No sé quien dijo aquello de que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las sucias mentiras y las estadísticas. En el caso del libro digital deberíamos añadir un cuarto actor: la prensa escrita. Orientándose cual veletas en función de los intereses del propietario del periódico de turno, al principio profetizaron el fin de los tiempos de la cultura escrita mientras ahora aplauden con el fervor del converso. Primero erraban. Ahora, también.

Una noticia de hoy martes 25 de Octubre, aparecida en el diario El País, trastoca mi previsión de publicación para hoy. Tenía un tema muy bonito, una de esas ideas que apetece contar como ejemplo de talento y trabajo bien hecho. Mejor lo dejo para mañana. Un artículo que lleva por título El libro digital explota en Estados Unidos, firmado por Jesús Ruiz Mantilla, me ha cabreado lo suficiente como para traerlo aquí.

Digo que yerran porque prefiero pensar que es desinformación y no mala fe, aunque todo podría ser. Ya el título es muy mal presagio, pues en los EEUU el libro digital lleva sus dos o tres buenos años explotando –y estoy siendo prudente. El artículo arranca con esto:

Entre atemorizada y excitada está la industria del libro en Estados Unidos ante los meteóricos avances de los contenidos digitales. La progresión en el mercado es mucho mayor que la que pronosticaban los expertos. En 2010, las ventas de contenidos para dispositivos electrónicos se dispararon hasta en un 10%. El crecimiento al que los editores y libreros estaban acostumbrados era del 1% o el 2% y ahora han alcanzado un 15% del total. ¿Ha llegado la progresión geométrica al mercado?

Los expertos. Acabáramos, los famosos expertos. ¿Expertos en qué? No hay expertos en cambios de paradigma del libro, pues los últimos que vivieron algo parecido a lo que está sucediendo crían malvas desde hace más de cuatrocientos años. La progresión del libro digital no se puede prever, acaso sólo intuir. Nosotros lo tenemos más fácil viendo qué está pasando en los EEUU, pero ni así sabremos si en España explotará mañana, dentro de un año o de un lustro. Será rápido para las tasas de cambio y obsolescencia industrial analógicas a las que estábamos acostumbrados. Pero no podemos creernos ya a ningún experto que ponga precisos tantos por ciento en ningún sitio. Estamos sobre la ola, no tenemos capacidad objetiva para según qué. Pero sí podemos aproximar, hablar de pasado reciente y, sobre todo, hablar con propiedad. Sigamos:

Son datos de la asociación Book Industry Study Group (BISG), que agrupa a diferentes sectores del gremio en Estados Unidos y cuyo director ejecutivo, Len Vlahos, participa hoy en las Jornadas Técnicas de Anele (Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza) para analizar nuevas formas de lectura. “Estamos muy impresionados por la velocidad que están tomando estas transformaciones”, afirma Vlahos.

Muy impresionados. Otros muchos estamos muy impresionados por la falta de reflejos que demuestran instituciones como ANELE que, contando con más información de la que son capaces de aprovechar –¿es ese el problema?- no entendieron que cualquier cambio de paradigma digital sería rápido. Eso lo sabemos desde hace mucho tiempo. Lo que no me explico es cómo el redactor del artículo no nos dice precisamente eso. Pero el redactor insiste, en su particular estilo de periodismo de declaraciones:

Según un reciente estudio de la BISG, el 25% de estos lectores se han pasado ya al nuevo dispositivo. Entusiasmados. “El 75% de los que lo han probado tienen una opinión muy favorable”, asegura Vlahos.

Vamos a repasar conceptos. Hoy lo haremos con el de early adopter en su acepción más amplia. Este par de palabrejos anglosajones definen a ese consumidor que se apunta a lo nuevo con rapidez. Su propia motivación le lleva a informarse de forma tan prolija sobre el producto que, cuando llega a él, no sólo se ha auto convencido de la compra, es que ya sabe cómo funciona y lo que puede ofrecerle -aunque más de una decepción se llevan. Es de esperar que este tipo de usuario muestre mayoritariamente una opinión muy favorable y sea un creador de tendencia en su entorno. Precisamente ahora estamos pasando de los primeros compradores -esos early adopters- a los más tempranos seguidores de tendencia, que exhiben un comportamiento similar, aunque algo más prudente. Veamos otra perla cultivada:

Es un lector -lectora, más mujeres que hombres-, según el estudio, que compra más y lee más. Y que ante todo consume novedades de ficción. Otra profecía que ha sido barrida. Cuando aparecieron los primeros libros de ese formato, allá por 1999, los inventores del producto pensaban que ante todo penetrarían en el mundo del ensayo y el libro académico. No ha sido así. […] No solo los universitarios lo utilizan poco, ya que los libros de consulta no se han reconvertido a la velocidad deseada y los profesores observan estos inventos aún con desconfianza. Son los escritores de ficción quienes tiran más de las descargas.

Eso es mentira. Y lo afirmo porque lo sé, como debería saberlo cualquiera que sepa qué es –o qué puede ser- un libro digital. Hace lustros –como mínimo dos- que en las universidades se edita con PDF. Sí, ya sé que a muchos puristas de la reflowabilidad el PDF les causa sarpullidos, vahídos y mareos, pero es un formato que se está usando para el libro digital en las universidades, donde lo habitual, desde hace mucho tiempo, es editar los libros –tesis, tesinas, estudios- en PDF.

En el artículo hay algo que me sorprende mucho: al parecer el articulista recoge unas declaraciones de Javier Celaya, de Dosdoce.com, donde este dice, por ejemplo:

En la última feria de Fráncfort, las previsiones más conservadoras apuntaban a que, por esa fecha, el 50% del mercado será digital”

En dos años nos colocaremos en la cuota estadounidense”

Las previsiones para 2011 son de más del 20% [de crecimiento]”

No conozco a Javier Celaya en persona, pero he asistido a suficientes conferencias y mesas redondas en las que ha participado y he leído suficientes artículos suyos para tener la sensación que, en este caso, Celaya acompañó estos datos de un contexto que nos estamos perdiendo. Por ejemplo, en los datos sobre la feria de Frankfurt, según el periodista Celaya sólo nos cuenta lo que se decía. ¿Una simple declaración sobre un rumor es un dato a considerar?

Eso de que en dos años nos colocaremos en la cuota estadounidense… ¿La de hoy? ¿La de dentro de dos años? ¿En base a qué? Nada se nos dice sobre esto. Lo mismo sucede con el 20% de crecimiento. ¿Se supone que como lo dice un gurú (sic) ya es un dato de qué hablar?

Pero el periodismo de declaraciones no termina ahí. Dice Jesús Ruiz que Vlaho dice:

La carrera comenzó en 2007. Y la clave fue el invento Kindle, lanzado por Amazon. Cuando apareció ese primer dispositivo cómodo, los lectores comenzaron a confiar. A eso se unió una política de precios más razonable.

No, los lectores no comenzaron a confiar, sino que por primera vez tuvieron al alcance un producto con un mínimo de calidad, inserto en una plataforma en la que encontrar contenidos de fiar no era una odisea.

En Estados Unidos una descarga supone la mitad que un libro de tapa dura. Lo marca el editor y es inamovible.

Decir que en los EEUU el precio lo marca el editor y es inamovible… bueno, es no conocer ni el funcionamiento en España ni en los Estados Unidos. Allí el precio lo marca el editor, hasta que la gran superficie, blandiendo su poder de compra, le aprieta los tornillos –Amazon consiguió reducir el precio del libro de muchas editoriales a 9,99 dólares, aunque no pudo con todas- algo que aquí no puede suceder porque sufrimos la ley del precio fijo del libro. Aquí sí es inamovible el precio que marca el editor.

A la carrera se unieron cadenas de librerías como Barnes & Noble. Si hace tres años el daño que iban sufriendo amenazaba su desaparición, el panorama ha cambiado. “Compraron la plataforma Fiction Wise y eso les puso en órbita. Crearon su propio dispositivo y han conseguido hacerle frente a Amazon copando un 27% del mercado”, comenta Vlahos.

Por el camino han desaparecido pequeñas, mediana, grandes librerías, e incluso la segunda gran cadena del país –Borders– se ha declarado en quiebra. No es cierto, como da a entender el artículo, que un buen día las librerías se levantaron y resistieron el envite. No. Ha habido escabechina. ¿Por qué el autor lo esconde? ¿lo desconoce? Puede que sí:

Son una enorme porción de lectores, segundas generaciones más cultivadas que sus progenitores y que alternan la lectura de libros en inglés y en español. Toda una oportunidad para la industria. En cualquiera de los formatos. “La batalla de las grandes editoriales que quieren conservar su cuota de mercado en papel frente a aquellos, como Amazon o Google, que apuestan por lo digital está en pleno desarrollo”, comenta Vlahos. “La estrategia de los grupos tradicionales es multiplicar los puntos de venta”, comenta el responsable de la BISG. La confianza en la librería no decae.

Hace cuatro días Planeta daba una sorda bofetada al gremio librero con su anuncio de doble estrategia digital en Casa del Libro y Círculo de Lectores. Planeta no va seguir confiando, como hasta ahora, en las librerías. No las matará, pero no impedirá que mueran. La estrategia de los grupos tradicionales no es, en absoluto, la multiplicación de los puntos de venta -a no ser que sean digitales- y eso por dos razones como mínimo: en primer lugar cierran cada vez más librerías, con lo cual la tendencia del mercado es a menguar en puntos de venta y, en segundo lugar, el panorama de la distribución analógica, en España y muchos lugares de Europa, ofrece un escenario donde la ineficiencia y el despilfarro de recursos campan a sus anchas.

Este tipo de artículos me indigna. Me indigna porque no resisten ni el más superficial cribado. Me indigna porque alguien cobra por escribirlos y porque alguien paga por publicarlos. Me indigna porque como van respaldados del prestigio de prensa seria muchos se lo creen. Me indigna porque este tipo de mal periodismo se llena la boca de profesionalidad tildando a los blogueros de aficionados poco rigurosos. Ya me gustaría a mí que El País -con él muchos otros periódicos-, ofreciera el mismo nivel que muchos blogs que conozco. No pido más sino el mismo nivel. Eso para empezar. Para recuperarme como lector habitual necesitarían bastante más.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional