HIDRA

¿Tienen derecho los creadores a vivir de su obra? De entrada, sí. Pero si nos acercamos a los supuestos que manejan dichas campañas y al discurso de quienes lo defienden la respuesta ya no es tan clara o, en todo caso, no lo es su enfoque ni los argumentos esgrimidos.

Gemma Lienas (Barcelona, 1951) es una escritora catalana con obra publicada en varios idiomas. Cualquiera que se pasee por su web verá que Lienas muestra una gran capacidad de trabajo y que, además, toca todos los palos culturales posibles. Conoce bien el sector editorial porque, antes de escribir, fue editora en Cruïlla y en Grup Promotor. Batir el cobre a ambos lados de la barrera debería ofrecer información suficiente para una interpretación fina de la realidad del sector. Debería pero, a tenor de ciertas declaraciones de Gemma Lienas en una reciente entrevista concedida a Gemma Ventura para el diario digital cultural en catalán Núvol, parece que no es tan sencillo. Reproduzco el fragmento de la entrevista en el que se habla del derecho del creador a vivir de su obra (traducción propia del original en catalán):

Habiendo publicado más de ochenta libros, ¿cómo sobrevive El rastre brillant del cargol en la cultura instaurada del todo gratis?

Es que no puede. Quiero decir que yo ya no puedo vivir de los libros. Tengo muchos libros publicados, se vendían bien y yo podía vivir de ellos, sin ser millonaria, de lo que escribía.

¿Hasta cuándo, más o menos? ¿Cuándo empezaste a notar que te afectaba esta situación?

Mira, hace cuatro años fue el último año que cobré unos derechos de autor que estaban bien. Luego fueron bajando tanto que ya no puedo vivir de esto. Está muy mal. Yo creo que la gente no entiende que no hay nada gratuito. Por ejemplo, la sanidad no es gratuita, la pagamos a base de impuestos y está muy bien que sea así, que todo el mundo pueda ir, porque pagamos unos impuestos para que todos tengamos derecho. Es como la educación, que la escuela también debería ser gratuita para todos, pero esto no quiere decir que no cueste dinero, ¡porque a los maestros bien que se les paga! Bien, pues con la literatura, con la creación, pasa lo mismo. Está bien que la gente tenga acceso sin pagar, pero alguien debe pagar. Lo que no puede ser es que los creadores no cobremos nada. Es algo que la gente debería entender. De hecho, los editores vuelven bastante animados de las ferias de Estados Unidos, porque allí las ventas casi no han bajado. Allí la gente sigue comprando libros y además no se los descarga gratis, los paga. Yo no sé qué pasará aquí, pero las cosas no pueden seguir así, quiero decir que los que vivimos de la creación no podemos vivir.

Hay tanto sesgo enmarañado en este párrafo que va a costar desfacer el entuerto. Iremos por partes en sentido inverso a lo expuesto en la entrevista.

Invocar los Estados Unidos como Arcadia del respeto de los derechos de los creadores sólo muestra parte de la historia. En Estados Unidos se siguen comprando libros –de papel y digitales– por diversos motivos. El primero es macroeconómico; además de haber recuperado la tasa de empleo anterior a la crisis, el siguiente gráfico muestra que los norteamericanos salieron de la crisis mucho antes que nosotros:

Captura de pantalla 2014-12-29 a les 20.06.17

Fuente: “la Caixa” Research

En los EEUU no existe el precio fijo. La flexibilidad del precio ante la fluctuación de la demanda es fundamental para comprender el comportamiento del mercado norteamericano (no defiendo el precio libre, me limito a mostrar algunos de sus efectos). Si a eso sumamos un catálogo digital mucho más grande que el nuestro ya tendremos algunas diferencias significativas.

Ningún escritor tiene derecho a vivir de su obra, lo que sí tiene es el derecho a intentar vivir de su obra como el resto de mortales que trabajan en el sector privado por cuenta propia o ajena. No se puede recurrir a la sanidad y la enseñanza públicas para ilustrar este caso. ¿El Estado debería pagar un sueldo a los escritores organizando oposiciones a literato público? Entonces eliminemos del debate la piratería y la mal llamada cultura del todo gratis. Un escritor privado vive de sus ventas mientras que un funcionario público recibe un sueldo por el trabajo que desempeña. No defiendo el sistema, me limito a exponerlo.

Dice la escritora que “la gente no entiende que no hay nada gratuito”. Dejando de lado que esta crisis está mostrando que todo tiene un precio y que “la gente” es una realidad volátil, es obvio que hay una parte de los consumidores culturales abonados al todo gratis pero debería plantearse si esos fueron alguna vez sus lectores. Tal como muestran algunos estudios –por ejemplo este de la London School of Economics, poco sospechoso de antisistema– hay una parte de las descargas ilegales que las realiza gente que nunca comprará el libro por muy barato que esté y que sólo lo lee porque lo encuentra gratis. Antes de Internet éste público no leía o leía mucho menos, nunca hubiera comprado su obra ergo es un público que nunca ha perdido. No debemos incluirlo en la ecuación ni criminalizar a los que siempre hemos comprado lo que leemos.

A quien sí hay que incluir en la ecuación es a los consumidores culturales que han reducido sus compras a causa de la crisis. La siguiente tabla muestra el desplome del gasto privado cultural en España en lo que va de crisis:

Captura de pantalla 2014-12-29 a les 20.19.53

Fuente: Anuario de Estadísticas Culturales 2014

Ventura comenta que Lienas ha publicado más de ochenta libros. En la página de la escritora aparecen 67 libros y una parte importante tiene versión en más de una lengua con lo que el número de ISBN diferentes puede superar con creces los ochenta –con los ISBN digitales, todavía más. Quedémonos con la cifra mencionada por la periodista porque la escritora no la enmienda.

Gemma Lienas es muy conocida, cuenta con apariciones recurrentes en medios de comunicación y su web es un ejemplo de cómo gestionar una marca personal; ha recibido premios de todo tipo, sus principales editoriales son Grup62 y La Galera, y goza de predicación entre los libreros. Algo falla en el sector editorial cuando una autora de éxito no logra vivir de una prolífica obra centrada en lo infantil y juvenil enfocada a un público de masas en varios idiomas.

La piratería es un problema, pero es el último de los problemas. La escritora debería preguntarse por el 40% de promedio de devoluciones que sufre la edición, el galimatías de la distribución, el ridículo 10% –o menos– con el que los editores pagan a los autores, la absoluta insensibilidad del precio ante el descenso de la demanda a causa de una Ley del Libro que nació muerta, el 29,8% de descenso en la facturación y 34,9% en la venta de ejemplares desde el inicio de la crisis (El sector del libro en España 2012 – 2014, pag. 28) el cierre de 2.000 establecimientos que vendían libros –entre ellos algunas librerías de las de verdad– la drástica reducción de la compra de las bibliotecas públicas y la extensión de la socialización de los libros infantiles y juveniles en la enseñanza pública, o el elevado precio de los libros en España en comparación con países con mayor renta per cápita como Francia, Alemania o Gran Bretaña.

La piratería es un problema, necesitamos realizar cambios legales para atajarlo, pero la descarga ilegal no puede convertirse en el enemigo perfecto en el que descargar todas las frustraciones de un sector envejecido y con un miedo cerval al futuro que se limita a alimentar un fantasma con cifras de fantasía mientras cierra los ojos al monstruo de siete cabezas encerrado en su patio trasero. En la reconversión comercial e industrial de la edición escritoras que conocen bien el sector, como Gemma Lienas, tienen mucho que decir y aportar. No cierren los ojos a la realidad.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

19 Comments

  1. Acertada tu descripción de las declaraciones de Gemma Nierga como “enmarañadas”, eso en realidad oculta la busqueda de una respuesta, las dos cuestiones importantes: la primera ¿cuánto tiempo la obra de un autor tene vigencia en el mercado? Si la autora no puede pensar en esto, en que quizás tiene menos lectores no solo por la crisis y mucho menos por la pirateria, no podrá comprender lo que le sucede ni mucho menos resolverlo, La segunda, es que no tocan la cuestión de la edicion en catalán. La caída de ventas, de número de libros y de lectores en cada lengua no ha sido igual. Es como lo que señalas de Estados Unidos, es verdad que la venta de libro no cae, pero eso no quiere decir que los escritores estadounidenses puedan vivir de lo que escriben, la venta alta se concentra en 50 títulos, de los 120.000 que pubican al año. En Francia, solo el 3% de los autores puede vivir de sus derechos de autor. En España, la desaparición de las subvenciones a la edición en catalán en que se basó su desarrollo por veinte años, han desaparecido, lo que llevó a la crisis de editoriales y distribuidoras de libros en catalán, a que Quaderns Crema abriera El Acantilado para sobrevivir, y a la situacin actual del Grup 62, que sobrevive como una reducidísima área más dentro de un gran grupo. Un tema más que interesante en el que se requiere una reflexión honesta. Creer que la venta de tus libros a caído porque la gente quiere todo gratis es un pobre consuelo, la piratería en un horror, un desastre nacional, pero mira las buenas librerías, los cines y los teatros. Es toda gente que paga por sus consumos culturales, aunque gasta menos que antes.

    1. Los escritores que han podido vivir sólo de escribir han sido siempre pocos y esto ya sucedía antes de Internet. Aciertas cuando apuntas a la vigencia de la obra de un autor en el mercado, obviamente algunas obras envejecen mejor que otras, pero cuando una escritora ha mantenido una productividad tan alta durante tanto tiempo deberíamos suponer que todavía tiene en catálogo un buen puñado de obras con cierto tirón. Otra cosa es que se muevan mejor o peor y ahí el trabajo de las editoriales también es importante; entiendo que Gemma Lienas hace bien su parte –sólo hay que ver su web.

      Guillermo, gracias por tu comentario!

      Por cierto, es Lienas, no Nierga. 🙂

  2. […] El (presunto) derecho de los creadores a vivir de su obra […]

  3. En EEUU las ventas de “Libros en papel” – “eBooks” se igualarán sobre los años 2018-2019, a partir de ahí el ascenso de los eBooks y el descenso de los libros en papel será continuo e imparable.
    Esta señora, qué parece ser que ha sido y es “Editora+Escritora”, da pocos datos y pocas cifras. Usa un lenguaje ético y parabólico propio o parecido a la poesía Quevedesca del “Ande yo caliente y… “.
    Habría que preguntar a esta señora si sus libros no se han quedado anticuados y si no sabe sacar libros para los niños y niñas a los que su Papá y Mamá les han comprado un Tablet.
    ¿Sabrá esta señora hacer un libro en forma de documdnto .docx en Word 2010 o Libre Office con dibujos y fotos y hacerlo al tamaño 9 x11,7cm de los lectores electrónicos para luego pasarlo simplemente a un PDF.?
    Ah… Voy a darle una idea. Si ya existe el canon AEDE. ¿Qué le parece el Canon del Escritor, del Editor, del Taxista, del Frutero, del Carnicero, del Aire, del Sol , …

  4. No quiero crear una polémica estéril, desde aquí no lograremos poner tantos supuestos (Los del post más los comentarios) en común y mucho menos desmenuzarlos. No soy escritor pero si buen lector, por lo que los escritores me merecen cierto respeto (bueno… no todos) así que expresaré mi parecer subjetiva y criticable.

    El comentario de Aitor se descalifica por sí mismo con ese final que sobra, dado que nadie “piratea” los pomelos o las chuletas. Sin embargo los taxistas han puesto el grito en el cielo y conseguido el favor del gobierno ante la aparición de UBER (¿?)

    No me gusta Gemma Lienas, a quien he leído, pero el análisis debe ser global y no enfocado a un solo caso. Partiendo de una hipótesis realista podemos decir que un escritor es un trabajador autónomo, y como tal merecería el mismo trato que su homólogo de cualquier profesión. Un autónomo puede crear una empresa y nadie puede usurpar sus productos (salvo los chinos y las falsificaciones, que están legisladas y perseguidas) y dicho autónomo cobra el cien por ciento de lo que produce, incluso puede dejar la empresa a su familia (herencia o traspaso gratuito) o venderla. Un autónomo se puede convertir en millonario, escritor casi seguro que no (salvo planificados y en general nefastos “best sellers vacíos de estilo). Eso nos haría reflexionar, pero no a la manera Wert.

    De acuerdo con el autor que es una vergüenza el porcentaje del precio facial que recibe el escritor, que cifra en el diez por ciento. Eso a los que venden mucho, porque conozco algunos casos del siete o el ocho por ciento. Eso sin contar con las “trampitas” que hacen algunas editoriales falseando el número de ejemplares por tirada (imposible de rastrear)

    Por ello, creo que el debate no debería centrarse en el caso Lienas, sino en cómo lograr que esos grandes autores puedan seguir escribiendo sin penurias, solo eso, pudiendo vivir dignamente de su profesión. No sé si me equivoco (los años producen cierta nebulosa) pero creo que en los Estados Unidos existe un premio nacional cuya retribución es la de un salario, modesto, de por vida a los escritores que han demostrado cualidades suficientes; Carver creo que fue uno de los receptores aunque le duró poco puesto que la muerte le sobrevino muy pronto, cuando estaba en lo mejor de su corta obra.

    ¿No les parece?

    Carlos Schmidt Pravda

    1. Lo que percibo es que hay una doble moral, la del respeto a los productos tangibles o financieros y otro a los creadores de cultura, esos que amueblan cabezas y al parecer, prescindibles

      Considero que es una comparación no pertinente en absoluto. Este es un asunto de bastante complejidad filosófica y económica (y no tanto jurídica, porque las leyes se han hecho a partir de las observaciones anteriores y de modo posterior se han complicado por interés de los intermediarios: es hora de sacar a los abogados de este debate).

      La comparación entre bienes tangibles y la – a mi juicio mal llamada – “propiedad intelectual” reside en un elemento práctico que tiene raíz conceptual: los derechos patrimoniales sobre las creaciones y las patentes tienen en todas las legislaciones “fecha de caducidad”. La propiedad física no la tiene. Fecha que, desgraciadamente, sólo ha aumentado en el tiempo desde que se estableció por primera vez. Y esto es porque lo que el derecho ha consagrado con la palabra “propiedad” no es equiparable una propiedad física. Mucho más cuando el hecho de que se haga un clon de una obra (es decir, una copia exacta) no impide disfrutar de esa “propiedad” a quien tiene el original, cuando se quema una casa se pierde el original.

      En España se tiende a ignorar este aspecto hablando de cosas como que se trata de un “derecho humano” (lo dice la Unesco, pero bien podríamos decir que este aspecto se ve recogido en los derechos morales y no, al menos no necesariamente, en los patrimoniales) cuando de lo que hablamos es de que el tiempo que se concede al propietario de los derechos de una obra es una excepción al estado normal e ideal del conocimiento: su libre difusión. “Todo lo que no es tradición es plagio”, dice el clásico y es cierto que no se crea nada desde la nada: partiendo desde el alfabeto o la tabla periódica, desde el primero que pintó una Madonna, todas las creaciones se apoyan en lo existente para transformarlo. Al bloquearlo – eso hace la legislación de derechos, con una casuística amplísima en todas las artes – se reduce la evolución.

      Gracias a la libertad para difundir, compartir y transformar se acelera la creación (en literatura, la aparición del Quijote de Avellaneda (en realidad, pirata) supuso que Cervantes reaccionara, con lo que tenemos tres obras y no una, algo que sucede hoy con la fan fiction: miles de escritos continuando la vida de los personajes conocidos se apilan en cientos de webs y, de vez en cuando, aparecen autores con talento). Es decir, el primer bien social de la creación y la innovación es que se pueda disfrutar y extender y la pregunta teórica, técnica y económicamente correcta es si existen incentivos para crear en ausencia de derechos patrimoniales: el hecho de que la inmensa mayoría de los autores de cualquier cosa no vivan de sus obras – existiendo una legislación de propiedad intelectual extensísima y farragosísima y de mucho antes de la era de la piratería electrónica – y la existencia de las pinturas de las Cuevas de Altamira, por ejemplo, demuestran que la creación vive por sí misma. Pero, aún si dudamos de esto, entonces la pregunta es cuánto tiempo debe durar ese monopolio temporal que se concede al autor y que, como se explica aquí, cede al editor y por el que sólo ve el 10% – teórico – de lo que dice el editor que eso mueve.

      La tecnología ha hecho al libro de papel prescindible. Sí, mucha gente se escandaliza ante esta afirmación y nos suele ilustrar con sus sensaciones personales acerca del tacto del papel y el olor de la tinta (¿qué olor?) pero lo cierto es que, para leer, y leer bien además, el papel se ha vuelto innecesario. Por tanto (Jaume y otros habituales me regañan por esto, pero creo que todos convendremos en que llevado al extremo es así), una vez el autor ha terminado su original la inversión que era necesaria en el pasado para diseñar portadas, editar las copias y distribuirlas ha perdido su sentido: no es necesario. Al no ser, o ser muy reducida esa inversión, hay poca justificación a la protección de la inversión del editor que corría el riesgo (en realidad asumía mucho menos de lo que parece, trasladaba todo el que podía al autor que nunca veía una liquidación correcta y el dinero nunca se sabe cuando llegaba). Como mínimo, estamos ante un hecho que cuestiona la duración del copyright.

