GRANMA

El pasado 14 de enero el BOE publicó lo siguiente: Anuncio del Departamento de Cultura de la Generalidad de Cataluña por el que se hace pública la formalización del contrato de suministro consistente en la adquisición del fondo con correspondencia de la señora Esther Tusquets Guillén.

Sólo un necio confunde valor y precio. No sé cuánto vale lo que ciertos periodistas culturales ya se han apresurado en llamar hiperbólicamente Fondo Tusquets, aunque sí sabemos lo que costó. Tampoco sé cómo se pone precio a éste tipo de cosas. Ignoro cómo se negoció esta mercancía entre la familia Tusquets y la Generalitat de Catalunya, aunque el documento publicado en el BOE aclara que el procedimiento fue negociado sin publicidad, es decir, sin ventilación.

Los hijos de Esther Tusquets tienen todo el derecho del mundo a hacer lo que consideren oportuno con los documentos de su madre pues forman parte de su vida privada. Si escribo este artículo no es por su decisión de liquidar una parte de su herencia –a efectos prácticos es como vender las joyas de la abuela- sino por el triste papelón que han hecho nuestras instituciones públicas y nuestro periodismo cultural. Varias son las cuestiones que merecen atención. Por un lado, qué hemos comprado –sí, hemos, el dinero es público- y cuánto nos ha costado. Por otro, cómo lo han tratado algunos periodistas culturales.

¿Qué hemos comprado y cuánto nos ha costado?

Según la información publicada por la prensa, la documentación de la editora se compone de 1.046 documentos, de los cuales 941 son cartas. Además hay 32 postales, un telegrama, 35 mensajes de correo electrónico, 29 originales y 8 pruebas de imprenta. En cuanto a la correspondencia –las 941 cartas-, sólo hay la recibida por Esther Tusquets, no la enviada. Aunque en este tipo de archivos es frecuente encontrar sólo la recibida, tampoco es raro que conste también la enviada, especialmente cuando, como es el caso, se tratan aspectos profesionales.

Dudo que a esto se le pueda llamar archivo epistolar y me niego a llamarlo Fondo Tusquets; en el mejor de los casos es un cajón de sastre. Si fuera un archivo se habría gestionado como tal desde sus inicios y salta a la vista que no es así. Hagamos algunos números –que los periodistas no han hecho- teniendo en cuenta que el material es fruto de cuarenta años de actividad durante los cuales no existía Internet, ni el correo electrónico ni otras fruslerías modernas y todo, o casi todo, se podía documentar en papel.

Si dividimos las 941 cartas por los 40 años transcurridos obtenemos la raquítica cifra de 23,5 cartas al año. Una media de algo menos de dos cartas recibidas al mes. Suponiendo que Esther Tusquets respondiera toda esa correspondencia –era poco mentirosa pero muy educada- obtenemos una circulación media anual de unas 48 cartas. ¿Alguien cree que esto es un archivo, teniendo en cuenta legión de próceres de la pluma que pastoreaba Lumen?

Veamos qué más contiene este cajón de sastre: 32 postales, un telegrama y 35 mensajes de correo electrónico. Lo de las postales es… reconozco que me han hecho sonreír. No dudo que haya información sensible, incluso relevante, en esas 32 postales pero, otra vez, vamos a menos de una postal por año; además, en una postal uno no puede desvelar los secretos de la fusión fría. Lo del telegrama es una rareza que sólo sería interesante en función de su contenido –forzosamente breve- mientras que dudo mucho de la relevancia de un puñado de e-mail mandados en las postrimerías otoñales de una vida profesional en la que ya se había vendido la editorial. En cuanto a los 29 originales y las 8 pruebas de imprenta, más de lo mismo: una muestra muy escasa de toda la producción editorial de Lumen.

Todo esto nos ha costado 366.065 euros (494.187 dólares) o, para aquellos a quienes nos gusta poner las cantidades en perspectiva, casi 61 millones de pesetas. Suponiendo que lo más valioso sean la cartas, nos sale a 389 euros cada una.

Sí, ya sé que estas cosas no se pueden contar así, que su valor está en la información que aportan y que el todo es mucho más que la simple suma de las partes. Pero es precisamente su valor conjunto lo que pongo en cuestión. El problema de este montón de papel no es que sea escaso –y es uno de sus mayores problemas. El mayor problema es que no es exhaustivo –no puede serlo- y en parte es anecdótico. Para ser algo más que curiosidades con firmas de relumbrón debería ir acompañado de (al menos una parte de) la documentación técnica y económica generada por la actividad editorial: albaranes, presupuestos, facturas de distintos profesionales y proveedores, escandallos, liquidaciones de derechos, contratos y así un largo etcétera que incluiría la documentación que la editora sin duda reunió durante su etapa como escritora a partir de 1975, que todavía existiría si se hubiera recopilado con la intención de ir construyendo un archivo. No sería necesario que lo contuviera todo, pero sí lo suficiente como para reconstruir el método de trabajo de Esther Tusquets y cómo se editaba hace treinta o cuarenta años. Nos sobran biografías y memorias de editores en las que éstos nos lo cuentan todo pero nos falta el material necesario para que historiadores contemporáneos de lo escrito puedan llevar a cabo reconstrucciones de forma independiente. No es lo mismo. Sobra épica de Gauche Divine y faltan luz y taquígrafos.

El papel de la prensa cultural

Obviamente no podemos pedir a Milena y Néstor Busquets Tusquets que vendan lo que ya no existe, pero entonces no otorguemos valor a según qué cosas. Precisamente eso es lo que ha hecho la prensa cultural de este país en los habituales términos laudatorios, si bien pocos han ido más allá del perezoso copipegado de nota de prensa. Lo habitual ha sido valorar las epístolas por sus autores. Tal es el caso del diario ABC:

La mayor parte del fondo está compuesta por la correspondencia que Tusquets mantenía con los autores de su catálogo, más de 900 cartas firmadas por Camilo José Cela, Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, Josep Maria Castellet, José Luis Sampedro, Ana María Matute, Juan Goytisolo, Félix Grande, José Manuel Caballero Bonald, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, entre otros.

Es decir, como la lista es epatante, esto tiene que valer un potosí. Ningún medio ha ido más allá en su análisis, aunque hay sabrosas y temerarias afirmaciones, como se desprende, por ejemplo, de un párrafo de la noticia publicada por el diario Ara:

El Fons Tusquets constitueix un conjunt d’enorme valor per conèixer no només el dia a dia d’una editorial, Lumen, caracteritzada des dels seus inicis per la cerca de la més qualitat literària. També contribueix al coneixement de l’ambient literari que es va viure a Barcelona al llarg de 40 anys i del paper d’aquesta ciutat com un dels grans centres impulsors de la literatura en llengua catalana i en llengua castellana, tant d’autors espanyols com llatinoamericans.

Tal como comentaba hace algunos párrafos, no sirve para conocer el día a día de Lumen. Puede que “contribuya al conocimiento del ambiente literario” pero, oiga, el mito ya lleva alimentado y engordando desde hace décadas.

Un momento… ¿dónde he leído antes estas palabras? Ah, sí, en La Vanguardia:

El Fons Tusquets constitueix un conjunt d’enorme valor per conèixer no només el dia a dia d’una editorial, Lumen, caracteritzada des dels seus inicis per la cerca de la major qualitat literària. També contribueix al coneixement de l’ambient literari que es va viure a Barcelona al llarg de 40 anys i del paper d’aquesta ciutat com un dels grans centres impulsors de la literatura en llengua catalana i en llengua castellana, tant d’autors espanyols com llatinoamericans.

¡Qué cosas! Dudo que los respectivos redactores de Ara y La Vanguardia –entre otros– se hayan plagiado en una pieza tan anodina como ésta. No, la explicación es mucho más sencilla. Vean el mismo párrafo en la nota de prensa de la Generalitat de Catalunya:

El Fons Tusquets constitueix un conjunt d’enorme valor per conèixer no només el dia a dia d’una editorial, Lumen, caracteritzada des dels seus inicis per la cerca de la major qualitat literària. També contribueix al coneixement de l’ambient literari que es va viure a Barcelona al llarg de 40 anys i del paper d’aquesta ciutat com un dels grans centres impulsors de la literatura en llengua catalana i en llengua castellana, tant d’autors espanyols com llatinoamericans.

No han copiado sólo este párrafo, prácticamente todos los medios consultados han fusilado la nota de prensa. Algunos han puesto algo más de su parte, pero sin cubrirse de gloria precisamente. Veamos un par de párrafos de El Periódico de Catalunya:

[…] En esos textos, de carácter más literario y cultural que meramente comercial, se da cuenta de la especial relación que Tusquets mantenía con sus autores basada en la amistad y la confianza mutuas. Eso unido a un conocido desprecio por los engorrosos aspectos crematísticos del negocio editorial marcaron el personal estilo de Tusquets. Gracias a la fidelización de autores como Quino y Umberto Eco, puntales y superventas del sello, Lumen pudo superar no pocos tiempos de vacas flacas editoriales.

[…]

La última de las misivas del fondo está fechada en el 2000. En años posteriores y aquejada de párkinson, Tusquets se dedicó a ajustar cuentas con el pasado y la profesión en una serie de inmisericordes libros de memorias.

Que Tusquets mantenía una relación especial con (algunos) de sus autores lo sabemos desde hace lustros. Que, lisa y llanamente, era una empresaria mediocre, lo reconoció ella en muchas ocasiones, incluso por escrito en su libro Confesiones de una editora poco mentirosa. Decir que Esther Tusquets ajustó cuentas con el pasado con una serie de inmisericordes (sic) libros de memorias indica que la periodista no los ha leído, no los ha entendido o es una pacata y mojigata a la que es muy fácil escandalizar. La distancia entre lo que Esther Tusquets sabía y lo que publicó –en vida- es considerable y decir otra cosa es dar más importancia al personaje –y darse ínfulas como periodista- de la que la editora tuvo en vida, que aún así fue mucha.

