AGONÍA

La semana pasada tuvo lugar en Madrid la trigésimo tercera edición del salón Liber. Si el año pasado la noticia fue la decrepitud de su montaje este año ha mejorado la puesta en escena pero su pronóstico sigue siendo sombrío. Liber sale de la UCI, no de la incertidumbre.

Hay problemas que no tapan kilómetros de moqueta y bellas vistas al campo de golf. La sonrisa y campechanía del presidente de la FGEE, Daniel Fernández, no pueden hacernos olvidar que Liber es un barco a la deriva. El desparpajo y gracejo del Secretario, Antonio María Ávila, no pueden hacernos olvidar la falta de rumbo.

Este artículo podría llamarse ‘el misterioso caso del salón menguante’: cada vez es más pequeño en metros cuadrados, expositores y visitantes. Pronto cabremos todos en un hotel. Poco importa su tamaño; en un salón profesional importa el rumbo, el objetivo y el viaje. Importa por qué, para qué, para quién y hasta dónde. Eso es todo lo que le falta.

Liber sigue abierto por las apariencias, porque quienes deberían promoverlo no tienen los arrestos de firmar una digna defunción ni las ideas necesarias para relanzarlo, porque cerrarlo sería reconocer que el rey va desnudo, algo que sabemos casi todos y no niega casi nadie. No hay ideas para un Liber secuestrado por la Federación de Gremios de Editores de España, un ente que nombra a sus responsables siguiendo un preestablecido escalafón de ignorantes y pelotas cuya única capacidad es negar la realidad y cuyo único mérito es no criticar a un par de gigantes y a cuatro medianos con ínfulas.

Y pese a todo repetimos, nos reunimos un puñado de profesionales porque sabemos que el talento está en las personas, esas mismas personas que no creen en Liber pero deben asistir porque su sola existencia agosta cualquier otra iniciativa. Lo mismo les sucede a los pocos editores que todavía acuden; faltos de otra cosa tiran con lo que hay. Más nos valdría usar el dinero que cuesta montar Liber en pagarles a todos ellos sendos viajes a Guadalajara.

Cuento de otoño y caída de cifras

Este otoño debía celebrarse en Barcelona una feria independiente que se venía fraguando desde 2014 y amenazaba los perezosos andares de Liber. El ayuntamiento de Xavier Trias comprometió suficiente dinero como para organizar algo pequeño pero digno. Había inversores interesados y varias editoriales promotoras. Cuando el Gremi d’Editors de Catalunya y la FGEE se enteraron del asunto levantaron el teléfono y tumbaron lo demás. Hay quien dice que se ha pospuesto un año, que será en 2016.

Como dice la canción: lo dudo.

Cae la cifra de editores agremiados. Cae la cifra de asistentes y expositores en Liber mientras los pequeños editores que todavía asisten deben hacerlo apretujados en stands compartidos porque la organización prefiere dejar miles de metros cuadrados de pabellón muertos de risa que llenos de libros. Cada vez menos editores responden la encuesta del Informe de Comercio Interior del Libro, un documento que deberíamos incluir en la categoría de novela fantástica. Cae la credibilidad de aquellos que creen regir los destinos del libro cuando ya sólo rigen los destinos del suelo que pisan, atosigados por una realidad muy dura fuera de los amables masajes de la prensa afecta.

Son ya muy pocos quienes creen en Liber. Puede que debamos creer menos en la aparente fortaleza de una Federación y un salón agonizantes. Puede que haya llegado el momento de creer en otras cosas aunque ellos levanten los teléfonos. Puede que debamos desmentir la historia a la que parece condenado este país y nos atrevamos a hacer algo aunque la autoridad no lo permita.

¿Nos queda otro remedio?

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

10 Comments

  1. Totalmente de acuerdo. Lo que no entiendo es lo de “la autoridad que lo permita”. La autoridad en estos casos se gana, no se exige.

    1. Juan Triviño, que me he acelerado.

    2. Tienes razón, falta ‘auctoritas’ pero tienen ‘potestas’. De ahí los problemas.

      Gracias por tu visita y comentario!

  2. Querido Bernat, discrepo. Sigue en la UCI y preparado para sedación.

    1. Sabes que en los fundamental estamos de acuerdo. Si digo que ha salido de la UCI es porque era muy difícil hacerlo peor que el año pasado. Ya da igual si muere en la UCI, en paliativos o en planta.

      Gracias por pasarte por aquí!

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  5. Estimado Bernat, discrepo de tu opinión.
    A algunos editores nos sirve para sacarnos de «nuestros despachos», de la vorágine la edición…. y para encontramos con otros colegas «fuera de los despachos», debatil, poner problemas en común, etc.
    Pese a los vaivenes de LIBER en las dos últimas ediciones, yo he encontrado un LIBER más «modesto», fiel reflejo de cómo está el sector; pero para nada poco útil. Todo lo contrario, sigue siendo puntero en los temas de edición digital (nuevos modelos de comercialización de libro digital, nuevas presupuestas de venta en tiempo real, y las nuevas ofertas de edición bajo demanda, etc, etc.).

    Me preguntarás, y por qué no te nomas un café fuera de tu despacho con los colegas de la edición… pues muy sencillo… porque nosotros estamos en la periferia de la edición (en Salamanca y dedicándonos a la edición científica y técnica). Para una editorial como la nuestra, el contacto con otros editores, se limita a las visitas insitu en la seda de nuestra editorial; no más.

    Por tanto «sí a la modesta dignad de LIBER»; Las ferias de Méjico o en Alemania estaremos presentes con nuestras ediciones pero yo quiero un salón de libro en mi país 😉

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