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A partir del próximo octubre los usuarios de la red pública de bibliotecas de Catalunya podrán empezar a comprar libros en cualquier biblioteca gracias al convenio firmado por el Departamento de Cultura de la Generalitat y el Gremio de Libreros de Catalunya. Es una de las iniciativas culturales de más calado de los últimos treinta años.

Estamos acostumbrados a que las administraciones públicas fomenten aspectos particulares de la cultura y sabemos que ciertas ayudas públicas pueden cambiar determinados aspectos de alguna disciplina artística. Muy pocas veces un sencillo convenio entre una administración pública y un órgano de representación profesional tiene la capacidad de transformar el consumo cultural de todo un país.

El acuerdo, de un alcance que sólo veremos a medida que se vaya implantando, se estructura en dos ejes básicos. Por un lado la colaboración entre la red de bibliotecas y la red de librerías del Gremio de Libreros; por el otro el intercambio de información entre ambas redes mediante herramientas como LibriData. Finalmente, este acuerdo será decisivo para la futura biblioteca pública digital catalana. Resumiendo:

–       Los usuarios de la red de bibliotecas podrán comprar libros de papel y decidir si los recogen en el mismo centro, en la librería de proximidad que ellos elijan o en su mismo domicilio. Esta última opción está en estudio debido a los costes asociados.

–       Instalar escaparates de las librerías en las bibliotecas para dar a conocer títulos destacados, la agenda de actos y la oferta de las librerías de proximidad.

–       Las bibliotecas y librerías trabajarán conjuntamente en la organización de actos para el fomento de la lectura para públicos diversos; cabe citar la coordinación en la organización de clubes de lectura y la celebración de ferias del libro en las bibliotecas.

–       Implementar Liberdrac, tienda digital de las librerías catalanas, en las bibliotecas públicas, para permitir la compra de libros digitales desde dichos centros. Será la base, en un futuro próximo, del préstamo digital en las bibliotecas.

–       Abrir el acceso de la mencionada LibriData en las bibliotecas públicas, incorporando los datos de préstamo de libros a sus bases de datos, para que los bibliotecarios puedan acceder a más y mejor información.

Para comprender mejor el impacto del convenio recuperaremos algunas cifras que ya mostramos en el primer capítulo referidos a las bibliotecas en Catalunya (datos de 2013, excepto si se indica lo contrario entre paréntesis):

Red de bibliotecas públicas: 359 + 11 bibliobuses

Total libros en bibliotecas públicas (aprox.): 14.000.000

Visitas: 25.356.484

Población con biblioteca en su municipio: 7.019.581 (92%)

Usuarios con carnet: 3.490.051

Documentos prestados (2009): 16.703.912

Libros y publicaciones prestadas (%, 2009): 55,10%

Ordenadores de uso público: 4.783

Accesos a Internet desde bibliotecas: 5.404.198

Actividades: 51.211

Clubes de lectura: 539

Miembros de algún club de lectura: 10.780

Fuente Datos 2013: Servei de Biblioteques de la Generalitat de Catalunya
Fuente Datos 2009: Idescat, Institut d’Estadística de Catalunya

Y añadiremos algunos datos más referidos a la venta de libros en Catalunya (2013):

Facturación: 199.990.663 €

Unidades vendidas: 15.068.666

Precio medio de los libros vendidos: 13,85 euros

Librerías agremiadas (empresas): 279

Puntos de venta: 335

Total librerías en Catalunya (agremiadas + no agremiadas):601

Ventas en librerías:53%

Ratio librerías en Catalunya: 7,9 x 100.000 habitantes

Ratio librerías en España: 11,6 x 100.000 habitantes

Fuentes: Gremio de Libreros de Catalunya (aquí) / Mapa de Librerías, Observatorio de la librería en España, 2013

Un acuerdo con muchas virtudes y muy pocos defectos

Según el Mapa de Librerías (pág. 22) citado en la tabla, el ratio de librerías en Catalunya es más parecido al de Francia (7,3) o al de la media europea (6,4) que al del resto de España. Aunque el Mapa no ofrece el porcentaje desagregado por CCAA de los municipios sin librería, es muy posible que en Catalunya el panorama sea algo más halagüeño que en el resto del Estado dado que su población es proporcionalmente más urbana; aún así, debemos estimar que al menos un 15% de la población catalana vive en un municipio sin una librería digna de tal nombre, aunque si comparamos el número de municipios (947) con el del total de librerías (601) veremos que al menos más de un tercio carecen de una –y sin duda deben ser más, pues son muchos los municipios que cuentan con más de dos. Aquellos municipios pequeños que sí la tienen no son demográficamente capaces de sostener grandes librerías, de modo que también se ve mermada su capacidad de acceso, al menos inmediato, a una extensa oferta de libros.

