OLYMPUS DIGITAL CAMERA– Fotografía: Wikipedia

Cuando hace más de dos años empezamos el desarrollo de Røter teníamos más incertidumbres que certezas. Dos de las incertidumbres estaban relacionadas con la percepción de los editores; por un lado cómo explicar qué es Røter a un sector cuya digitalización es plenamente instrumental pero todavía no es estratégica; por otro lado cómo transmitir por qué es importante pasar de un proceso de trabajo WYSIWYG a otro WYSIWYM.

Røter como ‘hub editorial’

Al final llegamos a la conclusión que Røter es un hub editorial. La expresión no es nueva y es utilizada ya por algunas empresas del sector editorial, aunque no por un servicio como el que ofrece Røter. El concepto de hub está relacionado con aplicaciones mecánicas, de comunicaciones y transportes. Røter actúa como un nexo entre el contenido en bruto y los formatos comerciales finales y permite cerrar el ciclo editorial adaptando el contenido a la respuesta del mercado y a las nuevas necesidades y formatos que vayan apareciendo. Por eso llamamos a Røter hub editorial.

Del WYSIWYG al WYSIWYM

Si la definición de Røter entraña dificultades, mucho más complicado es convencer a los editores que es necesario pasar de un proceso de trabajo WYSIWYG a otro WYSIWYM. Según nos cuenta la Wikipedia, WYSIWYG es:

[…] el acrónimo de What You See Is What You Get (en español, “lo que ves es lo que obtienes”). Se aplica a los procesadores de texto y otros editores de texto con formato […] que permiten escribir un documento viendo directamente el resultado final, frecuentemente el resultado impreso.

Por ejemplo, tanto Word de Microsoft como InDesign de Adobe son programas en los que aquello que vemos en pantalla es fiel reflejo del resultado final. Cuando exportamos un PDF para imprenta desde InDesign no tenemos ninguna duda –si lo hemos hecho todo bien– de cómo será el resultado en papel. El proceso WYSIWYM trabaja de modo diferente. Veamos qué dice Wikipedia:

WYSIWYM es un acrónimo que significa “lo que ves es lo que quieres decir” (en inglés: What You See Is What You Mean). […] el usuario se encarga de introducir los contenidos de forma estructurada siguiendo su valor semántico, en lugar de indicar su formato de representación final. Por ejemplo, indicando si lo que está escribiendo es un título, una sección, un autor, etc.

Røter es un editor WYSIWYM. Eso significa que el contenido se edita por un lado mientras que el formato –la maquetación– se aplica al final gracias a plantillas CSS. Es decir, necesitamos realizar previsualizaciones de prueba para ver cómo va quedando, no lo vemos directamente en pantalla.

A muchos editores eso les parecerá un innecesario paso atrás. Si ahora pueden controlar hasta en los detalles más nimios la maquetación de un libro, ¿por qué trabajar con una herramienta que automatiza dicho proceso con la pérdida de control que ello conlleva? Para responder a dicha pregunta debemos retroceder un poco en el tiempo, unos quinientos años.

Del WYSIWYG de la Edad Media al WYSIWYM de la imprenta.

Tanto en los scriptorium monacales como en los de las catedrales urbanas se trabajaba bajo procesos WYSIWYG; el trabajo de los amanuenses se reflejaba directamente en la obra final porque trabajaban sobre la misma obra final. Pese a que la aparición de las universidades llevó a la adopción de procesos más eficientes el sistema no cambió en lo esencial hasta la aparición de la imprenta (ver LA APARICIÓN DEL LIBRO, Lucien Febvre y Henri-Jean Martin. México DF, 2005. Fondo de Cultura Económica).

Con la imprenta aparece el primer proceso WYSIWYM de la historia del libro. Es la primera vez que autores y copistas –y luego editores– pierden el control directo del aspecto final de los ejemplares de la obra. Saben que serán todos iguales, saben que se producirán en masa, en poco tiempo y a un coste asequible. Aunque los primeros tipos móviles intentaron copiar el aspecto manual de los libros copiados a mano llegando a producir tipos especiales que reprodujeran las ligaduras entre diversas letras y sílabas, pronto los fundidores aprendieron que un verdadero trabajo estándar exigía una profunda renovación estilística.

Desde el siglo XV hasta finales del siglo XX el sector editorial trabajó bajo criterios WYSIWYM. Hasta finales del siglo XVIII hubo muy poco avance tecnológico y el siglo XIX sólo vio progresos industriales y de producción en masa. Mejoró la velocidad y la calidad de impresión, se abarataron procesos, pero ni autor ni editor sabían, de antemano, qué aspecto tendría la obra final y tampoco tenían demasiado control sobre ella –y no parecía preocupar mucho nadie en comparación con los quebraderos de cabeza que sí causaban los cajistas humanos poco cuidadosos. Eso tampoco cambió cuando Ottmar Mergenthaler inventó la linotipia en 1886. La composición del texto a imprimir se aceleró mucho pero esa ventaja sólo fue aprovechada por los impresores; Los editores sólo podían contar con algunas impresiones de prueba para realizar los cambios imprescindibles.

La linotipia no cayó en desuso hasta la década de los 70 del siglo XX y la fotocomposición tampoco cambió demasiado el panorama. La aparición del programa PageMaker en 1985 sí lo cambió todo; tras quinientos años trabajando bajo parámetros WYSIWYM la edición empezó a controlar el diseño de lo impreso antes de llevarlo a imprenta.

El espejismo del control o cómo desandar treinta años

El paso a WYSIWYG fue un gran avance pero también un callejón tecnológico sin salida; aparecieron programas como QuarkXPress, Freehand e InDesign, sin los cuales no podríamos entender los últimos treinta años. La calidad de la impresión alcanzó lo nunca visto pero esa plena digitalización instrumental implicaba la fosilización estratégica de un mundo analógico. Programas como InDesign son un avance incremental en comparación con la imprenta de tipos, la linotipia y la fotocomposición pero demuestran el agotamiento de una forma de hacer libros. No se puede ir más allá si consideramos los retos de la nueva industria digital de contenidos.

Mientras el libro de papel fue el único libro posible el camino descrito fue el único viable, una senda de especialización extrema. Si los editores hubieran controlado desde el principio el libro digital es probable que el nuevo paradigma se basara en el PDF o un formato WYSIWYG similar porque ninguna industria manda a la basura treinta años de desarrollo tecnológico –y mucho menos quinientos. Pero así como la gran disrupción de la imprenta fue impulsada por orfebres –algunos de los tecnólogos del siglo XV, totalmente ajenos al copiado manual– el actual libro digital fue impulsado por los tecnólogos de nuestra época y por eso en las entrañas de los libros digitales tenemos XML y HTML, lenguajes de programación –para ser más precisos, de marcado– totalmente ajenos al sector editorial.

Las herramientas WYSIWYG ofrecen un control absoluto del resultado final de una obra impresa, pero casi no ofrecen nada para el resto de ventanas y entornos de publicación. No sólo debemos contar con la dicotomía entre libro de papel y libro digital, también debemos tener en cuenta nuevos entornos de lectura en redes sociales, tabletas y smartphones, mediante descarga del archivo o lectura en la nube. El nuevo escenario implica responder a los formatos actuales pero también a los futuros y, bajo ese prisma, es suicida seguir ligados a herramientas pensadas sólo para publicar los mejores libros de papel. Con dichas herramientas el texto editado es texto muerto en otros formatos. Por mucho que las últimas versiones incorporen opciones de exportación a formatos digitales el modo de trabajo que imponen es ajeno al nuevo paradigma. Si en siglo XV le pidiéramos a un amanuense que copiara a mano un libro entero para mandar esa copia a la imprenta de Gutemberg estaríamos cometiendo un absurdo despilfarro.

¿Y la calidad ortotipográfica?

Editar y maquetar un libro para luego mandar el PDF a convertir a EPUB –y a cualquier otro formato– equivale a tirar el dinero. Lo que muchos editores se deben estar planteando es: si el proceso WYSIWYM automatiza la maquetación, ¿dónde queda la ortotipografía?

Las herramientas digitales WYSIWYG permiten controlar hasta la náusea detalles que antes de 1985 estaban sujetos a severas limitaciones técnicas. Hoy es posible reproducir detalles (casi) imperceptibles por el ojo humano.