      Por otro lado, autores e indigencia no tiene nada que ver con que “vivan de su profesión” (¿por qué ha de ser una profesión si no te da para vivir de ella? ¿por qué pensamos que por el mero hecho de escribir tiene que ser posible que todo el que quiera viva de ello?). La indigencia tiene más que ver con que no sepan ganarse la vida y el contexto socioeconómico que con escribir libros, oficio que nunca ha dado un duro salvo escasas excepciones (insisto, con enormes protecciones de propiedad intelectual que se supone que son para que se viva de eso). Lo digital no va a cambiar esto: vivir de los libros es un efecto de la popularidad y la escala de las ventas; la popularidad siempre genera dinero y esto ocurrirá en la era digital como ocurrió en la analógica.

      Hay más dinero para el autor consiguiendo que 300 fans compren el libro voluntariamente directamente al autor porque desean apoyarle que en cualquier edicición de 5.000 ejemplares (o sea, de las buenas) del mundo tradicional y su más que dudoso márketing. En todo caso, convendremos en que esto nunca dará para pagar un precio por hora de trabajo realmente digno de ese nombre. Adicionalmente, la capacidad de que el contenido se esparza libremente (y se transforme) genera oportunidades que de otra forma nunca ocurrían para cualqueir pequeño autor. Los que empiezan desde cero, tienen bastante más claro que su futuro pasa por construir esas relaciones directas con los lectores (evitamos así el palabro “fan”) y la de expansión del contenido y la experiencia que depender de un editor que son, en realidad, cajas negras cuyo valor añadido en el proceso económico del libro se desploma.

  5. “La piratería es un problema, necesitamos realizar cambios legales para atajarlo”

    Yo creo, sin embargo, que el problema es el contrario: necesitamos aligerar las leyes de derechos y garazantizar el secreto de las comunicaciones de los particulares. Y, sobre todo, impedir más restricciones por “culpa” de la piratería. Te daré dos argumentos rápidos: nada ha terminado con la piratería y van casi tantos años como la guerra contra las drogas, otra cosa que no termina aunque la represión se aumente. Por mucho que queramos, la máquina de generar copias constantes que es internet no se detiene: hay que copiar en tu disco para hacer un streaming, sin ir más lejos. Hay otras razones tecnológicas: ¿va a impedir la ley que el precio siga bajando y la capacidad de almacenamiento de los discos siga subiendo? ¿Cuánto queda para llevar toda (toda) la historia de la literatura universal en un disco del tamaño de una uña?. ¿Quién impedirá las copias?

    El segundo argumento es que para impedir esas copias que llamamos no autorizadas, hay que iniciar un proceso de control de la población y de restringir cuando no directamente violar derechos fundamentales: ¿estamos cómodos con que el gobierno o la SGAE se dediquen a mirar lo que vemos o transferimos en nuestros archivos? Curiosamente, no lo aceptamos en lo que se refiere al correo tradicional y tendríamos una algarada del sector cultural, tradicionalmente abanderado de derechos humanos y otras causas, ante semejante intento regresivo. Pero si son cables y bits sí les parece a muchos aceptable. Recordemos que en el Reino Unido se ha aprobado una legislación que obliga a los operadores de telecomunicaciones a impedir el acceso al porno si antes uno no se da de alta en una lista: ¿tengo que confesar que soy un pornógrafo? (Otra cosa es que casi toda la población lo es). Pero es más ¿quién decide lo que es porno y los límites con el erotismo, la sensualidad o el mal gusto a secas? Por el bien de la infancia – los canallas siempre encuentran una patria en la que envolverse – aprobamos el control ideológico de los contenidos. Seguiremos con otros y, por el camino, alguien puede leer el borrador de testamento que me manda mi abogado.

    Detrás de la legislación de derechos se esconde la protección del intermediario y no del autor. Antes de pedir consenso social para que sin coacción la gente desee contribuir al desarrollo de las artes, es bastante más justo y necesario empezar por descargar la legislación: poco a poco, lo que era legal en lo analógico se está prohibiendo en lo digital (pongamos el derecho de cita como uno de esos asesinatos considerados como bellas artes), se extienden los plazos sin fin restringiendo la expansión de la creación y tantas cosas más. Todo por salvar a Hollywood que, encima, no morirá.

    P.D.: nada como impedir el DRM para que Amazon controle el mercado. Hay artistas que creen que el DRM los protege, pero no sólo se quiebra siempre, sino que reduce el número de operadores en el mercado para que el artista negocie. Prácticamente toda la música está en manos de tres compañías.

  6. Perdón quería decir “nada como impedir el DRM para que Amazon NO controle el mercado”>/em>

  7. Cuando se plantea este debate, siempre pienso en la poesía: ¿qué poeta ha podido vivir sólo, o principalmente, de las ventas de sus libros? Creo que a lo largo de la historia han debido de ser poquísimos en todo el mundo, no digamos en España. Una vez me contó José García Nieto que cuando le preguntaban si la poesía da para comer, él respondía “no; como mucho, para merendar”.
    ¿Y algún gran poeta, de los grandes de verdad, habría dejado de escribir sus obras por haber tenido claro desde el principio que no iba a cobrar ni un duro por la venta de sus libros? Creo que menos todavía.
    Pues tan escritores son los poetas como los novelistas (p.ej.). Me parece muy sesgado que siempre se centre la cuestión de la piratería en estos últimos. Mi opinión es que la literatura puede ganar mucho si los escritores del futuro se ven a sí mismos en relación con su obra como, p.ej., San Juan de la Cruz o Garcilaso podían verse en relación con las suyas.

    1. Me gusta el ejemplo de la poesía, yo lo uso constantemente, porque está disponible en cientos de webs que nadie llama piratas y que, desde luego, no hace llorar a la FAP, ni al ministro, ni a Cedro, ni proclaman que la cultura se muere. Ni una de estas webs se encuentra en la Comisión Sinde ni ninguna otra estructura salvadora del mundo.

    2. No creo que la solución pase por remesar al acervo cultural a la indigencia. Los ejemplos a los que refieres son encomiables, pero en todas las profesiones hubo mártires y esclavos, no creo que sea pertinente referirse a otras épocas. Y sí, los poetas estaban incluidos en mi comentario. Lo que percibo es que hay una doble moral, la del respeto a los productos tangibles o financieros y otro a los creadores de cultura, esos que amueblan cabezas y al parecer, prescindibles. Si nos damos una vuelta por webs y blogs de internet, donde todo es gratis podremos observar la menesterosidad de tantos que se creen escritores. Así las cosas, serán los únicos referentes que tendrán mis alumnos para escribir peor.

      1. Lo que estoy señalando es la falacia de considerar que escribir literatura es, necesaria e inevitablemente, por la propia lógica de los conceptos, una “profesión”. Una buena parte de las actividades a las que los humanos nos dedicamos no se realizan en la mayoría de los casos “profesionalmente”, sino por mera afición, y como actividad colateral a lo que es la fuente básica del sustento de cada uno. En una sociedad en la que se sabe que escribir literatura no supone una fuente de ingresos suficiente para vivir, pues escribirán los que puedan y quieran hacerlo en su tiempo libre, y entre ellos habrá tal vez un 99,99% de escritores “menesterosos”, como dices (supongo que te refieres a la pobreza de su calidad literaria), y un 0,01% de escritores que merecerá la pena leer. No necesitas que haya más que esas para llenar las clases de historia de la literatura en los próximos siglos.
        Tampoco es necesario que quien gana suficiente gracias a una actividad cultural lo haga sobre todo mediante la venta de copias a los lectores, oyentes, espectadores, etc. ¿Es razonable, p.ej., que los que disfrutan viendo una escultura de Chillida en un espacio público paguen derechos de autor a Chillida? No. ¿Y por eso ha dejado de haber escultores?

        1. “Escribirán los que puedan” está cargado de ideología, que no comparto. Que escribir “no es una profesión” desbarraría si como todo el mundo sabe, una profesión es aquella con la que te ganas la vida. Me hubiera gustado ser un escritor (posiblemente malo) y poseo herramientas, pero siempre me ha seducido más la docencia, es una elección. Lo de Chillida se desmonta solo, conocí su obra gratis, sin embargo estoy un tanto harto de pagar entradas (algunas desorbitadas) en museos y exposiciones, y si los hay gratuitos es porque los paga el estado (nosotros) Conozco ejemplos de escritores que se ganan la vida y otros que no, pero que lo intentaron hasta su muerte, como Javier Tomeo que con más de treinta obras publicadas (una obra de teatro suya fue estrenada en el teatro Chaillot de París, creo que el primer español en hacerlo) pero era un escritor para minorías según dicen y el mercado, el mercado liberal no premia escribir bien, sino todo lo contrario. Así, un best seller tiene la vida asegurada. No lo veo justo. Mi opinión, quizá extemporánea, solo ha tratado de ser justa con esa legión de personas que me han descubierto tantos mundos, tantas realidades oníricas. En fin, tiro la toalla y que escriban los que pueden, a Wert le gustará eso.

