La Unión Europea, lenta pero segura –al menos en lo que le interesa-, ha dado un plazo de 30 días a Francia y Luxemburgo para equiparar el IVA de los libros digitales al mismo tipo impositivo que el del resto de socios europeos; del tipo reducido debe pasar al tipo normal.

Actualmente el IVA aplicado a los libros digitales en Luxemburgo es del 3%, uno de los motivos por el que Amazon factura desde allí todo su negocio europeo, embolsándose la diferencia entre ese 3% y el aplicado en cada país en el que opera. El procedimiento de infracción de la UE dice lo siguiente (fragmento):

Desde el 1 de enero de 2012, Francia y Luxemburgo aplican un tipo reducido del IVA a los libros digitales, lo que es incompatible con las disposiciones actuales de la Directiva sobre el IVA. En efecto, en virtud de esta Directiva, los libros digitales son servicios prestados por vía electrónica y la aplicación de un tipo reducido a esta clase de servicios no es posible.

Esta situación provoca falseamientos importantes de la competencia en detrimento de los operadores de los otros 25 Estados miembros de la Unión en la medida en que las compras de libros digitales pueden realizarse fácilmente en un Estado miembro distinto del de residencia del consumidor y que las normas actuales prevén la aplicación del tipo del IVA del prestatario, y no el del cliente.

Una mala noticia para los luxemburgueses

Ser un país liliputiense limita las posibilidades de desarrollo económico; históricamente estos países han optado por el negocio bancario y se han convertido en paraísos fiscales. Luxemburgo lo tiene algo más difícil, pues al entrar en la Unión Europea tuvo que dejar de hacer ciertas cosas. Para compensar, puso en marcha una política fiscal que lo convirtió en un paraíso distinto: en Luxemburgo las empresas pagan pocos impuestos. El caso del 3% de IVA para los libros digitales es un buen ejemplo. Si la UE consigue obligar a Luxemburgo a pasar por el aro, permanecer en el pequeño país dejará de ser tan rentable para ciertas empresas y quizás decidan marcharse a otro sitio, aunque en todos los países de la UE cocerá parecida cantidad de habas.

Para los clientes de Amazon esto no debería ser noticia

Los clientes de Amazon seguiremos pagando lo mismo, no por un alarde de generosidad de Jeff Bezos, sino por estricta aplicación de la Ley del Libro. Pero no es tan sencillo.

El precio de los libros digitales no es el mismo que el de los de papel y el precio único se establece entre dos ejemplares digitales comprados en establecimientos diferentes. Es decir: si compro un libro digital en Amazon y luego el mismo libro en Casa del Libro, debería costarme lo mismo con una diferencia máxima del 5% de descuento según establece la mencionada ley. Ahora viene la pregunta más interesante: ¿quién fija el precio del libro? Teóricamente la editorial. Pero no es tan sencillo.

El precio de un producto no depende tanto de sus costes como del valor que perciba el consumidor; hay productos invendibles porque nadie está dispuesto a pagar sus costes más un margen. Con los libros pasa lo mismo, especialmente con los libros digitales. Las editoriales quisieran cobrar por ellos un margen mayor, pero el público digital es muy sensible al precio y corren el riesgo que los lectores huyan en masa a las redes P2P. El valor que los lectores perciben en los libros digitales es menor que el que perciben de los libros de papel, de ahí que se presuponga que los e-books deben ser más baratos que los p-books. Pero esto puede no ser tan sencillo si lo que dice Arantxa Mellado en Actualidad Editorial es cierto (fragmento):

Según tengo entendido (mi información tiene origen en conversaciones off the record, por lo que no puedo revelar sus fuentes) […] Amazon reparte con los editores la diferencia del 19% entre el 3% luxemburgués y el 21 español.

Arantxa Mellado es una profesional muy bien informada y no tengo por qué dudar de lo que dice, aunque si de veras es un off the record y no una simple conversación privada –no es lo mismo y el tratamiento periodístico es muy distinto- puede haber quemado una buena fuente. Sea como sea, lo que Arantxa dice mellaría la credibilidad de las editoriales en su resistencia al cambio de paradigma del libro.

IVA, coherencia y core business

Cada vez estoy más convencido que el IVA de todos los libros, digitales o de papel, debería ser del 21% –o el tipo normal que corresponda en cada momento- por una estricta cuestión de coherencia con el core business de la industria editorial y por el bien de su credibilidad.

¿Cuál es el core business de la industria editorial? Gestionar un contenido para ponerlo en valor y hacerlo comercialmente rentable. Podemos complicar la definición, pero poco podremos simplificarla ¿Cuántos soportes existen para poner en valor un contenido y hacerlo comercialmente rentable? Básicamente tres: grabación sonora, impresión sobre papel y programación de un archivo digital. Me refiero expresamente a grabación, impresión y programación porque es importante dejar muy claro que una cosa es el contenido y otro el continente. Extenderé la pregunta con la que abría el párrafo: ¿Cuál es el core business de la industria editorial, gestionar un contenido para ponerlo en valor y hacerlo comercialmente rentable, o bien dedicarse a su grabación sonora, su impresión sobre papel o su programación?

Si la respuesta está del lado de la gestión, el IVA debe ser del 21%. La edición es un servicio materializado en un objeto. Un editor no vive de hacer libros, vive de gestionar y vender su contenido. El propietario de un bar no vive de hacer tazas, vive de gestionar y vender café recién hecho. El agente de viajes no vive de hacer barcos o aviones, vive de gestionar y vender cruceros y vuelos. La edición es un servicio y los libros son un objeto, pero la programación de un archivo digital sí es un servicio. La UE estableció que los libros digitales son un servicio y ahí estuvo muy acertada, porque apuntó al corazón mismo del negocio; ¿qué compra un editor en una feria, derechos o montones de papel?

Que durante más de 500 años el vehículo editorial haya sido el papel manchado de tinta es un imperativo tecnológico. Si los libros fueron libros antes de Gutemberg y siguen siendo libros después de la era de Gutemberg, eso quiere decir que lo menos importante es su matriz física.

Cultura y credibilidad

Aparentemente es fácil rebatir mi argumentación: el IVA de los libros debe ser el reducido porque la cultura es algo muy importante y el libro es uno de sus principales vehículos. Es verdad que la cultura es importante; es verdad que el libro es uno de sus principales vehículos; pero de ahí no se deriva que el libro deba protegerse. Un libro es un objeto, como lo es una cafetera.

¿Todos los libros contienen insustituibles joyas literarias que hay que difundir para instrucción y deleite de las masas? Creo que no. Es más, basta con un paseo por una librería bien nutrida para darse cuenta que hay tanta basura en la edición como en la televisión. ¿A alguien se le ocurre que a los televisores se les aplique el IVA reducido porque con ellos puedo ver los documentales de la BBC y el concurso Cifras y Letras? ¿Alguien propondrá la exención impositiva de los automóviles porque con ellos puedo viajar a lugares reconfortantes para el alma? Obviamente no. Pues con los libros pasa lo mismo: una de dos, o protegemos el objeto –el contenedor- y con él protegemos también la basura, o lo filtramos en función de la calidad del contenido. Entonces el problema estará en valorar qué debe ser protegido y qué no ¿Las obras de los mejores cien novelistas, filósofos y ensayistas bajo el tipo reducido y el resto bajo el normal? ¿Lo ordenamos por ventas, por la opinión de expertos y críticos? ¿Creamos un algoritmo que convierta la crítica literaria en un saber cabalístico? Sería divertido ver cómo montamos Tribunales del Canon Cultural para decidir cuáles de las 80.000 novedades que aparecen cada año se someten a un tipo u otro de IVA.