Media una gran distancia entre los criterios ortotipográficos de los editores y la percepción de calidad de los lectores ante un libro de papel. Muchos de los problemas que vemos quienes tenemos el ojo entrenado pasan absolutamente desapercibidos para la gran mayoría de lectores. No es que no los vean, es que para ellos no son –ni serán nunca– ni un error ni un problema y no comparten nuestro horror ante las viudas y las huérfanas, por poner sólo un ejemplo.

Viudas y huérfanas, siguiendo con el ejemplo, son sólo un problema en la edición de papel y es bastante más raro oír hablar de ellas en la edición digital –aunque hay quién lo intenta– porque la posibilidad del lector de adaptar el texto según su comodidad a cada dispositivo implica que, o bien nunca quedarán líneas viudas ni huérfanas, o bien siempre serán distintas.

Lo que todo esto significa es que ante el reto de editar contenidos para distintas ventanas de exhibición –papel, digital, lectura en la nube, en el PC, en la Tablet, en el Smartphone, etc.– debemos hallar un nuevo común denominador de calidad de producción que pueda incluirlas a todas. Para eso es necesario desandar parte del camino ortotipográfico de los últimos treinta años o de lo contrario a las editoriales les costará mucho más, en términos de aprendizaje, tiempo dedicado y dinero invertido, adaptarse al nuevo paradigma. Para ser más claros: sobrevivir a lo digital implica bajar el nivel de auto exigencia ortotipográfica en papel al nivel de exigencia de calidad percibida del común de los lectores.

Aquí es donde el concepto de hub editorial enunciado al principio toma sentido: trabajando el contenido en HTML este siempre estará disponible para tomar el formato comercial que sea necesario, sea presente o futuro. No solo es posible producir un PDF para imprenta y otros formatos digitales, es que nunca más será necesario maquetar un PDF para imprenta y la decisión de editar tapa dura, rústica y bolsillo será una simple cuestión de ejemplares a imprimir, no de costes de maquetación. Debemos pasar de la edición analógica con herramientas digitales de libros de papel a la edición digital de todo tipo de formatos comerciales, incluidos los de papel.

El reto, para nosotros en Røter y para los desarrolladores de cualquier plataforma similar, es ofrecer herramientas capaces de satisfacer las necesidades de esos editores, acercándonos en lo posible a los estándares ortotipográficos actuales siendo conscientes que alcanzar el 100% no sólo no es posible, ni siquiera es estratégicamente recomendable. La flexibilidad del mercado editorial exige herramientas versátiles capaces de adaptarse a los constantes cambios en entornos y formatos. Lo que nunca debe cambiar es la exigencia de los editores de libros, de las editoriales independientes, de ofrecer a sus lectores los mejores contenidos.

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Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

10 Comments

  1. Me parece muy interesante para libros en los que predomine el texto (edición de novelas por ejemplo). pero me surgen dudas sobre el tratamiento de las imágenes: ¿hay que indicarle al programa el tamaño, la apariencia, el lugar donde deben ir?. Por otro lado está el tema de las publicaciones científicas: hoy por hoy (y creo que eso tardará en cambiar en el mundo académico), las referencias bibliográficas requieren indicar datos como el número de la página que se está citando (por ejemplo de un artículo), lo que en formatos digitales “cambiantes” (por ejemplo el epub) no puede hacerse y eso está frenando mucho la elección de este tipo de formatos frente al PDF que mantiene la apariencia del libro impreso. Por cierto, felicidades por tan magnífico blog que seguiré con interés. Un cordial saludo.

    1. Una referencia bibliográfica puede enlazarse mediante un hipervínculo, por ejemplo. A mi modo de ver, el freno a las publicaciones científicas viene condicionado por la dificultad de expresar fórmulas matemáticas en formatos como el ePub2. Con la estandarización de ePub3 es posible utilizar el lenguaje MathML y el problema desaparece. Creo que no es tanto una cuestión de resolver los detalles técnicos como de realizar un cambio de mentalidad, de estructuración de los textos o los papers.

      1. Estoy de acuerdo con que los enlaces mediante marcadores e hipervínculos son una forma de enriquecer la obra publicada (nosotros lo hacemos así); me refería más bien a las convenciones en la cita de obras dentro de un texto científico. Por ejemplo, nosotros publicamos obras especializadas sobre Patrimonio Cultural (Arqueología, Historia, etc.); los libros y artículos contienen numerosas citas bibliográficas de trabajos publicados con anterioridad, en muchas ocasiones obras no digitalizadas, por lo que se siguen convenciones internacionales a la hora de citar al autor, el año de la publicación y la página. Ejemplo: (Menéndez, 1989, 125, Figs. 4 y 5). Con un texto corrido en HTML de una publicación en línea únicamente puedes citar el autor y año y algo similar ocurre con los epub; está claro que en la obra digital puedes hacer una búsqueda rápida sobre el texto, pero el formato PDF mantiene la apariencia tradicional del libro (con todas las ventajas interactivas que pueda aplicarle) y eso para la mayoría de investigadores es fundamental (aunque con el tiempo cambiará y tendremos que estar preparados…). Un saludo.

      2. Hola, Enric.
        (disculpad el lio con el usuario)

        Lo que dices es cierto, pero me temo que no tiene una solución universal. Si se adoptan nuevos formatos y, por tanto, se propone un cambio en las convenciones de cita habrá damnificados. La nuestra es una época de transición en la que convivirá el papel, el pdf, los estándares ePub y lo que esté por venir. Sin embargo digitalizar para “mantener la apariencia tradicional del un libro” creo que es un error: salva los muebles en el corto plazo, pero no nos permite avanzar y, además, se producen cantidades ingentes de documentación en formatos digitales que no son estándar cuyo futuro tampoco está claro. Los archivos se podrán leer, pero ¿serán útiles?

        Así, a vuelapluma y sin estudiar un caso concreto, no sabría proponer soluciones, pero poder o no poder localizar la información mediante un número de página concreto me parece una trivialidad, algo que no debería condicionar la adopción de nuevos estándares en la digitalización de documentos. Naturalmente la pelota está en el tejado de los editores y es a nosotros a quienes corresponde ofrecer una solución que sea útil a los creadores de ese tipo de obras.

        Saludos,

        1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, aunque entiendo que siguen habiendo mucho miedos al cambio; simplemente el hecho de convencer al investigador de turno (muchos de ellos publicando en revistas científicas en papel desde hace treinta o cuarenta años) que cambie sus esquemas académicos y se pase a las publicaciones digitales, ya es todo un reto. Imagino que en parte es es una cuestión generacional, ya que los más jóvenes (y otros menos jóvenes que apuestan por lo que ellos aún califican de “nuevas tecnologías”) ya aceptan que sus trabajos (tras ser publicados en papel) sean colgados en formato PDF en repositorios y comunidades de intercambio tipo Academia.edu. Conseguir que publiquen exclusivamente en PDF (aunque sea el formato interactivo que nosotros les ofrecemos) es una batalla de varios años; algunos se siguen echando atrás en cuanto les dices que únicamente tendrán la versión digital, aunque intentes convencerles de que el papel no es interactivo; otros te piden que, al menos, les edites una versión en CD (imagino que sienten la necesidad de tener algo físico que les una a su publicación). O sea que, como bien dices, estamos aún en un momento de transición y, del mismo modo que se está viendo en el caso de otras publicaciones (muchos auguraban que para 2015 la venta de libros en papel sería anecdótica frente al formato digital), me temo que irá para largo. Y en efecto, está en nuestras manos ofrecer alternativas viables y “convencer” para que este panorama cambie. Un saludo y enhorabuena por el blog.

