Cuando un sector se envuelve en la bandera de las esencias y canta, cual bardo celta, la inmortalidad de sus días, es que estamos asistiendo al epílogo de su existencia. En esa tesitura se encuentra el Gremi de Llibreters de Catalunya, que ha conseguido que el gobierno de la Generalitat brinde a su negocio pingües recursos para pasar un ratito más en la UCI antes de ingresar, inevitablemente, en la morgue.

Las librerías tienen los años contados. Me refiero a ese negocio montado en un local a pie de calle al que acceden unos seres humanos para comprar un conocimiento –o un entretenimiento- escrito, impreso y encuadernado. Esa librería agoniza. Debiera entrar en cuidados paliativos para que su final fuera menos doloroso, pero no más largo. El Gremio de Libreros de Catalunya cree que no, que el enfermo terminal puede sobrevivir y ha encontrado un galeno que también lo cree en la persona de Ferran Mascarell, Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Prestos a perpetrar un cruel ensañamiento terapéutico en las carnes de tan respetable sector, han pergeñado algo llamado Plan Llibreriactiva. Lo que dicho plan se propone fomentar es lo siguiente:

a/ El rol ineludible de la librería en la cadena de valor del libro y su función básica de fomento y prescripción de la lectura.

b/ El valor de la red territorial de las librerías de Catalunya, formada por 650 librerías aproximadamente.

c/ La importancia de la librería como primer canal de venta de libros y primera ventana para el público.

d/ La comercialización del fondo de las librerías, ponderando siempre el libro en lengua catalana u occitana.

e/ La comercialización global del libro desde el canal de librería física y sus canales digitales.

Paso a comentar cada uno de los cinco puntos mencionados:

El supuesto rol ineludible 

El rol ineludible de la librería es vender libros de papel. No es cierto que la librería sea básica para el fomento de la lectura: esa labor se realiza en casa. Uno lee si en su casa leen, luego será interesante que la sociedad lo promueva, pero la condición sine qua non para que tu hijo lea –y luego compre libros-, es que tú leas. Siempre hay quien cuenta esa historia dickensiana de cierto niño criado en la indigencia cultural que, tocado por las musas y movido por una férrea determinación, se convierte en gran lector y hasta en legendario literato. Ya, bueno, pero el común de los mortales, esos que con nuestro dinero pagamos el tinglado, nos hemos criado en casas llenas de libros con gente que solía leerlos.

En cuanto a lo de la prescripción… a estas alturas creer y decir que el librero es un prescriptor fundamental es vivir en el siglo XIX. Hoy en día la opinión del librero puede ser, a lo sumo, interesante e instructiva, pero no fundamental: no puede leer todo lo que vende, si no lo puede hacer no lo conoce y si no lo conoce su valor como prescriptor es… que cada cual le dé el valor que estime oportuno.

El valor de la red territorial de las librerías

¿Cuál es el valor real de la actual red de librerías a pie de calle en Catalunya? 650 librerías no son pocas. Pero cuando acercamos la mirada a ciertos rasgos de dicha red la visión es menos halagüeña. En primer lugar hay grandes desequilibrios. En Barcelona hay demasiadas librerías, mientras que en muchos pueblos pueden darse con un canto en los dientes si tienen una. Esperar que ese numantino establecimiento esté más o menos bien surtido es una fantasía que pocos se permiten, pues el segundo gran problema es de distribución: es tan ineficiente que ciertos distribuidores no sirven pedidos a según qué lugares. No sale a cuenta.

¿En cuántas librerías digitales puedo comprar desde cualquier lugar de Catalunya que cuente con ADSL? Sin hacer ningún esfuerzo, a la memoria me vienen cinco. Vaya, 5 comparado con 650 es ridículo, ¿no? Parecería que las librerías a pie de calle lo tienen ganado: en cifras redondas, hay unos 7.000.000 de catalanes que deben ir a comprar a 650 librerías. Eso nos da una librería por cada 10.796,2 habitantes. Es una ratio muy alta.

Pero invirtamos los términos, ¿Cuántas librerías digitales hay por cada habitante conectado desde su casa? Siguen siendo 5 ¿Siguen pareciendo pocas? ¿Cuántas librerías a pie de calle hay por cada habitante? 0,00009. Eso sí son pocas librerías.

