Una de las normas que me impuse cuando abrí este blog fue no hablar de mí si no era imprescindible o no tenía valor ilustrativo de lo que quería contar. Si yo trascendía debía hacerlo por mis argumentos, fueran estos alabados o vituperados. Celebro que un puñado de profesionales a los que admiro me citen, me enlacen y hayan hablado de mí. Reflexiono cuando otros están en desacuerdo. Hace un par de días pasó algo de lo que me di cuenta porque me sucedió a mí, (gracias a E.R. por ponerme sobre la pista) pero que deja al diario El País en un lugar muy comprometido.

El jueves 26 de Julio de 2012, Bruno García Gallo escribió un artículo titulado Madrid muda de piel cultural para la sección de Madrid del mencionado diario en el que hablaba de la presentación de la nueva política cultural del ayuntamiento. En dicho artículo se decía que el nuevo concejal de cultura, Fernando Villalonga, a quien no tengo el gusto de conocer, citó un fragmento de uno de mis artículos. El País terminaba diciendo:

Ha terminado el concejal haciendo suya la afirmación del publicista y diseñador Bernat Ruiz Domènech: “Lo que tenemos ahora es una aristocracia cultural que domina los medios de producción en connivencia con un sistema público que arrima el ascua a su sardina siempre que tiene la ocasión, malgastando los limitados recursos disponibles de manera poco transparente”.

El País enlazaba el artículo de mi blog que contiene estas palabras. Que nadie busque el artículo de El País porque ya no existe. Bueno, no es exactamente así. La URL sí existe, pero la versión que ahora puede verse no tiene nada que ver con la original. La mención a mi persona y el enlace a mi artículo han desaparecido y, excepto el tercio inicial, la noticia es irreconocible. La URL es la siguiente:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/26/madrid/1343305972_628361.html

Sé que la noticia original no decía eso, porque pude leerla antes que la cambiaran y porque a mi blog llegaron tres pingback de sendos blogs (Noticias España, Artis Manus, cursovt) que referenciaban y transcribían la noticia original de El País, blogs que al parecer agregan noticias seleccionadas de distintos medios.

Crónica de un desaguisado

  • A las 14:41 y 16:21 horas del jueves 26 de Julio llegaron a mi correo electrónico los avisos de WordPress para que autorizara la publicación en mi blog de tres pingback; así lo hice y allí se pueden consultar. Entonces accedí al artículo original de El País del que yo no tenía noticia ni tenía por qué tenerla, pues el derecho de cita es libre y no requiere consulta (¡faltaría más!).
  • En la página que agrupa los artículos del autor, Bruno García Gallo, la noticia todavía aparece como publicada a las 14:35 del mismo día.
  • La noticia que se corresponde con la URL original lleva fecha del mismo día, pero la hora ya no es 14:35, sino 21:11. Su título es el mencionado Madrid muda de piel cultural.
  • La noticia alojada en otra URL pero idéntica a la de las 21:11 lleva la misma fecha, pero no la hora, 22:33. Su título es: Hacia una nueva piel cultural.

¿Qué sucedió entre las 14:41 y las 21:11 del jueves 26 de Julio de 2012? Como no soy de ánimo conspiranoico no creo que una mano negra me esté perjudicando. Es más sencillo: a alguien que manda un poco o un mucho en la sección de cultura –o más allá- no le gustó el artículo que firmaba –y sigue firmando- Bruno García Gallo y mandó cambiarlo, como si Internet fuera un lugar desmemoriado. En el desaguisado posterior la misma persona que manda ese poco o ese mucho decidió replicar el artículo cambiándole el título, como si en Internet no se pudieran encontrar las cosas fácilmente.

El País de las sensaciones…

Vergüenza ajena, bochorno, ridículo, manipulación informativa, poca profesionalidad, tomadura de pelo… lo de menos es lo que han hecho conmigo, eso me importa muy poco, mediáticamente soy un don nadie y sé qué lugar (se supone) me corresponde. Lo que me indigna es que cambien noticias delante de nuestras narices como si tal cosa, como si no dejaran absolutamente ningún rastro, con la facilidad con la que Stalin eliminaba disidentes de las fotos. En mi caso dejaron tres rastros, y he podido seguirlos.

