El recién recuperado Códice Calixtino, la guía turística más antigua –con el permiso de la Geografía de Estrabón– y posiblemente más cara del mundo, implementa también el más antiguo e inexpugnable DRM: la excomunión para todo aquél que ose robarlo o moleste a su legítimo portador.

No hay mejor DRM que el que la sociedad nos instala al socializarnos: el sentido ético y moral. En el siglo XII, para un europeo temeroso de Dios, la amenaza de la excomunión bastaba para portarse bien; eran malos tiempos para la razón, lo más parecido a la ciencia llevaba unos cuantos siglos olvidado y no se empezaría a recuperar hasta el XVI. Vamos a la esencia del DRM del Códice Calixtino:

a/ No se notaba: uno podía hacer uso del códice sin que el DRM fuera una molestia, no interfería en la lectura.

b/ Permitía el préstamo: siempre que el libro no saliera de la Catedral de Santiago, remedo medieval de las bibliotecas públicas actuales.

c/ Con saber leer bastaba: En el siglo XII no era poca cosa, pero no era necesario ningún conocimiento adicional.

d/ El castigo era divino: aquel que se atreviera a robarlo ardería en el infierno toda la eternidad.

El único problema es que no era a prueba de infieles, sobre los cuales la amenaza de sufrir el castigo del Maligno no tenía ningún poder. Por suerte, en el siglo XII, los sarracenos ya andaban algo lejos de Santiago y los ateos residentes se abstenían de reconocer que lo fueran.

Pero volvamos al siglo XXI…

¿Cuál es el mejor DRM? El que no existe y confía en el sentido moral de quien lee libros. Hoy en día nuestras leyes se sustentan en este tipo de convenciones: si lapidar adúlteros fuera socialmente aceptado, la ley prescribiría el apedreo de ciertas personas en la plaza del pueblo.

Las empresas que deciden dejar de usar el DRM lo hacen porque saben que no se puede parar el mar con las manos, porque a toda medida le sigue su contramedida y porque empezar una guerra tecnológica contra una miríada de tecnólogos hipermotivados es un fracaso anunciado y un gasto absurdo. Es decir: el DRM no se está eliminando por convicción moral sino por pragmática conveniencia. Y ahí tenemos un problema.

Don’t be evil

No seas malvado, dicen en Google. Al margen de si todavía se lo aplican a sí mismos, una parte muy importante de su éxito viene de no haber perjudicado a sus clientes, tratándolos de forma aceptable. No pueden decir lo mismo muchas discográficas, productoras cinematográficas, empresas editoriales y distribuidores digitales, que desde el primer momento han visto en cada lector un ladrón y tras cada venta digital la pérdida de millones de euros. Su comportamiento ha sido –para muchos sigue siendo- éticamente reprobable, pues han tratado de delincuentes a clientes que no les habían hecho nada.

Exigir confianza a aquellos en quien se desconfía es cosa de paranoicos y directores financieros. Así es como durante lustros la industria cultural se ha granjeado hostilidad. No es raro que muchos hayan pensado que les jodan y se hayan entregado a una orgía de descargas. Si convences a alguien que es un delincuente, luego no te quejes si te roba la cartera. Tampoco te quejes si te inventas cánones digitales que te llenan las arcas pero te dejan sin argumentos, pues lo que reconoces implícitamente es que comprando los equipos ya se paga una cuota por pirateo. Que dicho canon haya sido declarado ilegal por la UE es el colofón a una derrota moral sin paliativos.

Que nadie se confunda, ni creo en el tol mundo e güeno ni preconizo un viva la virgen ni promuevo el gratis total: debemos pagar por los productos a la venta, pero debemos pagar precios percibidos como justos –y si detectamos un problema de percepciones la solución no está en lloriquear ni instaurar un estado policial. Si asumimos que la crisis que vivimos es también –o sobretodo- moral, si reconocemos que la relación de confianza entre productores, vendedores y consumidores se ha deteriorado, aceptaremos que sólo confiando van a confiar en nosotros. Eso exige reconocer pérdidas marginales causadas por asociales recalcitrantes; eso requiere dejar de maximizar beneficios y pasar a optimizar rendimientos, que no es lo mismo. Si trato a mis clientes como ladrones puede que gane más hoy, pero mañana no sólo perderé mi negocio, sino que a largo plazo estoy minando la estructura social que, a la postre, permite que me gane honradamente la vida.

Ganarse la vida honradamente no sólo consiste en cumplir estrictamente las leyes, también consiste en tratar al consumidor como el ser humano que es, merecedor de respeto incluso cuando se demuestra lo contrario. Asumamos que la piratería existirá siempre porque siempre habrá aprovechados, pero comportémonos de manera más humana, más sincera y más abierta, menos cicatera, cortoplacista y desconfiada si creemos mínimamente que todos vamos en el mismo barco, ya seamos una empresa o su cliente. La confianza es el mejor DRM, pues alude al sentido moral de aquél con quien hemos hecho un trato equitativo.

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional