Hurgando por la Casa del Libro de Barcelona, pululando por la mesa de novedades de historia universal, doy con el libro Las Cruzadas vistas por los árabes, de Amin Maalouf. Es una de mis eternas lecturas pendientes. A su lado también encuentro el libro Las Cruzadas vistas por los árabes, del mismo autor. Y tras las dos pilas anteriores, encuentro Las Cruzadas vistas por los árabes, de un escritor que se llama igual que los dos anteriores. ¿He bebido demasiado? ¿La salmonella causa estragos en mi mente? ¿es un desvarío propio del calor? Parece que no. Parece ser un desvarío de la muy respetable Alianza Editorial.

Los tres están en la misma mesa de novedades, en tres pilas diferentes. La mesa de novedades es un lugar en el que los libros se dan de hostias. Puedes estar contento si consigues meter en ella, durante unas semanas, uno de tus libros. Si metes varios títulos, la leche. Si se trata de la mesa de novedades de la Casa del Libro, habrá editores vendiendo a su madre a cambio de un efímero lugar. Hasta aquí el panorama normal de la edición contemporánea.

Alianza Editorial tiene un buen fondo y no les faltan nuevos títulos que promocionar en las mesas de novedades. El libro del que hablamos es una muestra de éxito divulgativo ya que, desde su aparición en los años ochenta, acumula una edición tras otra. Normalmente las reediciones se limitan a ser reimpresiones. A lo sumo una pequeña mención en las cubiertas y en los créditos se encargan de distinguirlas. A veces el editor o el propio autor consideran que el libro ha quedado algo desfasado y sacan lo que llaman una edición revisada, cosa que sirve de excusa para remozar el diseño. Pero lo que ha hecho Alianza con este libro, en esta mesa y en dos años es incomprensible.

Llegué a casa y entré en la web de Casa del Libro. Busqué el libro por el título y me listaron cinco ediciones diferentes. Dos de ellas aparecen ya agotadas: las de 1996 y 2005. Normal, se trata de ediciones antiguas, aunque la del 96 la señalan como ¡octava edición! Me pregunto por qué la Casa del Libro mantiene libros fantasma en su catálogo, ediciones que no verán nunca más la luz pues han sido superadas por un mínimo de tres ediciones posteriores – aunque supongo que son más.

Algo destaca de las ediciones agotadas: ambas tienen el mismo formato de 14×22 centímetros. Pero mientras la edición de 1996 tiene 320 páginas, la de 2005 tiene 432. Más de cien páginas indican diseños de página muy diferentes. Ambas aparecen bajo la denominación de tapa blanda – léase rústica cosida- pero es de suponer que la más reciente es más misericordiosa con los ojos del lector que la más antigua. Hasta aquí, nada demasiado raro, aunque lo cierto es que los libros, desde su nacimiento hasta su muerte, tienden a encoger o mantener la línea, no a engordar con un 30% más de papel, todavía menos cuando el libro es ya veterano.

Veamos qué ocurre con las ediciones que la Casa del Libro tiene en catálogo: la más antigua es del 2003, anterior a la de 2005. Se la menciona como “tapa blanda bolsillo” con unos reducidos 11×18 centímetros y 377 páginas – menudo bolsillo. Bueno, vale, la edición bolsillo puede tener una vida más larga, posiblemente se imprimieron más y todavía sobrevive tras siete años. Pero ahora viene lo más raro: la edición de 2009 es “tapa blanda bolsillo” ¡con 416 páginas y 13×20 centímetros! ¿es más grande y tiene más páginas? ¿Con el tocho bolsillero de 2003 aún en sus almacenes decidieron imprimir una edición de bolsillo diferente, más grande, con el despilfarro que eso supone? Pero ojo, todavía nos queda la última edición en catálogo, la del 2010. Y con esta edición llegamos a un misterio propio de Iker Jiménez: es una edición en rústica de 14×21 centímetros de 416 páginas, las mismas que la de la edición anterior. Comparé la edición del 2009 con la del 2010. Es el mismo diseño de página pero impreso en un formato más grande. Ergo, la única “mejora” son unos márgenes más grandes. Enormes. Supongo que los aficionados a dejar sesudas notas al margen estarán contentos. ¿Qué está pasando aquí?

Hasta las ediciones de 2003 y 2005 podríamos decir que la situación era peculiar, ineficiente, poco rentable, pero dentro de ciertos cauces normales. La edición de 2009 es bastante absurda pero, si contamos con que es más legible que la de 2003, algo ganamos. Lástima que no sacaran partido de las ediciones de 1996 o 2005, más grandes ya de por sí y ya amortizadas en cuanto a edición y diseño. Finalmente, la explicación a la absurda edición de 2010 es doble: por un lado, el hecho que Amin Maalouf haya sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las letras de 2010 y por el otro un cambio de diseño en la colección que acoge este título. Los editores debieron pensar: aprovechando que el Pisuerga para por Valladolid y que Amin Maalouf es Premio Príncipe de Asturias, reeditaremos algunos de sus libros con el nuevo diseño de la colección; pero como no tenemos un duro – a causa de nuestra política avispada de erráticas reediciones – meteremos el diseño de bolsillo en uno de 14×21 centímetros y le daremos una alegría al impresor. Y tan panchos.

¿Eso era mejor que reimprimir el del año anterior con una mención en la portada? ¿De veras era más barato que imprimir una faja y manipular los ejemplares aún en el almacén para que salieran ya con ella? ¿El premio justifica pasar de un precio de 10,50€ del 2003 y 9,90€ del 2009, a los 15,00€ de 2010 cuando lo único que han hecho ha sido hacer mal su trabajo?

El lector de ensayo, en general, no es idiota. Si además le ponemos delante de sus narices tamaña incongruencia se va a cabrear. Y si, para terminar el festival, con tanta reedición no se han molestado en sacar una edición digital, es que alguien en Alianza Editorial vive en un planeta muy alejado de este. Así les irá. Y es una lástima, porque es una buena editorial con un producto decente.

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional

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