A continuación, y en una serie de artículos, haré un resumen personal de las conferencias a las que asistí en Liber 2010. No será un resumen fiel de lo que se dijo, sino de las conclusiones que yo pude extraer.

 

29 de Septiembre

Conferencia:  Venta de libros a través de dispositivos móviles (I)

 

Esta conferencia, a cargo de Javier Celaya, socio fundador de Dosdoce.com , consistió en mostrar el panorama de la venta de libros mediante dispositivos móviles. En una hora sólo hubo tiempo para hacer un repaso general al estado de la cuestión, pero si tenemos en cuenta que el sector de la edición anda bastante despistado en según que temas, lo mejor es empezar con trazos gruesos para más adelante, con más madurez, realizar ajustes finos.

 

Algunos de los aspectos más relevantes fueron también los más sorprendentes. Se puso de manifiesto que los dispositivos móviles avanzados no son sólo cosa de geeks o heavy users ni exclusivos de profesionales con alto poder adquisitivo. Tal como muestra el iPhone, cuando aparece un dispositivo con el suficiente valor añadido que además conecta con el tipo de cosas que la gente quiere hacer, una gran masa de usuarios acceden a él porque pueden hacerlo. Simplemente porque pueden. No es nada nuevo pero, en un sector como el editorial, acostumbrado a tratar con mercados muy trillados, sí lo es. Estamos ante un caso claro de dispositivo que crea mercado por el simple hecho de existir, rompiendo el acostumbrado círculo pernicioso al que a veces se alude para, cuales cenizos, denostar la adopción de ciertos avances.

 

Obviamente el iPhone es el más conocido, el que se beneficia de la sofisticada estrategia de imagen de Apple. Pero tras él irrumpieron en el mercado una miríada de trastos haciendo, más o menos, lo mismo y provocando algo que también es sorprendente: el dispositivo con el que compramos un libro-e no tiene por qué ser el mismo con el que leeremos ese libro-e. Ojo, no se trata de poder guardar ese libro en varios de mis trastos por si necesito leerlo en todos ellos: de lo que se trata es que lo compro con mi iPhone, pero lo leo en mi iPad. O en mi Sony Reader. O en mi PC. O en mi netbook. Parece que, para el público, poderlo tener en varios dispositivos no es tan importante como poder elegir desde cuál compro y luego desde cuál leo. Que yo vaya a comprar un libro en autobús, no implica que sólo pueda leerlo en autobuses. Uno se desplaza como quiere o puede, compra lo que busca o encuentra, y se va a su casa o se va de copas. En todo caso: es fácil.

 

Pues en caso de tener varios dispositivos – hasta llegar a la real y efectiva convergencia total faltan lustros- el acto de compra no puede depender de qué trasto llevo encima. Es posible que con el móvil lea la contracubierta o las cinco primeras páginas –u otras diez o veinte al azar. Eso también es leer. Eso queda dentro de los actos conscientes de lectura que realizamos cada día. Tras esto debería poder hacer tres cosas:

 

a/ Comprar el libro-e mediante el sistema de DRM más clemente que encuentre. Lo bajaré al instante.

 

b/ Comprar el libro-p a distancia, mediante una pasarela de pago. Llegará al cabo de unos días a mi casa.

 

c/ Comprar el libro-p en la librería más cercana o en alguna de mis librerías habituales. En ese caso lo tendré al instante.

 

Del mismo modo que desgajamos compra de lectura, debemos separar la tecnología de compra de la tecnología de lo comprado. Durante un tiempo convivirán libros en papel con libros digitales. Nos equivocaremos si pensamos que la venta mediante dispositivos móviles sólo es útil para contenidos digitales, aunque para una correcta venta a distancia de libros en papel todavía tengan que cambiar ciertas estructuras, sobretodo mentales, como ya comenté en este artículo.

 

¿Estamos ante un dilema? ¿Debo sostener los costes estructurales del libro-p y el libro-e? si tu negocio ha estado basado en el papel, todo parece indicar que sí. Formas de llevar a cabo la transición hay muchas:

 

a/ A lo bestia, de golpe y olvidándome del papel de un año para otro.

 

b/ De forma progresiva pero con el objetivo, a medio plazo –¿un lustro?- de eliminar el papel.

 

c/ A largo plazo, manteniendo una doble estructura de costes idefinidamente, con incierto resultado.

 

d/ Aplicable a cualquiera de las anteriores: puedo hacerlo desde la estructura existente y abriendo una línea de producto digital, o bien creando otra estructura, que exigirá la contratación de personal adicional, pues no todos los pasos de la cadena de valor del libro-p son trasladables a la del libro-e. Lo importante es hacerlo con un claro concepto de marca – o marcas- aunque de eso hablaremos más en profundidad en un próximo artículo.

 

A no ser que nos liemos la manta a la cabeza y seamos unos temerarios, optaremos por la opción b o c, aplicando d de la mejor manera que sepamos o podamos. Pero entonces tendremos dos estructuras de costes, dos cadenas de valor diferentes con procesos diferentes o incluso duplicados, produciendo el mismo producto en dos tecnologías diferentes ¿Y eso cómo se come? Según Javier Celaya, ajustando los márgenes. Reduciéndolos. La edición, al menos durante un tiempo, no podrá dar el dinero que ha dado hasta ahora porque está sujeta a una reconversión costosa. Los costes no están en la nueva cadena de valor, sino en su implementación. En los años 80, los costes de la reconversión industrial que afrontó España no estaban en lo que tenía que ser implantado de nuevo, sino en los costes de desmantelar y reciclar lo viejo. Hay quien llegó a decir que salía más barato mandar a los mineros asturianos de vacaciones a Mallorca todo el año que mantener las minas abiertas como hasta entonces. Que la edición no produzca dramáticas estampas de rebelión callejera no implica que no esté ante un cambio más profundo que el de la industria española en los 80: más aún, el cambio es de paradigma, quinientos años de industria van a pasar a la historia, del mismo modo que los milenios anteriores a la imprenta pasaron al museo de la industria con Gutemberg.

 

Eso no se afronta con miedo: la reconversión de los 80 demostró que ciertas cosas hay que hacerlas lo más rápidamente posible; ojo, eso no es tan rápido como se pueda, pasando por encima de cualquiera. Pero sí haciendo honor a ese adagio tan castellano que nos recomienda hacer las cosas sin prisa, pero sin pausa. Hasta ahora ha habido demasiadas prisas, demasiadas pausas, demasiados nervios y demasiada cicatería.

 

El en próximo artículo, la segunda parte de lo que dio de sí la conferencia de J. Celaya.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

3 Comments

  1. I no hi ha la possibilitat d’engegar o intentar engegar operacions de reconversió conjuntes per d’aquesta manera fe economies d’escala i fer el trànsit més suportable?

    Imagino que no, que la industria és de grans i de petits i que és molt difícil perquè els ritmes han de ser diferents per magnituds i per possibilitats.

    Pel que fa als usuaris, com que les industries ens seguiran donant “menjar” en forma de nous formats, seguirem consumint tot allò nou que aporti valor afegit i per tant tota la industria “del llibre”, d’alguna manera no podrà parar aquesta Revolució.

  2. Altres països ho estan fent millor, com per exemple Alemanya, on es varen posar d’acord amb la plataforma Libreka. Als Estats Units el tema està molt més madur, però perquè Amazon ha ofert una plataforma tancada, segura, amb format propietari però amb una oferta gairebé sense competència: han fet la reconversió “de facto”.

    La industria del llibre no ho pot parar. El que ha de fer és actuar amb sentit comú, sense por. Però és precisament això el que no està fent. I corre el risc de perdre el mercat per culpa de la pirateria però també perquè altres actors, fins ara aliens al llibre, hi estan entrant amb força.

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