El cierre del diario Público es un drama, especialmente para sus trabajadores. Ignoro si el cierre pudo haberse evitado. Ignoro si la edición digital tendrá continuidad. De lo que no tengo ninguna duda es que estamos en uno de aquellos casos en los que mi perro se comió los deberes.

Profe, mi perro se comió los deberes (la tarea escolar para muchos usuarios no europeos del castellano) es una conocida chanza española acerca de las inverosímiles excusas escolares. Es lo que pensé el día que Jaume Roures dijo esto acerca del cierre de Público:

No esperábamos que [la evolución tecnológica] se comiera al papel tan rápidamente. Si hoy nos planteásemos sacar un periódico con millones de iPads en el mercado, no lo haríamos. Pero hace años no sabíamos que iba a ser así. La gente se vuelca en lo digital y quizá no profundiza en la forma que busca el Periodismo.

El iPad se me ha comido el periódico, podríamos decir. No es tan sencillo. Roures describe bien, en líneas generales, lo que le ha sucedido a Público y lo que les sucederá a otros medios. Pero en su foto faltan elementos importantes; más que la foto que él encuadra de forma sesgada, lo que hay es un largometraje con abundante reparto, un montón de extras y bastantes efectos especiales.

Es más o menos cierto que en 2007 era imposible prever la actual situación o, al menos, que llegaríamos tan deprisa: los periódicos ingresaron 1.894,4 millones de euros en publicidad, un récord histórico absoluto (aunque estaría bien comprobar si en euros constantes también podemos hablar de récord). Lo que no era imposible –había muchos indicios de ello- era ver que el panorama mediático estaba cambiando. Cierto, lo pensaban cuatro geeks marginales. Cierto, el iPad estaba por llegar. Pero también era cierto que en los albores de la Web 2.0 había indicios claros del rumbo que tomarían ciertos aspectos de nuestras vidas. O del rumbo que no tomarían. Casi nadie pudo prever que mucho de lo que dábamos por sentado e inamovible se tambalearía en menos de cinco años.

En 2008 la inversión en publicidad rompió su tendencia alcista de los años de la burbuja: se redujo en casi 400 millones de euros, quedándose en 1.507,9 millones. Un mal momento, pensó la mayoría. Un mal augurio, empezamos a pensar algunos. Porque en 2008, pese a seguir siendo una pequeña minoría, ya eran algunos más lo que hablaban de un ecosistema mediático insostenible.

2009 confirmó que el mal momento se tornaba en descalabro: más de 300 millones de descenso, una inversión total de 1.174,1 millones de euros. Que en dos años se volatilizaran más de 700 millones hizo despertar a algunos, pero no a todos. De cuatro malos agoreros, se pasó a una minoría cualificada que empezaba a hablar no sólo de tendencias y prospecciones, sino a confirmarlas con la realidad. Pese a todo, los popes de la cosa seguían diciendo que eso tan sólo era una coyuntura de la crisis económica y que, una vez superada ésta, todo volvería a la normalidad. Servidor se lo oyó decir a más de un director de agencia de noticias y a más de un director de periódico. Sin despeine ni sonrojo, oiga.

Los años 2010 (1.124,4 M€) y 2011 (967 M€) lo han desmentido. Cierto, no se ha superado la crisis económica, pero a esta se ha sumado la crisis de la prensa. No es nueva, la novedad está en que ahora ya nadie la pone en duda, porque incluso los medios de países que van bien –o al menos van mejor que el nuestro- están sufriendo lo mismo. La novedad es que casi todo el mundo acepta ya que la crisis de modelo de negocio lo es también de modelo tecnológico y hunde sus raíces en plena burbuja o incluso antes. Han sido necesarios el paso de 5 años y la pérdida de 900 millones de euros, ha sido necesario que la inversión publicitaria quedase reducida a la mitad –y lo que nos queda- para que casi todos se hayan dado cuenta de lo que ha pasado. Para aquellos que ya éramos mayorcitos cuando nos cambiaron la peseta por el euro, eso son 149.747.400.000. Casi ciento cincuenta mil millones de pesetas. Aunque tengo la sensación, a tenor de sus declaraciones, que a Roures se le sigue escapando algo. Pero ¿qué?

Fijémonos en la frase que cierra las declaraciones antes citadas:

La gente se vuelca en lo digital y quizá no profundiza en la forma que busca el Periodismo.

Esta frase define los límites de la caja mental de Roures. Según él:

Digital = superficial

Periodismo = profundo

¿Roures puso en marcha Público de espaldas a lo digital? Siempre he tenido esa sensación. Primero, porque había un proyecto en papel. Su misma existencia era ya un contrasentido cuando ya se especulaba cuánto tardaría el papel en desaparecer, no si lo haría.

En segundo lugar, porque el proyecto en papel estaba mucho más maduro que el digital, ya desde el principio, pese que la voluntad era que compartieran relevancia.

And last, but not least: traicionó lo que dijo que haría, dedicándose a un periodismo de corto alcance. Tal como Juan Varela nos muestra en su artículo dedicado al cierre de Público, su estilo se fue pareciendo cada vez más a algo ya muy visto:

El diario nació con voluntad de diferenciarse en la información. No sólo por el posicionamiento ideológico, sino también por los contenidos, con apuestas iniciales importantes como las áreas de ciencia y cultura, y una mayor sensibilidad a los intereses de un público joven y digital.

Con el tiempo esas apuestas se han ido desdibujando. El peso de la política ha inundado todo el diario en detrimento de sus apuestas más frescas y diferentes a otros medios.

El resultado ha sido un envejecimiento del perfil de su lector y una mayor similitud con la oferta de la competencia.

El enlace lo inserta el propio Varela y nos conduce a un artículo de uno de los blogs de Público con fecha 24 de febrero, que hace gala de una honesta autocrítica. Si el nuevo periódico ofrecía más de lo mismo y la única diferencia fue que era algo más izquierdoso… ¿cuál era el argumento real de compra? Eso se lo podrá permitir –y creo que no por mucho tiempo- un diario con un posicionamiento ideológico tan cristalino como el del derechista ABC, pues cuenta con una cantera de clientes consolidada que lo que pide, precisamente, es que nada cambie. Pero hacer más de lo mismo cuando uno acaba de aparecer es un suicidio. El problema de Público no fue que sólo sirviera para confirmar los prejuicios de quien lo compraba –ese mal es común a casi toda la prensa contemporánea- sino que lo hacía sin aportar nada nuevo.

Público no sólo hacía lo de siempre en su quehacer periodístico. En lo tocante a lo comercial, su política era igual de corsaria que la del resto. Me explico: hace ya demasiados años que en otoño los directores comerciales de los medios más influyentes se dejan caer por las grandes empresas españolas a preguntar qué hay de lo mío. No crean que lo hacen provistos de sesudas ofertas y sólidos argumentos ilustrados con deslumbrantes powerpoints. Nada de eso, ellos dicen: si el año pasado fueron tantoscientosmil euros, para este año queremos tantasdecenasmil de más. Si el director de publicidad de una gran empresa osa decir que nones o, llevado por una intrépida locura y poco aprecio por su carrera profesional, se le ocurre incluso recortar lo del año anterior, se le informa que mi presidente llamará a su presidente para aclararle algunas ideas. Y eso pasa. Público hacía exactamente lo mismo, sólo que llegó cuando la cosa empezó a declinar y las salas de espera de las grandes empresas estaban ya a rebosar.

Sigamos con las declaraciones de Roures. Si la cita del principio de este artículo suscita vergüenza ajena hacia el personaje, la siguiente ya es para esconderse. Roures dijo lo siguiente en la conferencia Los retos del sector audiovisual en un entorno de crisis organizada por PricewaterhouseCoopers y La Vanguardia:

Dentro de 15 años el papel no existirá y en su caída arrastrará el concepto de periodismo riguroso y de calidad que entró en crisis desde el momento que la gente empezó a informarse a través Internet

Toma del frasco, Carrasco. Claro que, viendo a los organizadores y los paganos del evento, no era para esperar innovaciones a porrillo. Después de mí, la muerte, la nada, la ninguna cosa ¡Sin papel no hay periodismo! Para no quedarse enfangado en tan sólo un palmo de lodo y terminar de hundir su credibilidad 2.0, según El economista, Roures dijo algo así::

Tras señalar que la prensa actual se está prostituyendo, Roures ha lamentado que la gente ahora piense que está informada con leer dos diarios digitales, en el marco de un acceso masivo “a cualquier tipo de información que hace perder su valor de rigor y respeto”.

No conozco a casi nadie que habitualmente lea más de un diario en papel. Algunos, pocos, compran dos periódicos los domingos –otra cosa es que los lean. La gran mayoría, en caso de leer periódicos, se limita a uno. En algo estoy de acuerdo con Roures: nos equivocamos pensando que estamos informados con dos diarios digitales. Pero anteayer también nos equivocábamos si creíamos estar informados leyendo sólo Público. O cualquier otro periódico. Quien hace eso no se informa, se deforma. Dentro de lo difícil que es informarse, en caso de tomárselo en serio uno necesita tal diversidad de fuentes que, por gusto o por fuerza, debe recurrir a Internet. Allí puede seguir una dieta tan variada como quiera, formada en parte por contenidos de pago y en parte por contenidos gratuitos. Importa la variedad, pues de ahí surge el contraste.

Si las declaraciones de Jaume Roures que aquí comento llevaran fecha de 2007, 2008 o, a lo sumo 2009, podríamos hablar de la clásica confusión en un momento de cambio. Uno se aferra a lo conocido porque lo desconocido da yuyu. Normal, incluso mentalmente sano; para experimentos ya estamos los outsiders y los millonarios con tendencia al derrape creativo. Pero cuando lo conocido empieza a deslavazarse a cuenta de lo que está por explorar, uno debe moverse o ser a su vez deslavazado.

Seño, lo digital se me ha comido el periódico. Pues no. Al periódico de Jaume Roures se lo ha comido su propia cortedad de miras, su empecinamiento manierista por encima de aspectos funcionales sobre los que debería basarse el periodismo: independencia, rigor, profundidad, contraste, claridad… da igual sobre qué soporte encontremos todo esto. Da igual si quien pone en práctica estas y otras buenas costumbres periodísticas lo hace en solitario y por amor al arte o a cambio de un sueldo y acompañado de cuatrocientas personas bajo una cabecera poderosa. Sin una base cualitativa que articule una oferta competitiva ya podemos inventar lo que queramos, que ningún medio sobrevivirá mucho tiempo.

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional