Fuente: Wikimedia

Reza el dicho castellano que “en tiempos de tribulación es mejor no hacer mudanza”, sana prudencia para tiempos más analógicos y lentos que estos que nos ha tocado vivir, en los que la letra de una ley puede permitir ahora lo que hace quince años prohibía sin cambiar ni una coma.

Andan los libreros a la greña con Amazon; no es esa greña habitual, estándar y de tarifa plana, sino una nueva. A los de Jeff Bezos, en España, les dio por montar una promoción de descuento en libros del 25%; todo fueron lamentos y rechinar de dientes en casa de los libreros; no pocos exigían la intervención del ministerio, la interposición de denuncias y ya veían próximo el momento en el que el pérfido norteamericano hincara la rodilla en el suelo, doblada la cerviz por haber transgredido el precio fijo.

Pues no. Lo que ha hecho Amazon es legal. Lo cuenta muy bien Peio H. Riaño  en el periódico español El País y lo aclaran convenientemente los chicos de Bezos en la página de promoción de lo que han llamado “Fiesta del Libro”:

Del 6 de noviembre al 2 de diciembre de 2019, disfruta de un descuento del 25% en los libros incluidos en esta selección e incluidos en las siguientes categorías. Promoción aplicable exclusivamente a libros vendidos por Amazon, publicados hace más de dos años y ofertados durante 6 meses.

Ahora, veamos qué dice el artículo 10 de la la legislación aplicable al libro en España en cuanto a exclusiones —que no excepciones— al precio fijo:

El librero o detallista podrá aplicar precios inferiores al de venta al público a los libros editados o importados transcurridos dos años desde la última edición siempre que hayan sido ofertados por los mismos durante un período mínimo de seis meses. La oferta y exposición de estos libros deberá realizarse separada y suficientemente indicada de la de los libros sujetos a precio fijo.

Mientras la realidad estuvo sostenida solamente por los tozudos átomos de las librerías a pie de calle un articulado tan grosero y poco específico no dio ningún problema porque eso de ofertar implicaba tenerlos en un estante criando polvo y lo de separada y suficientemente indicada obligaba al acarreo de libros y la rotulación correspondiente.

En eso llegó Internet y se acabó la diversión; el problema era que Internet ya había llegado casi veinte años antes que el último articulado de la ley fuera publicado en el Boletín Oficial del Estado en 2007. Ya he dicho en más de una ocasión que la actual ley del libro nació anciana; ahora Amazon nos demuestra que, en ciertos aspectos, nació moribunda.

Como cuenta Peio H. Riaño, ya han empezado las pullas entre libreros y editores por ver de quién es la culpa y si Amazon está violando el espíritu, que no la letra, de la ley. Lo de los espíritus lo dejaremos en manos de médiums o, en su caso, de jueces —si se atreven a meterse en ese jardín tardarán años en dilucidarlo— pero la realidad es que la ley, tal como está redactada, ya es letra muerta. Amazon ha comprobado que podía hacerlo sin que nadie pueda oponerse. Volverá a hacerlo con más títulos, más importantes y con la complicidad de algunas editoriales de mayor entidad.

Lo más irónico es que fueron los propios editores españoles quienes, hace ya algunos años, bordearon la letra de la ley cuando interpretaron, de manera muy creativa, que ésta les permitía cambiar los precios de los libros digitales siempre y cuando —y ese extremo es muy importante— dicho precio cambiara a la vez en todas las plataformas y librerías digitales. Ese comportamiento debería haber puesto en alerta a los libreros a pie de calle pues la ley no estaba pensada para eso pero como se trataba de un mercado pequeño y ajeno se creyeron a salvo. Craso error.

La ley contiene, en el artículo 11, un punto que siempre ha permitido la barra libre y que ahora se torna ominoso:

Mediante acuerdo entre editores, distribuidores y libreros, podrá establecerse una oferta anual de precios para fondos específicos, periodos concretos y delimitados en el tiempo.

¿Qué editores? ¿Qué distribuidores? ¿Qué libreros? ¿Todos o sólo una parte? ¿Es necesario que las instituciones del libro —gremios, asociaciones, cámaras— se pongan de acuerdo o una vez más, siguiendo a pies juntillas la letra de la ley, bastará con algunos editores, algunos distribuidores y algunos libreros? Con estos mimbres, cualquier día Amazon nos dará un susto mucho más gordo.

El sector del libro en España lleva décadas creyendo que es el dueño de un cortijo a prueba de intrusos y en 2007 pergeñó una ley obsoleta cuyo redactado tenía más lagunas que el estado de Florida. Algunos llevamos años avisando que el tinglado amenazaba ruina y lo más que conseguimos fue el desdén y la indiferencia del personal. Una nueva ley que subsane estos y otros errores exigirá años de estudio y trámites parlamentarios, eso en el caso que decidan ponerse a trabajar inmediatamente. Cualquier demora convertirá el tiempo en lustros. No creo que tengamos tanto tiempo. Bueno, no creo que lo tengan.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Editor

One Comment

  1. Son leyes de cuando todos eran «amigos» y no se hacían daño entre ellos.

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