Si en una noticia de interés relativo y de consumo local hacen esto, ¿qué no harán en temas mucho más importantes? ¿De veras podemos hablar de independencia periodística? Habiendo renunciado a la objetividad –por simple cuestión de higiene mental- ¿debemos tirar a la basura también la autenticidad de un medio? Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo –con perdón- y es evidente que lo que han hecho en El País es mentir. No es que yo me caiga de ningún guindo, la noticia no es la mentira en sí –hace tiempo que lo sabemos-, la noticia es el poco cuidado que ponen en estas cosas: podrían molestarse en tomarnos el pelo con más clase, elegancia, inteligencia y habilidad. Al lector no le gusta que le insulten la inteligencia.

Aprovechando que El País tiene un Defensor del Lector le trasladaré el caso, aunque me temo que no pasaremos de los subterfugios que suelen usar los jefes de redacción: inexplicable error, desafortunado malentendido y otros eufemismos que cerrarán con expresiones como se pondrán los medios necesarios para que no vuelva a suceder. Pero volverá a suceder. También le preguntaré algo al autor del artículo, Bruno García Gallo, aunque entenderé que no dirá nada sin el permiso del periódico si él, como yo, tiene facturas que pagar cada mes. Y creo que alguna pregunta haré en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Va a ser divertido. Ya contaré cómo termina –o no termina- la historia.

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

3 Comments

  1. Me llama la atencion esa cita del tal Margallo
    “Lo que tenemos ahora es una aristocracia cultural que domina los medios de producción en connivencia con un sistema público que arrima el ascua a su sardina siempre que tiene la ocasión, malgastando los limitados recursos disponibles de manera poco transparente”.
    Pues en su caso, parece propia de los tiempos en la oposicion, con la mentalidad de campaña contra los titiriteros del NO A LA GUERRA, apaleando a la presunta izquierda caviar, pues es obvio que no se incluye a si mismo ni a sus correligionarios entre esa aristocracia cultural que utiliza el sistema publico para arrimar el ascua a su sardina malgastando los limitados recursos publicos.

  2. Ex Cesiva Entrada 3 agosto, 2012 at 19:12

    Demasiado escrito para cosa tan nimia. Vanidoso. No veo tanto latrocinio.

    1. Apreciado o apreciada corresponsal:

      Cuando señalan la luna, usted mira el dedo. Debe ser experto o experta en dedología, aunque otros, equivocados, lo llamarían falangista, no por facha, sino por su obsesión en la falange distal del dedo índice de quien señala.

      Lo dije en mi artículo pero debo repetirlo a beneficio de precipitados (o precipitadas, desconozco su sexo, eso que los cursis llaman género). Yo no soy nadie. Si usted supiera las pocas personas que visitan este blog, se daría cuenta. El problema lo tiene El País, no yo, cargándose la confianza de los lectores manipulando su propia información una vez publicada. Con ello, se carga la fiabilidad de cualquier hemeroteca digital: lo que nos están diciendo, descaradamente, es que no podemos confiar en la información que un periódico publica, no podemos confiar en que mantendrán sus palabras. No es excusa haberse equivocado y querer corregirlo: la Fe de Erratas o la publicación de una noticia que matice una anterior son herramientas suficientes y permiten tratar al público como si fuera adulto (que lo sea, o no, no es problema de un periódico serio; debe dar por sentado que el público lo es).

      Si un periódico se carga la confianza, está muerto. Moribundos andan muchos, y buena parte de la culpa es de la desconsideración mostrada hacia sus lectores.

      Usted puede seguir mirando el dedo, de todo corazón.

      Gracias por dejar su comentario y por leerme, incluso los lectores hostiles son bienvenidos.

      Hasta pronto,

      Bernat

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