En mi anterior artículo demostraba el poco compromiso de los impulsores de Libranda para con la plataforma y, en general, con la edición digital. Hay quien justifica este estado de cosas aludiendo a la propia inmadurez de la nueva cadena de valor del libro digital, entre otras improbables razones.

Los que justifican la inacción no siempre lo hacen de forma interesada; los voceros de los grandes grupos editoriales son legión y se les escucha. Se alude a diversas causas que podemos agrupar en un sesgo, un subterfugio y una falacia. Éstas son sus tesis:

Sesgo: el total de libros vivos incluye diferentes formatos y títulos descatalogados. Según esto, la muestra original está sobre representada, pues en muchos casos hay varios ISBN para un mismo título: tapa dura, rústica, bolsillo, etc. También deberían contar los descatalogados.

Subterfugio: derechos digitales. Hasta hace dos años no se empezó a trabajar con la cesión de derechos digitales. Según esto, no se poseen los derechos digitales del fondo editorial anterior, por eso no se ha podido empezar a digitalizar el fondo hasta hace muy poco.

Falacia: menores PVP y márgenes, coste de la doble cadena de valor. Los precios de venta y los márgenes digitales no permiten sostener ciertas estructuras empresariales. La digitalización es un gasto a añadir a los propios de la edición en papel.

Al final del artículo ya veremos por qué me refiero exclusivamente a los grandes de la edición. Paso a rebatir los tres grandes argumentos:

El sesgo de formatos y descatalogados: es cierto que algunos títulos vivos en papel están duplicados o triplicados; hay más de un ISBN por título, uno para la edición en tapa dura, otro en rústica, otro en bolsillo y en algunos casos otro más en venta a quiosco, por ejemplo. Pero son una minoría; normalmente un editor se contenta editando un formato.

Hagamos una comparación sencilla pero elocuente: si entramos en www.amazon.es y buscamos libros digitales en castellano, encontraremos los aproximadamente 30.000 mencionados en mi anterior artículo. En comparación, podemos encontrar 1.328.127 títulos en papel. La misma búsqueda en inglés arrojará 1.087.358 libros digitales para un total de 9.771.781 de papel. La relación entre libros analógicos y libros digitales en inglés es aproximadamente de 9 a 1. En cambio, en castellano dicha relación es de 44 a 1. La misma comparación restringida a los impulsores de Libranda es incluso algo peor, de 46 a 1 y si nos centramos en Grupo Planeta, la relación es de 80 a 1. Ante esta comparación no hay excusas (ver tabla en mi anterior artículo para este y otros datos).

El subterfugio de los derechos digitales: es cierto que los derechos en papel no incluyen los derechos digitales, que deben renegociarse con todos los autores y que eso tiene un efecto retardador en la digitalización del fondo. Pero no es cierto que eso explique la escasísima oferta digital existente.

En junio de 2011 Grupo Planeta disponía de 106.799 títulos a la venta, de los cuales 880 estaban digitalizados. Al cabo de seis meses (enero de 2012) Planeta había sumado a su catálogo 1.729 títulos hasta sumar 108.528, mientras que sólo había añadido 474 títulos a su catálogo digital, alcanzando los 1.354. ¿Dónde están los 1.255 nuevos títulos que faltan por digitalizar? Algunos de esos títulos deben ser libros ricamente ilustrados imposibles de digitalizar en EPUB, pero no la mayoría. En otros casos, como hemos visto, varios ISBN diferentes se refieren al mismo libro pero en diferentes formatos, pero son una minoría. ¿Es posible que Planeta no cuente con los derechos digitales? Siendo libros recién editados suena raro.

La inmensa mayoría de los más de cien mil libros del Grupo Planeta son de fondo. ¿De veras hay una férrea, unida e insobornable oposición por parte de los autores a digitalizar sus obras? No ¿Están dispuestas las grandes editoriales a ceder parte de sus márgenes en pro de sus autores? No. Poco a poco van cediendo, pero a regañadientes y de mala gana. ¿Por qué las editoriales medianas, pequeñas o muy pequeñas están digitalizando mucho más que las grandes? Se están adaptando rápidamente porque no tienen más remedio; y porque es posible hacerlo.

