BEZOS1

– Imagen: Wikipedia

Admiróse un portugués

de ver que en su tierna infancia

todos los niños en Francia

supiesen hablar francés.

«Arte diabólica es»,

dijo, torciendo el mostacho,

«que para hablar en gabacho

un fidalgo en Portugal

llega a viejo y lo habla mal;

y aquí lo parla un muchacho».

 

Saber sin estudiar

Nicolás Fernández de Moratín (1737 – 1780)

Sorprendidos están ahora los franceses de ver que en sus mismas narices la diabólica Amazon se ha pasado por el arco del triunfo la Ley Nº 2014-779 de 8 de julio 2014. La compañía de Jeff Bezos lo ha hecho, además, con el más exquisito respeto a la ley recién aprobada que regula la venta y el envío a distancia de libros de papel y prohíbe su envío gratuito. El Artículo 1 que modifica también el primer artículo de la Ley Nº 81-766 de 10 de agosto de 1981 –llamada Ley Lang– que establece el precio fijo en Francia (traducción propia a partir del original en francés):

[…]

Cuando el libro se envía al comprador sin recogerse en librerías al por menor, el precio de venta es el fijado por el editor o el importador. El minorista puede practicar un descuento de hasta el 5% sobre el precio del servicio de envío que haya establecido, sin poder ofrecer este servicio de forma gratuita.

Dejaremos para otro día que una ley ad hoc se burle de doscientos años de liberté, égalité, fraternité. Cuando Amazon aterrizó en Francia empezó el habitual estropicio libresco. Los inventores del espeso concepto de excepcionalidad cultural porfiaron para prohibir a Amazon el envío gratuito de los libros. Al principio adujeron que lo que hacía Amazon era dumping y, por lo tanto, ilegal; pero como demostrarlo en un juzgado costaría varios años, muchos abogados y muchísimo dinero decidieron dejarse de marchitos valores republicanos e inventarse una ley que bordease el problema prohibiendo a todo el mundo mandar los libros gratis a casa del cliente. ¿Por qué? Pues no es que lo tengan muy claro, se han limitado a murmurar acerca de la excepcionalidad, los valores culturales y cosas parecidas; personalmente no veo cómo el envío gratuito de un libro puede dañar a la cultura. Sería como si el envío gratuito de la compra del súper dañara irreparablemente los garbanzos en conserva.

Les salió una ley tan borde que Amazon ha tardado un par de días en bordearla de forma sencilla y elegante. Una ley no puede ser más fuerte que el más débil de sus postulados y Amazon identificó las palabras clave:

[…] sobre el precio del servicio de envío que haya establecido […]

La solución fue inventarse unos costes de envío tan bajos que dejaban el coste aplicable al cliente en 0,01€. Un céntimo.

¿Es legal? Sí, lo es, porque en una economía de mercado –que sea liberal o social no viene al caso- los precios son libres salvo escasas y muy justificadas excepciones. Y el libro no es una de ellas.

¿Es artero? Sí, lo es, porque nadie en su sano juicio se cree que los costes de envío reales puedan ser tan bajos, ni siquiera para un gigante como Amazon, con un poder de compra de servicios de mensajería que le permite conseguir precios muy, muy bajos. Pero no tanto.

¿Es dumping? Pues no lo tengo yo muy claro, porque lo que harán –lo que hacían hasta ahora- era cargar el coste del envío en su margen de venta y eso no es ilegal. Harán lo mismo, menos un céntimo. Y el cliente no notará la diferencia.

¿Tiene sentido? Sí, lo tiene, porque vuelve a poner la pelota en el tejado del gobierno y el sector editorial francés a un coste ridículo; ahora sólo pueden recurrir a los tribunales sin demasiadas posibilidades de éxito, precisamente lo que pretendían evitar con una ley que ha demostrado tan pronto su inutilidad. Siempre podrían hacer otra ley pero… no sé si les apetece hacer (más) el ridículo. El streap-tease argumental al que la cultura francesa se ha entregado éste último año tampoco les ha dejado demasiado bien.

Todo esto es válido para el cliente normal. Para aquellos que estén abonados a Prime, el servicio seguirá siendo gratuito, ya que opera como un club de compra. ¡Qué cosas!

Más imaginación, menos pasteleo

Muy mal va un sector que necesita recurrir al pasteleo legislativo para resistir al invasor. Con ello no me refiero al gigante norteamericano, me refiero a todos aquellos con una manera tan diferente de hacer las cosas que lo inventado hasta ahora no sirve. El reto es estructural, sistémico, y los parches legales apenas aguantan el más mínimo embate.

Espero que los que desde aquí aplaudían la legislación francesa con un entusiasmo digno de mejor causa se den por enterados. Lo que me temo es que seguirán sin aprender cuál es el problema y dónde está; seguirán pidiendo nuevas (viejas) leyes para protegerles a ellos. Ni en Francia ni en España está en peligro la cultura, a lo sumo cierta forma de vender libros; ese es un problema comercial, no cultural y comerciales, no culturales, deben ser sus soluciones. La Europa continental no puede permitirse perder tanto tiempo ni hacer tanto el ridículo.

 

Para saber un poco más:
http://www.digitalbookworld.com/2014/report-amazon-offers-ultra-cheap-shipping-in-france-circumventing-no-free-shipping-law/
http://www.france24.com/en/20140711-amazon-snubs-french-free-delivery-ban-with-1-cent-charge/
http://the-digital-reader.com/2014/07/11/amazon-side-steps-french-ban-free-book-deliveries-now-charges-centime-shipping/#.U8JXu5R_vZ8
http://valordecambio.com/2014/07/11/la-loi-anti-amazon-au-journal-officiel-les-frais-de-port-a-1-centime/

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

One Comment

  1. […] Sorprendidos están ahora los franceses de ver que en sus mismas narices la diabólica Amazon se ha pasado por el arco del triunfo la Ley Nº 2014-779 de 8 de julio 2014. La compañía de Jeff Bezos lo ha hecho, además, con el más exquisito respeto a la ley recién aprobada que regula la venta y el envío a distancia de libros de papel y prohíbe su envío gratuito. El Artículo 1 que modifica también el primer artículo de la Ley Nº 81-766 de 10 de agosto de 1981 –llamada Ley Lang- que establece el precio fijo en Francia.  […]

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