El de la descarga de contenidos es un fenómeno que levanta pasiones encontradas. Es normal que así sea. Conste, de entrada, que estoy en contra del consumo ilícito de bienes ajenos, sean ceniceros, sillas o libros digitales. En casa tengo una pequeña fortuna en libros y nunca dejaré de comprarlos. En todo esto, tan responsable de la situación es la industria cultural como sus clientes.

Este artículo responde a un comentario que una lectora ha dejado a mi anterior post sobre Etxebarría. Lo traigo aquí porque sus postulados son característicos de todos aquellos que identifican descarga con robo. Ana dice:

A mí me parece que este comentario [por mi artículo] es muy mediocre. Desvía completamente el tema y sus argumentos son incorrectos (que la escritora haya ganado dinero con sus libros no significa que no tenga el derecho a protestar si la están pirateando). Que tu hagas este blog gratis es tu problema, y a nadie le importa realmente. Si a apple le están pirateando, a todos nos parece muy bien que se tomen medidas. Y que digas que vas a piratear el libro porque no lo puedes comprar en amazon es igual que justificar que robas el cenicero de un restaurante porque está encima de la mesa.

En cuanto a la mediocridad de mis artículos dejo el veredicto a la opinión de cada cual. No siempre tengo el día inspirado. En todo caso, no me compete a mí ponerme nota. Paso ahora a sus argumentos:

a/ El dinero de Lucía Etxebarría: si saqué a colación el dinero fue porque la escritora valenciana lo blandió en su defensa en Facebook, presentándose a sí misma como una persona a quien le costaba mucho llegar a fin de mes. Yo no hubiera hablado de ello si ella no lo hubiera hecho. A lo que yo hice se le llama poner las cosas en perspectiva, cosa que Etxebarría no hizo. Lo que ella hizo es demagogia. Ella tiene el derecho a defenderse, pero no a manipular los hechos presentándose como una lumpenproletaria de la literatura, cuando no lo es.

b/ La gratuidad de mi blog no importa a nadie: efectivamente, y así es como debe ser, tan sólo debe importar a aquellos a los que les gusta disfrutar de mis neuras sin pagar. Pero puse la gratuidad de este blog en oposición a la corta y miope visión de Lucía Etxebarría, que dice que sólo es cultura y arte si uno paga, y que la única manera de dedicarse gratis a la cultura y al arte es siendo millonario. Yo no soy millonario y lo que hago es cultura. Los más de 50 blogs –la mayoría mucho mejores que el mío- que sigo son cultura. Twitter y Facebook son cultura. Incluso la telebasura, mal que nos pese, es cultura. Los libros que compro –en mi vida he pirateado un libro- son cultura. Me niego a que Lucía Etxebarría me desprecie por el simple expediente de degradar a la categoría de imbéciles a todos aquellos que aportamos algo al procomún sin recibir dinero a cambio.

c/ Un cenicero no es un libro digital: afortunadamente hace más de siete años que conseguí dejar de fumar dos paquetes de Marlboro al día. Nunca robé un cenicero. Tampoco he robado nunca un libro. Digo esto como prevención, pues cada vez que defiendo mis postulados alguien me clasifica como perteneciente a la tribu del gratis total. Yo no creo en el gratis total. Me opongo a la descarga gratuita e indiscriminada de contenidos sometidos a derechos de autor. Pero también me opongo a que me tomen el pelo mediante la manipulación interesada del concepto legal de lucro cesante. Si yo robo un cenicero, alguien pierde un cenicero. Ahí hay incluso algo más que un lucro cesante, hay pérdida y por eso es un robo. Pero si yo copio un archivo nadie se queda sin ese archivo; el paradigma digital, enfrentado a la legislación y la industria analógica, produce, grosso modo, las siguientes situaciones:

Copia privada legal: la legislación española reconoce que yo, como comprador de un CD, puedo hacer una copia para uso particular y disfrutar de mi CD en casa y en el coche sin tener que comprar dos copias. O puedo, mediante iTunes, pasar a MP3 las canciones de ese CD para disfrutarlo en mi iPod. Eso es legal.

Limbo conceptual: hay otro tipo de copia que se encuentra en un limbo conceptual y es el de las redes de pares. La jurisprudencia española –aquí la legislación va detrás de los jueces- dice que intercambiar archivos entre particulares en un lugar como eMule no es contrario a la ley, pues se asimila al préstamo privado entre particulares.

Copia ilegal: lo que sí es ilegal es hacer copias de un CD y venderlas. El top-manta es ilegal por eso. También es ilegal, según una reciente sentencia, que el propietario de una web de descargas gane dinero mediante la publicidad inserta en ella o mediante otros medios. Si hay ánimo de lucro, hay delito.

Dentro del limbo conceptual hay un mínimo de cuatro comportamientos identificados:

a/ El delincuente: el que se baja música y películas para luego armar CD pirata y venderlos. El que monta una web de descargas y se lucra mediante la publicidad.

b/ El caradura: el que se lo descarga todo para no pagar aquello que se compraría.

c/ El curioso: el que se lo descarga para probarlo y luego, si le gusta, comprárselo. Yo soy de esos. En concreto lo he hecho con algunas series y películas.

d/ El coleccionista: el que, aun comprando cultura, aprovecha las redes de pares para bajarse aquello que nunca se compraría de ninguna de las maneras, porque no le suscita el suficiente interés. Yo también soy de esos. Hay música que compro –la más reciente- y otra que no.

El primero de ellos ya está perseguido por la ley. El segundo de ellos de momento no es perseguible y creo que nunca podrá serlo, porque poner puertas al campo es fútil. El tercero tiene un impacto positivo, consume porque descarga. El cuarto resulta inocuo: de cualquier modo no compraría aquello que descarga. Lo que hay que conseguir es que los caraduras tengan poco motivo para hacer lo que hacen, que los curiosos no necesiten hacerlo –muchas librerías on-line ya permiten leer parte del libro antes de comprarlo- y lo que hacen los coleccionistas sea legal dentro de ciertos límites. Y eso se puede conseguir de varias maneras:

a/ Publicando en digital: negarse a publicar su novela en formato digital ha sido uno de los mayores errores que podía cometer Lucía Etxebarría. Lo irónico del caso es que lo hizo, según ella, “para no facilitar la descarga”. Le ha salido un poco mal. No sólo se lo han bajado los delincuentes y los caraduras, se lo han tenido que bajar todos. Aquellos que se hubieran comprado el libro en formato digital –por gusto, por costumbre o porque, simplemente, les hubiera dado la gana hacerlo así- simplemente no podían. Que en la economía de la abundancia se pongan puertas al campo es responsabilidad, única y exclusivamente, de la industria y los autores, no del público. Muchas de las descargas, en este caso, han sido en legítima defensa del sentido común.

b/ Usando un DRM misericordioso: tengo un Kindle. Comprar libros en Amazon con él es una gozada, porque la compra está, literalmente, a un par de clics. Es peligrosamente fácil, pues por impulso uno se lo compraría todo. En comparación con eso, la librería pilla lejos. Incluso bajarse un libro del eMule representa mucho tiempo a cambio de una copia que puede ser deleznable. Lo dije en mi anterior artículo y lo mantengo: que el público compra en digital lo demuestra el hecho que Amazon es un negocio, no una ONG. En comparación con el DRM de Amazon –y algún otro- el DRM de los libros en EPUB es un incordio desesperante que a veces impide la simple lectura del libro comprado. Lo digo por experiencia. Fui de los primeros en darme de alta en lector.com –antes del Kindle tuve un IREX- y si no he vuelto por allí ha sido por el sentimiento de estafa e indefensión que sentí la primera, única y última vez que les compré un libro.

c/ Vendiendo a precios comprensibles: la edición digital es más barata que la edición analógica si las cosas se hacen bien. Sobre todo con el fondo editorial, porque con él hay una gran parte del trabajo –pulido del texto- que ya está hecho. Pero es que la edición digital de títulos nuevos también es más barata si uno instrumenta las herramientas y procesos adecuados, es decir, invierte en tecnología y conocimientos y no se limita a dejar que le vendan la moto. El libro, en papel, de Lucía Etxebarría, cuesta más de 20 euros. No sé si es mucho o poco, yo compro libros en papel de 30 y 40 euros y no me parecen caros. Todo depende de lo que uno esté dispuesto a pagar. Esos precios no pueden trasladarse alegremente al digital porque aquí hay unos colosales e ineficientes costes que desaparecen. ¡Ah! El IVA no es excusa, pues simplemente se superpone a un precio que, ya de entrada, será caro o barato.

d/ Limitando ciertos parámetros del derecho de autor: no es el caso de Lucía Etxebarría, pero no tiene mucho sentido que la obra de un autor siga protegida varias décadas tras su muerte. No tiene ningún sentido que sus herederos sigan viviendo de la sopa boba durante décadas. Puedo comprender –hasta cierto punto- que una obra sea protegida durante toda la vida del autor, pero debería revertir al dominio público a su muerte. El paso al dominio público es una realidad, tal como demuestra el hecho que todas las obras anteriores a la segunda década del siglo XX están libres de derechos. El problema es que los envasadores de contenidos –algunos lo llaman industria cultural- han conseguido, mediante labores de lobby, ir prolongando el período de vigencia de los derechos de autor. En algunos casos, los herederos ya no son los hijos, sino los nietos. Eso no protege al autor, sólo crea una clase de rentistas interesados en que nada cambie.

Insisto: no estoy a favor del gratis total, muy al contrario, pienso que hay que buscar nuevas soluciones a nuevos problemas, no aplicar antiguas recetas a algo desconocido. Si la industria no avanza, si los autores que viven de sus obras no dan un paso adelante, si los legisladores siguen ciegamente a los lobbys de presión, matarán finalmente a la industria. Pero ni siquiera eso será la muerte de la literatura. Hay millones de autores en la red, escribiendo cada día. Muchos, muy buenos. Algunos, tan buenos como los consagrados. Otro mercado es posible y lo interesante es que siga siendo un mercado. Pero sin cerrilidad y con perspectiva.

 

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

5 Comments

  1. Excelente como siempre tu post Bernat: desmenuzando el tema, argumentándolo y volviéndolo a cargar de nuevos contenidos y significados. Es un placer leerte, siempre.

    Aprovecho el comentario 🙂 para desearte Bonas Festes y Excel·lent Any 2012!

    1. Bonas Festes i Excel·lent Any 2012! 😀

  2. A que con esta acierto! Bones Festes i Excel·lent Any 2012! jajaja

    1. Aquest cop sí!

      Bones Festes i Bon any 2012!

      Fins aviat!

      Bernat Ruiz

  3. Se entiende que respondas y te curas en salud, pero es inútil respecto a la comentarista: la comprensión lectora no cotiza al alza estos días.

    Y la culpa la tiene tanto el descenso de valor de la palabra escrita sosegada como el ritmo frenético que ciertos usos de Internet imprimen a la lectura. Un tweet no habría generado tanta incomprensión como tu post. o un “no me gusta” en facebook puesto en el muro de L. Extebarría.

    Es lo que hay, y no estamos a salvo si no ponemos remedio: leer ebooks, reducir todo lo que podamos el uso de las redes sociales y todo lo que nos ofrezca un input constante e inconexo.

    ¡Felices fiestas!

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