La ley Sinde ha recibido un varapalo en el Congreso de los Diputados y deberá pasar por reparaciones de mecánica, chapa y pintura en el Senado; en un país normal su promotora, la ministra Ángeles González-Sinde, se vería obligada a dimitir, todavía más teniendo en cuenta lo que Wikileaks ha desvelado sobre el asunto. El por qué dicha ley debe ser combatida ha sido mucho mejor explicado en otros lugares como el blog de Enrique Dans, el Teleoperador o Escolar entre otros, con lo cual pasaré a argumentar por qué se trata de una muy mala idea… que nos conviene que se apruebe.

No estoy a favor de una ley que intenta poner puertas al campo, inspirada por una industria cultural –indígena y extranjera- que no entiende el mundo en el que le ha tocado vivir. Pero si queremos que el cambio de paradigma de produzca lo antes posible y, sobretodo, si deseamos reducir los costes de reconversión, necesitamos que el lobby que defiende la ley se salga con la suya y se estrelle contra la dura realidad lo antes posible. Sólo así podremos salvar lo que quede, dentro de unos años, de la industria española del libro. Estoy convencido que los que creemos –los que ya vivimos- en el nuevo paradigma del libro deberíamos luchar con denuedo por su aprobación por dos motivos: uno táctico y otro estratégico.

Táctico: toda medida es contrarrestada por su contramedida. En un mundo de átomos hay una gran asimetría entre las medidas que puedan implementar un gobierno y sus lobbies y las que puedan contraponer los ciudadanos. En el mundo de bits, en cambio, las fuerzas se equilibran: una vez se pone coto a una tecnología surge otra que bordea las medidas anteriores. Puede hacerlo mediante medidas legales o para-legales. Puede hacerlo también con métodos más oscuros, como hace poco han comprobado diferentes partidos políticos españoles o, en relación con Wikileaks, distintas grandes empresas como Visa, PayPal o MasterCard. No estoy de acuerdo en tomar medidas que transgredan la legalidad… pero sí estoy de acuerdo en la desobediencia civil. Confieso que todavía no tengo claro si las reacciones drásticas en la red son ilegales o entran dentro de la desobediencia, aunque si intentan proteger algo tan básico como la independencia judicial, me decanto por lo segundo.

Estratégico: el ser humano es un animal curioso. Tan sólo hartándolo consigue uno que reaccione. La movilización en contra de la ley, aun siendo contundente, no es ni mucho menos masiva y en eso estoy de acuerdo con Teleoperador y con lo vertido en Tinta-e: está siendo cosa de cuatro informados, cuatro que enseguida son cuarenta mil, pero eso en la red es poca gente que, además, no sale de la red. Somos millones y la mayoría no se ha dado cuenta. ¿Por qué? Porque todavía no les han tocado suficientemente las narices. Y eso es precisamente lo que esta ley consigue: tocar las narices al usuario particular metiéndose en su casa. Eso no es nuevo en el mundo: los más viejos del lugar digital recordaran que la industria estadounidense de la música fue de victoria en victoria… hasta la derrota final. Consiguió influir en el legislativo y en el ejecutivo estadounidense, gracias a eso lo ganó todo en el judicial… pero perdió el mercado. Los usuarios, los consumidores, los amantes de la música –cada uno amante a su modo- ganaron la partida por ausencia de sentido común del contrario: cuando una industria criminaliza a sus clientes, tiene los días contados. Eso es lo que pasó en los noventa del siglo XX y los primeros años del XXI en Norteamérica y lo que arrastró al resto de discográficas del mundo. Eso, y que otros avispados vieron el negocio donde los primeros se negaban a verlo.

Necesitamos que las industrias españolas del cine y el libro se crean en posesión de la verdad, de su única verdad. Necesitamos que crean que con la ley de su parte lo tendrán todo más fácil y crean que van a terminar con la piratería. Necesitamos, sobretodo, que se envalentonen y den gas a fondo en su soberbia. ¿Por qué? Porque hace tiempo que corren enloquecidos hacia el precipicio del cambio de paradigma, más allá del cual ya no basta con saber andar, más allá del cual hay que aprender a volar. Y la Ley Sinde les confirma la ilusión que no necesitan saber volar.

Si ahora no consiguen aprobar la ley lo intentaran más adelante, el golpe contra la realidad tardará más en llegar, las decisiones estratégicas que deben tomarse se demorarán demasiado y perderemos un tiempo precioso mientras otros llegan, de fuera, a quedarse con el mercado del libro español. Nos conviene equivocarnos rápido, para poder solucionarlo pronto. Nos conviene, paradójicamente, que se apruebe la Ley Sinde.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

2 Comments

  1. En estas disquisiciones paranoides contra la industria cultural siempre echo en falta alguna referencia al meollo del asunto. Veras, si un autor, una industria, crean un producto cultural, es indiscutible su derecho a disponer de el como les salga de los cojones, hablando en plata. No creo que ningun blogger, internauta, o personaje diverso tenga voz ni voto en la historia. ¿En base a que? Son sus derechos exclusivos y fundamentales, te recuerdo.

    Si no quiero que mi pelicula se vea en pantallas de mierda a baja resolucion por internet, nadie tiene derecho a hacerlo. Si no quiero que un friki que no sabe escribir la subtitule y la explote en Dinamarca, el friki no tiene derecho a hacerlo. Si quiero editar cinco ejemplares de un libro y venderlos a 100.000 euros, nadie tiene derecho mas que a compralo o dejar de hacerlo. Pongo ejemplos bastos para que cualquiera pueda entenderlo. La ley defiende los unicos derechos que hay que defender. O sea, los del autor/productor/propietario. Asi es y asi tendria que ser en la realidad. No admite discusion, ¿o si?

    La industria puede hacer con lo suyo lo que quiera y nadie tiene derecho a robarselo, copiarlo, piratearlo, difundirlo en otros medios, subirlo o bajarlo con la mula, imitarlo, duplicarlo, etc. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los que escriben sobre el tema no han tenido nunca el mas minimo roce con las industrias, deberian refrenarse y controlar su soberbia antes de dar consejos no solicitados a personas que saben mucho mas que ellas y llevan muchos mas años sufriendola. La industria son, por ejemplo, Arif Mardin, Manfred Eichner, Norman Granz, Querejeta, Max Brod, Francisco Perez Gonzalez, Tusquets, Jesus Aguirre, Alain Milhaud, Trabucchelli, Muñoz, David Geffen, Joe Roth, Manolo Diaz, los Ertegun, Oscar Kramer, Perojo, Lew Wasserman, Berry Gordy, Claude Berry, De Laurentis, Alfredo Matas, los Erteguhn, Berry Gordy… o sea gente sin la cual mi vida hubiese sido mucho mas aburrida, que se jugaron lo que tenian y frecuentemente lo perdieron para producir obras que sin ellos no existirian. Gente que merece mucho mas respeto que cualquiera de los que pontifican sobre ella y la retratan como el gran satan.

    La situacion en nuestro pais es trágica. Como decia el tango, los inmorales nos han igualao, ya sabes, …es lo mismo el que labura dia y noche como buey que el que roba o el que mata o esta fuera de la ley…

    Estaria bien que volviera la cordura, la decencia, se cerraran las paginas de descargas, se castigara a los chorizos y se garantizara los derechos de los unicos que tienen derechos.

    Mientras tanto, seguir retratandoos con vuestras proclamas en contra de los que hacen los libros, las peliculas, las canciones, las obras, y a favor de los que les roban y de los que se apropian de ellas y se hacen ricos a su costa. Salis como lo que sois, gente pequeñita, miserable y un punto repugnante..

    1. Hola Marcos,

      Ante todo, permíteme que te agradezca el rato dedicado a rebatir mis posiciones. Debo decir que estoy de acuerdo en todo lo que dices. ¿Paradójico? Es posible. Como tu dices, hay que ir al meollo del asunto: hay muchos tipos de gente bajandose cosas del e-mule. Algunos lo hacen para ahorrarse dinero. Pero no todos: pongamos por caso el libro, que es el tema que toco en este blog: yo me gasto una cantidad indecente, cada año, en libros. En cultura. Lo que pido es que me dejen gastar la misma cantidad indecente en libros digitales. Pero no puedo. ¿Por qué? Diversas son las razones:
      – No los editan en digital.
      – Los editan en digital pero el DRM al que lo sujetan es draconiano, penalizándome por comprarlo, mientras que los que se lo descargan no tienen esos problemas.
      – Leer en digital debería ser tan cómodo como hacerlo en papel.
      – Un cuarto argumento con el que no siempre estoy de acuerdo: el precio del libro digital es alto en comparación con los costes relacionados (aunque eso no está tan claro, la digitalización también impone costes).

      Entonces, qué es lo que yo digo: mientras la industria cultural española se ponga de culo, va a ser por ahí por donde le van a dar. Formo parte de dicha industria, no soy un peludo que vive del cuento en casa de sus papis. Vivo de esto, pero precisamente porque vivo de esto, veo necesaria, más que nunca, una reconversión que salve la industria.

      Estamos en el mismo bando, aunque no lo parezca.

Comments are closed.