La primera virtud del convenio es combinar la cobertura de la red de bibliotecas y de la de librerías. De este modo el porcentaje de población catalana con acceso al servicio de librería será del 92%, pues les bastará con disponer de una biblioteca. Un contraste muy acusado con el 25% de la población española que vive en un municipio sin ninguna librería (pág. 22 del Mapa).

La combinación de ambas redes puede tener un efecto muy positivo en el modelo comercial del libro en Catalunya; una red de distribución y venta de libros ineficiente es un incentivo para que el lector desabastecido decida comprar en grandes plataformas los libros de papel y luego los digitales. Si la tendencia al cierre de librerías sigue su curso (han cerrado 1.500 desde 2008, pág. 17 del Mapa), podría darse el caso que la cadena de valor del libro de papel fallara por su eslabón más débil, la librería. Este acuerdo puede prevenir el cierre de algunas librerías, pues las hace beneficiarias del flujo de usuarios de las bibliotecas y permite que las librerías catalanas se comporten como una red capaz de absorber los daños de forma orgánica, de modo que el fallo de algunos nodos no afecte gravemente al conjunto. Asociarse a una red orgánica como la bibliotecaria vertebra de forma mucho más fuerte a las librerías.

Hay quien ha querido ver en este acuerdo una apropiación poco lícita de bienes públicos. Opino lo contrario. La oferta de la red de bibliotecas no puede ir más allá del préstamo de libros, mientras que la oferta de la red de librerías no puede ir más allá de su venta. En la frontera el acuerdo es posible porque los usuarios de las bibliotecas son uno de los públicos que más libros compra; que pueda decidir libremente si toma un libro prestado o bien lo adquiere es una opción que suma, no resta. Que dicha decisión redunde en un beneficio para su librería de proximidad y para la red capilar de librerías independientes sólo puede ser una buena noticia.

La pregunta que podríamos hacernos es: ¿sirve –o debe servir- una biblioteca para vender libros? Si creemos que las bibliotecas fomentan la lectura y crean lectores deberemos aceptar que, implícitamente, crean compradores de libros. Sus usuarios conocen la oferta de la biblioteca, pueden educar su gusto –cada cual a su manera- y comprar en función de sus preferencias. Las bibliotecas combaten indirectamente la piratería –todavía más si prestan libros digitales- y promueven clubes y grupos de lectura. El corolario inevitable es coordinar los esfuerzos de bibliotecas y librerías para conseguir una red de consumo de cultura lo más abierta y democrática posible en la que los ciudadanos dispongan de todas las opciones. El convenio también prevé que el beneficio de las librerías colaboradoras tenga un retorno social en forma de ejemplares cedidos gratuitamente a las bibliotecas.

En las bibliotecas no sólo hay lectores de libros. Prácticamente la mitad de los usuarios no van a leer libros ni los piden prestados sino que se dedican a otras actividades, como la lectura de periódicos y revistas, estudiar, asistir a cine-fórums, talleres, exposiciones y conferencias. Estos usuarios pueden ser lectores en su tiempo libre y en su casa y por ello es tan importante que la biblioteca no sea sólo un punto de compra sino que, además, sea un punto de información y de difusión de novedades. La biblioteca puede reforzar su papel como punto de referencia para el consumo de cultura y debe colaborar con la librería informando a sus usuarios de la oferta comercial editorial. Este extremo es todavía más importante si tenemos en cuenta que las bibliotecas, en Catalunya, tienden a agruparse con otros servicios como mercados, centros de atención primaria, centros cívicos y/o teatros, y suelen concentrar un flujo de paso del que la mayoría de librerías no disfruta. A la librería sólo vamos a comprar libros; a la biblioteca vamos por muchos motivos.

Durante este verano y hasta el mes de octubre se llevará a cabo una prueba piloto en la que participarán quince tándems de librerías y bibliotecas en las localidades de Banyoles, Barcelona, Cornellà de Llobregat, Esplugues de Llobregat, Girona, Igualada, Mollerussa, Llinars del Vallès, Manresa, Mataró, Móra d’Ebre, Sant Celoni, Tarragona, Torroella de Montgrí y Tortosa. La experiencia que se obtenga con dicha prueba permitirá la progresiva implantación al resto de la red de bibliotecas buscando la implicación de tantas librerías como sea posible.

Eficiencia, información y publicación de datos

Sumar ambas redes también beneficia su eficiencia mediante la implantación de Liberdrac y LibriData en las bibliotecas. En un primer momento Liberdrac sólo servirá para que los usuarios de las bibliotecas puedan comprar libros digitales en un entorno asistido donde el bibliotecario podrá asesorarles en su introducción a la lectura digital. Así, la biblioteca y los bibliotecarios se convierten en agentes de cambio tanto culturales como tecnológicos, incrementando su utilidad social.