En un momento tan delicado como este, jugar con los precios es muy peligroso. Si de veras Amazon se está repartiendo el IVA que no devenga con las editoriales –o sólo con algunas- y esto acaba reconociéndose públicamente, aunque no sea ilegal me gustará ver cómo convencemos a los lectores para que no pirateen libros. Podremos esgrimir leyes, pero moralmente la causa será indefendible. Tampoco es muy defendible la política de Amazon que bordea las leyes aunque no las incumpla. El drama para las editoriales españolas es que son víctimas de la propia Ley del Libro. Pesebres como este van a ser cada vez más frecuentes.

No hay argumentos que sostengan que la industria editorial se beneficie de un tipo reducido de IVA distinto al de otros productos o servicios. Podemos creernos nuestros argumentos falaces y nuestras medias verdades, pero al hacerlo estaremos tirando la credibilidad de la industria por el retrete. Urge claridad impositiva y de precios, urge transparencia informativa en el sector y es necesario que el cambio de paradigma sea lo más rápido posible.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

8 Comments

  1. Jesús J. de Felipe 31 octubre, 2012 at 08:37

    Gracias. Excelente argumentación sobre el core business editorial y por supuesto sobre el IVA aplicado al libro”objeto” y diferenciado de otras posibles políticas de acceso y desarrollo de la cultura “real”.

    1. Hola Jesús,

      Gracias a ti por tu comentario. Lo cierto es que al libro le sobra mucho supuesto glamour y le faltan dosis de realidad.

      Hasta pronto!

      Bernat

  2. Ya me extrañaba que la UE se estuviese quieta ante el IVA de los ebooks en Luxemburgo; ahora veo que de la UE puedes correr, pero no escapar.

    Esta afirmación no es exacta: «Los clientes de Amazon seguiremos pagando lo mismo […] por estricta aplicación de la Ley del Libro.» Los que compramos libros publicados en un país que no cuenta con Ley del Libro probablemente veamos cómo suben los precios. En mi caso, la mayoría de los ebooks que compro están en inglés, con lo que compraré menos para no gastar mucho más.

    Yo sí creo que los libros (sean bytes o átomos) deben soportar un IVA reducido. Reducido, que no hiperreducido, lo que en España sería el 10 %. Por lo tanto, el IVA de los pbooks debería subir y el de los ebooks, bajar. No creo que sea un producto (lo de libros como «servicio» me parece una mala excusa legal) de primera necesidad, pero tampoco un producto de lujo, con lo que, según mi visión, encaja bien dentro del IVA reducido.
    No entro en qué es cultura y qué no: Crepúsculo, El código da Vinci y las 50 sombras tienen tanto derecho, mal que me pese, a ser considerados cultura como la obra maestra de la literatura favorita de cada uno. Al igual que la buena cerveza y el buen vino deben soportar, mal que me pese, impuestos extra, al igual que otros vicios más o menos sanos.
    Todo esto sin entrar en la artificialidad de un impuesto tan «gratuito» como el IVA, claro.

  3. Precisar que eso que Amazon comparte la diferencia del Iva con los editores no es cierto, al menos en mi caso. Con un contrato vigente con Amazon eso no es así, y no me consta que lo sea en ningún caso.

    1. Hola Enric,

      El tuyo es un muy buen testimonio de primera mano.

      Gracias por dejar tu comentario!

      Bernat

  4. […] del IVA del libro de papel al tipo normal español del 21% que ya se aplica al digital. Ya expuse en otro artículo por qué creo que la equiparación debe hacerse elevando el papel al tipo normal y no rebajando el […]

  5. No sabía que Luxemburgo paga un 3% de IVA, no tiene sentido que en algunos países se pague esta ridiculez y en otros casi un 15% más, así es imposible de nivelar la balanza

  6. […] un IVA aplicado al libro del 3%, fomentando el dumping fiscal de empresas como Amazon, entre otras. En octubre de 2012 la UE dio un plazo de 30 días a Francia y Luxemburgo que no pareció asustar a […]

Comments are closed.