Hoy, en la radio, he podido escuchar una cuña publicitaria destinada a disuadir a los barceloneses de la compra de bebidas a los vendedores ambulantes ilegales durante las fiestas patronales de La Mercè. Al finalizar la cuña me he acordado de los libros.

Esta cuña forma parte de una endeble labor de sensibilización ciudadana tras la cual hay una expeditiva actuación policial por parte de la Guàrdia Urbana de Barcelona. Nada que decir: la venta ilegal puede y debe ser perseguida. Pero detrás de la campaña promovida por el Ayuntamiento de Barcelona y la Federación Catalana de Asociaciones de Actividades Recreativas Musicales (FECASARM) con el apoyo de la cervecera Damm, lo que hay es un empecinamiento cerril en negar la realidad. Todavía no he encontrado información detallada de la campaña en ciernes –a parte de la cuña radiofónica– pero podremos hacernos una idea del enfoque leyendo un párrafo del documento que FECASARM publicaba antes de la campaña de 2011 (traducción propia):

Durante la primera noche de ejecución de la campaña se pudo constatar una importante disminución en el número de vendedores ambulantes y ilegales de latas de cerveza respecto años anteriores, lo que nos lleva a prever que este año las pérdidas sufridas por nuestro sector debido a este fenómeno de competencia desleal, serán muy inferiores a las sufridas durante 2010, pasando de una cifra superior a 1.500.000 euros de pérdidas sufridas por el sector durante 2007 a una cifra de entre unos 250.000 i 300.000 euros en lo que llevamos de 2011, lo que puede suponer una reducción de hasta un 80% por ciento de los perjuicios producidos por este fenómeno al sector de la hostelería y el ocio en 5 años. Todo esto ha sido posible gracias a este trabajo concienciador, informador y continuado acompañado de la siempre contundente labor sancionadora y decomisadora de la Guardia Urbana [de Barcelona]

Hace veinte años, o no había vendedores ambulantes ilegales –no les recuerdo en mis años mozos– o no se les veía. De un tiempo a esta parte cada vez hay más, la mayoría de origen pakistaní; menciono su origen porque parece que su trabajo se teje a partir de las redes de relaciones de esta comunidad. El suyo es un trabajo en red poco centralizado y esto es importante tenerlo en cuenta.

La cuña que he podido oír esta mañana hacía referencia a lo peligroso que es consumir bebidas de los vendedores ambulantes, ya que algunos guardan la mercancía en los huecos de las alcantarillas. Siendo cierto, dudo que los camiones de reparto y los almacenes de los bares y restaurantes estén impecables. Pero no sólo del miedo vive esta campaña: apela a la honradez del ciudadano diciéndole que los propietarios de bares y restaurantes pagan impuestos y los muy arteros vendedores ambulantes no. Siendo también cierto, me pregunto si la ausencia de emisión de facturas y el peculiar devengo del IVA por tramos en este tipo de locales no promueve la venta en negro y la economía sumergida.

Algunas preguntas interesantes:

  • Si en 2007 hubo unas pérdidas netas de más de un millón y medio de euros sólo en el municipio de Barcelona, ¿no indica esto un nicho no cubierto del que se aprovechan las redes informales?

  • Teniendo en cuenta los decomisos de hasta 178.000 latas como el del pasado mes de Junio en Barcelona, ¿los fabricantes de bebidas –especialmente cerveza– no están preocupados por la inexistencia de un canal legal de venta ambulante que podría darles mayores beneficios o, al menos, una mayor seguridad?

  • Si es un fenómeno reciente que ha crecido porque hay un público que compra su producto, ¿no estarán haciendo algo mal los propietarios de bares i restaurantes de las zonas más afectadas?

  • Si hay –o hubo– un negocio potencial de un millón y medio de beneficio en la venta ambulante de bebidas, ¿por qué nadie del sector ha ocupado el nicho de mercado con una red legal?

  • ¿Por qué no hay ni una pizca de autocrítica por parte de los responsables patronales de bares y restaurantes?

¿A alguien del sector del libro le suena el caso? Los fabricantes de cerveza son al ocio lo que los editores al libro, y los libreros son lo que bares y restaurantes. Ambos sectores se ven atacados por redes informales fuera de los canales habituales de venta, ambos cuentan con rigideces en la política de precios –aunque el de las bebidas es diferente porque no hay ley del precio fijo. Ambos manejan cifras de fantasía, de difícil justificación y aún más complicado cálculo para sobredimensionar el problema. Ambos aluden con escaso éxito al corazoncito del lector / bebedor. Ambos muestran una pereza similar en afrontar de veras el reto de atender nichos no cubiertos y son remisos a reconocer errores.

Si en el libro digital ya hay competidores legales que operan en Internet, en el caso de las bebidas no parece que vaya a haberlos. La actividad de las redes ilegales de venta ambulante de bebidas es perseguible y con la suficiente dureza se les podría llegar a disuadir –aunque sospecho que siempre volverán a brotar– pero en el caso del Internet y el libro digital eso es imposible. Aún así, hay editores y libreros que aplican a su sector los mismos argumentos y las mismas políticas que los fabricantes de bebidas y los propietarios de bares y restaurantes al suyo. Les une la cerrazón ante lo que no pueden controlar y responden a ello sólo con represión –hasta cierto punto necesaria– pero con muy poca imaginación.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional