Dice el dicho que a los soldados se les supone valor porque suponer otra cosa sólo invitaría a la estampida. Del mismo modo algunos prefieren suponer importancia a la edición española porque lo contrario implicaría admitir lo mal que anda la cosa. El último en declarar que estamos muy bien pero no queremos verlo ha sido Segimon Borràs.

METALICA

Segimon Borràs fue delegado del libro en el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, director comercial del grupo Enciclopèdia Catalana y finalmente secretario general del Gremi d’Editors de Catalunya. Quien hasta la pasada primavera fuera el equivalente a Antonio María Ávila en Catalunya hoy está jubilado pero eso no impide –obviamente– que exprese su parecer en foros culturales.

El pasado día 21 de febrero Borràs publicó un artículo en un nuevo medio cultural barcelonés, Hansel* i Gretel* (los asteriscos son suyos). Borràs dice en su artículo que los últimos 150 años han visto como Barcelona construía un ‘clúster’ industrial que la ha convertido en una de las grandes capitales editoriales; afirma que lo que es obvio en el extranjero aquí no acabamos de creérnoslo. Lo más interesante que dice Borràs está en el primer párrafo, que reproduzco íntegramente:

A Corea, més o menys a una hora al nord de Seúl, es troba la Ciutat del Llibres de Paju. Es tracta d’una mena d’urbanització creada fa uns 25 anys per un grup d’editors que tenien el somni de crear un centre generador de coneixement i d’informació. Hi trobem un bon nombre d’editorials grans, petites i mitjanes; una central logística; impremtes; centre de disseny; centre de formació, etc. Aquest és un exemple de clúster d’una indústria cultural, que ha permès que Corea compti amb una indústria editorial competitiva i reconeguda internacionalment en relativament poc temps.

El resto es una reivindicación de Barcelona como clúster. Borràs habla de la edición en catalán pero, como él mismo dice, la catalana es una industria dual que debe su fortaleza a la edición en lengua castellana. El problema para las tesis del antiguo secretario general en particular y para la industria editorial catalana y española en general es que su ejemplo demuestra lo poco que se ha hecho, precisamente, en esos mismos 25 años en los que los coreanos se inventaban una Ciudad de los Libros.

La potencia sin innovación no sirve de nada

La industria barcelonesa, catalana y española es potente; eso es algo que hoy no podemos discutir. Otrosí sucede si miramos hacia el futuro: muchos no tenemos claro el futuro de una industria que basa sus propuestas de supervivencia –iba a escribir ‘mejora’ pero me ha entrado risa floja– en mamotretos inanes como ese ‘Plan integral para el fomento del libro y la lectura’ que en su día ya dejamos en evidencia o cuyos responsables –en este caso el sucesor de Borràs como secretario general en el gremio– son capaces de decir colosales tonterías. Ni el gremio catalán, ni la FGEE ni la Cámara tienen ninguna propuesta –seria– que implique la profunda innovación industrial y comercial que el sector necesita.

Volvamos al caso coreano. Lo más importante del párrafo citado es que menciona a un ‘grupo de editores’ –grandes, medianos y pequeños– como impulsores de la idea. Eso implica un liderazgo ausente en estos pagos; los grandes debieron arrimar inevitablemente el hombro ejerciendo de hermanos mayores, poniendo encima de la mesa un dinero que medianos y pequeños no tenían –junto con el dinero del sector público, que vino detrás– y que hizo posible no sólo un polígono industrial venido a más sino un complejo en el que la innovación es parte fundamental.

¿A alguno de ustedes les suena que el Grupo Planeta, en su día el Grupo Prisa o los más modestos RBA, Ediciones B o –cuando todavía existía– Grup 62 plantearan hacer algo parecido? ¿Tenemos constancia que los grandes del sector hayan propuesto nunca un proyecto con inversión cuantificada y objetivos concretos en el que tuvieran cabida los pequeños, no como comparsas decorativos sino como elementos estructurales fundamentales? ¿Alguien piensa en la edición de libros cuando oye la palabra innovación? No, no y no.

Siguiendo con las comparaciones, muchos recordarán el bochorno de ver a Mr. Adelson paseándose por la Meseta con sus ‘quítenme allá esos derechos laborales’ o a los más circunspectos directivos de Veremonte darse un garbeo por Tarragona vendiendo humo de casino mientras la Generalitat les seguía con la palangana. ¿Saben qué superficie se supone que tendría BCN World –el segundo de los pufos mencionados– de llegarse a ejecutar íntegramente? 850 hectáreas o, lo que es lo mismo, 8.500.000 metros cuadrados. La Ciudad de los Libros de Paju cuenta con algo más de una décima parte de ese espacio, 860.000 metros cuadrados. Aloja a 250 editoriales que dan trabajo a 10.000 personas. Cuando se ejecuten los planes de doblar el espacio disponible el total de editoriales ascenderá a más de 550.

¿Por qué es tan fácil encontrar dinero para cemento y tan difícil reunirlo para una industria como la editorial? La respuesta va más allá de la falta de imaginación de las Administraciones Públicas y tiene mucho más que ver con la falta de ideas de los representantes de la industria, que sólo saben pedir dinero, más dinero, no para hacer algo nuevo sino para más de lo mismo: subvención directa o compra de lotes para bibliotecas. Es difícil llevar a cabo lo que uno es incapaz siquiera de proponer.

Segimon Borràs tiene razón, a veces no nos damos cuenta del potencial de nuestra industria editorial; todo ese potencial no servirá de nada y perderá pronto toda importancia sin la innovación necesaria. Aquellos proyectos editoriales que hoy sobresalen están –salvo contadas excepciones– fuera de las estructuras tradicionales.

Sería deseable que nuestros responsables políticos, empezando por Santi Vila, nuevo Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya y Jaume Asens, tercer Teniente de Alcalde de la ciudad de Barcelona, escucharan a aquellos que tienen las ideas y el empuje pero carecen de los recursos. Las respuestas ya no hay que buscarlas en el Gremi d’Editors de Catalunya, en la FGEE ni en la Cámara: sólo piden más dinero para lo mismo. Si siempre hacemos lo mismo no esperemos resultados diferentes.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

2 Comments

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