Mayor impacto tendrá la integración de LibriData (el gremio ha conseguido que el sector acoja esta iniciativa con más de doscientos establecimientos asociados en toda Catalunya). El objetivo es combinar la información de ventas de las librerías con la de préstamos de las bibliotecas para poder gestionar mejor las adquisiciones de la red de bibliotecas que éstas, a su vez, realizarán en las librerías. Es evidente que sumar los aproximadamente ocho millones de libros prestados anualmente a la base de datos de LibriData puede incrementar la eficiencia de ambos sistemas, pero si este intercambio de información no se realiza adecuadamente estaremos brindando un conocimiento de los usuarios de las bibliotecas que no tendrá su justo retorno. Lo que debemos exigir al Departamento de Cultura de la Generalitat y al Gremio de Libreros es que publiquen los datos agregados, como mínimo con periodicidad anual, aunque sería mucho más útil para el sector del libro catalán –y español- que su publicación fuera trimestral –lo de mensual ya sería mi carta a los Reyes Magos. Si LibriData es una herramienta mínimamente competente no hay problemas técnicos que lo impidan. Tampoco lo impide la LOPD, pues se trata de publicar datos agregados, no personales, desglosados por criterios geográficos que pueden llegar a ser bastante detallados –al nivel de códigos postales, por ejemplo. Disponer de un mapa actualizado trimestralmente con la combinación de compra y préstamo de libros, es algo que el sector necesita con urgencia.

Dicho mapa será todavía más útil cuando se ponga en marcha la biblioteca pública digital catalana. Aunque el proyecto todavía se encuentra en fase de estudio, todo parece indicar que Liberdrac será su matriz tecnológica. Será el momento de sumar los datos de venta de Liberdrac con los de préstamo digital público y empezar a ver algo de luz en el marasmo de datos en el que vivimos. Datos reales de ventas en papel y en digital y datos reales de préstamo, también en ambos formatos.

Los libreros en el meollo de la biblioteca pública digital

Que el Gremio de Libreros de Catalunya haya conseguido cerrar un acuerdo de este calibre les devuelve al centro del debate cultural y digital. Muchos los dábamos por desahuciados a medio plazo; estoy contento de haberme equivocado aunque sigo pensando que el grueso de los libreros catalanes no está siguiendo el rumbo de su propio gremio: a diferencia de la buena acogida de LibriData, sólo 45 de un total de 279 agremiadas, a su vez de un total de 601 librerías en Catalunya se han adherido a Liberdrac. Sólo el 16% de sus agremiados está respondiendo, apenas el 7% del total de libreros catalanes. Todavía les queda mucho trabajo que hacer en su propia casa.

El convenio de colaboración firmado con la red de bibliotecas les otorga la legitimidad necesaria para el posterior desarrollo de la biblioteca pública digital catalana; de otro modo los libreros podrían ser percibidos como intermediarios innecesarios en el préstamo digital. Liburuklik, la biblioteca pública digital del País Vasco comprará sus contenidos directamente a los editores sin pasar por los libreros, aunque la red de bibliotecas vasca sigue comprando los libros de papel a sus libreros de proximidad. Creo que el modelo catalán de integración de redes mediante el pacto con una entidad representativa profesional como el Gremio de Libreros es de una mayor complejidad pero, en caso de éxito, sus réditos sociales, económicos e industriales pueden ser mayores.

Lo mejor de cada casa

Este convenio aúna lo mejor de cada casa. La biblioteca nos asegura una oferta pública al alcance de todos, continua, permanente y con un mínimo umbral de calidad. La librería nos brinda la libertad de elegir aquello que queramos. La unión de ambas es un juego en el que todos, ciudadanos, bibliotecas y libreros, salimos ganando. El escritor Toni Sala lo resumía muy bien en un artículo recientemente publicado en el diario digital cultural en catalán Núvol titulado La biblioteca en temps mutants. Con él quiero terminar este capítulo:

Com es fa, això, com s’obren i es mantenen obertes les vies a la llibertat? S’ha fet molt famós últimament un vers de Margarit que diu “La llibertat és una llibreria”. El vers està bé, però la llibertat la defineix millor una biblioteca. Són biblioteques, el que periòdicament cremen els repressors: a Nínive i a Alexandria, a Berlín i a Sarajevo, al Quixot i a Farenheit 451. Poc o molt la llibreria es mou per interessos comercials, i això vol dir que allà el lector hi té l’última paraula, i n’ha de sortir satisfet. En una biblioteca pública, en canvi, els llibres es mouen per interessos que si no són humanistes tampoc són comunitaris, i l’humanisme no és res més que la llibertat.

Nota: he decidido dejar de traducir los textos en catalán que cite en mis artículos pues considero que la comprensión de esta lengua está al alcance, sin demasiado esfuerzo, de cualquier castellanohablante instruido. Haciéndolo así yo me sentiré más cómodo.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

9 Comments

    1. Las bibliotecas públicas son los templos donde muchos niños descubren y se enamoran del libro, ya de mayores gracias a ello seguirán amando la lectura de por vida.
      Se entiende por biblioteca una estructura organizativa que mediante los procesos y servicios técnicamente apropiados, tiene como misión facilitar el acceso a documentos publicados o difundidos, con la finalidad de garantizar el acceso a la cultura, a la información y al conocimiento.
      Por suerte los poderes públicos garantizarán el acceso de los ciudadanos a las bibliotecas con la finalidad de promover la difusión del pensamiento y la cultura, contribuyendo a la transformación de la información en conocimiento y al desarrollo cultural y la investigación. asimismo las bibliotecas contribuirán a la divulgación de las tecnologías de la información.
      ¿Qué nos ofrecen las bibliotecas?
      – La libertad individual y el acceso a la información.
      – La igualdad para que todos los usuarios accedan a los materiales, instalaciones y servicios de la biblioteca, sin discriminación por razón de origen, etnia, religión, ideología, género u orientación sexual, edad, discapacidad, recursos económicos o cualquier otra circunstancia personal o social.
      – La pluralidad, en virtud de la cual se deberá adquirir, preservar y hacer accesible la mayor variedad posible de documentos que reflejan la diversidad de la sociedad y su riqueza lingüística.
      – El respeto del derecho de cada usuario a la privacidad y la confidencialidad de la información que busca o recibe, así como de los recursos que consulta, toma en préstamo, adquiere o transmite, protegiendo sus datos personales en los términos establecidos por las leyes.
      Las bibliotecas deben conocer los fondos editoriales y con ello exigirá acciones comerciales y de promoción de las

      editoriales, los editores no tienen que vender directamente a las bibliotecas, opino que es un trabajo de para los libreros, la cadena de valor se tiene que respetar, pero sí que la editorial debe colaborar con las bibliotecas en todas las actividades posibles, muchos bibliotecarios entienden esta idea, son conscientes y se convierten en activos gestores culturales.

      Las instituciones públicas como las bibliotecas tienen como misión intentar elevar el nivel cultural de la sociedad. La editoriales están obligadas a trabajar con la bibliotecas en sinergia y con campañas para la promoción de la lectura. La tarea de la administración es aumentar el nivel de cultura y lectura del país, algo que resulta esencial para el desarrollo de cualquier comunidad, además los gobiernos deben apoyar la industria del libro pasando por subvenciones controladas y acertadas hasta regímenes fiscales favorables para toda la industria del libro sea impreso o digital.
      Las bibliotecas tienen que ser templos de amor a la lectura y esa es nuestra obligación, el estado y toda la cadena de valor editorial se tienen que implicar para que los niños se enamoren de los libros.
      boolino blog

  1. Bernat, un pequeño error. aunque la red de librerías vasca sigue comprando los libros de papel a sus libreros de proximidad.
    Creo que esas ‘red de librerías vasca’ es en el fondo ‘red de bibliotecas’ 😉

  2. Isabel Blanco 14 julio, 2014 at 08:13

    Como siempre, en el campo de las bibliotecas, Cataluña inicia el camino.
    Bernat, tienes razón al pensar que cualquier castellanohablante puede leer el catalán tan sólo con un poco de esfuerzo. A lo largo de mi vida profesional he leído multitud de textos en catalán sin mayor problema. Creo que, además, es una actitud de respecto hacia mis compañeros catalanes.

  3. Al hilo de esta iniciativa (a la que, ay, ya he aplicado mi elevado/excesivo nivel de escepticismo), esta otra noticia de los States me ha producido cierto miedo:
    http://goodereader.com/blog/american-library-association/libraries-starting-to-adopt-pay-per-use-for-digital
    ¿Al final la reinvención de las bibliotecas va a llegar de una forma mucho más traumática de la que imaginábamos?

  4. […] alcance y las implicaciones de este acuerdo entre bibliotecas y librerías recomiendo la lectura de La biblioteca integral (IV): la simbiosis entre librerías y bibliotecas en Catalunya en el blog de Bernat Ruiz. En ella se analizan los detalles del convenio y se argumenta por qué […]

  5. […] 3 y 4 para entender exactamente de qué estamos hablando. No lo ponen muy fácil. Recuperaremos un par de cifras de la red de bibliotecas públicas de Catalunya (datos de 2009). Según el punto 3 cada préstamo genera 0,004 euros. Supondremos que cada libro […]

  6. […] de Libreros de Catalunya y el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat en virtud del cual, y entre otras medidas, los usuarios de la red de bibliotecas podrán comprar libros de papel y decidir si los recogen en […]

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