¿La familia de una de las principales editoras de este país vende –legítimamente- su herencia documental a un organismo público y nadie entra a valorar la operación? Tuve suficiente con dividir 941 entre 40 para entender que los mimbres eran algo endebles. Eso no significa que la compra de los papeles de Esther Tusquets esté mal, pero sí que debería invitar a los periodistas culturales a plantearse aspectos como el tipo de peritaje realizado, los nombres de los expertos consultados y su experiencia, el criterio de valoración aplicado, casos análogos para entender si hablamos de precios de mercado, el contenido de las cartas más allá de las vaguedades mencionadas en la nota de prensa, cuantas hay de cada autor, solicitar el contenido de algunas de ellas como muestra, qué dice el único telegrama de la selección o a qué títulos pertenecen los 29 originales –de veras, no son muchos- que incluye el legado. Todo esto se me ocurre a vuelapluma. Si de veras el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya lo ha hecho todo bien –y no tengo por qué dudarlo- no tendrá problemas en responder a todas estas cuestiones. Lo preocupante es por qué a nadie se le ha ocurrido hacer eso. Intuyo el mecanismo: llega una nota de prensa de un organismo oficial, habla de la compra del archivo de un tótem de la sociedad civil, más de 1.000 documentos; todo parece muy normal, la cosa tiene empaque. Pero no se trata de eso.

En una democracia madura, con unos medios culturales competentes, no tengo ninguna duda que varios periodistas hubieran realizado las preguntas pertinentes, no con ánimo de sospecha sino porque es deber del periodista preguntarse y preguntar este tipo de cosas, dudar y trasladar la duda al lector. A cambio, lo único que recibimos es la transcripción de una nota de prensa como si leyéramos órganos del partido como ¡Arriba!, Granma o Völkischer Beobachter. Para eso no necesitamos periodistas. La crisis del periodismo no es tecnológica, es metodológica.

Por cierto: supe del caso por la mención de Maria Bohigas en uno de sus artículos. Afortunadamente todavía quedan voces críticas en el periodismo cultural.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

9 Comments

  1. “unos medios culturales competentes”… ¡Anda que no pides!

    1. Bueno Jesús, con los sueños no se hacen rebajas!

      No, en serio, creo que entre la perfección y lo que tenemos hay un punto suficiente al que debemos aspirar.

      Gracias por tu comentario!

  2. […] Los papeles de Esther Tusquets y el periodismo cultural […]

  3. Creo que merece un comentario la naturaleza de lo que se compra al adquirir un correo electrónico. ¿Es cierto que lo valioso de un documento es la información que recoge? Pues, a mi juicio, no del todo. A poco que uno piense en ello, se da cuenta de que un legado epistolar “físico” tiene un valor añadido en su “fisicidad”. Por poner un ejemplo, que confío en que no sea demasiado caricaturesco, el texto de las glosas emilianenses ha sido reproducido innumerables veces y es fácilmente accesible, pero las colas cotidianas para ver el documento —¡su facsímil!— en San Millán son formidables.

    ¿Qué ocurre con un correo electrónico? No hay soporte físico alguno que se pueda exhibir en una exposición al uso. Solo hay información. Información, en este caso, de carácter privado cuya difusión pública se ve restringida por las leyes —y no me refiero solo a las de propiedad intelectual— sin el permiso de sus autores. Esto último, claro está, es aplicable también a la correspondencia postal, pero aquí el tiempo juega a favor del documento con un soporte material. Cuando el contenido de los correos electrónicos se sepa —y digo yo que el legado se pondrá a disposición de los investigadores—, ¿qué valor tendrá lo que se ha adquirido?

    En suma: ¿qué hemos comprado?

    1. Hola Lluís A:

      Cuando uno compra un e-mail, lo que compra es la información que contiene, pues la noción de “soporte” desaparece. Por esa razón es imposible, o acaso grotesco, exhibir un e-mail en una exposición, a no ser que su grafismo tenga interés por si mismo, lo cual es bastante raro.

      Como bien apuntas, el legado se pondrá a disposición de los investigadores –quiero pensar que a disposición de cualquiera- y entonces sabremos qué hemos comprado. Sin duda, algo tarde para ver si es caro, barato, justo, o tenia sentido.

      Gracias por tu aportación!

  4. Bon dia,

    Reconforta veure que hi ha alguna veu dissonant respecte aquesta polèmica decisió del Dept. de Cultura d’adquirir el fons Tusquets. Per si voleu conèixer la posició de l’Asociació d’Arxivers de Catalunya – Gestors Documentals deixo l’enllaç a un comunicat oficial i al Butlletí 111, en el que l’editorial hi parla críticament:

    Comunicat
    http://arxivers.com/publicacions/noticies/936-comunicat-sobre-la-compra-del-fons-de-leditora-esther-tusquets.html

    Butlletí 111
    http://arxivers.com/publicacions/butlleti-de-lassociacio/butlleti-de-laac.html

    Salutacions,

    1. Hola Santi L,

      Gràcies pels links, hi faré una ullada.

      Salutacions!

  5. Sin ánimo de crear confusión, creo que los hijos, Milena y Néstor, se apellidan Busquets Tusquets.

    1. Pues tienes toda la razón. Un error que paso a corregir inmediatamente.

      Gracias!

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