Abundaremos más en el drama: ¿Cuántos títulos están disponibles en cada librería a pie de calle? Los que quepan en cada una de ellas y seleccionados a criterio del librero. ¿Cuántos títulos están disponibles en una librería digital? Tantos como se hayan editado. Es cuestión de muy poco tiempo que todas las obras vivas se encuentren en digital.

La importancia de la librería como primer canal de venta

¿Es la librería a pie de calle el primer canal de ventas? Obvio. ¿Era el monasterio el primer productor de libros poco antes de Gutemberg? Sí. El mismo día que Gutemberg dejó lista su imprenta no fue un mal día en particular para los scriptorium monacales. Llevaban siglos refinando su amanuense sistema, parecía inmejorable. Bueno, de hecho lo era, el problema es que alguien inventó un sistema diferente. Mejor.

La comercialización del fondo, ponderando la lengua catalana u occitana

El fondo sólo es un problema si uno vende libros de papel. Dicho problema desaparece si en vez de almacenes tienes servidores. El metro cuadrado de almacén es mucho más caro que el espacio equivalente en cualquier servidor. Y esa es sólo una aproximación superficial al asunto, cuanto más profundicemos en él mayor será la ventaja para el almacenamiento digital.

El problema para la edición en lengua catalana –no digamos ya el occitano- es que la edición en papel es a menudo ruinosa porque las tiradas son, en ciertos géneros, ridículas. Editar novela en catalán suele ser rentable, pero editar ensayo o poesía es mucho más arriesgado. Una parte del problema desaparece con la edición digital: si de veras la Conselleria de Cultura desea fomentar la edición en catalán y occitano, lo que debe hacer es impulsar la edición digital, pues el problema de la tirada corta desaparece.

La comercialización global del libro desde el canal de librería física y sus canales digitales

Este es un punto confuso. Tras darle algunas vueltas lo he reformulado. Creo que lo que quieren decir es: vender libros de la forma que sea. Si es así, ningún problema. Bueno, sí hay un problema: dividir esfuerzos entre el canal físico y el canal virtual es como tratar de curar un miembro gangrenado que sabemos que habrá que amputar, con el riesgo que todo el sector sufra una septicemia que podríamos ahorrarnos si se tomara una decisión drástica, dolorosa, pero mucho más saludable: fomentar, promover, subvencionar la digitalización de los actuales libreros de papel, sin aportar un euro más a la cadena tradicional. No tengo especial aprecio por las subvenciones, pero puestos a otorgarlas, preferiría que se dirigieran a proyectos de futuro, no a construirle un mausoleo al finado en ciernes.

Dinero y ayudas: un grave problema de brecha digital

Más allá del manido parloteo de intenciones hay iniciativas concretas. Dos de ellas van de gastar dinero y la tercera va de inventar la pólvora:

a/ 275.000 € en ayudas a la modernización de librerías. Según reza la extensa nota de prensa de la Conselleria, dicha ayuda consiste en (traduzco del original en catalán):

El Departamento de Cultura, a través del ICEC, ofrecerá ayudas por un valor de 275.000 euros destinadas a la modernización de las librerías con el objetivo de mejorar estos establecimientos. Las ayudas pretenden incidir tanto en la librería como espacio físico a disposición de los lectores, como mediante la incorporación de nuevas tecnologías que repercutan en la calidad de su servicio y en la comercialización del libro tradicional y digital. Asimismo, estas ayudas fomentaran aquellas acciones realizadas desde la librería para la promoción del libro y de la lectura.

Con estas ayudas se quiere incrementar la oferta de las librerías. Por eso se apoya la potenciación y comercialización del fondo editorial puro de las librerías, que son los libros vendidos a partir de segundo año posterior al de su publicación; y del fondo editorial impuro en el caso del libro técnico, que son los libros vendidos a partir del primer año posterior a su publicación. Con estas subvenciones se pretende que el lector disponga de un amplio abanico de géneros y temáticas. Asimismo, se ponderará el esfuerzo comercial de los títulos en lengua catalana y occitana, cosa que facilitará una más amplia oferta de títulos de temáticas locales.

Ante todo: si el texto es pésimo no se debe a mi traducción; el original es así, pero en catalán. Este tipo de textos son el resultado de demasiadas manos, demasiadas ideas contrapuestas y muy poco talento en lo fundamental. Porque lo fundamental se resume en dos frases de mi cosecha: vamos a mejorar la librería a pie de calle y a vender más libros de papel; para conseguirlo ponemos 275.000 € encima de la mesa. Que nadie se engañe con la inclusión de la palabra digital entre tanta idea suelta: estamos ante más de un cuarto de millón de euros que se gastarán en… polvo y telarañas.

b/ 25.000 € destinados a formar libreros. Dicen textualmente (traduzco del original en catalán):

El ICEC, mediante una ayuda directa de 25.000 euros al Gremio de Libreros de Cataluña, apoyará el proyecto formativo que esta institución ponga en marcha con la facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Barcelona con el objetivo de crear un nuevo currículum profesional de personal de librería. El objetivo es ofrecer una formación especializada que capacite al profesional del sector para trabajar en el sector del libro.

Primero:ayuda directa significa que el ICEC le suelta la pasta al Gremio, que ya, si eso… va a la Universidad de Barcelona y entre los dos montan un curso. ¿No sería más transparente y eficiente subvencionar al estudiante y no a la institución?

Segundo: ¿formación en qué? No se nos dice. De tanto blablubli ostentoso uno entresaca un par de ideas básicas: formamos a libreros para que vendan más. Hombre, pues oiga, que la intención está muy bien. Pero, ¿no sería mejor destinar estos dineros a reconvertir el sector, digitalizar a los actuales libreros –los de mañana vienen digitalizados de casa- para que el libro digital no sea su Némesis?

c/ Base de datos para librerías. En la nota de prensa se nos dice (traduzco):

El acuerdo signado hoy prevé que el Gremio […] implemente un sistema de gestión de datos llamado Libri Data, que permitirá el control de stocks y la identificación de los títulos y el número de volúmenes comercializados por cada librería.

Si hay algún librero leyendo estas líneas y todavía no me ha mandado al cuerno, permítame que le haga una pregunta: ¿esto que llaman Libri Data no existe ya como CEGAL en Red? ¿Cuántas veces tenemos que inventar la pólvora? ¿Cuánto costará esta nueva (sic) base de datos? ¿Cuánto del dinero antes consignado va destinado a duplicar una herramienta que hoy en día ya funciona? Hasta donde yo sé, el funcionamiento de CEGAL en Red es bastante satisfactorio.

Este delirio termina con el enésimo plan en pro de la lectura –tradúzcase a favor de la venta de libros- que no citaré aquí porque dice lo de siempre y con él pasará lo de siempre. Para terminar la lectura de lo más jugoso de la nota, esto:

Por otro lado, el Gremio […] también impulsará que sus librerías agremiadas implementen un sistema que permita la comercialización del libro en formato digital.

¿Por otro lado? ¿Lo que debería ser el eje central de la iniciativa se despacha tras un por otro lado en una frase hundida al final de una nota de prensa deleznable en su redacción y penosa en su objetivo? ¿Qué se le está diciendo al sector, que pasarse al digital no es urgente y es simplemente accesorio?

El libro de papel se muere. No hay mercado ni dinero para la feliz convivencia entre el libro de papel y el libro digital. Si usted es un librero de papel y está leyendo esto, no se deje engañar: en menos de diez años tendrá que cerrar el negocio. Según sea su situación, en menos de cinco. No se trata de una simple coyuntura, es un cambio estructural. El cambio es permanente y la rentabilidad está en la red, en la Internet 2.0 y siguientes. Esa es la reconversión que cualquier librero debe atender y no otra. Y no pidan que nadie les dé formación: fórmense ustedes mismos, en la Internet 2.0 hay recursos a patadas y su experiencia les permite buscar bien lo que necesitan. Los jóvenes salen digitalizados de casa: no hay razón para que ustedes no hagan lo mismo. Los ordenadores, la Internet 2.0, las redes sociales, los smartphones… no muerden. Sigan abriendo la persiana a pie de calle cada día, pero por favor, abran ya otras persianas. Especialmente las mentales.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

22 Comments

  1. No deben de ir muy bien las cosas cuando uno está obligado, como es su caso, a expresar proposiciones basadas en el sentido común para criticar el despropósito político de las ayudas a los libreros catalanes de que nos informa en su blog. Su texto es oportuno: creo que las razones con que desmonta el absurdo mecano político-administrativo son de difícil refutación y estoy de acuerdo con ellas.

