A río revuelto, ganancia de pescadores. Eso es lo que sin duda opina el agente literario Andrew Wylie –apodado el Chacal por su mala costumbre de asaltar a otros agentes a golpe de talonario para llevarse sus autores- que hace poco ha anunciado que prescindirá de los servicios de las editoriales para comercializar los libros digitales de algunos de los 700 autores a los que representa.

Para ello, Wylie ha creado Odyssei Editions. La nueva editorial –porque eso es lo que es- dice de si misma que:

“Odyssey Editions is an eBook publishing company designed to bring classic works of fiction and nonfiction to dedicated readers globally.”

Se trata de clásicos modernos, de autores como Vladimir Nabokov, Norman Mailer, Jorge Luis Borges, V.S. Naipaul, Orhan Pamuk o Evelyn Waugh, entre otros. Hasta un total de diecisiete escritores ven sus obras publicadas en Odissey Editions –bueno, lo verán aquellos que sigan vivos, claro. Por el momento tan sólo se han publicado veinte títulos, a la venta, en exclusiva, en Amazon.

Reacciones

A las editoriales de papel no les ha gustado nada la idea. Según The New York Times, Random House, que tiene en exclusiva los derechos en inglés para publicar en papel algunas de las obras que Odissey ya ha publicado en digital, no quiere volver a saber nada de Wylie hasta que se resuelva el asunto. Es de suponer que el resto del sector editorial tomará buena nota de lo que el polémico agente acaba de hacer y de la reacción de las Majors del mercado anglosajón.

Motivos

¿Por qué lo ha hecho? Podríamos quedarnos en la superficie del asunto y concluir que quería ahorrarse un margen comercial que, además, se podrá repartir con sus representados, a los que tendrá más satisfechos. Pero según Wylie asegura en el citado artículo de NYT:

“The fact remains that backlist digital rights were not conveyed to publishers, and so there’s an opportunity to do something with those rights,”

Es decir, opina que los derechos del fondo editorial no se transmiten automáticamente a los editores cuando se trata de la edición digital, por lo que hay una oportunidad de hacer algo con esos derechos. Según él, la edición en digital de libros que ya han sido publicados en papel –hasta la saciedad, en algunos casos- está actualmente libre de derechos. Pero quien opine que Wylie se limita a aprovecharse de un vacío legal debe saber que, según el NYT, el agente ha tomado esta decisión tras sus intentos infructuosos de llegar a un acuerdo ventajoso para los autores, y para sí mismo, con las editoriales. En palabras de Wylie:

“There has to be an adjustment of what the print publishers are willing to do,”

Tiene que haber un ajuste de lo que las editoriales en papel estén dispuestas a hacer. Se refiere, obviamente, al reparto del porcentaje por venta. Según él –y no es el primero- las pretensiones de las editoriales son excesivas, teniendo en cuenta que la nueva cadena de valor del libro elimina intermediarios, permite vender más barato y a la vez mejorar la redistribución de beneficios. El NYT añade:

Mr. Wylie […] has made it clear that he is frustrated with the terms that mainstream publishers have offered for digital rights. In an interview with Harvard magazine that was published in June, Mr. Wylie said his negotiations with publishers over his clients’ e-book rights were currently on hold.

Es decir, está frustrado con los términos generales que los editores han ofrecido sobre derechos digitales. En una entrevista con la Harvard magazine que fue publicada en junio, el Sr. Wylie dijo que la negociación con los editores sobre los derechos digitales de sus clientes se encuentra actualmente bloqueada. Por eso ha hecho lo que ha hecho.

Consecuencias

Ojo! Quien piense que la actitud de Wylie es flower power se equivoca. Ha hecho sus cuentas y, al menos sobre el papel, le han salido bien. Realmente la idea es muy buena:

¿Qué publica? Obras consolidadas en el fondo de las editoriales de papel, que no necesitan de un intenso trabajo editorial para pulirlas y que, además, ya han demostrado su solvencia.

¿Quiénes son sus autores? Clásicos modernos que ejercen un gran poder de prescripción por el simple hecho de ser quiénes son. Su nombre es ya una marca.

¿Qué inversión necesita? Tiende a cero. Como hemos visto, el texto no necesita ser mejorado si lo que queremos es publicar el clásico tal cual. Obviamente no vamos a imprimirlo. Darle el formato .mobi requiere de cierta inversión, pero si detrás tienes a Amazon esperándote para vender sus libros en exclusiva y disponibles en Kindle, iPad, iPhone y PC el negocio está muy claro.

Andrew Wylie no prescinde del editor. Aprovecha un vacío legal –él entiende que no existe tal vacío- para editar en digital unas obras que ya han sido publicadas en papel. Ya han sido editadas, por alguien, anteriormente. Ese alguien puede mosquearse pues, al fin y al cabo, ese trabajo de edición no rendirá jamás en digital. De ahí el cabreo de las editoriales de papel. Bueno, de ahí, y del hecho de ver que les han sisado un apreciable volumen de negocio ante sus narices a un precio y esfuerzo ridículos.

Este caso vuelve a poner sobre la mesa algo de lo que hace tiempo que se habla: ¿qué sucederá con la cadena de valor del libro? Según ciertos gigantes de la edición hispánica, nada: en su momento –un futuro incierto- se eliminará a los molestos impresores y a los contaminantes distribuidores, y poco más. El resto de jugadores –sobretodo ellos- seguirán viviendo como hasta ahora. O incluso mejor, pues opinan que el ahorro en imprenta y distribución podrán apuntárselo a su cuenta de resultados. Y no, hay algo aquí que no cuadra. Wylie lo sabe. Jeff Bezos lo sabe. Ninguno de los dos es editor. Y ninguno de los dos parece necesitar a las editoriales para según qué negocios.

¿Implica eso que el papel del editor está destinado a desaparecer? Opino que no. Pero de ahora en adelante deberemos hablar más de funciones que de roles establecidos. El editor deberá evolucionar en algo que apenas empezamos a entender. Se parecerá a lo que es actualmente, alguien debe pulir y mejorar un texto. Pero si sólo hace eso, se quedará atrás. En un mundo en el que el contacto entre autor y público es –o puede ser- absoluto, surgirán nuevas funciones, desaparecerán otras – ¿alguien ha pensado seriamente en los críticos?- pero el editor de mañana será distinto al de hoy. Y las editoriales, obviamente, todavía más.

El progreso no puede detenerse, pero puede gestionarse. Andrew Wylie, azuzado por la intransigencia de las grandes editoriales de papel, ha conseguido, mediante el ingenio, convertirlas en circunstancialmente innecesarias. Podemos estar seguros que ni el agente ni las majors van a hacerse daño, tienen demasiado que ganar juntos como para pelearse de verdad. Pero su acción, pese a tener una repercusión real mucho menor al revuelo que ha generado en el sector, permite dar un impulso más a la digitalización universal del libro.

Más información sobre la cuestión en:

http://www.odysseyeditions.com/

http://www.librosytecnologia.com/

http://beat.ediciona.com/andrew-wylie-crea-una-editorial-de-publicaciones-digitales/

http://www.nytimes.com/2010/07/22/books/22odyssey.html?_r=1

Posted by Bernat Ruiz Domènech

Observador activo de la industria editorial. Diletante y curioso vocacional / Observador actiu de la indústria editorial. Diletant i curiós vocacional