PREYSLER_VARGASLLOSA

La palabra casta se ha puesto de moda para evidenciar el vergonzoso comportamiento de una élite política, económica y social. No es una palabra que me guste pero reconozco que es útil, diáfana, descriptiva. Al oír casta ya sabemos a qué se refieren. Castas hay más de una o, si quieren, muchas. Una de ellas es la casta cultural.

Antes de seguir hablando de casta veremos qué tuiteó ayer la escritora Laura Freixas:

El artículo del peruano hablaba de Nietzsche y no tiene nada que ver con el tema. Un buen puñado de tuiteros, algunos bastante ilustres, opinaron que su tuit era machista. Yo no creo que lo sea –más adelante lo argumentaré– pero Freixas acabó de estropear la tarde diciendo esto:

Impresionante. Pese a que este y otros tuits son bastante desafortunados viniendo de una escritora que se ha distinguido por su lucha por la igualdad de la mujer, censurarla por machista sería ir demasiado lejos. Twitter tiene estas cosas, te da la sensación que estás en el bar con los amigos cuando te lee –potencialmente– medio país. Quien esté libre de decir tonterías en Twitter que lance el primer tuit.

No es machismo, es clasismo

La tercera acepción del diccionario de la RAE define casta como:

En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.

Freixas cree que Isabel Preysler es una ama de casa inculta. Más allá del peculiar concepto de ama de casa me sorprende la presunción de incultura. Tamara Falcó parece más simple que el mecanismo de un chupete pero a la madre no le recuerdo ninguna salida de tono que me permita suponer que es inculta. Al contrario, tiene un ‘saber estar’ en situaciones en las que yo delataría el pelagatos leído que soy; en eso la Preysler es muy culta. I no es ninguna tonta.

Tampoco sabemos a qué dedica el tiempo libre la nueva pareja de Vargas Llosa pero tiempo, medios y oportunidades de adquirir una vastísima cultura los ha tenido.

Que Isabel Preysler sea una mujer y Mario Vargas Llosa un hombre es un árbol que no debe impedirnos ver el bosque tras el tuit de la escritora catalana: Freixas cree que la Preysler no merece ser pareja del escritor porque (cree que) es una inculta. Freixas dice que Vargas Llosa la ha decepcionado porque supone que no ha elegido alguien culto; tampoco nos aclara qué consideración le merecía Patricia Llosa quien, legalmente, todavía es la mujer del escritor. La que también es su prima era bastante más inculta que la anterior pareja del premio Nobel, su tía política Julia Urquidi, ésta sí con más cultura incluso que él, al menos cuando se emparejaron. Ha llovido mucho desde entonces.

A Freixas le molesta que la Preysler sea de la casta ‘equivocada’. La Preysler debe emparejarse con hombres (supuestamente) ricos pero no intelectuales. ¿Por qué? Menuda pregunta… porque se supone que un hombre culto sólo puede ser feliz con una mujer culta. Y viceversa, claro. Me imagino a los hombres (cultos) sonriendo con ironía mientras las mujeres (cultas) enarcan escépticamente una ceja. Y viceversa, claro.

Hay cierto tipo de intelectual al que no le gusta que le toquen ‘lo suyo’, no porque crean que es un tema que dominan –posición hasta cierto punto legítima– sino porque creen ser sus legítimos administradores. Es un tipo de intelectual que cree que el Canon Cultural (Occidental) está cincelado en mármol y sólo deben administrarlo aquellos a quien la Academia ha ungido sacerdotes. Debemos entender la Academia como un sistema que, por cooptación vertical descendente –el sentido es importante– autoriza a unos cuantos elegidos a impartir doctrina para el goce y guía de los lerdos; forman parte de la Academia los catedráticos, profesores, críticos, editores y escritores de la cosa entre otros personajes pululando alrededor. Este tipo de intelectual –ojo, no todos son así– es profundamente clasista; puede que no vea problemas en el emparejamiento entre ricos y pobres pero no puede evitar afear la unión entre cultos e incultos.

Cuando los medios de producción y distribución de la información estaban en manos de muy pocos porque su creación y mantenimiento costaba mucho dinero esta manera de entender la cultura podía tener su sentido. La cultura debía administrarse verticalmente por imperativo industrial, desde unos pocos que elegían a muchísimos que consumían. Había una clara separación entre Alta y Baja cultura, la primera recibía la bendición de la Academia, la segunda era producida en masa por los propietarios de los medios de producción para el sucio goce de incultos o se la procuraban ellos mismos en sus pintorescas fiestas.

Vivimos rodeados de ricos y pobres, de cultos e incultos pero algo ha cambiado: la información circula por las grietas del sistema erosionando el Canon Cultural (Occidental) y llevándose por delante un sacerdocio que, falto de ‘auctoritas’ descubre que su ‘potestas’ es impotente ante un ‘populus’ que ya se atreve a elegir por sí mismo y sin guía. Así, poco a poco, las grietas se convierten en regueros de los que manan raudales que socavan el Canon.

Así como hay gente con tres carreras universitarias que no ha vuelto a abrir un libro en su vida y son más burros que Platero también los hay que no han pasado del graduado escolar pero se han brindado a si mismos una cultura enciclopédica. No puedo entender cómo Laura Freixas defiende la igualdad de la mujer –causa que comparto pese a no ser una mujer– y a la vez censura el estilo de vida de una persona que si algo ha demostrado es elegir libremente sus parejas, su forma de vivir y su cirujano plástico. Puede que yo no comparta es estilo de vida –Freixas seguro que no– pero no soy quién para suponer que Isabel Preysler es inculta ni doy por sentado que una inculta no puede hacer feliz a Vargas Llosa.

Laura Freixas cree que ella merece ser pareja de Vargas Llosa –de otro modo no se sentiría decepcionada– y eso delata que, para ella, hay una casta cultural que merecería ser tratada de una manera especial. Quizás ha sido así hasta ahora, quizás no en asuntos de cama –que también– pero sí en muchos otros. Ejercer la intelectualidad desde la Acrópolis Académica les ha hecho perder el sentido de la realidad. No han visto, como sí hizo Alessandro Baricco hace ya unos años, que Los Bárbaros se acercan. Ya están aquí. Nada volverá a ser igual.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

2 Comments

  1. No deja de sorprenderme un asunto como éste. No el emparejamiento de un hombre famoso (intelectual, escritor) con la mujer que sea, sino la polémica que suscita.
    No he leido ninguna obra de Vargas Llosa completa, hace mucho comencé “La guerra del fin del mundo” pero la abandoné a un tercio. He leído muchos artículos suyos, supongo que me pierdo algo no leyendo su obra literaria pero el tiempo es limitado y lo dedico a leer otras cosas. No dejó de sorprenderme un poco el asunto con su nueva pareja, pero lo archivé en las cosas sin importancia. Así que me sorprende de la airada reación de Laura Freixas.
    Espero que la señora Preysler con el tiempo y los medios que ha tenido a su alcance (lo que hubiera hecho yo con ellos) sea culta, muy culta, y no lo exprese. Vamos que sea una esfinge con un gran enigma. El problema de las esfinges de este tipo que es que no suele haber enigma alguno, sino que son lo bastante inteligentes para no abrir la boca y delatarse, pero mejor que no sea este el caso.
    Porque el caso se parece mucho en su polémica a la relación J.W. Goethe-Christiane Vulpius, anafabeta ella, y la airada respuesta de la sociedad de Weimar y de la exquisita y culta Gertrude Stein (había un obstáculo, estaba casada) Y es que estas cosas pasan, mal que les pese a las mujeres cultas e intelectuales, que no hay nada como la criada, la campesina o la famosa.
    Por cierto, lo que no tiene desperdicio son los comentarios en el primer enlace a la noticia. Eso es la cultura contemporánea: karma y faltas de ortografía.

  2. Hespeterusa lástima que no hayas leído “La ciudad y los perros”, “La tia julia y el escribidor”, “Pantaléon y las visitadoras” o “Conversación en la catedral”. Obras maestras….Leer que sólo has leído un tercio de “La guerra del fin del mundo” y que dedicas tu poco tiempo a leer otras cosas causa cierta ¿”indignación clasista”? En fin cada uno hace con su tiempo lo que quiere y lo que puede. Sldos…

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