Encyclopedie_de_D'Alembert_et_Diderot_-_Premiere_Page_-_ENC_1-NA5– Imagen: Wikipedia

Desde que la Wikipedia mandó al museo a las monumentales enciclopedias de papel, los editores de tan magnas obras han buscado maneras de reinventarse. Algunas decidieron abandonar pronto el papel, como la Encyclopedia Britannica, pasando a un modelo on-line; otras, sencillamente, echaron el cierre.

La Encyclopaedia Herder ha decidido reinventarse volviendo al origen. Veamos cómo lo cuentan ellos:

El proyecto Encyclopaedia Herder es una plataforma abierta, semántica, colaborativa e interactiva. Toma como punto de partida la fusión, por una parte de su reconocido catálogo de obras de referencia relacionada fundamentalmente con los campos de las Humanidades y de las Ciencias Sociales y por otra, el proyecto enciclopédico colaborativo online Wikipedia, para ofrecer a los usuarios y lectores una nueva plataforma mediawiki en el ámbito de lengua hispana.

Se contará con la colaboración, tanto nacional como extranjera, de expertos en las materias que realicen labores de supervisión y curación de los contenidos elaborados por los usuarios, manteniendo así la calidad y rigurosidad académica que Herder intenta mantener en todas sus publicaciones.

Lo que ha hecho Herder con su enciclopedia –que, por cierto, está muy bien hecha- ha sido centrarse en aquello que mejor sabe hacer, gestionar y editar contenidos relacionados con las Humanidades y las Ciencias Sociales. De hecho siempre ha sido así, sólo que el imperativo físico que durante siglos ha ligado el contenido al papel obligaba a gestionar el conocimiento mediante la fabricación de objetos; nada como la enciclopedia para ver que eso ha sido siempre una contingencia.

De vuelta al siglo XVIII

En 1745 André Le Breton, librero, editor y especialista francés en traducción de obras en inglés, recibe la licencia real para traducir e imprimir la Cyclopaedia de Ephraim Chambers. Tras algunas peripecias Le Breton encarga la tarea a Denis Diderot –quien será siempre el alma del proyecto- y a Jean Le Rond d‘Alembert –imprescindible para completar los contenidos matemáticos de la enciclopedia y disipar ciertas suspicacias de la censura borbónica. Sea como fuere, la cosa fue mucho más allá de una simple traducción y se convirtió en la Encyclopédie, la primera enciclopedia moderna.

Una enciclopedia es una obra tan monumental como su propósito, reunir todo el conocimiento humano. La Cyclopaedia de Chambers se centraba en las artes y las ciencias, pero para la tecnología, métodos y conceptos de principios del siglo XVIII –cosas como el índice alfabético o el numerado de páginas eran una reciente novedad- era una tarea colosal. Aunque hablemos de Chambers o de Diderot, las enciclopedias nunca fueron, nunca han sido, obras de un solo hombre. El propio Diderot lo resumía bien en la entrada Enciclopedia de la misma Encyclopédie:

[…] ocupado cada cual de su parte y unidos solamente por el interés general del género humano y por un sentimiento de recíproca benevolencia.

Hasta 160 enciclopedistas colaboraron en una obra de 28 volúmenes, 72.999 artículos, 20 millones de palabras y 2.885 ilustraciones, unos números risibles si la comparamos con las magnitudes que idiomas tan modestos como el catalán exhiben en Wikipedia –con 422.943 artículos- por no hablar de las cifras que alcanza el inglés (4.464.882) o el castellano (1.085.901). Pero, claro, en el siglo XVIII no existía Internet ni los ordenadores.

Ante cifras tan apabullantes como las de la Wikipedia cualquier editor se amilanaría fácilmente. Lo lógico es pensar que es imposible competir. Eso es cierto si uno se plantea publicar una enciclopedia generalista, pero la propuesta de Herder es temática: trabajan en aquello en lo que son especialistas e invitan a especialistas y aficionados a colaborar con ellos. Sus puntos fuertes son el conocimiento profundo de la materia, disponer de un extensísimo repositorio de contenidos, tratar materias no perecederas y tener los conocimientos para ofrecer una experiencia de lectura, navegación y consulta inigualables. Todo esto significa que pueden hacerlo mejor que una wiki pero sólo si adoptan herramientas wiki, es decir, la colaboración desinteresada con su público.

La clave del negocio es la reputación

¿Dónde está el negocio? Aparentemente parecen trabajar para el diablo y esta iniciativa no les reportará ningún beneficio, ni siquiera ningún ingreso. Bien, para empezar todo lo están haciendo bajo licencia Creative Commons; este tipo de licencia permite que Herder libere, total o parcialmente, los contenidos de una obra, pero lo contrario también es cierto: aquellos que colaboren con Herder alimentando de contenidos su enciclopedia los estarán cediendo a la editorial, que puede usarlos como le plazca, sólo que no podrá venderlos. Pero la clave no está en el engorde de la enciclopedia, sino lo que esta aporta a Herder: reputación.

Los que colaboren desinteresadamente con la Encyclopedia Herder son potenciales grandes compradores de los libros de la editorial. Herder les ofrece un espacio colaborativo, social, incluso de lucimiento. Les ofrece formar parte de algo grande. Ese sentido de pertenencia fideliza al colaborador de tal modo que es esperable que, en la medida de lo posible, compre sus libros a la editorial.

Pero hay algo todavía mejor: con la enciclopedia, Herder se dota de una herramienta de largo alcance para construir su propia audiencia, de una base de datos perfectamente segmentada y un contacto directo y estrecho con su público. Esa información tiene un gran valor a medio y largo plazo y puede marcar la diferencia entre la supervivencia y el hundimiento en las editoriales de nicho –y Herder, a su modo, lo es. Estamos hablando de cientos, seguramente miles, de potenciales clientes perfectamente identificados.

Para las pequeñas y medianas editoriales no habrá negocio sin una buena reputación, clave para construir audiencias y conocer al público. En un entorno en el que el mercado son conversaciones, dotarse de herramientas afines es más necesario que nunca. La cuestión no está en salir a vender, sino en salir a conocer al cliente, charlar con él, saber quien es. Ofrecerle algo, permitir que aporte. Si nos dirigimos al cliente adecuado la compra derivará del conocimiento mutuo. Suena idílico pero exige picar mucha piedra. Lo contrario, pretender colocar el género, es estéril a largo plazo; además, los grandes grupos lo hacen mucho mejor.

Adenda: recomiendo ver el reportaje que TV3, la cadena autonómica catalana, dedicó a la Wikipedia y a la comunidad wikipedista en catalán para entender mejor el vínculo que se establece entre este tipo de proyectos y sus colaboradores:

http://www.tv3.cat/videos/4930191/Viquipedistes

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

4 Comments

  1. Tus últimos artículos, en general el blog, no tienen desperdicio 🙂
    No habría conocido el proyecto de Herder sin esta entrada. Me he registrado allí, no porque crea que pueda aportar algo (además me falta tiempo) pero sí par ano perderla de vista entre tantas webs de internet y tener la garantía de que allí no me voy a encontrar con algunas cosas que me encuentro en Wikipedia, lugar que en los asuntos de Arte siempre me voy a la versión francesa e italiana.

    1. Hesperetusa, dices algo muy interesante, yo también me voy a otras versiones de la Wikipedia para según qué temas, entre ellas las versiones en inglés y, como tú, especialmente la francesa; deberíamos plantearnos la calidad media de la Wikipedia en castellano y por qué es más baja que en otros idiomas. Ahora, en Humanidades, tendremos una opción todavía más sólida.

      Celebro que te hayan gustado mis últimos artículos!

  2. Saludos Bernat y contertulios,
    Había visto que Herder lanzaba esta enciclopedia pero no había comprendido hasta leer este post el objetivo. Me parece un planteamiento muy interesante e inteligente. Lo que señala Bernat en el último párrafo me parece muy acertado, todos los artículos que escribo van en esta línea.

    Siempre me he preguntado porque si las grandes compañías son capaces de generar sentimientos y comunidades de pertenencia entorno al aquarius o el chupa-chup que, sinceramente, tienen una densidad simbólica menor que la de un catálogo editorial, a las casas de edición les cuesta tanto comprender que su esencia pasa por alimentar una comunidad de conversadores. ¿No es acaso un catálogo una visión de mundo que vincula a los lectores con el autor?. Con las herramientas actuales no costaría tanto vincular también a los lectores entre sí, permitir que hablaran de los contenidos que lee cada uno en su casa, estructurarlos y relacionarlos.

    Creo que el ejemplo de Herder es magnífico y sirve para identificar al público. Como dice Bernat considero que esto es vital para la supervivencia de las editoriales.. Como dicen Joaquín Rodríguez y Manuel Gil “tengo una comunidad, luego edito”. Herder ha entendido esto y además ofrece organizar una wiki de conocimiento compartido.

    Lástima que muchos estén tan obcecados con producir bien el libro y repitan tantas veces que el contenido es central. “Making is connecting”, lo que hacemos es vincular seres humanos mediante la transmisión de ideas y las formas tecnológicas de llevar esta tarea deben cambiar dinámicamente con el entorno. Valoremos las virtudes de la lectura en papel que son muchas pero no nos quedemos ahí. ¡Y lo dejo aquí que cojo la tecla y me sale un post!.

    dwww
    Antonio

  3. Hola Bernat,
    Antes que todo, muchísimas gracias por este post que ha venido a complementar las explicaciones desde un punto de vista diferente e indirecto, me refiero, que no viene desde la propia casa 😉 Y segundo, disculpa por no haber comentado nada antes, el post se lo merecía, sin duda y hacernos presentes desde Herder para agradecerlo, también.
    Ahora que ya conoces el proyecto mejor… (lamentablemente te tuviste que ir de la presentación que hicimos hace 6 meses), has podido “hincarle el diente” con tus comentarios y aportar no sólo a los usuarios una explicación detallada y bastante acertada, si no que colaboras doblemente con la Encyclopaedia al difundirla y a puntualizar en aquellos cosas que debemos prestar atención como negocio.
    Esperamos que este “experimento” (el cual efectivamente ha implicado “picar mucha piedra” y toda la que nos queda…), pueda verse comprendido por los usuarios que se sientan motivados a colaborar, pues sin una comunidad, como bien dices, este proyecto no se sustenta.
    Y por otra parte, sin lugar a dudas, el potencial no es meramente la calidad de los contenidos especializados que podamos ofrecer, sino digitalizar las humanidades (#DigitalHumanities) con una fuerte integración de lo social: ofrecer un lugar en el que los especialistas en cada uno de los temas pueda encontrarse con sus ámbitos de interés y con otros especialistas que siguen la misma línea, ofreciéndoles lo que necesitan leer o consultar y además, un lugar para exponer lo propio (siempre y cuando esté relacionado a la temática). Es decir, vínculos… vínculos, vínculos. Colaboración, Vinculación, Reputación.
    El tiempo dirá si avanzamos por el camino correcto.
    Un saludo,
    Nicole Etchevers, Responsable Proyectos Digitales

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