          1. Tomeo “era un escritor para minorías según dicen y el mercado, el mercado liberal no premia escribir bien, sino todo lo contrario. Así, un best seller tiene la vida asegurada. No lo veo justo

            Siento discrepar, creo que aquí se esconden varias interpretaciones cuestionables a mi juicio: ¿es incompatible ser best-seller con escribir bien? Vargas Llosa suele ser best-seller y tiene un Nobel. A falta de otros criterios que pueden ser subjetivos podemos quedarnos uno con cierta reputación de ser elegido por personas que más allá de los equilibrios – o pasteleos – con las lenguas o países de moda no tienen aspecto de premiar nunca a Ken Follet.

            Y, sin embargo, si fuera fácil escribir un best-seller todo el mundo escribiría uno. Así que algo deben hacer bien estos escritores que llegan a serlo porque primero gustan y nunca al revés: se puede hacer la promoción que se quiera, pero si se abre el libro y no gusta no se compra otro. Por cierto, ¿cuántos son los que intentan esas temáticas que vamos a llamar populares y que no consiguen vender millones de ejemplares? ¿Tampoco es justo?. Yo creo que todo autor aspira a ser “best-seller” en lo más profunfo de su corazón.

            Que no sea justo, viene a ser algo así como eso de que “todo el mundo confunde valor y precio”. Lo cierto y verdadero es que, a pesar de todo, Javier Tomeo tiene treinta obras publicadas y, quien lo desee, minoría o no, puede disfrutarlo: ese fenómeno (¡la cultura!) se ha producido. Y que al mismo tiempo existen Ken Follet y Corin Tellado y que, con las limitaciones que queramos, adquirirlos y leerlos son de los actos más libres que existen: también es justo que su éxito tenga compensación siguiendo un criterio de “justicia” puesto que el éxito es excepcional, se mida como se mida.

            Porque la alternativa supone que un cierto grupo de iniciados decide qué es lo que es justo que viva de la literatura y lo que no y el resultado sería con toda seguridad el de que sería más injusto: ¿por qué algo le gusta a unos señores y no a otros? ¿Hemos de seguir su criterio por qué principio de autoridad? ¿Por qué su criterio ha de coincidir con el mío? El mercado, entonces, resulta ser terriblemente justo y meritocrático si atendemos a la comparación. Otra cosa es que el resultado no nos guste personalmente. Pero eso sucede con los votos ¿le decimos a la gente lo que puede o no puede votar?

          2. Totalmente de acuerdo, Gonzalo.

      2. Carlos: no te confundas de enemigo. Quienes más interés tienen en mantener el sistema de coacción legal, judicial y penal en defensa de los derechos de autor son las grandes corporaciones multinacionales de la industria del “entertainment” y los grandes grupos editoriales. La libre circulación de la información. y de las creaciones culturales que pueden transmitirse como paquetes de datos, es algo que los neocon y la gente de la ideología de Wert odian con toda su alma. Tu propio ejemplo de un gran escritor que, viviendo toda su vida en el sistema de derechos de autor que se supone que estás defendiendo, no consiguió ganarse el sustento con ello, no apoya tu discurso sino que lo desmonta: el sistema de copyright no ha sido lo que les ha ayudado a crear sus obras, sino la posibilidad de tener otras fuentes de ingresos, y suficiente tiempo libre. Lo que hace falta es defender que haya más gente con el nivel cultural necesario para dedicarse a escribir, y con trabajos lo suficientemente poco alienantes como para permitir el enriquecimiento personal a través del ocio. Defender que la Disney pueda seguir cobrando royalties por “Blancanieves” más de un siglo después de su estreno, en cambio, no va a ayudar en lo más mínimo a que surjan en el futuro nuevos Javier Tomeo.