  2. Yo no hablaría de rebajar el nivel de exigencia ortotipográfica -aunque en papel hace tiempo que se bajó y las viudas y huérfanas campan a sus anchas- puesto que todo lo que sea rebajar exigencia es siempre un mal paso, sino más bien de que las normas ortotipográficas se están modificando ante nuevas formas de lectura en las que frente a lo fijo e inmutable nos encontramos con un medio dinámico y fluido. Pero viudas y huérfanas, por ejemplo, sí se pueden controlar en edición digital y de hecho casi todo se puede controlar. Tanto HTML como CSS están preparados para gestionar más de lo que se cree, el problema son los dispositivos y el software de lectura, de la mismas forma que en los años 90 -y ahora también, en realidad, pues seguimos teniendo problemas con CSS3 y HTML5- eran los navegadores de internet los que no eran capaces de interpretar o hacerlo correctamente o de la misma forma las instrucciones del código. Son los aparatos lo que deben adaptarse para poder interpretar todo lo que el código es capaz de hacer para así facilitar una experiencia de lectura lo mejor posible al lector digital. Pero sí, lo fundamental es cambiar el chip y pasar de trabajar con el formato final como hasta ahora a trabajar con un contenido estructurado y correctamente etiquetado que nos permita generar múltiples formatos incluso los que todavía ni existen. En definitiva pensar en digital y separar siempre contenido y formato.
    Por cierto, sobre corrección ortotipográfica para ebook: http://venzala.wordpress.com/2014/10/28/correctores-2-0-ortotipografia-digital/

  3. […] último artículo acerca de los procesos WYSIWYG y WYSIWYM provocó algunas reacciones airadas y una peculiar conversación en Twitter. Pese a que en más de […]

  4. Todos vendemos humo y es necesario venderlo, es necesario, siempre lo he dicho, sobre todo cuando inicial algo, un proyecto, una idea, un producto, es necesario.
    Es muy fácil criticar, cuando tomas una iniciativa/idea en este país de envidiosos aposentados en la inercia del pasado, es complicado.
    Bernat, te deseo toda la suerte del mundo en “Røter” y que en un futuro no muy lejano nos podamos reír y tomar una copa de cava.

    Saludos cordiales.

  5. Dejo este comentario aquí, después de leer este post y el que le sigue, así como la polémica suscitada. una polémica que, por cierto, no acabo de comprender.
    Antes de trabajar en el entorno digital editorial en el que ahora me muevo, fui durante más de 10 años una editora tradicional que empezó su andadura en el sector como correctora de estilo. Trabajé con grandes maestros que me inculcaron un alto nivel de xigencia en la calidad de la edición. Las normas tipográficas siguen formando parte de mi adn profesional, y pese a que llevo años apartada de la producción en papel, sigo leyendo en ese formato y sigue poniénndome los pelos de punta la indiferencia que muchas editoriales muestran ante la tipografía (por no mencionar las traducciones y la inexistente corrección de estilo, pero ésa es otra guerra). Soy, pues, una lectora y una profesional muy sensible a la calidad de los libros, tanto en la forma como en el fondo. Y a pesar de ello estoy de acuerdo en que no podemos aplicar los mismos estándares a todos los nuevos formatos. Que no tiene sentido hablar de viudas y huérfanas, por citar un ejemplo, en un formato que no tiene páginas, sino tan sólo una simulación de éstas para que el lechor/esitor/autor se sienta más cómodo.
    Ante las situaciones nuevas, lo normal es adoptar los patrones de comportamiento usados en situaciones conocidas similares. Ese fue el comportamiento inicial y lógico ante el ebook: la réplica o clonación del modelo de papel en el digital. Tuvo, pues, sentido que los lectores simularan el paso de páginas como en el libro en papel, y que se digiitalizaran los,textos desde un pdf de imprenta. Incluso que se vendieran pdf como libros digitales. También que se copiaran los sistemas de distribución y venta. Pero hoy en día la clonación de modelos ni es ya necesaria ni es conveniente.
    Aplaudo, pues, la cración de sistemas de generación de contenidos multiformato que eviten costosos procesos de duplicación de trabajo a los editores. Aplaudo que haya profesionales creativos que entiendan que la industria del libro tiene nuevas exigencias (muchas provenientes de los propoios lectores) y que necesita nuevas herramientas para poder satisfacerlas.
    Desconozco cómo es y cómo funciona esta nueva herramienta, pero es una apuesta que responde a una necesidad. El problema es que ni editores ni autores saben aún que la tienen.
    Enhorabuena, Bernat, y mucha suerte.

  6. […] de que #ebookspain se constituía como la Asociación Española de Edición Digital, y de la presentación de Roter, un sistema de generación de contenidos multiformato. Dos buenas noticias para terminar el […]

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