Manuel Jalón, ingeniero aeronáutico, oficial del ejército del aire retirado e inventor de la fregona y la jeringuilla desechable, murió en Zaragoza el pasado 16 de Diciembre a la edad de 86 años. Nada tiene que ver con la edición y menos con la edición digital, pero si lo traigo a este blog es por dos motivos: por su espíritu emprendedor e innovador y porque tuve la oportunidad de conocerlo hace ya más de trece años.

Conocí a Manuel Jalón en el transcurso de una investigación que llevamos a cabo desde la Escuela Superior de Diseño Elisava, en la que yo había estudiado la carrera, y cuyo objetivo era aportar documentación para la exposición El diseño industrial en España que promovía el Ministerio de Industria. Dos miembros del equipo nos reunimos con él en la sede zaragozana de Curver, la antigua Rodex que Jalón fundara en 1957 para la fabricación de la fregona.

Con Manuel Jalón estuvimos charlando un par de horas, mucho más de lo que teníamos pensado y mucho menos de lo que nos hubiera gustado. Pese a que ya por entonces había sobrepasado los setenta años de edad, nos sorprendió su espíritu jovial, emprendedor e innovador, fruto de una forma de pensar sencilla pero poderosa. Sus dos inventos, que derivaron en un buen número de patentes, atajaron dos grandes problemas mediante soluciones simples e imaginativas. La fregona nació gracias al tiempo que su inventor pasó en Estados Unidos. En la base aérea norteamericana en la que estudiaba pudo ver un artilugio que se usaba tanto para limpiar suelos como aviones y constaba de tres partes:

a/ Un cubo de acero galvanizado, con ruedas pero sin asa.

b/ Un sistema de rodillos unido al borde del cubo.

c/ Una mopa de largas hebras de algodón unida a un palo.

Podríamos pensar que Jalón no inventó nada, pero el funcionamiento de esa primitiva fregona distaba mucho del de la moderna. La diferencia básica estaba en el modo de escurrir la mopa: debía insertarse la mopa entre el par de rodillos mencionados y, mediante un pedal, cerrarlos para tirar del palo de la mopa. Eso implicaba como mínimo dos problemas: para empezar debía hacerse fuerza tirando de la mopa y al parecer eran frecuentes los accidentes por vuelco, con el resultado de un montón de agua sucia derramada.

En España ni tan siquiera existía esa primitiva fregona; un espíritu más comercial y menos inventivo se hubiera limitado a importar lo ya inventado. En vez de eso, el inventor español, tras un tiempo de desarrollo y venta que también pasó por la fase de rodillos y chapa galvanizada (1957), creó en 1964 la fregona que todos conocemos:

a/ Cubo de plástico. Mucho más ligero, para lo cual montó una de las primeras fábricas de inyección de plástico de España, la mencionada Manufacturas Rodex, S.A.

b/ Cubo en forma de ojiva truncada invertida. Para entendernos, las paredes del cubo tenían cierta curva, una solución estructural típicamente aeronáutica que daba al objeto una gran robustez a cambio del uso de muy poco material.

c/ Escurridor fijado al borde del cubo. En vez de tirar del mocho era el peso del usuario, no sus músculos, el que hacía la fuerza al introducir el mocho en el escurridor y cargar sobre él todo su peso.

d/ Mocho circular. A diferencia de la mopa plana, el mocho circular podía rotar dentro del cubo lleno de agua para expulsar la suciedad gracias a la fuerza centrífuga. El mocho siempre salía más limpio que al entrar en el agua.

La fregona parece un obvio objeto cotidiano que siempre ha estado ahí. Pues, aunque parezca increíble, hubo que enseñar al público a usar algo tan sencillo. En palabras de Manuel Jalón:

[…] el esfuerzo por educar […] fue imponente pues debieron fregarse todas las ferreterías y droguerías de España y convencerles para que lo hicieran a su vez con sus clientes. Casi fue un cambio antropológico ya que se trataba de cambiar una postura que se venía adoptando desde el tiempo de las cavernas.

Que se ilustra con esta anécdota:

[…] a principios de 1957 se presentó una señora en el taller con una fregona en la mano diciendo: “Vengo a que me cambien este cacharro por otra cosa o me devuelvan el dinero, porque mi marido me lo ha regalado y como ustedes saben las mujeres no fregamos de pie, fregamos de rodillas”.

De este modelo se fabricaron más de sesenta millones de unidades. Fueron tantas las innovaciones introducidas en un objeto ya existente que, por derecho propio, podemos decir que Manuel Jalón inventó la fregona moderna. Dicho modelo sólo ha sufrido cambios menores y pequeñas mejoras en los materiales. Se sigue usando en todo el mundo. Hasta la aparición de la fregona de Manuel Jalón, en España y en muchos otros lugares del mundo, las mujeres fregaban de rodillas.

La fregona triunfó por la visión de un ingeniero militar, por el apoyo que recibió de colegas suyos también militares y por la financiación inicial de parte de su familia, en un país pobre y subdesarrollado cuando sólo el ingenio permitía sacar pan de las piedras. Sirva de lección para los fatuos agoreros de la edición en papel, que ven el fin del mundo donde muchos otros verían grandes oportunidades. Sirva también como aviso a todos aquellos –entre los que me incluyo- que cometemos el error de dar por obvias ciertas bondades cuando es evidente que incluso la buena idea más sencilla, cuando es radicalmente nueva, puede ser inicialmente incomprendida.

Más información en esta web escrita por el propio Jalón: http://www.fregona.com/index.html (desgraciadamente contiene un sinnúmero de enlaces rotos, pero el texto es ya suficiente excusa para visitarla).

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional