parecidas,

    El publico dirá si prefiere el libro de recetas de cocina editado en plástico lavable o en digital. Yo creo que el editor que se lo proponga, encontrará como ganarse la vida, pero ha de ser muy imaginativo y adaptarse a lo que quiere el público. Por ejemplo para Sant Jordi en Barcelna creo que las novias catalanas, seguirán regalando un libro al novio, mo las veo pasandolos un pendriver.

    Lo que si veremos es como poco a poco el libro digital se aparte del libro scaneado, mi página mi indice tiene sentido en el libro digital, un libro digital, se parecerá a uno impreso similar, lo que Google Maps se parece a el Atlas de Aguilar, o u videojuego, al parchís..
    ,

  5. […] Fuente original: La digitalización del libro ya no es opcional | verba volant, scripta manent. […]

  6. […] primero que he pensado, con todo el cariño para Bernat, es que la digitalización del libro SÍ es opcional. Casi con seguridad, en esa opción consciente, diferencial y de valor habrá proyectos que salgan […]

  7. […] Origen: La digitalización del libro ya no es opcional […]

  8. […] a muchos nos resulta incomprensible. Y digitalizar, como hace unos meses decía con brillantez Bernat Ruiz, ya no es una opción, es un […]

  9. […] a muchos nos resulta incomprensible. Y digitalizar, como hace unos meses decía con brillantez Bernat Ruiz, ya no es una opción, es un […]

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