    Pero solo por hacer de abogado del diablo, permítame subrayar un hecho: quizás esté equivocado, pero me da la impresión de que una buena parte de las personas que acuden a una librería no lo hace solo por su afán de procurarse este o aquel libro, sino también -y quién sabe si sobre todo- para lograr una satisfacción íntima al participar en un acto “social”: consumir cultura junto a otros feligreses similares, ser uno más, y serlo en comunidad, en esa peculiar liturgia de gastar dinero comprando un libro. Es posible que muchos de los que entran en las librerías sientan un placer ¿intelectual? al ojear y hojear libros; al dejarse marear por la barahúnda de títulos que apenas estarán unas pocas semanas en la librería antes de ser devueltos al distribuidor para ser triturados; al pagar el precio del libro y salir triunfante a la calle. Este es el único motivo que veo para que las librerías perduren más de lo razonablemente previsible. Se trata de ese tipo de causas asombrosas al que pertenecen, por ejemplo, estas otras referidas a la preferencia del libro de papel sobre el libro digitalizado: “el olor a tinta” (supongo que “embriagador”), “el tacto del papel”, “que si el libro es un recuerdo porque me lo regaló no sé quién…”, razones todas comprensibles, pero que… En fin, me extiendo demasiado.

    Tengo en mi casa cerca de mil quinientos libros de papel, de los cuales la inmensa mayoría la compré en librerías varias (desde “grandes superficies” hasta librerías de viejo). No creo ser, pues, precisamente un enemigo del libro de papel ni de las librerías, pero los tiempos cambian y tampoco se puede ir contra el sentido común. Excepto si uno es conseller.

  2. No me queda más que aplaudir tu exhaustivo y pormenorizado análisis, que si bien hace referencia a una zona en concreto de la geografía hispana podría hacerse extensivo al resto del territorio, no ya “nacional”, sino al menos el influenciado por el mercadeo de editoriales de ámbito, voy a decir “hispanohablantes” con la esperanza de ser bien entendida. Independientemente de que cada consellería, consejería o ministerio (incluyo a países de América Latina) desarrollen sendas políticas particulares en torno a la misma cuestión, sucede que todas terminan haciendo lo mismo, como tú bien dices, gastar la penicilina en un miembro que todos sabemos habrá que amputar.
    Ahora sólo falta que la editoras, y los mismos autores, además de los libreros, sean capaces de ver con los mismos ojos. Aquí distribuidores son los que tienen que perder, intermediarios que sobran en el nuevo sistema digital y, me temo, tengo la sensación, de que son ellos los que procuran que la venda continúe ocultando la gravedad de la “herida”, no perpetrada por nadie, tan sólo producto de la lógica evolución en las mentalidades.
    Un cordial saludo.
    P.D. Por cierto, ¿a nadie le suena ya en desuso el corporativismo que implica la palabra “gremio”, teniendo en cuenta que hoy una gran parte de los “nuevos” escritores, además de escribir, saben maquetar, editar, diseñar, publicar en digital, e imprimir, encuadernar y hasta vender en físico si se diera la circunstancia?

  3. Senyor Esteve 1 marzo, 2012 at 00:25

    “La condición sine qua non para que tu hijo lea –y luego compre libros-, es que tú leas”.
    “El común de los mortales, esos que con nuestro dinero pagamos el tinglado, nos hemos criado en casas llenas de libros con gente que solía leerlos”.
    Según esto, solo se llega a ser lector por vía hereditaria, prácticamente por transmisión genética. Para ser lector hay que pertenecer por nacimiento a una antigua estirpe de lectores; la aristocracia de la lectura, de rancio abolengo.
    Así, la posibilidad de que surjan nuevos lectores es francamente remota. ¡Qué triste! Si fuera cierto claro.
    Si me permites que te lo diga, tales ideas me parecen propias de una mente con polvo y telarañas.