  8. Este tipo de debates y comentarios de tipo Literario – intelectual, son clásicos, sobrevenidos y eternos.
    Si no se sigue al dinero y no se tiene en cuenta el Marketing y la comercialización de libros y otros productos, caeremos en las trampas clásicas que nos tiende el Capitalismo.
    Existen Empresas, Jefes, Personas que trabajan a comisión o porcentaje de ventas y además existen países. Todos trabajan para ellos y para su propio beneficio. (En España Quévedo es el maestro con su “Ande yo caliente…” Lo que pasa es que actualmente los políticos han regalado las empresas al extranjero, algunas personas inocentes dicen que a sus amigos.
    Ni que decir que esto no suele pasar en EEUU.
    Por lo tanto la estrategias o Marketing de dirección suelen ser:
    – Intentar seguir y exprimir la caducidad de su negocio al máximo, al mismo tiempo que invierten y compran acciones de “las nuevas empresas”. Una táctica muy capitalista es hablar mal del enemigo. Táctica que suelen hacer los Duo-Polios, para crecer, juntarse, comprar empresas y configurar nuevos Duo-Polios a nivel mundial.
    – Enfrentar a los Autores (Músicos, Cineastas, Escritores, Fotógrafos, etc.) con los usuarios o compradores finales que son los que tienen el dinero y compran.
    – En fin que en EEUU las empresa y el gobierno trabajan codo con codo para extraer y explotar la riqueza mundial para que el disfrute de sus ciudadanos.
    – Lo España ya lo explico muy bien en “La pelea de garrote” y en sus pinturas negras. Y para poesía la de Quévedo cuya poesía la tenéis en: FranciscodeQuévedo.Org

    ¿Qué más voy a deciros, que ya no sepáis. ?

    Ah… Sobre los Ingleses. Resulta que los políticos del ayuntamiento de Londres crearon un grupo antipirateria para defender, a los ciudadanos de Londres se presupone, de cosas malas, feas, pornograficas, de pecado, etc.
    Pero resulta que actuaba en toda Inglaterra. Y no veáis los sueldos y el gasto que han tenido y tendrán. Fijaros si son listos los políticos, cuando hicieran algo a nivel nacional Londres, por inercia, se encargará de ello y los políticos seguirían chungo. Yo sirvo a la Reina, al Rey, al Lord… y tú y todos los debajo de mi, me tenéis que servir y obedecer.
    Sobre la “Psicologia Inglesa” ya hay mucho escrito. Su estilo e de ático consiste en hacer “Psicópatas sociales”. Ya sabéis, si a mi han hodido, yo hodere a todo el mundo. Miserable, por no decir miserables.

    FELIZ AÑO NUEVO

  9. ***** Carlos Schmidt Prada *****
    Perdona, no vi tu comentario. Por eso te respondo ahora ya estas horas.

    No estoy acostumbrado a los debates literarios, pero me ha hecho gracia tu des calificación “Ad hominen” de todo mi comentario solo por una broma final vieja y más que sabida, una tontería que lleva años diciéndose para que nos la creamos y que las personas “de a pie” se la toman a cachondeo.
    Sobre lo de copiar la comida y las chuletas… Te recomiendo el libro de Mulet: COMER SIN MIEDO.
    En el veras que la calidad de los productos que se cultivan y producen es España y en la Comunidad Europea cumplen todas las Leyes reglas de fabricación y cultivo.
    También veras que dichos productos y cultivos pueden y son importados de otros países. Países que pueden no cumplir las reglas sanitarias obligadas en todos los países de la Comunidad Europea.
    Así que fijate bien en la “chuleta” y otros productos como frutas y verduras que consumes.
    Me imagino que eres inteligente y te fijará en ello. Qué suerte tienes, otras personas no pueden, aunque quieran, y hasta no tienen dinero para comprar cosas sanas y de calidad.
    Ah… Y como suelo terminar con un chiste o anécdota, te cuento:
    – Chica, pues yo siempre compro cosas de calidad en Inglés Corte. Hasta tiene una ropa interior de marca propia y cara, que es la única que compro.
    – Pues, Maruja entérate, resulta que toda la ropa interior de su marca se la fabrican lo chinos.

    FELIZ AÑO NUEVO

  10. Creo que todos damos por hecho que la creación – literaria, artística, musical… – es congénita a nuestra especie, y que por tanto los mercados e industrias que se desarrollan en torno a estas actividades son tan intemporales y naturales como ellas. Pero la realidad es que la economía de la cultura ha estado siempre determinada por las tecnologías. La imprenta abrió la posibilidad de vender libros a un gran público, y este mercado ha crecido durante 500 años. Las tecnologías de grabación de sonido dieron lugar al mercado discográfico, que ha durado unos cien años. Antes de la imprenta hubo literatura, y antes del vinilo y el casette hubo música, pero ni los escritores no los músicos vivían de los derechos de autor.
    Internet ha cambiado los modos de distribución, y los modos de producción tendrán que adaptarse a esta realidad, aunque el cambio sea traumático. Porque no sólo va a cambiar la manera en que compramos y leemos los “libros”, que ya no lo son, sino que va a cambiar la manera en que los escribimos.
    Y mientras comprendemos lo que está pasando… a sufrir.

Comments are closed.