La falacia de los menores PVP, márgenes y el coste de la doble cadena de valor: el libro digital tiene un PVP más bajo y unos márgenes más exiguos. No sabemos exactamente cuánto más bajo debe (puede) ser el precio ni cuán contenidos deben (pueden) ser sus márgenes, pero sabemos que es y será así. Lo que uno debe hacer es adaptarse a dicha realidad adaptando su cadena de valor y ésta no puede seguir duplicada mucho tiempo: no hay dinero para mantener papel y digital indefinidamente –la escasa digitalización lo demuestra. Ahí pasamos del sesgo al subterfugio y de éste a la falacia: la doble cadena no es la causa de la baja digitalización, es ésta la que mantiene duplicada la cadena de valor. Oponiéndose, activa o pasivamente, a la digitalización, los editores perpetúan un escenario estructural peligroso: dos cadenas de valor para un solo producto, entendido éste como contenido, obviamente. Quien siga creyendo que su producto es el papel manchado y encuadernado, tiene ya un problema irresoluble.

La clave: I+D+i

Si en este artículo –y el anterior- me he referido casi exclusivamente a las grandes editoriales es por su peso sistémico: si desapareciera el Grupo Planeta la edición española se hundiría; las editoriales medianas y pequeñas se benefician del peso industrial de Planeta que da vida a una nutrida red de proveedores y permite ciertas economías de escala.

El problema es que el peso industrial de los gigantes no es digital. Eso pone en peligro a toda la edición española, al pairo de la iniciativa de los grandes. Si la fortaleza de nuestra industria se debe a la fortaleza de Planeta y algunos más, sus errores y debilidades serán los errores y debilidades del sector. Los líderes deben responsabilizarse de la buena salud del sector si no quieren acabar dominando un cementerio de enanos. Eso no significa convertirse en una empresa asistencial, sino impulsar iniciativas que permitan a la edición española competir en un mercado tan cambiante y turbulento como el actual.

La clave está en la investigación y el desarrollo de soluciones tecnológicas adecuadas que cuestan mucho dinero. Hay dos formas de encarar el problema: o bien los enanos se ponen de acuerdo para inventar la rueda –el consenso puede ser de una lentitud exasperante- o bien el líder asume su responsabilidad y empieza a tirar del carro, desarrollando herramientas aplicables, en primer lugar para sí mismo, pero también para el resto de editoriales, soluciones tecnológicas de las que se acabe beneficiando toda la nueva cadena de valor. ¡Ah! Algo debemos tener muy claro: el negocio digital, al menos al principio, tendrá un perímetro de facturación menor y sus márgenes no podrán sostener según que estructuras corporativas.

Si el Grupo Planeta impulsara y aplicara nuevas herramientas y procesos, el resto debería ponerse a remar en la misma dirección. Ese impulso serviría para inclinar la balanza del lado de la cadena de valor digital y, poco a poco pero de forma decidida –ahí está la clave- ir desactivando la cadena de papel. Es una cuestión de madurez tecnológica, de curva de aprendizaje y de escalabilidad de costes, pero también de coste de oportunidad: o encontramos la manera de desenchufar las imprentas de manera controlada, o la digitalización nos estallará en las manos.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

3 Comments

  1. Lo dices más claro imposible:
    “o encontramos la manera de desenchufar las imprentas de manera controlada, o la digitalización nos estallará en las manos.”
    Estoy de acuerdo completamente con todos tus argumentos, aunque sólo conozca a Planeta como lectora, y a las pequeñas de una forma más interna.
    Sólo añadiría una pregunta/aviso que me hago a mí misma: ¿no estará estallando ya? aviso sobre casi monopolios en cuestión digitalización, imprentas que también digitalizan (pequeñas, a las pequeñas sobre todo, pero ya metidas en ramas de las grandes, hasta ahora sólo veo/oigo/leo nombrar una por ejemplo por esta zona geográfica mía, y eso sí me preocupa mucho). Particularmente no me gusta nada esa cuestión..hombre, si fuera estatal, todavía, en el sentido de que cualquier español, en teoría, podría beneficiarse de su negocio, pero siendo una empresa privada, me pregunto qué es lo que estará haciendo para estar presentes en todas las publicaciones que incluyen digitalización.
    Aquí va incluidas mis felicitaciones a ti por este valiente articulo.
    Un saludo, Bernat

    1. Disculpa erratas, por favor.

  2. Sensacional análisis, difícil ser más claro. Con tu permiso, enlazaré tus dos artículos en mi blog personal.

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