    1. Hola Senyor Esteve,

      Divertida reducción al absurdo. Pero, obviamente, no es eso lo que yo estoy diciendo. No hay estirpes aristocráticas, hay hábitos transmitidos. Y una buena parte de hábitos se adquiere en casa. Puede gustar o no, pero el hábito a la lectura se transmite. És cierto que uno puede adquirirlo de una figura inspiradora ajena al núcleo familiar, pero no es lo más frecuente.

      El lector no nace, se hace. Pero se hace en lugares donde hay libros y lectores. Hay excepciones, siempre las hay. Esas excepciones son las que permiten que este país aumente, año tras año, su índice de lectores. Por eso en España se lee mucho, y se leerá cada vez más.

      Espero que haya disipado su confusión entre la transmisión de hábitos y la transmisión genética. Tienen aspectos parecidos, pero en lo fundamental son procesos muy distintos.

      Gracias por pasarse por aquí,

      Bernat

      1. Eso es completamente cierto. Mis padres, sin estudios superiores y “currantes”, entendieron desde el principio que si querían que yo leyera tenía que haber libros en casa. Muchos libros. Y el gasto en libros era más importante que el gasto en ropa: teníamos cuenta abierta en la librería del pueblo, yo podía pasarme por allí cuando quisiera y a mis ocho o diez años comprar lo que se me antojara, pero no ocurría lo mismo ni de lejos con unas botas de deporte, una camiseta o una falda.
        Ellos no leían mucho, cierto, porque tampoco tenían una gran formación. Pero cuando nací los estantes de mi casa ya estaban llenos y mis hermanos mayores leían. Y tenía la biblioteca pública apenas a un par de manzanas de casa. Fue un hermano el que me acompañó las primeras veces a la biblioteca hasta que aprendí y me empezó a gustar ir sola.
        Es cierto que resulta muy difícil que te guste leer si nadie lee en tu familia o si, como fue mi caso, tus padres entienden los libros como una prioridad solo por debajo de la comida de cada día. El hecho de poder ir andando tanto a la librería del pueblo como a la biblioteca también fue decisivo, tanto que estoy segura de que cuando sea madre acompañaré a mi hijo andando a la biblioteca como hicieron conmigo. Y si no hay biblioteca a menos de 5 minutos andando de casa, no es un buen sitio para criar a un niño.
        El ambiente que te rodea de pequeño es decisivo para desarrollar o no el hábito de la lectura. En mi caso, crecer en un pueblo pequeño con padres no cultísimos pero concienciados y librería y biblioteca a menos de cinco minutos fue decisivo. Nos guste o no, el ambiente marca y en algunos casos excepcionales, como el mío, ese ambiente está menos determinado por el dinero de que disponga tu familia. Pero en el mundo real los padres lectores y con pelas para gastar en libros suelen tener hijos lectores. Nos guste o no, es así, y más valdría con dar pasta a bibliotecas en vez de dársela a librerías para invertir esa tendencia.

        P.D.: Como dice Ruiz Domènech, lo del librero prescriptor es un mito. Ni siquiera de niña me daban buenos consejos porque no estaban al tanto de los libros que ellos mismos vendían. Yo me limitaba a pasearme por las estanterías, coger un libro u otro (que a veces había curioseado antes en la biblioteca pero que a lo mejor en ese momento estaba prestado) y cargárselo a la cuenta de mi padre. Es así: es muy raro que un librero te conozca a ti y a su género lo suficientemente bien como para recomendarte algo que merezca la pena.

        1. Hola Rebeca,

          Gracias (con demasiado retraso) por tu extenso comentario!

          Saludos!

          Bernat

      2. Senyor Esteve 9 marzo, 2012 at 00:27

        Absurdo claro… Mi irónico comentario venía motivado por ese “sine qua non” tan drástico.
        Está claro que una casa llena de libros ayuda a formar nuevos lectores pero no es una condición “sine qua non”.
        Tengo ejemplos en mi familia de gente con una casa llena de libros y que no mostraron nunca ningún interés por leer ninguno de ellos; tampoco sus padres les incentivaron para hacerlo.
        En mi caso, en cambio, había muy pocos libros en casa, todos de mi padre. Mi madre casi no tenía estudios, leía con mucha dificultad. Mi hermana, siete años mayor que yo, ni leía ni lee. Mi padre muy poco. Yo, ahora, ya no sé donde meter los libros; me faltan paredes.
        ¿Cómo empecé? Ni me acuerdo… Supongo que empecé con los cuentos troquelados y luego con los tebeos (el TBO, el DDT, Cavall Fort, etc), muchos tebeos. Después Folch i Torres, Enid Blynton y tantos otros. Y así hasta ahora, tantos años después. Lo que está claro es que mis padres nunca pusieron reparos en que leyera ni en comprarme libros.
        ¿Soy un caso raro, una excepción? Yo creo que somos muchos más de lo que parece.

        En cuanto a lo del librero prescriptor… pocos hay, es verdad, pero alguno queda: http://www.365d365e.com/entrevistes/?p=5102 (en catalán).

        ¿Desparecerán las librerías? Puede, ¿quien puede asegurarlo? Ni tú ni nadie, ya se verá. Alguna quedará si se encuentra algún resquicio para mantener un negocio. Me temo que las bibliotecas tampoco van a resistir mucho. Puede que Rebeca Ruiz encuentre una biblioteca a cinco minutos de su casa para sus hijos, pero no sé si sus hijos la van a encontrar para sus nietos…

        1. Sus nietos la encontrarán a un clic. De hecho ya pueden hacerlo.

          Saludos!

          Bernat

      3. Senyor Esteve 9 marzo, 2012 at 00:32

        Por cierto, a mi nadie me llevó nunca a una biblioteca. Cuando las conocí ya estaba bastante crecidito. Ahora trabajo en una. 😉

  4. Interesante reflexión. Me ha animado a apuntarme para hacerme habitual. Me preocupa que “ideas disidentes” sean rechazadas y se les tilde como “llenas de polvo y telarañas”.

    A la larga es más importante el hábito de la lectura que el de el trasiego de libros: de hecho yo me he leído este artículo, sin necesidad de que hubiera un papel por el medio. Dependiendo de los hábitos de escritura del autor, es posible que el papel ni siquiera hubiera intervenido en el proceso de creación (no me hagan caso, pero he oído que hay personas que escriben, a estas alturas, sin necesidad de papel.

    Tengo una idea particular que implica que el libro es, ahora mismo, un atavismo. Intentamos explicar a los jóvenes el valor y la importancia de los libros (como les enseñamos a llevar un reloj de pulsera) y, al centrarnos en un aspecto de importancia menor, desatienden el mensaje central de la transcendencia para sus propias vidas de la lectura (como medio para alcanzar el conocimiento, facilitar el desarrollo personal y generar un ocio productivo) y controlar y manejar el tiempo (aunque lo hagan por el teléfono móvil o cualquier otro dispositivo -incluso, no personal- a su alcance).

    Gracias por el artículo, y espero no haberme excedido en la longitud del comentario

    1. Hola Alberto,

      Agradezco comentarios largos, enriquecen mucho. Implica que algo he movido en las neuronas de algo, uno de los objetivos de este blog. Suscribo completamente lo que dices: es más importante el hábito de lectura que el de trasiego de libros. Es cierto que nos centramos demasiado en el objecto y en su “cultura” y no lo suficiente en lo que el contenido hace posible.

      Gracias!

      Bernat

      1. Estoy trabajando en un artículo al respecto. Cuando lo termine, te lo haré saber.
        De momento te invito a mi casa por si quieres hacerme una visita.
        Siéntete cómodo y revuelve todo lo que quieras

        http://www.comunsinsentido.com/

        Un saludo

      2. Hola:

        Terminé el artículo y, como anuncié, dejo aviso aquí.

        http://www.comunsinsentido.com/2012/03/papa-que-es-un-libro.html

        Si te acercas, comprobarás que se me fue un poco la olla y se terminó convirtiendo en un viaje.

        Un saludo

  5. Hay una lectura entre líneas que se saca de tu punto c), el de crear una red de datos.
    ¿Se intuye ahí que quizá el Gremi esté pensando en desligarse de Cegal y por lo tanto salirse de Cegal en red por lo que necesitaría su propio sistema de recopilación de datos? En los tiempos que corren de absurdidades varias, esa etílica posibilidad de compartimentar el campo no debería sorprendernos.

  6. […] es probablemente tiempo para ‘polvo y telarañas‘ generado a veces por los propios sectores de la cultiura, en otros por las propias […]

  7. Jesús J. de Felipe 5 marzo, 2012 at 10:09

    Buen post Bernat; en esa misma dirección sería interesante tu opinión sobre qué está pasando y que pasará con las bibliotecas públicas en este contexto digital. En alguna bibliotecas de universidades americanas los alumnos pueden acceder libremente a contenido digital a través de la subscripción institucional, carísima por cierto, y pueden hacerlo de manera remota desde su ordenador. No parece tener sentido, entonces, seguir acumulando copias en papel para prestar y consultar con sus elevados costes de almacenamiento y gestión sobremanera cuando los libros en general y en particular los de texto y consulta van a estar disponibles en formatos digitales. Es curioso y sorprendente saber que las bibliotecas publicas rechazan sistemáticamente donaciones de libros de particulares por su falta de capacidad para procesar incluso el propio fondo físico que tienen, sin embargo su fondo de biblioteca es generalmente muy pobre y limitado y bastante sujeto a las modas del momento, esto es, suelen ser fondos muy perecederos, incurriendo en una contradicción estructural implícita. De este modo, los edificios de las bibliotecas públicas se han convertido en carísimos puestos de estudio para preparación de exámenes, a donde los jóvenes acuden también como lugar de encuentro social y de ligue. Algunos padres llevan allí a los niños para cubrir las horas de la tarde y tratar de hacer los deberes o disfrutar de un servicio de “ludoteca”. Algunos jubilados sustituyen al centro de día con la lectura pausada de los periódicos. Son funciones sociales éstas de actuar de habitáculo funcional y de refugio local seguramente muy útiles y valiosas, pero ¿qué ha quedado de la razón de ser educativa y de acceso al conocimiento y la lectura de las bibliotecas públicas y cuáles deben de ser sus objetivos, su racional presupuestaria y su modelo de gestión en los nuevos tiempos que corren?.

    1. A mí me resulta sorprendente, en ese contexto, oír que las bibliotecas están dejando en préstamo Kindles.

      La pregunta es evidente: ¿con qué objeto?

      1. Hola Alberto,

        El libro de papel es exigente en metros cuadrados y exigente en cuidados. Un libro digital, en cambio, es mucho más fácil de “almacenar”. A partir de ahí podríamos encontrar otras razones más profundas, pero la del coste es una razón muy poderosa.

        Gracias!

        Bernat

    2. Hola Jesús!

      Gracias por los elogios. Paradójicamente, creo que a las bibliotecas les espera el feliz futuro que se les negará a las librerías. Dedicaré un artículo sobre esto en breve, gracias por inspirarme. Las bibliotecas no aceptan más libros físicos porque su mantenimiento en condiciones es un coste. No tiene dinero para comprarlos, pero es que tampoco los tienen para mantenerlos una vez adquiridos. No se trata de tener libros en un estante, sino de mantener el sistema por el cual el préstamo es útil a la sociedad. El libro digital será la razón de ser de las bibliotecas, precisamente en el ámbito social al que aludes al final de tu comentario.

      Gracias!

      Bernat

  8. […] Verba volant, scripta manent – Libreros: subvenciones para polvo y telarañas Coincido en parte con el autor, cuando los libreros pierdan el libro de bolsillo que se ira pronto al eBook y el libro de texto, que no solo se irá al eBook sino que a medio plazo será gratuito. ¿Cómo conseguirán sobrevivir el 90% de las librerías?. En lo que no coincido es que el librero no sea un agente cultural y muchos pueblos es el único agente cultural, si su labor cultural no es hecha por otras personas, la pérdida para las ciudades de las librerías será más sensible que la pura pérdida de puestos de trabajo que han supuesto la pérdida de otro tipo de  establecimientos debido a los cambios tecnológicos, como pueden haber sido, las lecherías, los zapateros remendones, las cacharrerías, traperías, tiendas de tejidos etc. […]

  9. […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Libreros: subvenciones para polvo y telarañas scriptaverba.wordpress.com/2012/02/29/libreros-subvencion…  por Serendipio hace […]

  10. […] raíz de mi artículo Libreros: subvenciones para polvo y telarañas, un lector, Jesús J. de Felipe, dejó un comentario que reproduzco aquí […]

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